Las prímulas florecen cuando casi nada más lo hace, entre enero y abril según la zona, y por eso se compran a montones y se tiran en cuanto se pasan. La mayoría de las que se pierden lo hacen por dos motivos concretos: calefacción y agua estancada. Ninguno de los dos es difícil de evitar.
Las que se cultivan como planta de temporada pertenecen sobre todo a dos grupos: la primavera común (Primula vulgaris, que también aparece etiquetada como Primula acaulis), la de jardín y terraza, y la Primula obconica, la que se destina a interior. Se cuidan de forma parecida, pero no idéntica, y una de las dos tiene una particularidad que conviene conocer antes de comprarla.
Las prímulas en flor son un anticipo de primavera. Son el mejor estímulo para dejar atrás el invierno y abrirse a un nuevo ciclo lleno de vitalidad.
Lo que hay que saber de la Primula obconica
Sus hojas están cubiertas de pelos glandulares que segregan primina, una sustancia que provoca dermatitis alérgica de contacto en personas sensibilizadas. No afecta a todo el mundo, pero quien se sensibiliza suele reaccionar cada vez que la manipula. La precaución razonable es usar guantes al trasplantarla o al limpiar hojas secas y lavarse las manos después.
Existen desde hace años selecciones libres de primina, que se comercializan con nombres que aluden precisamente a eso, del tipo Touch Me. Si en casa hay alguien con la piel reactiva, merece la pena buscarlas. Si el problema aparece, la consulta corresponde al médico, no a un artículo de jardinería.
Dentro de casa
La prímula de interior no es una planta tropical y ahí está el malentendido. Viene de zonas montañosas y lo que necesita es fresco y luz, exactamente lo contrario de lo que ofrece un salón con calefacción.
- Temperatura. Se encuentra cómoda entre los 12 y los 16 grados, y aguanta hasta unos 18. Por encima de eso las flores duran días en vez de semanas y la planta se agota. El mejor sitio de una casa española suele ser una galería, un dormitorio que no se calienta o el alféizar de una ventana lejos del radiador.
- Luz. Muy abundante pero sin sol directo prolongado. Junto a una ventana con visillo, o en una orientación este, va perfecta.
- Riego. El sustrato tiene que mantenerse húmedo, nunca empapado ni seco del todo. Lo práctico es comprobar con el dedo y regar cuando la superficie empiece a secarse. Al regar, mejor por el borde de la maceta o por inmersión breve, sin mojar el corazón de la roseta ni las flores.
- Drenaje. Las prímulas se venden a menudo dentro de un cubremacetas cerrado o envueltas en plástico decorativo. Es donde se pudren. Hay que sacarlas para regar y no dejar nunca agua embalsada en el fondo.
- Aire seco. Si la habitación es cálida y seca, colocar la maceta sobre un plato con grava húmeda ayuda, siempre que la base de la maceta no toque el agua.
- Abono. Un fertilizante líquido para plantas de flor, muy diluido, cada dos o tres semanas mientras esté floreciendo.
Fuera: terraza y jardín
Aquí juegan las primaveras (Primula vulgaris) y sus híbridos, que son las que se ven en macizos y jardineras desde noviembre en el sur y desde febrero en el norte y el interior.
- Exposición. Semisombra en general. En el norte atlántico y en zonas de montaña, donde el clima es fresco y húmedo, admiten sol directo sin problema. En Andalucía o el litoral mediterráneo, cuanto más avanza la primavera más agradecen la sombra de la tarde.
- Suelo. Suelto, fresco, rico en materia orgánica y con drenaje real. En suelos calizos y compactos del este y el sur peninsular se comportan mucho mejor en maceta con sustrato adecuado que plantadas en tierra.
- Riego. Regular. No toleran la sequía, pero el encharcamiento las mata más rápido todavía.
- Heladas. Aguantan bien el frío, pero una helada fuerte estropea las flores abiertas y puede dañar el cuello. Un acolchado de corteza de pino o de paja alrededor de la mata protege las raíces cuando el termómetro baja de cero. En balcón, arrimar las macetas a la pared del edificio marca varios grados de diferencia.
- Abonado. Abono líquido en el agua de riego una vez al mes durante la floración es suficiente.
Los problemas habituales
Botritis o moho gris. Es su enemigo número uno. Aparece como un fieltro grisáceo sobre flores y hojas cuando hay humedad y poca ventilación. Se previene no mojando flores ni follaje al regar, retirando de inmediato lo marchito y dejando espacio entre plantas.
Pudrición del cuello. La planta se viene abajo entera con el sustrato empapado. Casi siempre es cubremacetas sin drenaje. No tiene arreglo una vez avanzada.
Hojas amarillas y flores que duran poco. Exceso de calor. No hay tratamiento: hay que cambiarla de sitio.
Babosas y caracoles en jardín y terraza, sobre todo en el norte y en primavera húmeda. Se comen las hojas tiernas por la noche. Revisar al anochecer y retirarlas a mano funciona bien en superficies pequeñas.
Pulgón en los pedúnculos florales cuando suben las temperaturas. Un chorro de agua a presión moderada suele bastar en pocas plantas.
Cómo prolongar la floración
El gesto que más rinde es quitar las flores marchitas con su pedúnculo, cortándolo lo más abajo posible en vez de arrancar solo la corola. Si se dejan, la planta empieza a formar semilla e interpreta que ha terminado el ciclo. Con esa limpieza cada pocos días, y con temperatura fresca, una prímula puede estar floreciendo dos y tres meses.
Conviene también retirar las hojas amarillas del centro de la roseta: son la puerta de entrada de la botritis.
Qué hacer cuando termina
La Primula obconica de interior se trata en la práctica como planta de temporada y no merece la pena conservarla: rebrota mal en casa y la segunda floración es pobre.
Las primaveras de exterior son otra cosa. Son vivaces de verdad y en climas frescos duran años. Terminada la floración, se pueden trasplantar a un rincón de semisombra del jardín, con suelo que retenga humedad, y volverán a florecer el invierno siguiente. En el norte peninsular y en zonas de montaña funciona muy bien; en el interior seco y en el sur, el verano suele acabar con ellas y es más realista tratarlas como planta anual.
Si se conservan, la forma de multiplicarlas es dividir la mata en cuanto acaba de florecer, separando las rosetas con algo de raíz y replantándolas de inmediato en tierra fresca.
Cuándo comprarlas
Aparecen en venta desde octubre, pero las que se compran demasiado pronto llegan a casa con temperaturas todavía suaves y duran menos. El momento útil en la mayor parte de España va de diciembre a marzo.
Al elegir, mirar el centro de la mata más que las flores abiertas: interesa una planta con muchos botones florales sin abrir, hojas firmes y sin manchas, y sustrato húmedo pero no encharcado. Y evitar las que estén expuestas en la calle si ha helado, porque el daño se manifiesta días después.
En resumen
Las prímulas son plantas de tiempo fresco y ese es el dato que decide todo lo demás. Dentro de casa, cuanto más lejos del radiador y más cerca de la ventana, más semanas de flor. Fuera, semisombra, suelo fresco con drenaje y un acolchado cuando amenacen heladas fuertes.
Riego comprobado antes de aplicarlo, nada de agua estancada en el cubremacetas, y limpieza frecuente de flores marchitas y hojas amarillas para frenar el moho gris. Y con la Primula obconica, guantes al manipularla o buscar las selecciones libres de primina, porque su dermatitis de contacto es real y no le pasa solo a unos pocos.