Sal al jardín tres veces el mismo día —a las once, a las tres y a las siete de la tarde— y apunta qué zonas están al sol en cada momento. Esa libreta vale más que cualquier lista de plantas, porque la palabra «sombra» abarca situaciones que no tienen nada que ver entre sí: el lado norte de una casa, que no recibe sol directo pero sí mucha luz reflejada del cielo; el hueco bajo un pino, oscuro y con la tierra seca porque las raíces del árbol se beben el agua antes de que llegue abajo; el rincón detrás de un seto, húmedo y sin ventilación; y el porche cubierto, donde ni entra sol ni entra lluvia.
Una planta que prospera en la primera situación puede morir en la segunda. Por eso conviene separar antes de elegir: sombra fresca es la que tiene el suelo húmedo, normalmente al norte de un muro o bajo árboles de raíz profunda; sombra seca es la que compite con raíces superficiales y suele estar además a cubierto de la lluvia. La sombra seca es el escenario difícil, y ahí la mitad de las candidatas habituales fracasan.
Van seis plantas que funcionan en sombra en España, cada una con el tipo de sombra que le corresponde, y con las advertencias que hacen falta.
Arce japonés (Acer palmatum)
Acer palmatum es el árbol pequeño de sombra por excelencia, con hoja palmeada, porte abierto y un color otoñal que va del naranja al granate según cultivar. Resiste sin problemas hasta -15 °C, así que el frío no es su limitación en la península. Sus dos enemigos son otros.
El primero es la cal. Necesita suelo ácido o neutro, con pH entre 5 y 6,5. En gran parte de España el suelo es calizo y el agua del grifo también, y el resultado es una clorosis férrica progresiva: hojas amarillas con los nervios verdes, ramas que se secan de la punta hacia dentro y un árbol que se apaga en tres o cuatro años. En suelo calizo lo sensato es cultivarlo en maceta grande con sustrato para plantas de tierra ácida y regarlo con agua de lluvia.
El segundo es la combinación de sol fuerte y aire seco. Los bordes de la hoja se queman y quedan de color marrón papel, un daño que ya no se recupera esa temporada. Los cultivares de hoja muy dividida del grupo dissectum, como 'Garnet' o 'Dissectum Atropurpureum', son los más delicados; los de hoja verde entera aguantan bastante más sol. Colócalo con sol de mañana hasta las once y sombra el resto del día, y protegido del viento: en Castilla o en el valle del Ebro, un arce japonés a poniente y expuesto al cierzo no dura.
Podarlo, cuanto menos mejor. Solo se quita madera muerta o ramas que se cruzan, y a finales de otoño o en pleno invierno; podado en primavera sangra savia con abundancia por los cortes.
Aspidistra (Aspidistra elatior)
Para la sombra seca bajo un árbol, no hay muchas alternativas mejores que esta. La Aspidistra elatior, la «pilistra» de los patios de toda la vida, tiene hojas lanceoladas y coriáceas que salen directamente del rizoma, aguanta la oscuridad, tolera la sequía una vez asentada y no le importa que la tierra sea pobre.
Aguanta heladas cortas de hasta unos -5 °C, lo que la hace viable al aire libre en casi toda la mitad sur, en el litoral y en zonas urbanas templadas. Tierra adentro, con inviernos duros, se cultiva en maceta y se resguarda.
Lo único que no soporta es el sol directo: media hora de sol de julio le deja manchas blancas descoloridas permanentes en la hoja. Tampoco le sienta bien el exceso de abono, que le provoca hojas grandes y blandas que después se doblan. Crece despacio, y esa lentitud es su precio: una mata tarda años en cerrar un metro cuadrado. Se multiplica dividiendo el rizoma en primavera, con al menos tres o cuatro hojas por porción. Las hojas viejas y estropeadas se cortan a ras de suelo, nunca a media altura, porque una hoja cortada por la mitad se queda así para siempre.
Detalle curioso: florece. Unas flores carnosas, moradas, del tamaño de una moneda, que aparecen pegadas al suelo entre las hojas y que rara vez se ven porque quedan tapadas por la hojarasca.
Helechos rústicos
Los helechos son el relleno natural de la sombra fresca, pero conviene elegir especies rústicas y no las tropicales que se venden como planta de interior. Cuatro que pasan el invierno fuera en la península sin ninguna protección:
Dryopteris filix-mas, el helecho macho, es el más adaptable: soporta hasta -20 °C, tolera suelos con cal y aguanta periodos secos una vez establecido. Polystichum setiferum mantiene la hoja verde todo el invierno y tiene una textura mucho más fina. Asplenium scolopendrium, la lengua de ciervo, tiene frondes enteras y brillantes que contrastan bien con las divididas, y a diferencia de casi todos sus parientes prefiere suelos calizos. Y Polypodium cambricum encaja con el clima mediterráneo mejor que ninguno: sus frondes salen en octubre, están verdes todo el invierno y desaparecen en verano, cuando el rizoma entra en reposo. Que se seque en julio es su ciclo normal, no una agonía; si lo riegas para «salvarlo», lo pudres.
Todos ellos piden suelo con materia orgánica y, sobre todo, un acolchado de hojarasca o corteza de pino de tres o cuatro centímetros. Las raíces de los helechos son superficiales y ese acolchado es lo que evita que se cuezan en la primera ola de calor.
Hosta
Las hostas dan un follaje que ninguna otra planta de sombra iguala: matas redondeadas de hojas anchas, acorazonadas, en verdes, azules y variegados con borde crema. Ahora la parte incómoda, porque en España se venden mucho más de lo que deberían.
Son plantas de clima fresco y húmedo. Necesitan suelo permanentemente fresco y un invierno frío de verdad, ya que pierden toda la hoja y pasan el invierno como rizoma en reposo. En Galicia, la cornisa cantábrica, el Pirineo o el norte de la meseta funcionan bien. En el litoral mediterráneo, en Andalucía o en Levante, un verano de 38 °C con noches que no bajan de 25 se les hace muy largo aunque estén a la sombra: la hoja se quema por los bordes y la mata queda desangelada desde julio.
El otro problema tiene forma de babosa. Las hostas de hoja fina son el plato favorito de babosas y caracoles, que en dos noches húmedas de mayo dejan la hoja convertida en un encaje. Los cultivares de hoja gruesa y azulada —Hosta sieboldiana 'Elegans', 'Halcyon', 'Sum and Substance'— son bastante más resistentes al ataque porque la hoja les cuesta más de roer. Riega por la mañana y a ras de suelo, nunca por aspersión: mojar la hoja por la tarde es una invitación en toda regla, y además el agua arrastra la capa cerosa azulada de los cultivares glaucos, que pierden el color.
Ten en cuenta también que en invierno desaparecen del todo. Si llenas un macizo solo de hostas, de noviembre a marzo tendrás tierra desnuda. Combínalas con aspidistras, helechos siempreverdes o bergenias para que el rincón no se quede vacío media temporada.
Azalea
Empiezo por lo importante: todas las azaleas y rododendros contienen grayanotoxinas en hojas, flores y néctar. La ingestión de hojas provoca vómitos, salivación, alteraciones cardíacas y descenso de la tensión, y hay casos documentados de intoxicación grave en perros, gatos, caballos y ganado, además de en personas. No plantes azaleas en un cercado donde pasten animales, no quemes los restos de poda en un espacio cerrado y no dejes recortes al alcance de un perro que roa lo que encuentra. Como planta ornamental es perfectamente segura mientras no se coma.
Aclarado eso, es la aportación de color más potente para la sombra en primavera. Hay dos grupos que conviene no mezclar. Las azaleas japonesas de jardín (grupos Rhododendron Kurume, Kaempferi y similares) resisten el frío bien, entre -10 y -15 °C según cultivar, y son las que se plantan en el suelo. La azalea de flor grande que aparece en las floristerías en invierno, en maceta y a todo color, es Rhododendron simsii, de origen chino, que no aguanta la helada: sirve para interior fresco o para un patio en la costa, no para plantarla en un jardín de Burgos.
Su exigencia clave es el suelo ácido: pH entre 4,5 y 6. Con agua dura y suelo calizo, clorosis segura. Sus raíces son finísimas y muy superficiales, lo que trae dos consecuencias prácticas. Una, que no se planta hondo: el cepellón queda a ras de suelo, con la parte superior visible, y se acolcha con corteza de pino. Dos, que si el cepellón llega a secarse del todo, la turba se vuelve hidrófuga y el agua de riego resbala por los lados sin entrar; la planta se marchita con la tierra aparentemente mojada. La solución es sumergir la maceta entera en un barreño veinte minutos hasta que dejen de salir burbujas.
Sombra clara o sol de mañana, y a resguardo del viento seco. Las flores marchitas se pinzan a mano en cuanto pasan, antes de que la planta gaste energía en formar semilla.
Clivia (Clivia miniata)
Originaria de los bosques de Sudáfrica, la Clivia miniata tiene hojas acintadas de un verde oscuro brillante y saca en febrero o marzo una umbela de flores anaranjadas sobre un tallo grueso. Es la planta ideal para un patio sombreado del sur o del litoral, donde vive plantada en el suelo o en maceta durante décadas.
No tolera la helada: por debajo de 0 °C se daña el follaje y por debajo de -2 °C se pierde la planta. Sol directo, ninguno; le amarillea la hoja y le deja marcas blancas.
Y aquí está la clave que decide si florece o no. La clivia necesita un reposo frío y seco de seis a ocho semanas, entre noviembre y enero, con temperaturas de 8 a 12 °C y prácticamente sin riego. Sin ese reposo, la planta sigue verde y sana pero no monta la vara floral, y se queda un año más sin flor. Una clivia bien cuidada, regada y abonada todo el invierno en un salón caldeado es justo una clivia que no va a florecer. Cuando aparece la vara, se vuelve a regar y se abona con un fertilizante rico en potasio.
Tampoco le gustan los trasplantes: florece mejor con las raíces apretadas en la maceta, y solo se cambia cada tres o cuatro años, cuando la mata levanta el sustrato. Es tóxica: contiene licorina y alcaloides relacionados, sobre todo en la base carnosa y las raíces; la savia irrita la piel y su ingestión provoca vómitos y diarrea en perros y gatos. Ponla donde no la mordisqueen.
Dos ideas más para la sombra difícil
Si lo tuyo es sombra seca bajo pinos, encinas o un tejado que corta la lluvia, además de la aspidistra tienes plantas autóctonas o naturalizadas que resuelven mucho: el rusco (Ruscus aculeatus), siempreverde, con bayas rojas en invierno y capaz de vivir bajo encinar; el lirio hediondo (Iris foetidissima), que florece discreto pero abre en otoño cápsulas con semillas de un naranja intenso; y las bergenias (Bergenia cordifolia), de hoja gruesa y persistente que se tiñe de rojizo con el frío.
Dos advertencias de manejo que aplican a todo el macizo. Primera: la sombra no significa que no haya que regar. Bajo un árbol grande la tierra suele estar más seca que a pleno sol, porque el árbol intercepta la lluvia con la copa y absorbe el agua del suelo con sus raíces; en esas zonas hace falta riego localizado y acolchado generoso. Segunda: las plantas que compras en el vivero se han criado bajo malla de sombreo, y aunque sean de sombra, salir de ese ambiente al jardín en pleno julio les provoca un frenazo del que tardan en recuperarse. Planta en otoño, entre octubre y noviembre, para que tengan todo el invierno y la primavera para enraizar antes del primer calor.
En resumen
El primer paso no es elegir planta, es clasificar la sombra. Para sombra seca y competencia de raíces, aspidistra, rusco, lirio hediondo y bergenia. Para sombra fresca con suelo húmedo, helechos rústicos, hostas y arce japonés. Para color, azaleas en primavera y clivias a finales de invierno.
Tres detalles que deciden el resultado: el arce japonés y la azalea necesitan suelo ácido y agua de lluvia, y en terreno calizo van a maceta; las hostas quieren verano fresco y protección frente a babosas, por lo que en el sur y en el litoral mediterráneo dan un resultado pobre; y la clivia solo florece si pasa entre seis y ocho semanas de invierno fresca y sin apenas riego. La azalea y la clivia son tóxicas si se ingieren, así que piénsalo dos veces si hay perros que roen o animales que pastan cerca.