Pachira aquatica es un árbol de la familia de las malváceas originario de las zonas húmedas de América tropical, desde el sur de México hasta el norte de Sudamérica, donde crece en orillas de ríos y terrenos inundables. En España se vende casi siempre en interior y bajo el nombre de árbol del dinero o castaño de Guayana, y se reconoce a distancia por dos rasgos: el tronco ensanchado en la base y las hojas palmeadas, con folíolos dispuestos en abanico como los dedos de una mano abierta.
Es una planta de interior muy resistente al descuido y muy poco resistente al exceso de cariño. Aunque el epíteto aquatica sugiera lo contrario, en maceta el error más frecuente y más letal es regarla demasiado: en su hábitat tiene el pie en terreno inundable pero con agua en movimiento y raíces adaptadas a ello, mientras que en un tiesto con plato lleno se le pudre el cuello en pocas semanas.
El tronco trenzado
Los ejemplares que se venden con varios troncos entrelazados no son una curiosidad botánica sino una labor de vivero: se plantan juntas varias plantas jóvenes y se van trenzando sus tallos mientras aún son flexibles. Con el tiempo engordan y la trenza queda fija.
Tiene una consecuencia práctica: en esa maceta hay varios individuos compitiendo por el mismo sustrato y la misma agua. Si uno de ellos empieza a decaer, no es raro que se pierda solo ese y el resto siga bien. Y si la trenza se aprieta demasiado con los años, conviene aflojarla o cortar algún tallo, porque puede llegar a estrangular a los demás.
En el comercio se confunden con frecuencia Pachira aquatica y su pariente Pachira glabra, muy parecidas de aspecto y de cultivo prácticamente idéntico, así que la etiqueta no siempre corresponde con exactitud a la planta.
Cómo reconocerla
El tronco es liso, verde grisáceo cuando es joven, y engrosado en la base, donde acumula reservas de agua. Las hojas son compuestas y palmeadas, con folíolos de un verde brillante que salen todos del mismo punto en el extremo del pecíolo, normalmente entre cinco y nueve por hoja. Son grandes y dan a la planta un aire de arbolito tropical incluso en tamaños pequeños.
La flor solo aparece al aire libre y en clima adecuado, tal como indica la ficha. Es llamativa: los pétalos se abren hacia atrás y dejan un penacho de estambres largos y numerosos. De ella sale una cápsula leñosa de buen tamaño con semillas en su interior. Nada de esto se ve en un piso, donde la planta se comporta como un follaje ornamental y no llega a florecer.
Luz
Semisombra luminosa. Quiere claridad abundante pero no sol directo a través del cristal, que le quema los folíolos y deja manchas pardas irrecuperables. Cerca de una ventana al este, o algo retirada de una al sur o al oeste, es la posición correcta.
Tolera bastante bien la media sombra, y de hecho se mantiene en oficinas con luz escasa, pero entonces crece poco, alarga los entrenudos y va perdiendo las hojas bajas. Si la planta se ha deshojado por abajo y los tallos han quedado desnudos, el primer sospechoso es la falta de luz.
Conviene girar la maceta cada pocas semanas para que la copa se forme equilibrada, porque busca la luz con claridad.
Temperatura
Quiere calor. Es una planta tropical y se encuentra a gusto en el rango habitual de una vivienda durante todo el año. El frío es su límite: por debajo de unos diez o doce grados se detiene, y una helada la mata. En España no es planta de exterior permanente salvo en zonas de clima muy suave del litoral sur y en Canarias.
En verano se puede sacar a una terraza a la sombra, con protección del viento, y agradece esa temporada al aire libre. Hay que entrarla antes de las primeras noches frescas del otoño y evitar el cambio brusco, porque una entrada repentina a una habitación con calefacción provoca caída masiva de hojas.
Tampoco le convienen las corrientes de aire frío ni la proximidad a un radiador, que le seca las puntas.
Riego
Riego escaso, y esta es la parte que hay que tomarse en serio. El tronco engrosado almacena agua, lo que le permite aguantar sin problemas periodos secos. En cambio no tiene ninguna defensa contra el sustrato permanentemente empapado.
La pauta práctica: regar cuando el sustrato esté seco en buena parte de la maceta, no solo en la superficie. Se comprueba metiendo el dedo un par de centímetros o levantando la maceta, que pesa notablemente menos cuando está seca. Al regar se empapa bien y se vacía el plato a los diez minutos. En invierno los riegos se espacian mucho más, porque la planta apenas crece.
Los síntomas de exceso son inconfundibles: hojas amarillas que caen empezando por las de abajo, base del tronco blanda al apretarla y, en casos avanzados, olor agrio en el sustrato. Un tronco que cede al presionarlo indica podredumbre y suele ser irreversible.
La falta de agua, por el contrario, se manifiesta con folíolos que se arrugan y cuelgan y con puntas secas, y se corrige con un riego a fondo.
Sustrato y trasplante
Suelo rico y fresco, pero sobre todo muy bien drenado. Un sustrato universal de calidad aligerado con un tercio de perlita o de arena gruesa da buen resultado. La maceta debe tener agujeros y no ser mucho mayor que el cepellón, porque el volumen sobrante de tierra se queda húmedo durante días.
Se trasplanta cada dos o tres años, en primavera, subiendo un solo número de maceta. Es una planta que no tiene prisa por macetas grandes y que agradece estar algo justa.
Abonado
De primavera a principios de otoño, con un abono para plantas verdes cada tres o cuatro semanas, a la dosis del envase o algo menos. En invierno se suspende por completo. Un exceso de nitrógeno produce hojas grandes y blandas que se estropean con facilidad.
Poda y multiplicación
Admite la poda sin problema y rebrota bien. Se poda a finales de invierno o en primavera, cortando por encima de un nudo. Es la forma de recuperar una planta que se ha desguarnecido por abajo o que ha crecido más de lo que interesa. Los brotes nuevos salen justo por debajo del corte, de modo que la poda sirve también para ramificar la copa.
Se multiplica por esquejes de tallo semileñoso en primavera o verano, de unos quince centímetros, en sustrato ligero y húmedo, con calor y ambiente cerrado. También por semilla, aunque conseguirla en España es difícil porque la planta no fructifica en interior. Los esquejes, eso sí, no desarrollan el tronco ensanchado tan marcado que tienen los ejemplares de semilla.
Problemas frecuentes
- Hojas amarillas que caen desde abajo: exceso de riego, casi siempre. Es el problema número uno.
- Base del tronco blanda: podredumbre avanzada. Dejar secar por completo y, si ya cede al tacto, la planta rara vez se recupera.
- Caída súbita de hojas: cambio brusco de sitio, de temperatura o corriente fría.
- Puntas y bordes secos: aire seco por calefacción o agua muy dura.
- Manchas pardas en el centro de los folíolos: sol directo a través del cristal.
- Araña roja y cochinilla: las dos plagas habituales en interior, favorecidas por el ambiente seco. Se revisa el envés de los folíolos.
En resumen
La Pachira aquatica es un árbol tropical convertido en planta de interior muy agradecida: quiere calor, semisombra luminosa, sustrato rico y drenado, y poca agua. Su tronco engrosado guarda reservas, de modo que perdona el olvido y no perdona el encharcamiento. Vaciar siempre el plato y esperar a que el sustrato esté seco antes de volver a regar resuelve la mayor parte de los problemas.
Los ejemplares de tronco trenzado llevan varias plantas en la misma maceta, algo que conviene saber al interpretar lo que le pasa a una de ellas. Y si la planta se ha quedado desnuda por abajo, la poda de primavera es la solución: rebrota bien y vuelve a formar copa en una temporada.