Las nepetas son vivaces de la familia de las labiadas que forman matas blandas de follaje aromático, gris verdoso, cubiertas durante meses de espigas de flores pequeñas en azul lavanda, malva o blanco. Son de las plantas más agradecidas que puede tener un jardín seco: aguantan el sol de pleno verano, no piden riego frecuente, viven bien en suelo calizo y florecen una y otra vez si se las recorta.
El género incluye especies muy distintas, y conviene separar dos cosas que a menudo se confunden. La hierba gatera propiamente dicha, la que provoca en muchos gatos esa reacción de excitación y revolcones, es la Nepeta cataria, una planta de flor blanquecina y valor ornamental discreto. Las nepetas que se ven en los arriates, con esa mancha azul suave que dura de mayo a octubre, son sobre todo la Nepeta x faassenii y la Nepeta racemosa, que interesan por la flor y el follaje.
Cómo reconocerlas
Todas comparten los rasgos de la familia: tallos de sección cuadrada, hojas opuestas y aroma marcado al frotarlas, en este caso entre mentolado y algo alcanforado. Las hojas son pequeñas, ovaladas o acorazonadas, con el borde festoneado y cubiertas de una pelusilla que les da el tono grisáceo característico.
La mata suele ser redondeada y algo laxa, con los tallos que se abren hacia fuera en cuanto florecen. Según la especie y el cultivar, la altura va desde unos treinta centímetros en las formas compactas hasta cerca de un metro en las selecciones grandes, que forman auténticas nubes azules.
Las flores son diminutas, con dos labios, y se disponen en verticilos apretados a lo largo de las espigas terminales. Vistas de cerca no impresionan; el efecto está en el conjunto, en la cantidad y en el tiempo que dura. La Nepeta x faassenii, que es un híbrido, resulta especialmente valiosa porque es estéril: al no gastar energía en producir semilla, prolonga muchísimo la floración.
Dónde y cómo plantarlas
Quieren pleno sol. En sombra se estiran, se abren por el centro y florecen la mitad. Toleran el calor del verano español sin despeinarse, y su punto débil no es la sequía sino la humedad: son plantas de suelos secos y ventilados.
Sirve cualquier sustrato mientras drene bien, incluidos los pobres, los pedregosos y los calizos. De hecho, en suelo rico y muy regado crecen demasiado, se vuelven blandas y se desmoronan bajo su propio peso en cuanto llueve. En suelo pesado y frío hay que mejorar el drenaje con arena gruesa y grava, o plantar en caballón, porque la combinación de invierno húmedo y raíces encharcadas es lo que más ejemplares mata.
La plantación se hace en otoño o en primavera, con las matas a unos cuarenta o cincuenta centímetros para las formas medias. Al ser plantas de mata abierta, se plantan pensando en que cierren en línea continua si se busca una bordura.
Riego y sustrato
Riego medio o escaso. Durante el primer año, mientras arraigan, conviene regar con regularidad, aunque sin excesos. A partir de ahí son plantas de secano en la mayor parte de España: en clima mediterráneo se defienden con riegos ocasionales de verano, y en el norte con la lluvia natural.
El exceso de agua produce mata grande, floja y con poca flor, y favorece las podredumbres. El exceso de abono hace exactamente lo mismo, así que lo razonable es no abonar o limitarse a un aporte ligero de compost al final del invierno.
El acolchado, si se usa, es mejor mineral que orgánico: una capa de grava o gravilla alrededor de la mata mantiene el cuello seco y ventilado, que es justo lo que estas plantas necesitan.
Poda: el recorte que duplica la floración
Este es el punto que más diferencia hay entre una nepeta cuidada y una descuidada. Cuando la primera floración empieza a decaer, hacia comienzos o mediados del verano, y la mata se ve deslavazada y con las espigas pardas, se recorta a la mitad o a un tercio, con tijera de setos y sin miramientos. Se riega, y en tres o cuatro semanas la planta rebrota con follaje nuevo y limpio y da una segunda floración que llega hasta el otoño.
Ese recorte cumple además una función estructural: evita que la mata se abra por el centro y se descuelgue sobre las plantas vecinas, que es el defecto clásico de las nepetas grandes tras una tormenta.
A finales del invierno se hace el corte anual, dejando la mata a unos pocos centímetros del suelo para retirar todo el material seco antes de que arranque el rebrote. En clima suave conviene dejar el follaje viejo durante el invierno, porque protege algo la cepa y sirve de refugio a insectos.
Multiplicación
Lo más rápido es la división de mata en primavera o a comienzos del otoño. Se levanta la planta, se separa en porciones con raíz y brotes y se replanta enseguida. Es también la forma de rejuvenecer matas viejas que se han quedado huecas por el centro, algo que suele ocurrir a partir del cuarto o quinto año.
Los esquejes de brote tierno, tomados en primavera antes de que la planta florezca, enraízan con facilidad en sustrato ligero y sombra. Es el método obligado en el caso de la Nepeta x faassenii y de los cultivares seleccionados, ya que al ser estériles o híbridos no se pueden reproducir fielmente por semilla.
Las especies fértiles, como la Nepeta cataria, se siembran sin dificultad y llegan a resembrarse solas en el jardín.
Plagas y problemas frecuentes
Son plantas notablemente sanas, y su aroma las mantiene libres de la mayoría de las plagas. En primavera pueden aparecer babosas y caracoles en el rebrote tierno, y en veranos húmedos o en posiciones poco ventiladas, oídio en forma de polvillo blanco sobre las hojas, que se resuelve casi siempre recortando la mata y mejorando la aireación.
Hay un problema muy particular de este género: los gatos. Con la Nepeta cataria, y en menor medida con otras especies del grupo, los gatos del vecindario se restriegan, se revuelcan y llegan a destrozar una planta joven recién plantada. La solución práctica es proteger las plantas nuevas con una malla o unas ramas durante las primeras semanas, hasta que estén bien arraigadas y puedan rebrotar de lo que les hagan.
El resto de fallos son de cultivo: mata abierta y caída por no recortar en verano, poca flor por sombra o exceso de abono, y muerte invernal por suelo encharcado.
Usos en el jardín
La nepeta es una de las mejores plantas de bordura que existen. Una línea de matas azules a lo largo de un camino, con el follaje gris de fondo, funciona durante toda la temporada y encaja tanto en un jardín formal como en uno informal.
Su combinación clásica es con rosales: la nepeta cubre la base desnuda de los rosales, tapa sus tallos bajos y aporta un azul que realza cualquier tono de rosa. También encaja de maravilla en el jardín seco, junto a lavandas, salvias, santolinas, perovskias y gramíneas, con las que comparte exigencias de sol, drenaje y poca agua.
Es además una planta melífera de primer orden. Una mata en flor concentra abejas y abejorros desde la mañana hasta el atardecer, lo que la hace muy recomendable en un jardín pensado para polinizadores o al borde de un huerto.
Especies y variedades
La Nepeta x faassenii es la más usada en jardinería, con cultivares que van desde formas compactas de treinta centímetros hasta selecciones grandes que superan holgadamente el medio metro y forman masas muy vistosas. La Nepeta racemosa, conocida durante mucho tiempo como Nepeta mussinii, es de porte menor y floración temprana. Hay también especies de mayor tamaño y flor más grande, y formas de flor blanca o rosada.
La Nepeta cataria se cultiva por otra razón: por su efecto sobre los gatos, que se debe a los compuestos volátiles de su aceite esencial. No afecta a todos los individuos, es un rasgo hereditario, y no todos los gatos que reaccionan lo hacen igual.
En resumen
Las nepetas son vivaces de sol, follaje aromático y flor azul lavanda que resuelven bordes y macizos secos con muy poco riego, toleran la cal y aguantan bien el verano español. Prefieren suelo pobre y drenado a suelo rico y húmedo, y el exceso de agua y de abono les hace más daño que la sequía.
Su cuidado se reduce a dos cortes al año: uno a la mitad cuando decae la primera floración, que provoca un rebrote limpio y una segunda tanda de flor hasta el otoño, y otro a ras a finales del invierno. Se multiplican por división y por esqueje, y son de las plantas que más abejas atraen al jardín.