Una trampa de Dionaea muscipula se cierra en menos de una décima de segundo, y solo lo hace si dos de sus pelos sensitivos reciben un roce con pocos segundos de diferencia. Así descarta gotas de lluvia y granos de arena, y no malgasta energía en falsas alarmas. Ese nivel de refinamiento no es exclusivo suyo: la carnivoría vegetal ha aparecido de forma independiente al menos una docena de veces en la evolución, en familias que no tienen parentesco cercano, y ha dado lugar a cinco mecanismos de captura muy distintos.

Repasamos los grupos principales, qué especies se cultivan de verdad en España y cuáles crecen silvestres en la Península, que son más de las que suele suponerse.

Qué convierte a una planta en carnívora

No basta con que un bicho se ahogue en una hoja. Para hablar de carnivoría estricta hacen falta cuatro cosas: atraer a la presa, capturarla, digerirla con enzimas propias o con ayuda de bacterias asociadas, y absorber los nutrientes resultantes. Plantas como Roridula o la bromelia Brocchinia reducta se quedan a medio camino y se clasifican como protocarnívoras o carnívoras por delegación.

El motivo de todo esto es siempre el mismo: suelos pobrísimos en nitrógeno y fósforo, encharcados o extremadamente lavados, donde la fotosíntesis funciona pero no hay minerales que absorber por la raíz. La planta invierte tejido en fabricar trampas porque le sale rentable.

Trampas de cepo: cierre activo

Dionaea muscipula, la venus atrapamoscas, es la única especie de su género y procede de un área diminuta de las Carolinas, en la costa atlántica de Estados Unidos. Cada trampa se cierra unas cuatro a siete veces a lo largo de su vida y tarda entre cinco y doce días en digerir una presa mediana. Es una planta templada, no tropical: quiere sol directo todo el día y un reposo invernal de dos o tres meses con temperaturas bajas, durante el cual pierde las hojas grandes y se queda reducida a un rizoma con rosetitas. Aguanta heladas suaves sin problema.

La venden con frecuencia dentro de una cúpula de plástico sellada, en la estantería de interior. Ahí dentro se pudre: falta luz, sobra humedad estancada y no puede entrar en reposo. Sácala al balcón o al patio, en bandeja con agua de lluvia, y déjala pasar frío en invierno.

Trampas de Dionaea muscipula, la venus atrapamoscas

Su pariente acuática es Aldrovanda vesiculosa, una planta flotante sin raíces con cepos milimétricos que capturan microcrustáceos. Está en regresión en todo el mundo y en Europa es rarísima; no es una planta de iniciación ni se debe recolectar.

Jarras: trampas pasivas de caída

Sarracenia agrupa entre ocho y once especies del sureste de Estados Unidos, con tubos verticales que pueden superar el metro en S. leucophylla o S. flava. El borde segrega néctar, la pared interior está tapizada de pelos que apuntan hacia abajo y el insecto no puede volver a subir. Son, con diferencia, las carnívoras más agradecidas para el exterior en clima peninsular: resisten heladas fuertes, aguantan el sol pleno y en verano llenan los tubos de avispas y moscas. S. purpurea es la más rústica de todas.

Darlingtonia californica, la planta cobra, tiene una cúpula translúcida con ventanas por las que el insecto intenta escapar hasta agotarse, y un apéndice bífido que hace de lengua. Vive en surgencias de agua fría de California y Oregón, y esa es la clave de su cultivo: las raíces necesitan mantenerse frescas. En Madrid, Sevilla o Valencia se pierde casi siempre en el primer verano. Solo tiene sentido intentarla en la cornisa cantábrica, en zonas de montaña, o refrescando el sustrato con agua fría a diario.

Cephalotus follicularis es el único representante de su familia y procede del extremo suroeste de Australia, con clima mediterráneo de inviernos húmedos y veranos secos. Produce jarras pequeñas, de dos a cinco centímetros, con tapa rayada y dientes en la boca, y además hojas planas normales sin función de captura. Crece despacio y es sensible a la pudrición del cuello si se mantiene empapada y caliente a la vez.

Nepenthes, con más de 160 especies del sudeste asiático, cuelga sus jarras del extremo de un zarcillo que prolonga el nervio de la hoja. Se dividen en especies de tierras bajas, que quieren calor constante y humedad alta, y de tierras altas, que necesitan una bajada nocturna de temperatura. Para empezar dentro de casa, el híbrido N. × ventrata tolera condiciones domésticas mejor que ninguno. Heliamphora, de los tepuyes venezolanos, exige fresco y humedad constantes y se reserva para terrarios controlados.

Trampas adhesivas: mucílago

Drosera ronda las 250 especies repartidas por todos los continentes salvo la Antártida. Sus hojas están cubiertas de tentáculos rematados en una gota de mucílago que brilla como rocío; al pegarse un insecto, los tentáculos vecinos se curvan hacia él en minutos u horas y la hoja llega a enrollarse. D. capensis, sudafricana, es la más fácil de cultivar y se reproduce sola por semilla. En turberas del norte peninsular crecen silvestres D. rotundifolia, D. intermedia y D. longifolia.

Drosophyllum lusitanicum merece capítulo aparte porque es ibérica: vive en jarales y matorrales secos de Cádiz, Málaga y Huelva, en Portugal y en el norte de Marruecos. Rompe el molde del grupo, porque en lugar de turbera encharcada ocupa suelos arenosos que se secan a fondo en verano. Sus hojas filiformes despiden un olor dulzón perceptible a un par de metros y los tentáculos no se mueven: la captura es puramente pasiva. No tolera el trasplante, así que se siembra directamente en su maceta definitiva. Es una especie protegida en las comunidades donde vive; consíguela como semilla de cultivo y deja en paz las poblaciones silvestres.

Drosophyllum lusitanicum, carnívora ibérica de hojas filiformes

Pinguicula, las grasillas, capturan con una lámina foliar untuosa al tacto, sin tentáculos visibles. Hay dos comportamientos muy distintos. Las templadas europeas —P. grandiflora en los Pirineos y la Cordillera Cantábrica, P. vulgaris, P. lusitanica en el oeste atlántico y la endémica P. vallisneriifolia de las sierras de Cazorla y Segura— pasan el invierno reducidas a una yema compacta llamada hibernáculo. Las mexicanas (P. moranensis, P. esseriana, P. gypsicola) cambian en otoño a una roseta suculenta sin glándulas y quieren entonces sequía relativa y sustrato mineral. Las mexicanas son, además, las mejores aliadas contra la mosca del sustrato en interior.

Trampas de succión y de nasa

Utricularia es el género más numeroso, con más de 200 especies, y el que esconde el mecanismo más veloz del reino vegetal. Sus vejigas microscópicas expulsan el agua del interior y quedan a presión negativa; cuando un microorganismo roza los pelos de la portezuela, esta se abre y el bicho entra arrastrado por la corriente en menos de un milisegundo. No tiene raíces verdaderas. Las hay acuáticas —U. australis, U. minor, presentes en lagunas y turberas ibéricas—, terrestres, que se cultivan en macetas de turba y florecen como orquídeas en miniatura, y epífitas.

Genlisea, de África y Sudamérica, usa un tipo de trampa que no tiene ningún otro grupo: hojas subterráneas en forma de tirabuzón, con pelos orientados hacia dentro, que funcionan como una nasa de pesca para protozoos y otros microorganismos del suelo. Es más una rareza de coleccionista que una planta de escaparate.

Qué comprar y qué mirar en la etiqueta

Si empiezas y vives en la Península, el orden de dificultad razonable es: Sarracenia y Drosera capensis primero, Dionaea muscipula después, Nepenthes × ventrata si quieres una de interior, y Cephalotus o Darlingtonia solo cuando ya domines el riego y tengas dónde darles fresco.

Varios géneros están en el Apéndice II de CITES —Dionaea, Nepenthes, Sarracenia— y algunas Sarracenia de Alabama figuran en el Apéndice I. Eso no impide comprarlas: significa que deben proceder de vivero, con propagación artificial documentada. Arrancar ejemplares del campo, aquí o fuera, está prohibido y además condena a la planta, porque las raíces no sobreviven al arranque.

Dos ideas que conviene desmontar

La primera, que sirven para acabar con los mosquitos de casa. Ninguna captura mosquitos adultos en cantidad apreciable. Una Pinguicula hace un buen trabajo con los esciáridos que salen del sustrato de las demás macetas, y una Sarracenia en el patio caza avispas y moscas por decenas, pero como método de control de plagas doméstico el resultado es testimonial. Cúrate en salud y trata el foco.

La segunda, que hay que darles carne o hacer saltar las trampas para «ejercitarlas». Cada cierre en falso de una Dionaea consume energía y acorta la vida de esa hoja; y un trozo de carne picada se pudre dentro, ennegrece la trampa y puede llevarse la hoja entera. Ninguna de estas plantas supone riesgo alguno para personas ni para mascotas: las jarras grandes de algunas Nepenthes atrapan de forma excepcional pequeños vertebrados, pero es una anécdota de campo, no un comportamiento habitual ni un peligro doméstico.

En resumen

Cinco mecanismos y unos cuantos géneros que valen la pena: cepos en Dionaea y Aldrovanda; jarras en Sarracenia, Darlingtonia, Cephalotus, Nepenthes y Heliamphora; mucílago en Drosera, Drosophyllum y Pinguicula; succión en Utricularia; y trampa de nasa en Genlisea. En España el exterior es territorio de Sarracenia, Dionaea y Drosera templadas; el interior, de Nepenthes y Pinguicula mexicanas; y Darlingtonia pide raíces frescas que casi ningún verano peninsular ofrece. Además tenemos carnívoras propias —Drosophyllum lusitanicum, varias Pinguicula endémicas, Drosera de turbera, Utricularia de laguna— que se admiran en el campo y se cultivan desde semilla de vivero, nunca arrancadas.


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