Un seto perimetral es la inversión más duradera de un jardín y la más difícil de corregir: si la especie no encaja con el clima o el suelo, el resultado se ve a los cinco años y ya no hay arreglo barato. Antes de elegir plantas hay que decidir tres cosas: qué altura definitiva se quiere, si va a ser formal o libre, y cuánta poda se está dispuesto a hacer cada año.
Y hay un cuarto punto que suele ignorarse hasta que llega el problema: a qué distancia de la linde se puede plantar. Empecemos por ahí, porque condiciona todo lo demás.
Un seto de haya (Fagus sylvatica) en otoño. Es marcescente, lo cual significa que conservará las hojas secas hasta la primavera.
La distancia legal a la linde
El artículo 591 del Código Civil establece que no se pueden plantar árboles cerca de una finca ajena a menor distancia que la autorizada por las ordenanzas o la costumbre del lugar, y a falta de estas, a dos metros de la línea divisoria si son árboles altos y a cincuenta centímetros si son arbustos o árboles bajos. El vecino puede exigir que se arranque lo plantado a menor distancia.
El artículo 592 completa el cuadro: si las ramas de un árbol se extienden sobre la finca vecina, el propietario de esta puede reclamar que se corten en cuanto se extiendan sobre su propiedad, y si son las raíces las que la invaden, puede cortarlas él mismo dentro de su terreno.
Dos consecuencias prácticas: las ordenanzas municipales y la costumbre local van por delante del Código Civil, conviene consultarlas; y un seto de dos metros y medio plantado a veinte centímetros de la valla es fuente segura de conflicto con el vecino.
Formal o libre
El seto formal es el de caras planas y recortadas, generalmente de una sola especie. Da sensación de solidez, marca un límite nítido y sirve de fondo homogéneo que hace resaltar el resto del jardín. A cambio exige al menos dos recortes al año, todos los años, para siempre. Mezclar especies en un seto formal casi nunca funciona: los distintos ritmos de crecimiento y los cambios estacionales rompen la continuidad que es su razón de ser.
El seto libre o informal deja que los arbustos mantengan su porte natural. Se planta a tresbolillo y admite mezcla: perennifolias de fondo para dar opacidad todo el año y caducifolias de flor o fruto delante. Necesita más anchura y mucha menos poda.
El libre tiene además una ventaja biológica: en flor y fruto alimenta a insectos y aves. Un seto formal de una sola conífera recortada es poco más que un muro verde.
Preparar el suelo, que es donde se decide todo
Los setos perimetrales se plantan pegados a una valla o un muro, y esa franja suele ser la peor del terreno: escombros de obra, suelo compactado por la maquinaria y relleno irregular. Si no se corrige, el seto crecerá desigual y ya no se emparejará nunca.
Lo correcto no es abrir un hoyo por planta, sino una zanja continua de unos cincuenta o sesenta centímetros de ancho y otro tanto de profundidad, descompactando el fondo y aportando materia orgánica repartida en todo el recorrido. Es la diferencia entre un seto uniforme y uno con calvas.
Qué tamaño comprar y a qué distancia plantar
Sobre el tamaño, comprar ejemplares grandes para tener el seto hecho de entrada suele salir mal: arraigan peor, se quedan parados varios años y muchas veces son superados por ejemplares pequeños plantados a la vez. En torno a un metro y medio es un buen punto de partida.
Sobre la distancia, el error clásico es apretar. Tres plantas por metro cierra rápido y condena el seto: compiten, se ahílan y dejan la base desnuda. Lo razonable está entre cincuenta y setenta y cinco centímetros, y hasta un metro en especies de gran desarrollo.
Especies para seto formal
Coníferas. Admiten muy bien la poda y dan opacidad total, pero son sensibles a los hongos de suelo y, sobre todo, al chancro del ciprés (Seiridium cardinale), que es lo que arrasó los setos de arizónica (Cupressus arizonica) en España y que hoy desaconseja esa especie. Alternativas mejores: el ciprés común (Cupressus sempervirens), del que existen clones seleccionados por su tolerancia al chancro; el ciprés de Leyland (Cupressus x leylandii), de crecimiento muy rápido, con el aviso de que ese vigor es también su problema, porque exige poda constante y alcanza tamaños considerables si se abandona; y las tuyas (Thuja plicata y Thuja occidentalis), que piden clima fresco y suelo que no se seque.
Un aviso general: las coníferas no rebrotan de la madera vieja. Si se deja crecer el seto y luego se recorta a fondo, quedan zonas marrones que no se recuperan jamás. Hay que empezar a recortar desde el primer año.
Perennifolias de hoja ancha. Suelen ser mejor opción en clima mediterráneo. El azarero o pitosporo (Pittosporum tobira), compacto y muy tolerante a la costa; el laurel (Laurus nobilis), rústico y de hoja aromática; el durillo (Viburnum tinus), autóctono, con flor invernal y fruto azulado; la Photinia x fraseri 'Red Robin', de brotación roja espectacular aunque propensa a manchas foliares en climas húmedos; el aligustre del Japón (Ligustrum japonicum); la labiérnaga (Phillyrea latifolia y Phillyrea angustifolia), autóctona y muy resistente a la sequía; la encina (Quercus ilex), que recortada forma setos magníficos y muy longevos; y en el litoral mediterráneo la eugenia (Syzygium, que se sigue vendiendo como Eugenia myrtifolia), que funciona donde las coníferas fracasan.
Caducifolias y marcescentes. El carpe (Carpinus betulus) y el haya (Fagus sylvatica) conservan la hoja seca en invierno cuando se recortan como seto, así que mantienen buena parte de la opacidad. Son opciones para el norte peninsular y zonas de montaña; en clima mediterráneo seco lo pasan mal.
Sobre el boj (Buxus sempervirens), que fue el seto formal por excelencia: hoy es una apuesta arriesgada. Desde hace algo más de una década la oruga del boj (Cydalima perspectalis), llegada de Asia, ha devastado setos y poblaciones silvestres en buena parte de España, y a eso se suman los hongos que causan la seca del boj. Quien plante boj hoy debe contar con vigilancia y tratamientos periódicos. Para formas recortadas hay alternativas menos comprometidas, como Ilex crenata o el mirto (Myrtus communis).
Especies para seto libre
Aquí se puede jugar con floración, fruto y follaje. Entre las perennifolias, el lentisco (Pistacia lentiscus), autóctono, de crecimiento lento pero indestructible en secano; el Viburnum odoratissimum; los Elaeagnus x submacrophylla y Elaeagnus pungens, de follaje plateado o variegado y buena tolerancia al viento marino; y el propio durillo.
Entre las caducifolias de flor, el lilo (Syringa vulgaris), que necesita frío invernal y por tanto interior o norte; la celinda (Philadelphus coronarius), de flor blanca muy perfumada; la Deutzia scabra; la forsitia (Forsythia x intermedia), de floración amarilla a finales del invierno sobre la rama desnuda; y el membrillero de flor (Chaenomeles speciosa).
Para secano mediterráneo, merece la pena mirar a la flora autóctona: coscoja, romero, jara, mirto o madroño forman barreras que, una vez arraigadas, no necesitan riego y sostienen fauna local.
Setos defensivos
Cuando se busca reforzar la barrera con espinas: los agracejos (Berberis, en especial Berberis julianae), la Pyracantha, de fruto naranja o rojo muy vistoso en otoño, el espino de Jerusalén (Parkinsonia aculeata) para zonas cálidas, y el acebo (Ilex aquifolium).
Con el acebo, un apunte: los ejemplares silvestres están protegidos en varias comunidades autónomas y su recolección en el monte está prohibida. Los de cultivo no tienen esa limitación.
Cuidado con las especies tóxicas
Varias de las plantas de seto más habituales son tóxicas por ingestión, y en un cerramiento perimetral con niños o animales eso pesa:
- Adelfa (Nerium oleander). Toda la planta es muy tóxica por ingestión, incluidas hojas y ramas secas, y el humo de su quema también lo es. Es un arbusto excelente para secano y para medianas, pero desaconsejable donde haya niños pequeños o animales que muerdan plantas.
- Laurel cerezo (Prunus laurocerasus). Hojas y semillas contienen compuestos cianogénicos y son tóxicas por ingestión.
- Tejo (Taxus baccata). Forma setos formales magníficos y es de las plantas más tóxicas de la flora europea: toda la planta salvo la parte carnosa roja del fruto, y muy peligroso para el ganado y los caballos.
- Aligustres (Ligustrum). Sus frutos son tóxicos por ingestión.
Que sean tóxicas no las descarta: se usan en jardinería desde hace siglos. Pero conviene saberlo y no dejar los restos de poda al alcance de animales. Ante cualquier ingestión, la consulta corresponde al médico o al veterinario.
Riego y poda
Un seto es una hilera densa de plantas compitiendo por el mismo suelo, y necesita riego los primeros años aunque después se sostenga solo. El goteo con una línea continua es la solución correcta: aporta agua en la zona de raíz y no moja el follaje, que es lo que favorece los hongos.
Sobre la poda, tres reglas que valen para casi todo:
- Empezar pronto y recortar por encima de la altura deseada menos treinta o cincuenta centímetros, subiendo poco a poco. Dejar que llegue a la altura final y luego intentar densificarlo no funciona.
- Dar forma trapezoidal, más ancho en la base que en la coronación. Si la parte de arriba sobresale, sombrea a la de abajo y el seto se queda desnudo por el pie.
- Al menos dos recortes al año en los formales, y no podar coníferas con tiempo húmedo o lluvia, porque las heridas frescas son la vía de entrada de los hongos.
En resumen
La elección de especie va después de tres decisiones: distancia legal a la linde según el artículo 591 del Código Civil y las ordenanzas locales, formal o libre, y cuánta poda se va a hacer de verdad cada año. Luego, zanja continua bien preparada, ejemplares de tamaño medio y separación generosa, entre cincuenta y setenta y cinco centímetros.
En clima mediterráneo, las perennifolias de hoja ancha y las autóctonas de secano dan mejor resultado que las coníferas; en el norte y en montaña, carpe, haya y tuyas. Y conviene mirar la lista de tóxicas antes de decidir: adelfa, laurel cerezo y tejo son excelentes plantas de seto y no son la mejor idea en un jardín con niños pequeños o animales.