Entre 18 y 30º, no menos de 15º
Semisombra luminosa
Fresco, bien drenado (turba y perlita)
Riego según la época del año
Follaje perenne
Floración: rara vez en interiores

Alocasia zebrina es una planta de la familia Araceae originaria de Filipinas, donde vive en el sotobosque de la selva húmeda. Se cultiva como planta de interior por un motivo que la distingue de todas las demás alocasias: lo llamativo no es tanto la hoja como el peciolo, largo, erguido y marcado con bandas oscuras irregulares sobre fondo verde amarillento, con un dibujo que recuerda al de una cebra o al de la piel de una serpiente. De ahí el nombre.

Sobre esos peciolos, que en un ejemplar adulto pueden superar el medio metro, se sostienen hojas sagitadas, es decir, con forma de punta de flecha, de un verde brillante intenso, lámina fina y nervadura marcada. Las hojas se mantienen casi horizontales o algo inclinadas, y la planta entera tiene un aspecto muy arquitectónico, con pocas hojas grandes bien separadas en lugar de una mata densa. En interior florece rara vez, y cuando lo hace produce la inflorescencia típica de las aráceas, un espádice envuelto en una espata, de escaso valor decorativo.

Antes de seguir, una advertencia. Como el resto de las aráceas, contiene cristales de oxalato de calcio en todos sus tejidos. La savia es irritante y la ingestión de cualquier parte de la planta produce dolor, ardor e hinchazón en la boca y la garganta. No es una planta para colocar al alcance de niños pequeños ni de gatos o perros que muerdan las hojas, y conviene manipularla con guantes al dividirla o al cortar hojas, lavándose las manos después y evitando tocarse los ojos.

Luz

Semisombra luminosa. Necesita mucha luz indirecta y nada de sol directo, que le quema la lámina dejando manchas pardas secas e irreversibles. La mejor posición es cerca de una ventana orientada al este o al norte, o a un par de metros de una ventana grande al sur o al oeste, con visillo.

Con luz escasa alarga los peciolos buscando claridad, la planta se descompensa y las hojas nuevas salen más pequeñas. Es habitual que un ejemplar en penumbra vaya perdiendo hojas viejas sin reponerlas al mismo ritmo, y acabe reduciéndose a dos o tres. Girar la maceta un cuarto de vuelta cada semana evita que se incline toda hacia el mismo lado.

Temperatura y humedad

Su rango cómodo está entre los dieciocho y los treinta grados, y no debe bajar de quince. Es una planta tropical sin ninguna tolerancia al frío, así que en España se cultiva siempre dentro de casa, y en verano puede sacarse a una terraza cubierta y sombreada siempre que se retire mucho antes de que lleguen las noches frescas.

La humedad ambiental es importante y en un piso con calefacción es lo primero que falla. Con aire seco los bordes de las hojas se vuelven pardos y crujientes, y aparece la araña roja. Un plato con grava y agua bajo la maceta, un humidificador o simplemente agrupar plantas resuelven bastante. Hay que mantenerla lejos de radiadores, de la salida del aire acondicionado y de puertas al exterior.

Es normal ver gotas de agua en la punta de las hojas por la mañana. Se llama gutación, es un mecanismo de la planta para eliminar exceso de agua y no indica ninguna enfermedad, aunque suele aparecer cuando el riego ha sido generoso.

Sustrato y trasplante

Necesita un sustrato fresco y bien drenado, del tipo que se usa para aráceas: una base de turba o fibra de coco con una proporción alta de perlita, y a menudo también corteza de pino fina y algo de carbón vegetal. La mezcla ha de retener humedad sin apelmazarse, porque la raíz es carnosa y se pudre en cuanto le falta aire.

La maceta debe tener buenos agujeros de drenaje y no ser mucho mayor que el cepellón. El trasplante se hace en primavera, cada dos años aproximadamente, y es el momento de comprobar el estado de los tubérculos y de retirar los hijuelos. Un exceso de sustrato húmedo alrededor de una raíz pequeña es el error más común y el más caro.

Riego

El riego cambia con la estación, tal como indica su ficha. En primavera y verano, con la planta en crecimiento activo, se riega cuando los dos o tres primeros centímetros del sustrato están secos, empapando bien y vaciando el plato a los pocos minutos. En otoño e invierno el ritmo se reduce mucho, porque baja la luz y la temperatura y la planta consume menos.

La regla es comprobar el sustrato con el dedo, nunca regar por calendario. Los síntomas de exceso y de falta de agua se parecen (hojas caídas y amarillas), y quien reacciona regando más ante una planta ya encharcada la remata. Ante la duda, se levanta la maceta: si pesa, hay agua de sobra.

Conviene agua a temperatura ambiente y, en zonas de agua muy dura, poco calcárea. El abono, líquido para plantas verdes a media dosis, cada tres o cuatro semanas de primavera a final de verano, y nada en invierno.

El reposo invernal

Es un comportamiento que asusta y no debería. Con los días cortos y las temperaturas más bajas, Alocasia zebrina puede frenarse casi por completo y perder hojas, a veces hasta quedarse con muy pocas o ninguna. Mientras el tubérculo esté firme, la planta está viva y descansando.

Lo que hay que hacer en esa situación es reducir el riego al mínimo imprescindible para que el sustrato no se seque del todo, dejar de abonar, mantener la temperatura y esperar a la primavera, cuando emite hojas nuevas. Lo que no hay que hacer es regar más, trasplantar o abonar para intentar reanimarla, que es la reacción instintiva y la que suele acabar con ella.

Multiplicación

Se multiplica por división, aprovechando el trasplante de primavera. La planta forma pequeños tubérculos e hijuelos alrededor de la base. Se desmonta el cepellón con cuidado, se separan los hijuelos que tengan ya raíces propias y se plantan por separado en macetas pequeñas con el mismo tipo de sustrato, manteniéndolos cálidos y con humedad alta hasta que arranquen.

Los tubérculos sin raíz también se pueden enraizar sobre musgo húmedo o en agua en un recipiente cerrado, con calor, aunque tardan. No se multiplica por esqueje de hoja ni de peciolo: un peciolo cortado no genera planta nueva.

Plagas y problemas frecuentes

  • Araña roja. Es su plaga número uno en interior. Punteado amarillento en el haz y telilla muy fina en el envés y en la unión con el peciolo. Aparece con aire seco y calefacción.
  • Trips. Dejan la hoja plateada y deformada, sobre todo las nuevas.
  • Cochinilla algodonosa. En la base de los peciolos y en la unión con el tallo.
  • Podredumbre de raíz y de tubérculo. Por riego excesivo, sustrato compacto o maceta sin drenaje. Es la causa de muerte más frecuente.
  • Bordes pardos y secos. Aire demasiado seco, o acumulación de sales por agua dura y abono en exceso.
  • Manchas pardas quemadas. Sol directo.
  • Pérdida de la hoja más vieja. Normal. La planta sacrifica la hoja de abajo cuando emite una nueva; solo es preocupante si pierde varias sin reponer ninguna.
  • Peciolos que se doblan. Falta de luz o falta de agua. Conviene comprobar las dos cosas antes de actuar.

Usos en casa

Es una planta de ejemplar aislado. Su gracia está en la silueta de los peciolos rayados y en las hojas bien separadas, y colocarla apretada entre otras plantas la desluce. Funciona muy bien sobre el suelo junto a una ventana, en una maceta sencilla que no compita con el dibujo del peciolo, y en habitaciones con buena luz indirecta y ambiente cálido. Un baño luminoso también es una buena ubicación por la humedad.

En resumen

Alocasia zebrina se cultiva por sus peciolos moteados de negro y sus hojas en punta de flecha, y necesita mucha luz indirecta, calor por encima de quince grados, humedad ambiental y un sustrato aireado que drene bien. El riego se ajusta a la estación, comprobando siempre el sustrato antes de regar, y en invierno se reduce al mínimo.

Puede frenarse y perder hojas en invierno sin estar enferma: mientras el tubérculo siga firme, rebrotará en primavera. Y hay que recordar que, como toda arácea, contiene oxalatos que irritan la piel y son tóxicos si se ingieren, así que conviene manipularla con guantes y mantenerla fuera del alcance de niños y mascotas.


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