Las proteas son arbustos de la familia de las proteáceas, y la mayor parte de lo que se vende en España como tal procede de la región del Cabo, en el extremo sur de Sudáfrica. Se compran casi siempre como flor cortada, por dos motivos: duran en jarrón mucho más que cualquier otra flor y se secan bien conservando la forma.
Cultivarlas es otro asunto. Son plantas con exigencias muy concretas de suelo, y una de ellas resulta contraintuitiva para cualquiera acostumbrado a la jardinería corriente: el abono normal las mata. Merece la pena entender por qué, porque explica también dónde se pueden tener y dónde no.
Proteas del grupo Leucospermum en plena floración, en el parque Kirstenbosch de Ciudad del Cabo.
Una familia con historia geológica
Las proteáceas tienen una distribución que dice mucho de su antigüedad: Sudáfrica, Australia y el sur de Sudamérica, es decir, los fragmentos del antiguo supercontinente de Gondwana. En Australia son Banksia y Telopea; en Chile y Argentina, el notro o ciruelillo (Embothrium coccineum), de flores rojas encendidas. Las sudafricanas son las que más peso tienen en jardinería y floristería.
En el Cabo forman parte del fynbos, una vegetación arbustiva de suelos arenosos, ácidos y extraordinariamente pobres en nutrientes, adaptada a incendios periódicos. Muchas especies necesitan el fuego o el humo para germinar. Ese origen es el que condiciona todo lo demás.
El género fue nombrado por Linneo en el siglo XVIII en honor a Proteo, la divinidad marina griega capaz de cambiar de forma a voluntad, por la enorme diversidad de aspectos que presentan estas plantas.
Los tres géneros que se ven en floristería
Protea. Las inflorescencias tienen forma de copa o de alcachofa, con una corona de brácteas rígidas y coloreadas rodeando un cojín central de flores diminutas. Los tonos van del blanco crema al rosa y al rojo granate. Es el grupo más espectacular y el de piezas más grandes.
Leucospermum. Conocido como acerico o alfiletero por su aspecto: una esfera de la que sobresalen decenas de estilos largos y curvados rematados en un extremo engrosado, como alfileres clavados. La gama va del amarillo al naranja y al rojo, y muchas variedades cambian de color a medida que la inflorescencia madura. Son las más manejables en tamaño y las más habituales en ramos.
Leucadendron. Aquí lo llamativo no es la flor sino el follaje y las brácteas que rodean el cono central, en rojos, amarillos, verdes y bicolores. Son plantas dioicas, con pies masculinos y femeninos distintos. Se usan sobre todo como acompañamiento y estructura en los ramos, y aguantan aún más que las anteriores.
La protea rey
Protea cynaroides es la flor nacional de Sudáfrica y la más conocida del grupo. Su inflorescencia puede alcanzar los treinta centímetros de diámetro, con brácteas de color rosa en tonos que van del pálido al intenso rodeando un centro plumoso.
Por tamaño, una sola pieza en un jarrón sencillo se sostiene perfectamente sola y no necesita acompañamiento. Al ser tan pesada, el tallo debe quedar bien apoyado y el recipiente tiene que ser estable: en un jarrón estrecho y ligero vuelca.
De dónde vienen las que se compran en España
Buena parte de las proteas que se venden aquí como flor cortada se cultivan en La Palma, en las Canarias, donde el cultivo se implantó hace décadas por iniciativa de agricultores locales. Las condiciones de la isla se parecen bastante a las del Cabo: suelos volcánicos ácidos y bien drenados, altitud media, temperaturas suaves y humedad de los alisios.
La floración canaria se concentra sobre todo entre el invierno y la primavera, que es cuando la producción europea escasea, y ese desfase estacional es la clave comercial del cultivo. También hay producción en otras zonas del mundo con clima mediterráneo o subtropical, como Israel, Australia y algunas regiones de Portugal.
Cómo elegir y conservar la flor cortada
La duración en jarrón supera con facilidad las dos semanas y a menudo llega a tres o cuatro, más que cualquier flor de las habituales. Para aprovecharla:
- Al elegir, buscar inflorescencias que aún no estén completamente abiertas y brácteas firmes, sin bordes secos ni oscurecidos. El follaje del tallo debe estar verde y turgente hasta abajo.
- Recortar el tallo en diagonal antes de ponerlo en agua, y repetir el corte cada pocos días. Los tallos son leñosos y se sellan.
- Retirar las hojas que queden sumergidas, para que no pudran el agua.
- Cambiar el agua cada dos o tres días. Las proteas beben bastante y el nivel baja deprisa: conviene revisarlo a diario.
- No dejarlas a oscuras. El problema típico de las proteas en jarrón es el ennegrecimiento del follaje, que empieza por las hojas y sube. La penumbra prolongada lo acelera. Un sitio luminoso, sin sol directo ni corrientes de calefacción, lo retrasa mucho.
- Lejos de la fruta. El etileno que desprende la fruta madura acorta la vida de casi cualquier flor cortada.
Cómo secarlas
Es de las flores que mejor se secan, y el método es el más simple que hay: cuando la pieza está plenamente abierta y el agua empieza a escasear, se saca del jarrón, se atan los tallos y se cuelgan boca abajo en un sitio oscuro, seco y ventilado durante dos o tres semanas. Al revés que en jarrón, aquí sí interesa la oscuridad, porque conserva mejor el color.
Otra opción, aún más sencilla con los Leucadendron y los Leucospermum, es dejar simplemente que el agua del jarrón se agote y no reponerla: la flor se seca de pie y mantiene la forma. El resultado dura años, aunque el color se apaga con la luz directa.
¿Se pueden cultivar en España?
En Canarias, sí, y de hecho se hace a escala comercial. En la Península es difícil y solo tiene sentido en condiciones muy concretas. Lo que exigen:
- Suelo ácido, arenoso o pedregoso, y con drenaje perfecto. Los suelos calizos y arcillosos que dominan el este, el centro y el sur peninsular son incompatibles: en ellos la planta amarillea y muere en poco tiempo.
- Fósforo muy bajo. Este es el punto crítico. Las proteáceas desarrollan raíces especializadas, agrupadas en penachos, para extraer nutrientes de suelos extremadamente pobres. Como resultado son intolerantes al fósforo: un abono universal corriente, que lleva fósforo en cantidad, les resulta tóxico. La regla práctica es no abonar, o hacerlo solo con productos específicos de bajo contenido en fósforo.
- Nada de encharcamiento. Son muy sensibles a Phytophthora, el hongo de suelo que provoca la podredumbre de raíz. Un riego generoso sobre suelo pesado equivale a matarlas.
- Sol pleno y buena ventilación. En sombra no florecen y se enferman.
- Clima suave sin heladas fuertes. Algunas especies toleran heladas ligeras, pero no inviernos duros ni humedad estival alta.
En maceta es posible intentarlo en el litoral mediterráneo y en el norte de clima suave, con sustrato para plantas acidófilas aligerado con arena gruesa o gravilla, riego con agua de lluvia (el agua dura del grifo alcaliniza el sustrato en pocos meses) y sin abonar. Es un cultivo para quien disfrute del reto, no una planta de terraza corriente.
En resumen
Protea, Leucospermum y Leucadendron son los tres géneros que se encuentran aquí, y como flor cortada son de lo más rentable que se puede comprar: duran semanas, se secan solas y una sola pieza compone un arreglo. Basta con recortar el tallo cada pocos días, cambiar el agua, y mantenerlas en un sitio luminoso para retrasar el ennegrecimiento del follaje.
Como planta viva son otra historia. Necesitan suelo ácido, drenaje perfecto y, sobre todo, ausencia de fósforo: el abono corriente les resulta tóxico. Fuera de Canarias y de algunos enclaves de clima suave y suelo ácido, lo sensato en España es disfrutarlas cortadas.