Cuatro de las cinco plantas de esta lista contienen oxalatos, alcaloides o sustancias irritantes en la savia. No son venenos temibles y ninguna obliga a renunciar a tenerlas en casa, pero si convives con un gato aficionado a mordisquear hojas o con un niño que aún se lleva todo a la boca, conviene saberlo antes de decidir en qué mesa las pones. Lo detallo planta por planta más abajo.
Dicho eso, vamos al color. El rojo en interior es más escaso de lo que sugiere el pasillo del garden center, y buena parte de lo que se ve rojo ni siquiera es una flor: en el anturio es una espata, en la flor de Pascua son brácteas y en las bromelias también. Estas cinco sí dan rojo de verdad y aguantan dentro de casa, cada una con su calendario y con su punto crítico.
Anthurium scherzerianum
Arácea de Costa Rica, epífita en su origen, y la más agradecida de las cinco para tener flor durante casi todo el año. Lo rojo y lustroso es la espata, una hoja modificada que protege el espádice, la espiga donde están las flores verdaderas, diminutas. En Anthurium scherzerianum ese espádice se enrosca en espiral como el rabo de un cerdo, y esa es la señal que lo distingue de Anthurium andraeanum, que lo tiene recto y con la espata acorazonada.
Quiere luz abundante pero filtrada, entre 18 y 25 °C, y nunca por debajo de 15 °C. El sustrato ha de ser grueso y aireado —corteza de pino, fibra de coco, perlita, algo de turba—, porque una tierra compacta le ahoga las raíces carnosas. Riega cuando los dos centímetros de arriba estén secos y vacía siempre el plato; el agua estancada le provoca podredumbre radicular con hojas amarillas desde la base.
Si emite raíces aéreas por encima del sustrato, no las cortes: envuélvelas con musgo o añade sustrato por encima. Y si la planta produce hojas grandes y ninguna espata, casi siempre es falta de luz o exceso de nitrógeno; un abono con más fósforo y potasio, cada quince días de marzo a septiembre, corrige el desequilibrio.
Toxicidad: contiene rafidios de oxalato cálcico. Al morderla irrita boca y garganta, con salivación y dolor; la savia puede irritar la piel sensible. No es letal, pero es la razón para colocarla fuera del alcance de mascotas y niños.
Begonia x tuberhybrida
La begonia tuberosa da los rojos más intensos y las flores más grandes del grupo, algunas de diez centímetros y con aspecto de camelia. Su particularidad es que no es una planta permanente, sino de temporada, y eso desconcierta a quien la trata como al resto: en octubre empieza a amarillear, deja caer las flores y se seca entera. No está muerta. Es su ciclo.
Cuando la parte aérea se seca, corta los tallos, saca el tubérculo, límpialo de tierra, déjalo secar unos días a la sombra y guárdalo en una caja con turba seca o serrín, en un sitio oscuro y fresco, entre 8 y 12 °C. En marzo o abril se replanta: la cara cóncava, la que tiene forma de cuenco, va hacia arriba, plantada apenas cubierta, y se riega con moderación hasta que broten los primeros ojos. Un tubérculo bien guardado dura varios años y cada temporada da una planta mayor.
Durante el crecimiento pide luz clara sin sol directo de mediodía, que le chamusca los pétalos. Riega por la base, no sobre las hojas: la begonia es muy propensa al oídio, ese polvillo blanco harinoso que aparece en el haz con aire húmedo y poca ventilación. Las variedades pendula son las adecuadas para colgar.
Un detalle que multiplica el efecto: en cada grupo de flores hay una central, grande y doble —masculina—, flanqueada por dos más pequeñas y simples con un ovario triangular detrás, que son las femeninas. Pellizcando esas dos laterales cuando aún son botones, la flor grande gana bastante tamaño.
Toxicidad: el tubérculo concentra ácido oxálico y provoca vómitos y salivación en perros y gatos si lo mordisquean. Guarda la caja de invernada donde no lleguen.
Chrysanthemum morifolium
El crisantemo en maceta se vende compacto, redondo y cuajado de flores en cualquier época del año, y ahí está la trampa. Esa forma no es natural: es una planta de día corto que solo florece cuando las noches se alargan, y en vivero se la engaña con cámaras de oscurecimiento, además de tratarla con reguladores del crecimiento para que quede enana. Guardas la maceta un año, y en primavera la misma planta crece desgarbada, con tallos largos y sin una flor hasta octubre.
La mejor decisión con un crisantemo de maceta llega cuando termina de florecer: plántalo en el jardín o en un macetón en la terraza. En buena parte de la Península resiste el invierno sin protección —tolera heladas moderadas, en torno a -5 °C— y rebrota para florecer en octubre y noviembre, cuando ya casi nada florece. Pinza los brotes dos o tres veces entre mayo y principios de julio para que ramifique, y no lo pinces después de mediados de julio o te quedarás sin flor.
Mientras esté dentro, tenlo en el sitio más fresco y luminoso que tengas, entre 13 y 18 °C. En una habitación a 22 °C con calefacción las flores se abren de golpe y se pasan en una semana; en una entrada fresca duran cuatro o cinco. El sustrato debe mantenerse ligeramente húmedo, sin encharcar.
Toxicidad: el género contiene piretrinas y lactonas sesquiterpénicas. En animales de compañía causa vómitos, diarrea y descoordinación si comen cantidad; en personas, el contacto repetido con hojas y tallos puede producir dermatitis, algo conocido entre floristas. Usa guantes si vas a manipular muchos.
Clivia miniata
Amarilídea sudafricana de hojas acintadas y coriáceas que forma un abanico denso, y que corona un escapo grueso con una umbela de diez a veinte flores acampanadas, de un rojo anaranjado encendido con la garganta amarilla. Es longeva: un ejemplar bien llevado florece cada primavera durante décadas.
Su exigencia está en el invierno, y aquí se decide todo. La clivia necesita un reposo frío y seco de seis a ocho semanas entre noviembre y enero: 8-12 °C y prácticamente sin riego. Sin ese periodo no induce flor, por muchos cuidados que reciba el resto del año, y se queda en un manojo de hojas bonitas. Una galería sin calefacción, un trastero con ventana o una terraza cubierta en clima suave sirven perfectamente; un salón a 21 °C todo el invierno, no.
Cuando el escapo asome entre las hojas, espera a que alargue diez o quince centímetros antes de devolverla al calor y reanudar el riego. Si la llevas a una habitación caldeada demasiado pronto, el escapo se queda corto y las flores abren atrapadas entre las hojas.
Otras dos claves: florece mejor apretada en la maceta, así que trasplanta solo cada tres o cuatro años, y siempre después de la floración. Y no gires ni cambies de sitio la maceta cuando ya hay botones. El riego, moderado en primavera y verano, dejando secar la capa superior; nunca agua en el centro del abanico. La luz, clara pero indirecta: el sol directo le amarillea las hojas.
Toxicidad: es la más relevante de la lista. Todas sus partes, sobre todo el bulbo y la base carnosa, contienen licorina y otros alcaloides que provocan vómitos, salivación y diarrea, y en cantidades altas alteraciones más serias. La savia también irrita la piel. Colócala en alto si hay animales en casa.
Ixora coccinea
La ixora es la más espectacular y la más difícil de las cinco, y merece la pena decirlo antes que nada. Es un arbusto tropical de la familia de las rubiáceas, de hoja perenne coriácea, que forma corimbos redondeados y densos de florecillas tubulares de cuatro pétalos en un rojo escarlata muy saturado.
Fuera de los climas cálidos del sur y de las islas no se puede cultivar en el exterior: por debajo de 13-15 °C se para y empieza a perder hojas, y una helada la mata. Dentro de casa quiere el sitio más luminoso disponible, con algo de sol directo suave de mañana, temperatura estable por encima de 18 °C y humedad ambiental alta, que en un piso con calefacción hay que provocar con bandeja de grava, agrupando plantas o con humidificador.
Su punto crítico en España es el agua. Es una planta acidófila, y el agua del grifo de casi todo el país es dura y alcalina. Regada con ella, el hierro del sustrato se bloquea y aparece clorosis férrica: hojas nuevas amarillas con los nervios marcados en verde. Riega con agua de lluvia o de ósmosis, planta en sustrato para acidófilas —el de camelias, azaleas y hortensias sirve— y aporta quelato de hierro una o dos veces al año si ves el síntoma. Corregir el agua es más eficaz que abonar más.
Poda ligeramente después de cada floración para mantener la mata compacta, porque florece sobre brotes del año. Vigila cochinilla algodonosa en las axilas de las hojas y araña roja en ambiente seco. No es tóxica según las listas veterinarias habituales, y es la única de las cinco de la que no hay que preocuparse por ese lado.
Cómo mantener el rojo encendido
Tres factores explican casi todas las decepciones con estas plantas después del primer mes en casa.
La luz. Una planta florida gasta mucha energía, y ninguna de estas cinco produce flor en un rincón oscuro, por muy tolerantes que sean sus hojas. Un metro y medio de distancia respecto a la ventana marca la diferencia entre volver a florecer y no hacerlo.
El agua. Anturio, ixora y clivia acusan la cal; la begonia y el crisantemo la toleran mejor. Regar siempre con agua dura acaba salinizando el sustrato: aparece una costra blanquecina en la superficie y en el borde de la maceta, y las raíces finas se queman. Si no tienes agua de lluvia, riega de vez en cuando con abundancia hasta que salga por el drenaje, para lavar sales.
El frío en el momento justo. La clivia necesita invierno frío para florecer y el crisantemo necesita noches largas. Las plantas que florecen en respuesta a una señal estacional no responden a más abono ni a más riego: responden a que se les dé esa señal.
En resumen
Para tener rojo dentro de casa con el mínimo esfuerzo, Anthurium scherzerianum es la elección lógica: florece casi todo el año con luz filtrada y sustrato aireado. Begonia x tuberhybrida da las flores más grandes, pero es de temporada y hay que invernar el tubérculo en seco y en frío. El crisantemo de maceta luce unas semanas dentro y luego tiene mucha más vida plantado fuera, donde florecerá cada otoño. Clivia miniata es la más duradera de todas, a cambio de dos meses de frío y sequía en invierno sin los cuales no hay flor. Y Ixora coccinea, la más vistosa, exige calor, humedad y agua sin cal: solo tiene sentido si puedes darle las tres cosas.
Y recuerda el aviso del principio: anturio, begonia, crisantemo y clivia tienen partes irritantes o tóxicas por ingestión. No es motivo para descartarlas, sí para elegir con cabeza dónde van.