Riega con agua de lluvia. Todo lo demás de este artículo son matices de esa frase, pero conviene entenderlos, porque los matices son los que explican por qué una Dionaea comprada en marzo está impecable en junio y muerta en septiembre sin que aparentemente hayas hecho nada raro.

Las carnívoras no son plantas delicadas en el sentido habitual. Aguantan sol duro, frío, sequedad ambiental y descuidos. Lo que no toleran son las sales disueltas en el agua de riego, y ese es un daño que no se ve venir: se acumula durante meses en el sustrato y se manifiesta de golpe.

Qué le hace el agua del grifo a una carnívora

Estas plantas evolucionaron en turberas y suelos oligotróficos, medios lavados por la lluvia donde apenas hay minerales disueltos. Por eso desarrollaron la carnivoría: sacan el nitrógeno y el fósforo de los insectos porque el suelo no se los da. Sus raíces son sobre todo un anclaje y un órgano de absorción de agua, y no tienen mecanismos para lidiar con concentraciones altas de calcio, magnesio o sodio.

El sustrato en el que las cultivamos, turba rubia con perlita, tampoco ayuda: es ácido, pobre y con poca capacidad de amortiguar nada. Cada riego con agua dura deposita ahí carbonatos y sales que no se van. Se concentran con la evaporación. Al cabo de unos meses, la solución del suelo tiene una salinidad que la raíz no puede compensar, deja de absorber agua correctamente y la planta se seca estando el sustrato húmedo. Ese es el cuadro típico: hojas que se marchitan y ennegrecen por la punta, trampas que ya no se forman, y un tiesto empapado.

La medida que interesa es la conductividad eléctrica. El agua de lluvia ronda los 5-25 µS/cm. El objetivo para carnívoras es no pasar de 50 µS/cm (unos 25 ppm en un medidor TDS). El agua de red española se mueve en un rango enorme: en Madrid, con agua de sierra, puede quedarse en 100-150 µS/cm; en zonas del Levante, del valle del Ebro o del interior andaluz supera con facilidad los 800 y a veces los 1.200. En el primer caso el deterioro tarda un par de años en notarse; en el segundo, una Drosera se pierde en un verano.

Drosera spatulata con las gotas de mucílago en las hojas

Qué aguas sirven y cuáles no

Agua de lluvia. La opción natural y gratuita. Recógela en un bidón con tapa, y si la bajas de un tejado, desecha los primeros minutos de escorrentía: arrastran polvo, excrementos de pájaro y lo que haya en las tejas. Evita el agua que haya corrido sobre fibrocemento antiguo, cobre o zinc. Un bidón de 200 litros a la sombra cubre sin problema una colección doméstica de un año en la mayor parte de la Península.

Agua de ósmosis inversa. Perfecta. Si tienes equipo doméstico, el permeado suele estar por debajo de 30 µS/cm. Se vende también en garrafas en tiendas de acuariofilia.

Agua destilada. Sirve, aunque comprarla en garrafas de supermercado sale caro si tienes más de tres macetas.

Agua de condensación del aire acondicionado o del deshumidificador. Prácticamente destilada y gratis, justo en los meses en que más se riega. Comprueba que el recipiente esté limpio y que no arrastre restos aceitosos del equipo; con eso, es una fuente excelente que se desaprovecha por costumbre.

Y ahora las que no valen, incluidas dos que se recomiendan mucho y son directamente perjudiciales:

Agua hervida. Hervir precipita parte de la cal (dureza temporal), pero no elimina las sales: al evaporarse agua durante el hervido, la concentración de lo que queda disuelto sube. Es un remedio que empeora el problema.

Agua de descalcificador doméstico. Un descalcificador de intercambio iónico no quita minerales, sustituye el calcio y el magnesio por sodio. Para una carnívora el sodio es aún más tóxico que la cal. La conductividad, además, sigue siendo la misma o mayor.

Agua mineral embotellada. Se llama mineral precisamente porque lo es. Muchas marcas superan los 500 µS/cm. Si recurres a una botella, mira el residuo seco de la etiqueta: por debajo de 50 mg/l puede pasar en un apuro, por encima no.

Agua de pozo. Salvo en zonas graníticas del noroeste, en España suele ser dura o muy dura.

El truco de dejar reposar el agua 24 horas. Evapora el cloro, que no es el problema. Las sales se quedan.

El método de la bandeja: cómo se hace bien

La forma estándar de regar la mayoría de las carnívoras es por inmersión parcial: la maceta se apoya en una bandeja o plato hondo con agua, y el sustrato la sube por capilaridad. Así el cepellón se mantiene uniformemente húmedo y no se remueve la superficie.

Funciona bien para Sarracenia, Dionaea muscipula, Drosera de turbera, Darlingtonia (con matices) y la mayoría de las Drosera subtropicales de venta común, como D. capensis o D. spatulata.

Reglas prácticas:

Lámina de 1 a 3 cm en plena temporada de crecimiento, de abril a septiembre. No más: llenar el plato hasta media maceta ahoga la parte alta del cepellón y favorece las algas.

Deja que la bandeja se vacíe del todo antes de reponer, en lugar de mantenerla siempre llena hasta el borde. Ese pequeño ciclo airea el sustrato y reduce muchísimo los problemas de pudrición.

En verano, cuidado con bandejas negras pequeñas a pleno sol. Un plato de dos dedos de agua en una terraza de Córdoba en julio puede llegar a temperaturas que cuecen las raíces. Usa recipientes de más volumen, de color claro, o coloca el conjunto de forma que las macetas den sombra a la bandeja mientras las hojas siguen al sol.

Riega también por arriba de vez en cuando, una vez al mes en temporada. El riego por capilaridad concentra las sales en la parte superior del sustrato, donde se ve como una costra blanquecina; un aporte generoso desde arriba, dejando escurrir, las arrastra hacia abajo y fuera. Cambiar el sustrato cada dos o tres años completa la limpieza.

Plástico mejor que barro. La terracota cede minerales al sustrato, se llena de sales en la pared y se cubre de algas. Para carnívoras, maceta de plástico o de resina.

Ejemplar de Sarracenia rubra con sus jarros verticales

Las que no llevan bandeja

Aplicar el plato con agua a todo lo que sea carnívoro es lo que arruina varios de los géneros más bonitos. Estas son las excepciones que hay que tener claras:

Nepenthes. Son epífitas o semiepífitas de suelos aireados. Riego por arriba, empapando bien y dejando drenar; el sustrato debe quedar húmedo, nunca encharcado. Bandeja permanente equivale a raíces muertas y jarros que dejan de formarse. Un plato con dos dedos de agua puntualmente en pleno agosto es admisible, pero no como sistema. Y no rellenes los jarros con agua del grifo: si un jarro se seca, no pasa nada, la planta hará otros.

Pinguicula mexicanas (P. moranensis, P. gypsicola, P. esseriana y compañía). Tienen dos fases al año. En la fase carnívora, de primavera a otoño, sustrato húmedo con riego moderado, mejor por abajo pero sin plato permanente. En invierno pasan a una roseta suculenta, compacta y sin mucílago, y entonces hay que reducir el riego casi a cero: unas gotas cada dos o tres semanas para que no se deshidrate la raíz. Mantener el plato con agua durante ese descanso pudre la roseta, y es lo que se lleva por delante a la mayoría de las que se pierden. Estas grasillas, además, toleran aguas más duras que el resto e incluso agradecen algo de calcio o yeso en el sustrato.

Drosophyllum lusitanicum. La carnívora de secano ibérica. Riego espaciado dejando secar la superficie, sustrato mineral y drenante. Bandeja permanente, muerte segura.

Cephalotus follicularis. Quiere sustrato húmedo pero muy aireado. Bandeja fina y solo en verano, o riego por arriba; encharcada se pudre el rizoma.

Heliamphora y Darlingtonia. Buscan agua corriente y fresca, no estancada y caliente. Riego generoso por arriba y raíces frescas. La Darlingtonia, en concreto, vive en arroyos de montaña con las raíces bañadas por agua fría: si la cultivas en el sur peninsular, el problema no es la humedad sino la temperatura del cepellón.

El invierno cambia las reglas

Dionaea, Sarracenia y las Drosera de clima templado entran en reposo invernal de noviembre a febrero. Pierden hojas, se quedan feas, se encogen. Están vivas y necesitan ese frío.

Durante ese periodo quita la bandeja. El consumo de agua cae en picado y el sustrato tarda muchísimo en secarse. La combinación de frío, poca luz y encharcamiento permanente es exactamente lo que dispara la Botrytis y las podredumbres de rizoma. Mantén el sustrato apenas húmedo, regando por arriba cuando lo notes tirando a seco, quizá cada diez o quince días según el clima.

En la Península, salvo en zonas de heladas duras y prolongadas, todas estas plantas invernan al aire libre sin protección. Meterlas en casa con calefacción les impide el reposo y las agota; el segundo año se ven claramente más débiles.

Pulverizar no es regar

Rociar las hojas con un pulverizador no aporta agua a la planta en ninguna cantidad significativa, y si lo haces con agua del grifo, dejas manchas de cal sobre las glándulas y sobre las trampas. En una drosera, además, el chorro arrastra el mucílago que la planta ha tardado horas en producir.

Conviene deshacer también la idea de que necesitan aire saturado de humedad. Dionaea y Sarracenia viven perfectamente al aire libre en el clima de aquí, con humedad relativa baja, siempre que tengan las raíces húmedas y sol directo. Los cubos de metacrilato cerrados con los que se venden en supermercados y floristerías no las protegen: las cuecen, les quitan luz y les impiden ventilar. Lo primero que hay que hacer con una Dionaea de supermercado es abrir el envase, sacarla al exterior y ponerla al sol con su plato de agua de lluvia.

Sí requieren humedad ambiental alta las Nepenthes de tierras altas, las Heliamphora y el Cephalotus, pero eso se resuelve con un terrario o un invernadero ventilado, no con un pulverizador dos veces al día.

Cómo leer los síntomas

Costra blanca o amarillenta en la superficie del sustrato y en el borde de la maceta: sales acumuladas. Cambia de agua y lava el sustrato desde arriba.

Puntas de las hojas secas y marrones con el tiesto húmedo: salinidad, no falta de agua. Regar más lo empeora.

El musgo Sphagnum de la superficie se pone marrón y muere: es el mejor indicador temprano que existe. El esfagno acusa la mala calidad del agua antes que la carnívora.

Trampas o jarros que dejan de formarse aunque salgan hojas: falta de luz o exceso de nutrientes en el agua.

Base blanda y negra, planta que se cae al tirar suavemente: pudrición por exceso de agua, casi siempre en invierno o en una especie que no admitía bandeja.

Algas verdes y mosquitos en la bandeja: agua estancada demasiado tiempo. Vacía y deja secar entre reposiciones.

En resumen

El riego de las carnívoras se reduce a dos decisiones: qué agua usas y con qué método la aplicas. El agua debe ser de lluvia, ósmosis, destilada o condensado del aire acondicionado, por debajo de 50 µS/cm; ni hervida, ni descalcificada, ni mineral embotellada. El método por defecto es la bandeja con 1-3 cm de agua durante el crecimiento, dejándola vaciar entre reposiciones y con un riego por arriba al mes para arrastrar sales. En invierno se retira la bandeja y se mantiene el sustrato solo húmedo. Y hay excepciones que no llevan bandeja nunca: Nepenthes, Drosophyllum, Cephalotus y las Pinguicula mexicanas en su fase suculenta de invierno. Si el esfagno de la superficie se mantiene verde y creciendo, vas bien.


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