Roseta plana de cuatro o cinco centímetros, hojas en forma de espátula, tentáculos rojos con una gota en la punta y un tallito de flores rosas. Con esa descripción se reconoce Drosera spatulata en cualquier estante de vivero. Y ahí empieza el lío, porque al menos otras dos plantas de venta habitual encajan en la misma descripción y no se cultivan exactamente igual.

Dejando la identificación para más adelante, lo importante de esta especie es su comportamiento: crece durante todo el año, no exige reposo invernal, cabe en un tiesto de siete centímetros y produce semilla viable sin ayuda de nadie. Es, con diferencia, la Drosera más fácil de mantener en un piso español.

Roseta adulta de Drosera spatulata con hojas espatuladas y tentáculos rojos

Origen y aspecto

Drosera spatulata Labill. se describió a partir de material australiano y ocupa un área enorme: este y sudeste de Asia, desde Japón y China hasta Filipinas y Borneo, además de Nueva Guinea, buena parte del este de Australia, Tasmania y Nueva Zelanda. Vive en suelos ácidos, arenosos o turbosos, pobres y permanentemente húmedos, en claros soleados, taludes rezumantes y bordes de brezal.

Esa amplitud geográfica explica dos cosas. La primera, que sea tan tolerante en cultivo: las poblaciones abarcan desde climas casi tropicales hasta zonas con heladas ligeras. La segunda, que sea enormemente variable, hasta el punto de que los botánicos han ido separando del conjunto varias especies distintas.

La planta forma una roseta apretada de 2 a 6 cm de diámetro, según la forma y la luz. Las hojas son espatuladas —estrechas en la base y ensanchadas hacia el extremo, como una cucharilla— y el pecíolo se continúa con el limbo sin frontera clara, a diferencia del pecíolo largo y bien diferenciado de Drosera rotundifolia. El limbo se cubre de tentáculos glandulares con mucílago; con luz fuerte, la planta entera vira a rojo vino.

La captura es la típica del género: el insecto queda pegado, los tentáculos se curvan sobre él en un plazo de minutos a un par de horas, las glándulas segregan enzimas y la hoja reabsorbe nitrógeno y fósforo. Como cazadora es especialista en presas pequeñas y voladoras: mosquitos, trips, moscas del sustrato, pulgones alados.

Florece con facilidad, incluso siendo muy joven. Emite un escapo de 5 a 20 cm con flores de unos 6 mm, rosadas o casi blancas según la procedencia, que se abren de una en una durante unas horas de la mañana. Es autofértil: no necesita polinizador ni una segunda planta, y de cada flor salen decenas de semillas del tamaño del polvo. Al segundo año aparecen plántulas espontáneas en la propia maceta y en las de al lado.

Formas y cultivares

En circulación entre aficionados hay varias procedencias que se identifican por su origen geográfico: Kanto y Kansai (Japón), Hong Kong, Fraser Island (Queensland), Nueva Zelanda o Nueva Gales del Sur. Difieren en tamaño de roseta, intensidad de color, tono de la flor y resistencia al frío. La forma de Nueva Zelanda y las japonesas soportan mejor el invierno; las tropicales prefieren no bajar de 8 °C.

Como cultivar registrado, el más conocido es Drosera 'Tamlin', seleccionado por su coloración roja uniforme y persistente incluso en plantas jóvenes.

Y aquí conviene aclarar la confusión que anunciaba al principio. Buena parte de las plantas etiquetadas como Drosera spatulata «forma Kanto» son en realidad Drosera tokaiensis, un híbrido natural fértil entre D. spatulata y D. rotundifolia originario de Japón. Se distingue por un pecíolo más largo y un limbo algo más redondeado, y en la práctica se cultiva igual, así que la etiqueta equivocada no le hace ningún daño al comprador. Distinto es lo que ocurre cuando el vivero rotula «Drosera» a secas: si la planta tiene hojas en cinta de siete u ocho centímetros, tienes una Drosera capensis, que crece mucho más y se comporta como una mala hierba en el semillero.

Luz: el color rojo es el indicador

Quiere sol directo, cuanto más mejor, con la única excepción de las horas centrales de un julio manchego o andaluz.

El propio color sirve de medidor. Una planta verde con tentáculos pálidos está recibiendo poca luz; una planta granate o rojo vino, con la roseta compacta y pegada al sustrato, está bien iluminada. Si las hojas se estiran hacia arriba y la roseta pierde su forma plana, es que busca luz.

De marzo a octubre lo ideal es el exterior: balcón, alféizar, terraza o invernadero frío. En interior funciona en ventana orientada al sur, muy pegada al cristal. También se cultiva bien bajo luz artificial, con una pantalla LED de cultivo a 20-30 cm y un fotoperiodo de 14 a 16 horas; responde mejor a la luz artificial que casi cualquier otra carnívora.

Un matiz sobre la humedad ambiental, porque circula la idea contraria: no necesita terrario. Vive perfectamente con un 40-50 % de humedad relativa, que es lo normal en un piso, siempre que tenga las raíces en agua. Lo que sí se nota es que con aire muy seco y corriente las gotas de mucílago se reducen; vuelven en cuanto se estabiliza el ambiente. Encerrarla en un terrario cerrado y cálido, sin ventilación, favorece más los hongos que a la planta.

Sustrato

Nada de tierra de jardín ni de sustrato universal. La mezcla es la clásica de carnívoras de turbera:

Turba rubia de esfagno sin abonar y perlita, a partes iguales. También va bien turba rubia con arena de sílice lavada, o un 2:1 a favor de la turba si el ambiente es muy seco. El pH resultante debe quedar entre 4 y 5.

Tres precauciones concretas:

La turba tiene que ser rubia y sin fertilizante. Los sustratos universales llevan compost, NPK y cal correctora; el nitrógeno del abono quema las raíces y la cal sube el pH por encima de lo que la planta tolera. La turba negra se compacta y tiene un pH más alto: tampoco sirve.

La perlita se enjuaga antes de mezclarla, porque el polvo que trae es alcalino. La arena debe ser silícea, nunca de playa ni calcárea. La vermiculita queda fuera: aporta potasio y magnesio.

La maceta, de plástico. El barro poroso sin esmaltar libera sales al sustrato y lo seca por las paredes.

Riego: aquí no hay margen

Es el punto donde se decide la vida de la planta. Drosera spatulata tolera aguas de muy baja mineralización, por debajo de unos 50 µS/cm. El agua de red española va habitualmente de 300 a 800 µS/cm, y más en el litoral mediterráneo y en las zonas de acuífero calizo.

Lo engañoso es que el daño no se ve. Con agua del grifo la planta sigue como si nada tres o cuatro semanas; mientras tanto las sales se concentran en el cepellón porque el agua se evapora y ellas se quedan. A los dos meses el mucílago desaparece, las hojas nuevas salen pequeñas y sin tentáculos funcionales, y la roseta se seca desde el centro. Para cuando aparece el síntoma, el sustrato ya está perdido y hay que cambiarlo entero.

Vale agua de lluvia, agua de ósmosis inversa y agua destilada, incluida la del depósito de un deshumidificador o la del desagüe del aire acondicionado si el aparato está limpio.

No vale el agua de descalcificador doméstico, y el motivo merece una aclaración: un descalcificador no quita sales, sustituye el calcio y el magnesio por sodio. La conductividad sigue siendo la misma o mayor, y el sodio hace más daño a las raíces que la cal. Tampoco valen el agua mineral embotellada corriente ni el agua hervida, que concentra las sales en lugar de eliminarlas.

El método es el plato o bandeja con agua permanente: 1 o 2 cm de lámina en primavera y verano, dejando que se consuma un día antes de volver a llenar, para que el sustrato se airee un poco. En invierno basta con medio centímetro o con mantener el sustrato húmedo sin lámina. No se deja secar nunca del todo: no es una planta que agradezca los ciclos de sequía.

Temperatura y comportamiento anual

Aquí está su gran ventaja frente a las droseras de clima templado: no forma hibernáculo ni entra en reposo obligado. Puede crecer los doce meses si tiene luz y temperatura.

El rango cómodo va de 15 a 30 °C. Por encima de 35 °C se para y conviene sombrear a mediodía; por debajo de 10 °C ralentiza el crecimiento y pierde algo de mucílago, sin más consecuencias. Las formas de procedencia japonesa o neozelandesa aguantan heladas ligeras y breves, de hasta unos −2 °C, y suelen rebrotar en primavera desde la base; las de origen tropical no.

Traducido al mapa español: en el litoral mediterráneo, el sur de Andalucía y Canarias se puede tener fuera todo el año. En Madrid, las dos Castillas, Aragón o el interior norte, donde hay heladas de varios grados bajo cero, hay que meterla dentro o a un invernadero frío entre noviembre y marzo. Un alféizar interior orientado al sur cubre ese periodo sin problema, y en primavera vuelve fuera.

Abonado y alimentación

Al sustrato, ningún abono. Ni líquido, ni granulado, ni humus de lombriz, ni cáscaras de nada. Todo eso eleva la conductividad y le quema las raíces.

Al aire libre no hace falta darle de comer: se apaña con lo que vuela. En interior, si quieres acelerar el crecimiento, la opción segura es larva de mosquito seca (bloodworm) rehidratada en agua destilada, un fragmento del tamaño de una cabeza de alfiler sobre dos o tres hojas, cada dos o tres semanas. Nada de carne picada, jamón ni queso: la grasa no se digiere, la hoja se pudre y la podredumbre puede alcanzar el centro de la roseta.

Otra cosa que conviene dejar de hacer: cazar moscas para dárselas. Una mosca doméstica es demasiado grande para una hoja de esta especie, la sobrecarga y suele acabar descomponiéndose sobre el limbo. Si la planta no come, no pasa nada; la carnivoría es un complemento, no su fuente de energía.

Flor rosada de Drosera spatulata sobre su escapo floral

Multiplicación

Por semilla. Es lo más sencillo que hay en el mundo de las carnívoras. La semilla no necesita frío previo, a diferencia de las especies templadas. Se siembra en superficie, sin cubrir —necesita luz para germinar—, sobre turba rubia húmeda, con el tiesto en bandeja de agua y a 20-25 °C. Germina en dos a cuatro semanas. Las plántulas alcanzan tamaño adulto y florecen en seis u ocho meses. La mejor época de siembra en España es de marzo a junio.

Por esqueje de hoja. Se corta una hoja adulta sana y se coloca tumbada sobre turba húmeda o esfagno vivo, o se deja flotando en un vaso con agua destilada. En tres o cuatro semanas brotan plantitas del limbo. Funciona en primavera y verano, con luz difusa y humedad alta.

Por división. Ocasional: las matas viejas emiten a veces varias coronas que se separan en el trasplante de primavera.

Y un aviso práctico: si no quieres una alfombra de plántulas en todas las macetas del alféizar, corta los escapos florales antes de que las cápsulas se abran. En un invernadero de carnívoras esta especie se comporta como una arvense inofensiva pero incansable.

Trasplante

Cada dos años, en primavera, cuando arranca el crecimiento. La razón principal no es que se quede pequeña de maceta —el sistema radicular es superficial, de 3 a 5 cm— sino que la turba se descompone, se compacta y va acumulando sales de riego.

Un tiesto de 7 a 10 cm de diámetro sobra para una planta adulta. Se manipula por el cepellón, sin tirar de la roseta, y se riega abundantemente con agua de lluvia justo después. Tras el trasplante es normal que pierda mucílago durante una o dos semanas.

Problemas frecuentes

Hojas verdes y roseta estirada. Falta de luz. Se corrige cambiándola de sitio, aunque el color tarda semanas en volver.

Sin gotas de mucílago. Aire seco, corriente de aire, trasplante reciente o una captura grande reciente. Si el resto de la planta está bien, se recupera sola. Si además hay hojas nuevas pequeñas y deformes, sospecha del agua.

Roseta que se seca desde el centro con el sustrato húmedo. Sales acumuladas, casi siempre por riego con agua inadecuada. Lavar el cepellón con abundante agua de lluvia desde arriba y trasplantar a sustrato nuevo.

Pulgón en la roseta y en el escapo floral, sobre todo en primavera. Antes de recurrir a productos, sumergir la planta entera en agua de lluvia durante unos minutos y repetir a los tres o cuatro días. Los jabones potásicos y los aceites disuelven el mucílago y dañan las glándulas; si hace falta un insecticida, usar uno sistémico autorizado para ornamentales, a la dosis mínima y aplicado al sustrato.

Moho gris (Botrytis cinerea) sobre las hojas muertas en invierno, con ambiente cerrado y frío. Retirar los restos secos y ventilar.

Musgo o hepáticas cubriendo la superficie de la maceta: compiten con las plántulas y las ahogan. Se retiran a mano.

Para qué la quieres

El uso es ornamental y, en su medida, curioso: es una planta de escritorio o de alféizar, de las pocas carnívoras que se ven bien de cerca y que además florece con regularidad. Combina en jardinera de turbera con Sarracenia, Dionaea y otras droseras, ocupando el estrato bajo.

Tiene además una utilidad real y modesta: captura mosca del sustrato (Bradysia y afines, los mosquitos negros que salen de las macetas de interior). Colocada entre las plantas de casa, en su propio tiesto con su bandeja, reduce de forma apreciable la población de adultos. No sustituye a un tratamiento si la infestación es fuerte, pero como coadyuvante funciona mejor que cualquier trampa adhesiva decorativa. Para el mosquito tigre o los mosquitos que pican, en cambio, es irrelevante.

Para uso educativo es difícil de superar: germina rápido, cabe en un vaso, y el ciclo completo de semilla a flor se ve en un curso escolar.

No tiene usos culinarios ni medicinales reconocidos —la tradición europea de jarabes se apoya en otras especies del género—, y tampoco supone riesgo alguno en casa: no es tóxica por contacto ni presenta peligro relevante para perros y gatos. El mucílago es pegajoso y se quita con agua.

En resumen

Drosera spatulata es la carnívora más agradecida para empezar en clima español: roseta pequeña, crecimiento continuo, sin hibernáculo, sin exigencias de humedad ambiental y con una capacidad de multiplicarse por semilla que la hace prácticamente inagotable.

Lo que sí necesita, sin excepciones: agua de lluvia, ósmosis o destilada —nunca del grifo, ni hervida, ni de descalcificador—, turba rubia sin abonar con perlita al 50 %, sol directo o ventana sur y bandeja con agua en primavera y verano. Ningún abono en el sustrato.

En el litoral mediterráneo y en Canarias se queda fuera todo el año. En el interior peninsular, dentro de noviembre a marzo. Si un día la ves verde y desganada, el problema es la luz; si se seca desde el centro con el sustrato mojado, el problema es el agua. Con esas dos lecturas se resuelve casi todo lo que le puede pasar.


Contenidos relacionados