Antes de comprar una conviene saber dos cosas. La primera: entre noviembre y marzo esta planta desaparece, se reduce a un botón compacto del tamaño de un guisante y parece muerta, y quien la tira en ese estado tira una planta perfectamente viva. La segunda: crece de forma silvestre en turberas y brezales húmedos del norte y el oeste peninsular, y arrancarla de allí está prohibido.
Drosera intermedia se conoce en castellano como rocío de sol o atrapamoscas de hoja oblonga. Es pequeña —una roseta de tres a cinco centímetros—, discreta y bastante más exigente que las droseras tropicales de iniciación. A cambio, vive en un patio de Lugo o de Oviedo todo el año, a la intemperie y sin protección ninguna.
Dónde vive y cómo es
Tiene una distribución enorme. Ocupa buena parte de Europa, desde Escandinavia hasta el Mediterráneo occidental, el este de Norteamérica y también zonas tropicales de Cuba, las Guayanas y el norte de Sudamérica. Esa amplitud importa mucho en cultivo, porque las poblaciones templadas y las tropicales se comportan de manera opuesta en invierno, y lo veremos más adelante.
En España aparece en turberas, brezales higroturbosos y orillas encharcadas de Galicia, la cornisa cantábrica, el Sistema Central, el noroeste de Extremadura y algunos enclaves pirenaicos. Vive en sustratos ácidos, permanentemente saturados de agua y pobres en nutrientes, a menudo entre esfagnos, y no es raro encontrarla con la base sumergida en unos centímetros de agua en el borde de una charca.
Morfológicamente se reconoce por la hoja: la lámina es oblonga u obovada, claramente más larga que ancha, sostenida por un peciolo erecto y desnudo, de modo que la roseta tiene aspecto ascendente en vez de aplastado contra el suelo. Toda la lámina está cubierta de tentáculos con mucílago rojizo.
Con los años forma un tallo corto, de hasta unos 10 cm, revestido por los restos de las hojas viejas, con la roseta viva en el extremo. Ese tallo, cuando el nivel de agua es alto, puede quedar parcialmente sumergido y emitir raíces adventicias.
Cómo distinguirla de sus parientes
Convive en los mismos humedales con Drosera rotundifolia y, en algunos puntos, con Drosera anglica, y las tres se confunden con facilidad. Las claves prácticas:
- D. rotundifolia tiene la lámina redonda, más ancha que larga, y la roseta pegada al suelo. No hay confusión posible una vez visto.
- D. anglica tiene hojas mucho más largas y estrechas, de hasta 15 cm de peciolo más lámina, y el escapo floral sale erguido desde el centro exacto de la roseta.
- En D. intermedia el escapo nace por debajo y a un lado del ápice, y arranca curvado hacia fuera antes de enderezarse. Es el rasgo diagnóstico más fiable cuando la planta está en flor.
Un apunte que explica el parentesco: Drosera anglica es un anfidiploide originado por el cruce de D. rotundifolia y D. intermedia seguido de duplicación cromosómica. El híbrido estéril entre intermedia y rotundifolia se llama Drosera × beleziana y aparece de forma espontánea donde ambas conviven.
Situación legal: esto no se recolecta
Las droseras ibéricas están incluidas en catálogos autonómicos de flora protegida en varias comunidades, y sus hábitats —turberas ácidas y brezales húmedos— figuran entre los hábitats de interés comunitario de la Directiva Hábitats, algunos de ellos prioritarios. Al margen del régimen concreto de cada territorio, la recolección de flora silvestre en el medio natural requiere autorización administrativa en toda España.
Aparte de ilegal, es inútil. Una planta arrancada de una turbera llega a casa con la raíz rota, sin su esfagno y con un ciclo estacional ajustado a un microclima que no vas a reproducir; la mortalidad es altísima. Las plantas de vivero, obtenidas por semilla o cultivo de tejidos, se aclimatan sin problema y cuestan poco. Compra ahí, o intercambia con otros aficionados.
La planta no es tóxica ni supone riesgo alguno para personas ni animales domésticos.
Ubicación y luz
Sol directo, cuanto más mejor. A pleno sol la roseta se mantiene compacta, los tentáculos enrojecen y la hoja se llena de gotas. En sombra parcial el peciolo se alarga buscando luz, la lámina palidece y la producción de mucílago cae hasta hacerse casi nula.
El sitio ideal en España es al aire libre todo el año: una terraza, un patio o un rincón del jardín donde reciba de seis horas de sol para arriba. Necesita el ciclo natural de luz y temperatura, así que un interior no le conviene salvo como refugio puntual.
En el sur y en el interior, con temperaturas de 38 o 40 grados en agosto, protégela de las horas centrales con una malla de sombreo del 30 o 40 %, y sobre todo mantén la bandeja llena: el volumen de agua amortigua el calentamiento del sustrato mucho mejor que la sombra. Una maceta pequeña de plástico negro al sol de Córdoba puede superar los 45 grados en el cepellón, y a esa temperatura la raíz se cuece.
Agua y riego
Vale exactamente lo mismo que para cualquier carnívora de turbera: agua de lluvia, destilada o de ósmosis inversa, por debajo de 50 ppm de sales disueltas. El agua del grifo salinizará el sustrato en pocos meses y la planta se irá parando sin que sepas por qué. El agua de descalcificador es aún peor, porque sustituye calcio por sodio.
Riego por bandeja permanente. Y aquí intermedia se diferencia de casi todas sus parientes: tolera —y en verano agradece— niveles de agua muy altos. Puedes tener la bandeja con tres o cuatro centímetros de agua de mayo a septiembre, incluso llegando al borde de la maceta, porque en la naturaleza vive con frecuencia semisumergida. Es una de las pocas droseras que soporta ese régimen sin pudrirse.
En invierno hay que cambiar el planteamiento. Cuando la planta forma el hibernáculo y deja de transpirar, el agua estancada y fría alrededor de un botón inactivo invita a la podredumbre. Baja el nivel a medio centímetro escaso o retira la bandeja y limítate a mantener el sustrato húmedo al tacto. Húmedo, no empapado y tampoco seco.
Sustrato
Mezcla clásica: turba rubia de esfagno sin abonar con arena silícea o perlita, en proporción 2:1 o 1:1. La arena algo más generosa que en otras especies le va bien porque mejora la aireación en un sustrato que va a estar permanentemente saturado.
Si consigues esfagno vivo (Sphagnum), es el mejor acompañante posible: Drosera intermedia crece entre él en su hábitat, el musgo mantiene la humedad estable y acidifica el medio. Basta con cubrir la superficie de la maceta con una capa fina; la roseta emerge entre las cabezas del musgo sin dificultad.
Lo prohibido, sin matices: cualquier sustrato universal, mantillo, compost, humus de lombriz o turba «enriquecida». Llevan fertilizante, y en muchos casos caliza para subir el pH. Ambas cosas matan la raíz. La arena tiene que ser de sílice —de filtro de piscina o de chorreo—, nunca de playa ni de río calizo.
El reposo invernal: la clave de todo
Aquí está lo que decide si tu planta vive un año o quince.
Las poblaciones templadas —las europeas y las norteamericanas del norte, que son las que se venden en España— forman hibernáculo. A medida que se acortan los días y bajan las temperaturas, la planta deja de producir hojas carnívoras, las existentes se ennegrecen y mueren, y en el centro queda un botón apretado de hojitas plegadas y peludas de pocos milímetros. Ese botón es la planta entera esperando la primavera.
Necesita pasar de tres a cuatro meses a temperaturas bajas, idealmente entre 0 y 10 grados, aproximadamente de noviembre a marzo. Si la mantienes caliente en un interior, no entra en reposo o entra mal: sigue produciendo hojas raquíticas, agota las reservas del rizoma y, después de una o dos temporadas sin descanso, se apaga y no rebrota. La muerte no llega el primer invierno, llega el segundo o el tercero, y por eso cuesta relacionarla con la causa.
Cumplirlo en España es sencillo en casi todo el territorio: basta con dejarla fuera. Resiste sin problema temperaturas de –10 grados y por debajo, y aguanta que la bandeja se congele en superficie. En el litoral mediterráneo y en el sur, donde el invierno puede no ser suficientemente frío, colócala en el punto más frío y expuesto que tengas —una azotea al norte, sin protección alguna— para acumular todo el frío posible.
Dos cautelas durante el reposo: no la riegues por encima, para no encharcar el hibernáculo, y no lo tapes con hojarasca ni con plástico, que retienen humedad estancada y provocan pudrición. Frío seco en superficie y sustrato apenas húmedo.
Las procedencias tropicales, en cambio, no forman hibernáculo y crecen todo el año, pero no soportan la helada y necesitan invernadero templado. Si compras, pregunta el origen del clon: es la diferencia entre dejarla fuera o tener que protegerla.
Abonado y captura
Nada de abono al sustrato. Ni sólido, ni líquido, ni diluido «por si acaso». Está adaptada a un medio en el que el nitrógeno disponible es prácticamente cero, y de ahí viene precisamente su carnivoría.
Al aire libre se alimenta sola: pequeños dípteros, hormigas aladas, pulgones que caen del vuelo. En una terraza urbana captura de sobra. Si vieras la planta muy pequeña y con pocas presas, puedes darle un insecto seco o una escama de comida de peces humedecida sobre una hoja, una vez cada dos o tres semanas y en cantidad mínima. Carne, jamón o queso, jamás: se pudren sobre la lámina y se lleva la hoja por delante.
Multiplicación
Semilla. Florece en verano con pequeñas flores blancas en un escapo lateral y es autofértil, así que produce semilla sin ayuda. La semilla de las formas templadas necesita estratificación fría: siembra en superficie sobre turba húmeda, sin enterrar, y mantén la maceta entre 3 y 5 grados durante cuatro a seis semanas —el cajón de las verduras de la nevera, dentro de una bolsa cerrada, funciona— antes de sacarla a la luz y a temperatura ambiente. Sin ese frío la germinación es errática y muy baja. Sembrando en otoño y dejando la maceta fuera se consigue lo mismo sin nevera.
Esqueje de hoja. Corta una hoja adulta y sana en plena temporada de crecimiento y colócala tumbada sobre esfagno vivo o turba muy húmeda, con luz abundante. En cuatro a ocho semanas brotan plantitas a lo largo de la lámina. También funciona flotando en agua destilada.
División. Las plantas viejas producen rosetas laterales a partir del tallo. Basta con separarlas en primavera, al salir del reposo, con un trozo de raíz cada una.
Trasplante
Cada dos años, a finales de invierno o al principio de la primavera, con la planta todavía en hibernáculo o recién despertando. Es el momento en que menos sufre.
La turba se compacta, pierde estructura y acumula las sales que deja el agua al evaporarse, así que renovarla no es opcional. Humedece bien la mezcla nueva antes de plantar —la turba seca repele el agua— y coloca el hibernáculo justo a ras de superficie, ni enterrado ni levantado.
Al ser una planta pequeña, con macetas de 7 a 9 cm sobra. Prefiere el plástico o el vidrio al barro sin esmaltar, que absorbe sales y se las devuelve al sustrato. Y una recomendación de fondo: le sienta mucho mejor un recipiente amplio y colectivo —un barreño o una jardinera grande con turba y esfagno, a modo de mini turbera— que una maceta individual, porque el mayor volumen estabiliza la humedad y la temperatura, y ahí la especie se naturaliza y se resiembra sola.
Problemas habituales
No sale del hibernáculo en primavera. Suele ser pudrición por exceso de agua en invierno, o un invierno demasiado templado que agotó las reservas. Dale hasta mayo antes de darla por perdida.
Hojas largas y sin gotas. Luz insuficiente. Sácala a pleno sol de forma gradual.
Se para en pleno verano. Sustrato recalentado. Sube el nivel de la bandeja y da sombra en las horas centrales.
Costra blanca en la superficie y planta detenida. Sales acumuladas por riego con agua dura. Trasplante inmediato a sustrato nuevo y cambio de agua.
Pulgón en las hojas jóvenes. Sumerge la maceta entera en agua destilada 24 horas, o aplica jabón potásico muy diluido evitando empapar las láminas.
En resumen
Drosera intermedia es una carnívora de turbera perfectamente adaptada al clima de la mitad norte de España, que se cultiva al aire libre durante todo el año y no pide más que sol, agua sin sales y frío en invierno. Sustrato de turba rubia sin abonar con arena silícea, mejor con esfagno vivo por encima; bandeja alta en verano y casi seca en invierno; ningún abono; reposo obligatorio de tres o cuatro meses entre 0 y 10 grados, porque saltárselo la mata en un par de temporadas aunque el primer año parezca ir bien. Se multiplica por semilla estratificada en frío, por esqueje de hoja y por división. Y no se recoge del campo: es flora protegida y, además, una planta arrancada de una turbera no sobrevive en una maceta.