Entre la taza de poleo de después de comer y el aceite esencial de poleo hay una distancia enorme: la primera es una costumbre doméstica de siglos, el segundo ha provocado intoxicaciones hepáticas graves y muertes documentadas. Conviene tener clara esa diferencia antes de hablar de nada más, porque es la misma planta, Mentha pulegium, y el matiz está en la concentración.

Con eso dicho, el poleo es una menta nativa de la Península, fácil de cultivar, muy resistente al frío y con una exigencia que la separa del resto de aromáticas de la estantería del vivero: necesita el suelo húmedo casi todo el año.

Pulegona: lo que hay que saber antes de plantarla

El aroma del poleo viene sobre todo de la pulegona, una cetona que puede representar la mayor parte de su aceite esencial. El hígado la transforma en mentofurano, un metabolito hepatotóxico que agota las reservas de glutatión. Por eso el aceite esencial de poleo, concentrado, resulta peligroso en cantidades muy pequeñas, y por eso la normativa europea de aromas fija límites máximos de pulegona en alimentos y bebidas.

La infusión tradicional de unas hojas está muy lejos de esas concentraciones: la pulegona es poco soluble en agua y la cantidad de planta que se usa es mínima. Aun así, hay indicaciones claras de prudencia:

No se debe tomar poleo durante el embarazo ni la lactancia, ni darlo a lactantes o niños pequeños, ni consumirlo quien tenga enfermedad hepática o renal. Tampoco tiene sentido tomarlo varias veces al día durante meses ni preparar infusiones "cargadas" pensando que así hace más efecto: es exactamente al revés, ahí es donde empieza el riesgo.

Con los animales, el aviso es tajante: el aceite de poleo se comercializó en su día en collares y champús antiparasitarios y causó envenenamientos mortales en perros y, sobre todo, en gatos, que carecen de la vía metabólica para eliminarlo. La planta viva en el jardín no supone ningún problema; los productos concentrados a base de poleo, no los apliques a tu mascota.

Planta de menta poleo con sus hojas pequeñas y tallos rastreros

Cómo es y dónde crece de forma natural

Mentha pulegium es una labiada perenne rastrera de 10 a 40 cm de alto. Los tallos, cuadrados como en toda la familia, se tumban y enraízan en los nudos al tocar el suelo, formando alfombras densas. Las hojas son pequeñas, de 1 a 3 cm, elípticas, ligeramente pelosas y con el borde apenas dentado, mucho menores que las de la hierbabuena. Las flores, entre lila y rosado, se agrupan en verticilos apretados que rodean el tallo a distintas alturas, y aparecen de julio a octubre.

Es planta autóctona en toda la Península y en Baleares. Su hábitat dice todo lo que hace falta saber sobre su cultivo: vive en suelos que se encharcan en invierno y primavera, en bordes de charcas y arroyos, en vallicares y en las orillas pisoteadas de los abrevaderos de ganado, desde el nivel del mar hasta cerca de los 1.800 metros. Un poleo silvestre pasa meses con los pies en el agua y no le ocurre nada.

Si sales al campo a recolectarla, ten en cuenta que estos humedales estacionales son ambientes en retroceso y que en algunas comunidades la recolección de flora silvestre está regulada. Con una mata en casa tienes poleo de sobra para años, así que compensa cultivarla.

El lío de los nombres

Tres plantas distintas comparten conversación con el poleo y merece la pena separarlas.

La primera es el mastranzo, Mentha suaveolens, que crece en las mismas cunetas húmedas y acaba dentro del manojo cuando se recolecta a ojo. Se distingue sin dificultad: hoja mucho mayor, redondeada, muy rugosa y con un tomento blanquecino que la hace áspera al tacto, y un olor bastante más flojo y como amentolado-dulzón. No es tóxica, pero para infusión es decepcionante.

La segunda es la hierbabuena, Mentha spicata, erguida, de hoja lanceolada, grande y glabra, con espigas florales terminales en lugar de esos anillos de flores repartidos por el tallo. Es la menta del mojito y del cordero, no la del poleo.

Y luego está la etiqueta comercial "poleo-menta" de los saquitos de supermercado, que unas veces es Mentha pulegium pura y otras una mezcla con hierbabuena o menta piperita para suavizar el sabor. Si buscas el sabor concreto del poleo, mira la lista de ingredientes; y si lo que quieres es cultivarlo, pide la especie por su nombre científico, porque en el vivero "menta" a secas puede ser cualquier cosa.

Dónde ponerla y en qué tierra

Ubicación. A pleno sol da la mata más compacta y aromática, siempre que el riego sea generoso. En el interior peninsular y en el sur, con veranos de 38 °C y aire seco, agradece sombra a partir del mediodía; a pleno sol y con el sustrato justo, se agosta y se queda calva por el centro. En el norte húmedo, sol directo sin problema.

Tierra. Aquí conviene desoír el consejo estándar de "sustrato drenante para aromáticas mediterráneas". Esa mezcla arenosa va bien para romero, tomillo o lavanda y es una mala elección para el poleo, que se seca a las pocas horas y sufre. Lo suyo es un suelo profundo, fértil y con buena retención de agua, incluso arcilloso, con pH entre 6 y 7,5. En terreno de huerta, una aportación de compost al plantar y listo. En maceta, sustrato universal de calidad, con fibra de coco o turba para retener humedad, en un tiesto ancho y no muy profundo, de 25 cm o más de diámetro, dada su forma de crecer en horizontal.

Contención. Como toda menta, el poleo se extiende por tallos rastreros que van echando raíces. En un bancal de huerta se te mete entre las hortalizas en dos temporadas. La solución de siempre: cultivarlo en maceta, o enterrar en el suelo un contenedor sin fondo de unos 25-30 cm de altura y dejar el borde dos dedos por encima del nivel del suelo, para que los estolones no lo salten.

Riego

Es la parte que decide el éxito. El poleo no tolera secarse. En verano, en maceta y al sol, puede necesitar agua a diario; en suelo, dos o tres riegos semanales en la época cálida y espaciados en otoño e invierno. Si el cepellón se seca del todo, las hojas se quedan crujientes en cuestión de horas: la mata suele rebrotar desde los rizomas, pero pierdes la cosecha de ese momento y la planta tarda semanas en recomponerse.

Al revés que casi todas las aromáticas, el poleo sí admite plato con agua bajo la maceta en pleno verano, y de hecho es una manera cómoda de mantenerlo. En invierno, en cambio, vacíalo: con la planta parada y el frío, el agua estancada acaba pudriendo raíces. Cultivado como planta de borde de estanque, funciona con los pies permanentemente húmedos durante toda la temporada de crecimiento.

Abonado

Con poco tiene bastante. Un aporte de compost o humus de lombriz en marzo, extendido sobre la mata, cubre las necesidades del año. Si la tienes en maceta y la cortas varias veces, un abono orgánico líquido cada tres o cuatro semanas de abril a septiembre mantiene el vigor.

Evita los fertilizantes ricos en nitrógeno de acción rápida. Producen tejido blando y acuoso, con menos aroma y mucha más predisposición a la roya, que es la enfermedad que de verdad se lleva las matas de menta por delante.

Multiplicación

División de mata. El método más rápido y seguro. A principios de primavera o en septiembre, levanta la alfombra con una horca, separa porciones con raíz y varios tallos, y replántalas al mismo nivel regando abundantemente. Aprovecha para renovar el centro de la mata, que con los años se queda apelmazado y sin hojas.

Acodos naturales. Como los tallos ya enraízan solos en los nudos, basta con localizar un trozo con raíces propias, cortarlo con tijera y plantarlo en su sitio. Prende prácticamente siempre y es el sistema con menos esfuerzo.

Esquejes. De primavera a principios de verano, con tallos de 8-10 cm sin flores. Enraízan en agua en una o dos semanas, o en sustrato húmedo cubierto para mantener la humedad.

Semilla. Muy fina y necesita luz: se siembra en superficie en primavera, sin cubrirla, a unos 18-20 °C y manteniendo el semillero constantemente húmedo. Germina en dos o tres semanas, de forma irregular, y las plantas tardan bastante en hacerse. Salvo que quieras muchos ejemplares, la división compensa más.

Flores lilas de Mentha pulegium agrupadas en verticilos alrededor del tallo

Poda y cosecha

Despunta los tallos jóvenes en primavera para que ramifique y forme una alfombra tupida en lugar de cuatro tallos largos. La hoja está en su mejor momento aromático justo antes de la floración, a comienzos del verano, así que ese es el corte principal: rebaja la mata a un tercio de su altura y deja que rebrote.

Si no te interesa la floración, cortar las inflorescencias mantiene la producción de hoja tierna todo el verano. Si prefieres dejarla florecer, ten en cuenta que de julio a octubre atrae abejas, abejorros y mariposas en un momento del año en que hay poco florido, lo cual es un buen argumento para dejar al menos una parte sin cortar.

Al final del otoño, cuando la planta se marchita con los primeros fríos, corta a ras los tallos secos y retíralos. Además de ordenar el rincón, eliminas los restos donde inverna la roya. Cada dos o tres años, renueva la mata dividiéndola y replantando en tierra fresca: es la mejor forma de mantenerla sana y productiva.

Rusticidad e invernada

Al ser autóctona, el poleo aguanta el invierno peninsular sin ayuda, incluidas las heladas de la meseta, en torno a -10 °C o algo más. La parte aérea desaparece con el frío y la planta se refugia en sus rizomas bajo tierra; en marzo empiezan a asomar los primeros brotes. No arranques la maceta ni el bancal en enero pensando que se ha muerto: en zonas frías es completamente normal que no quede ni una hoja verde.

En maceta, el cepellón se hiela con más facilidad que el suelo. Arrima el tiesto a una pared orientada al sur o agrúpalo con otros, y baja el riego al mínimo mientras la planta está parada.

Plagas y enfermedades

Roya de la menta (Puccinia menthae). Es el problema serio. Se manifiesta como pústulas anaranjadas en el envés de las hojas, que luego amarillean y caen; en primavera puede deformar los brotes nuevos. Favorecen su aparición las matas densas, el exceso de nitrógeno y el riego por aspersión. Retira y destruye la hoja afectada sin echarla al compost, riega siempre al pie, aclara la mata y, si el ataque es fuerte, corta a ras y deja que rebrote limpia. En casos persistentes lo práctico es tirar la mata y empezar de cero con esquejes sanos en otro sitio.

Escarabajo de la menta (Chrysolina herbacea). Un coleóptero de un verde metálico muy vistoso que agujerea las hojas. En una mata doméstica se controla recogiéndolos a mano por la mañana temprano, cuando están torpes.

Pulgón en los brotes tiernos de primavera, sobre todo si has abonado con mucho nitrógeno. Chorro de agua a presión o jabón potásico si insiste.

Caracoles y babosas, que se ceban con los rebrotes tras la poda y aprovechan que el suelo está siempre húmedo, justo su ambiente favorito.

Usos en el jardín y en la cocina

Como ornamental, el poleo es una tapizante excelente para rincones húmedos y semisombreados donde otras plantas no cuajan: bordes de estanque, arriates que se encharcan, la zona que siempre queda mojada bajo un grifo exterior. Entre losas de un camino que se riegue con frecuencia aguanta el pisoteo ocasional y suelta su olor al pisarlo. En jardines naturalistas es además una nativa útil para polinizadores.

En la cocina tiene un papel más discreto que la hierbabuena porque su aroma es más penetrante y con un fondo alcanforado: unas hojas dan mucho de sí en un caldo, un guiso de legumbre o un adobo. Se usa fresca y en poca cantidad.

Y en infusión, que es su uso más extendido en España, tradicionalmente después de comer. Unas hojas frescas o una cucharadita de hoja seca por taza, con agua caliente y tapando el recipiente unos cinco minutos, con las salvedades del principio: nada de embarazo, lactancia, niños pequeños ni problemas de hígado, y ninguna razón para preparar infusiones más concentradas de lo habitual.

En resumen

Mentha pulegium es una menta rastrera autóctona, rústica hasta unos -10 °C, que se cultiva pensando en el humedal del que procede: tierra fértil que retenga agua, riego abundante y constante, sol pleno en climas suaves y algo de sombra en el sur, abonado moderado y contención dentro de una maceta o un contenedor enterrado. Se multiplica sola en cuanto le dejas un trozo de tallo enraizado y se renueva por división cada dos o tres años.

Vigila la roya, poda antes de la floración para cosechar la hoja en su punto y no la des por muerta en invierno, que solo está bajo tierra. Y ten presente la única advertencia que de verdad importa: el aceite esencial de poleo es hepatotóxico y no se juega con él, ni por vía oral ni sobre perros y gatos, aunque la mata del jardín y la taza de después de comer sean perfectamente compatibles con una vida tranquila.


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