Una cesta colgante de 25 cm de diámetro contiene entre cinco y siete litros de sustrato. En un día de julio, colgada a metro y medio del suelo y con algo de viento, esa cantidad de tierra se seca entera en unas horas. Ese dato explica casi todo lo que hay que saber sobre las plantas colgantes de exterior: la especie importa, pero el volumen de tierra y la exposición mandan más.

Aquí van cinco plantas que funcionan colgadas en España, con lo que pide cada una y con las situaciones en las que conviene descartarlas. Al final encontrarás lo que tienen en común: sustrato, riego, abonado y sujeción.

Gitanillas, el geranio que cae solo

El geranio de hiedra o gitanilla (Pelargonium peltatum) es la colgante de balcón por excelencia en la península. Sus tallos flexibles alcanzan de 60 cm a metro y medio, y las hojas carnosas y algo brillantes soportan bien el sol directo y la sequedad puntual. Florece de marzo a noviembre en la costa mediterránea, y de mayo a octubre en el interior.

Quiere sol directo al menos cuatro o cinco horas. En sombra estira los entrenudos, se queda con cuatro flores tristes y coge oídio. Riega cuando los dos primeros centímetros de sustrato estén secos y deja escurrir: el encharcamiento le pudre el cuello y no hay marcha atrás. En invierno, por debajo de -2 °C los tallos se hielan; en Madrid, Burgos o Teruel conviene arrimar la jardinera a la pared o entrarla a un porche.

Su verdadero enemigo es el taladro del geranio (Cacyreus marshalli), una mariposa sudafricana asentada en toda España. Sus orugas se meten dentro del tallo, lo vacían y la rama se seca de golpe con las hojas todavía verdes. Cuando ves el agujero, la oruga ya está dentro y ningún producto de contacto la alcanza. Lo que funciona es revisar los tallos cada semana entre abril y septiembre, cortar por debajo de la galería y tratar las hojas jóvenes con Bacillus thuringiensis cuando las orugas aún son pequeñas y están fuera, además de retirar los restos de poda en lugar de dejarlos en la jardinera.

Flores rosas de Pelargonium peltatum, el geranio de hiedra o gitanilla

Aptenia para el sol duro y el olvido

La aptenia (Aptenia cordifolia, hoy incluida en Mesembryanthemum cordifolium) es una crasa rastrera de hoja acorazonada, verde brillante, con florecillas magenta que se abren al sol del mediodía y se cierran por la tarde. Cuelga con facilidad medio metro y tapa el borde de la maceta en una temporada.

Es la opción para un balcón orientado al sur donde el sol pega de firme y el riego es irregular: aguanta calor extremo y semanas sin agua. A cambio no tolera el exceso: en sustrato pesado y siempre húmedo se pudre en pocos días. Mezcla tierra con un 30 % de arena gruesa o perlita y riega solo cuando las hojas empiecen a perder turgencia.

Resiste heladas ligeras, en torno a -2 °C de forma puntual; por debajo de eso las hojas se vuelven translúcidas y se deshacen. Se multiplica partiendo un tallo y clavándolo en tierra húmeda, sin hormonas ni cuidados. Un aviso: en la franja costera mediterránea y en Canarias se ha naturalizado y desplaza vegetación autóctona, así que no tires restos de poda al monte ni al descampado de al lado.

Mata de Aptenia cordifolia con hojas carnosas y flores magenta

Lobelia: espectacular en primavera, delicada en agosto

Lobelia erinus forma una cascada de flores diminutas azul intenso, violeta o blancas, tan tupida que tapa el follaje. Es perenne de origen sudafricano, pero en cultivo se comporta como anual porque el verano peninsular la liquida.

Conviene entender su calendario para no llevarse un chasco. Se siembra en semillero protegido entre enero y marzo, o se compra en planta en marzo-abril, y da su mejor momento de abril a junio. Con máximas sostenidas por encima de 30 °C deja de florecer, amarillea y se apelmaza. En el norte húmedo y en zonas de montaña aguanta todo el verano; en Sevilla, Zaragoza o Albacete hay que asumir que es una planta de temporada corta y sustituirla en julio.

Pide sustrato siempre fresco, nunca seco del todo, y sol de mañana con sombra a partir de las dos. Cuando la primera oleada de flor decae, un recorte de un tercio de la mata y un abonado provocan un rebrote en tres semanas.

Mímulo, para el rincón fresco y sombreado

Los mímulos (Mimulus luteus y los híbridos de jardinería, incluidos hoy en el género Erythranthe) tienen flores amarillas, naranjas o rojas moteadas, con forma de boca abierta. Su origen dice todo lo que necesitas saber: crecen en orillas de arroyo y suelos encharcados de zonas templadas.

Es la colgante para un patio interior o una terraza orientada al norte, donde llega claridad pero no sol directo. Ahí florece de mayo a julio con generosidad. Puesta al sol de mediodía en el interior peninsular, se marchita en una tarde y ya no se recupera aunque riegues.

Tolera el sustrato constantemente húmedo, algo excepcional entre las plantas de maceta, así que agradece un cesto con depósito de agua. Vive dos o tres temporadas como mucho, y se resiembra con facilidad si dejas madurar alguna cápsula.

Ortiga de terciopelo, con una advertencia por delante

La ortiga de terciopelo (Gynura aurantiaca) aparece en muchas listas de colgantes de exterior y merece una matización. Es una planta de Java, con hojas cubiertas de pelos de un violeta metálico que la hacen inconfundible, y sus tallos se descuelgan bien de una maceta alta. Pero su cultivo real en España es de interior o de zona libre de heladas: por debajo de 12-13 °C detiene el crecimiento y con una helada leve muere entera.

Tampoco tolera el sol directo: los pelos se queman, la hoja pierde el color púrpura y quedan manchas pardas irreversibles. Solo tiene sentido al aire libre en la costa mediterránea, en Canarias o en el sur de Andalucía, y siempre en sombra luminosa y protegida del viento. En Valladolid o en Soria, colgarla en la terraza es tirar el dinero en octubre.

Un detalle práctico: produce unos capítulos anaranjados de olor francamente desagradable. Se cortan en cuanto asoman, y de paso la planta ramifica mejor.

Lo que decide el resultado más que la especie

El volumen de maceta. Por debajo de cinco litros, cualquier colgante florida sufre en verano. Si puedes elegir, ve a cestos de 30 cm o jardineras de barandilla de 40-50 cm de largo, y planta menos ejemplares de los que caben: tres gitanillas apretadas en una cesta pequeña compiten por el agua y ninguna crece.

El sustrato. Turba rubia sola se apelmaza y, cuando llega a secarse del todo, repele el agua: el riego resbala por los laterales y sale por el agujero sin mojar la raíz. Mezcla sustrato universal con un 20-30 % de fibra de coco o perlita, y añade un puñado de compost. Los cestos forrados de fibra de coco son bonitos y se secan al doble de velocidad que una maceta de plástico; si vives en zona seca, elige plástico con depósito.

El riego. Regar poco y a diario es peor que regar bien cada dos o tres días. Moja hasta que salga agua por el drenaje, deja escurrir y no vuelvas hasta que el sustrato pese menos. Levantar la maceta con la mano es un medidor de humedad más fiable que mirarla desde abajo.

El abonado. Una planta colgante en flor consume mucho y el agua de riego arrastra los nutrientes por el drenaje semana tras semana. Aplica abono líquido para plantas de flor, rico en potasio, cada 10-15 días de marzo a octubre, o incorpora abono de liberación lenta al plantar y refuerza con líquido a partir del tercer mes. Sin abonado, en junio tendrás hojas y poca flor.

La sujeción. Una jardinera de 12 litros recién regada pesa más de 15 kg. El gancho, el soporte y el taco de la pared tienen que estar calculados para eso y para los tirones del viento. En muchos municipios las ordenanzas obligan a colocar las jardineras en la cara interior de la barandilla o con doble anclaje, y a evitar que el agua de riego caiga a la vía pública o al vecino. Un platillo o un cesto con depósito resuelve el segundo problema.

En resumen

Para sol fuerte y riego irregular, aptenia. Para sol y flor continua de primavera a otoño, gitanillas, vigilando el taladro. Para primavera espectacular en clima suave, lobelia, asumiendo que se acaba con el calor. Para un patio fresco y sombreado con agua abundante, mímulo. Y la ortiga de terciopelo, solo si vives donde no hiela y puedes darle sombra luminosa.

Elige por exposición antes que por foto: la misma planta que llena un balcón en A Coruña se fríe en un ático de Córdoba orientado al oeste. Y da a la raíz el litraje que necesita, porque en las colgantes es siempre el factor limitante.


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