Frota una hoja entre los dedos y el olor a limón se te queda pegado a la piel durante un buen rato. De ahí viene media fama de la melisa: la del aroma, que es justísima, y la de espantar mosquitos, que necesita matices. Melissa officinalis es una labiada perenne, resistente al frío, agradecida en suelos frescos y con un defecto que no viene escrito en la etiqueta: pierde el aroma al secarse mucho más rápido que otras aromáticas. Todo eso condiciona dónde se planta, cuándo se corta y para qué sirve realmente.

Mata de melisa con sus hojas verdes dentadas

Qué planta es y con cuáles se confunde

La melisa, toronjil o citronela de huerto pertenece a la familia Lamiaceae, la misma que la menta, el romero o la salvia. Es herbácea perenne, forma matas de 40 a 90 cm, con tallos de sección cuadrada y hojas opuestas, ovadas, rugosas y con el borde festoneado. Las flores son pequeñas, blanquecinas o crema, agrupadas en las axilas de las hojas, y salen entre junio y agosto. Su origen está en el Mediterráneo oriental y el oeste de Asia, pero lleva siglos cultivada en España y se ha asilvestrado en riberas y huertas húmedas de la mitad norte.

El nombre científico viene del griego mélissa, abeja. No es casualidad: los apicultores frotaban las colmenas con sus hojas para atraer enjambres, y en floración la mata es un imán de abejas y abejorros. Si tienes alergia a las picaduras, tenlo en cuenta al elegir sitio.

Ahora, las confusiones de vivero. En la etiqueta de la maceta puedes encontrar "citronela" escrito sobre tres plantas distintas: la propia melisa, el geranio de olor Pelargonium 'Citrosum' y la verdadera citronela, Cymbopogon nardus, que es una gramínea tropical y no aguanta el invierno peninsular a la intemperie salvo en la costa mediterránea suave. Distinguirlas es sencillo con la hoja en la mano: la melisa tiene hoja rugosa y dentada de labiada; el pelargonio, hoja lobulada y aterciopelada; el Cymbopogon, una hoja larga de gramínea. También se cruza con la hierba luisa (Aloysia citrodora), que huele a limón de forma parecida pero es un arbusto leñoso de hoja lanceolada y áspera, con otro comportamiento y otra rusticidad.

Los mosquitos: lo que hace y lo que no

El aceite esencial de melisa contiene citral y citronelal, moléculas con actividad repelente demostrada. El problema es la cantidad: la hoja fresca contiene una fracción mínima de aceite esencial, de ahí que la melisa esté entre las aromáticas de rendimiento en esencia más bajo. Una mata plantada junto a la puerta o una maceta en la terraza no crea ninguna barrera alrededor: la planta intacta apenas libera compuestos volátiles al aire.

Lo que sí funciona, de forma modesta, es machacar unas hojas y frotarlas sobre la piel expuesta. La protección es real pero corta, cuestión de minutos, porque esos compuestos se evaporan muy deprisa. Sirve para un rato en la sobremesa del jardín; no sustituye a un repelente registrado si vas a estar horas fuera o si hay riesgo sanitario. Y conviene probar antes en una zona pequeña del antebrazo, porque el citral sensibiliza la piel de algunas personas.

Plantar melisa en el jardín tiene sentido por su aroma, por las abejas y por la infusión. Comprarla esperando quedarte sin mosquitos en la terraza es tirar el dinero y llevarse un disgusto en julio.

Dónde plantarla

La melisa quiere suelo fresco y luz tamizada. En el norte y en zonas de verano suave crece perfectamente a pleno sol si no le falta agua. En el interior peninsular, en Andalucía o en Levante, el sol directo de julio y agosto le quema los bordes de las hojas, que se vuelven marrones y quebradizos, y adelanta la floración: en cuanto florece, la hoja pierde calidad aromática. En esos climas, media sombra, o sol de mañana y sombra a partir del mediodía.

El suelo ideal es profundo, con materia orgánica, fresco pero drenado, con un pH entre 5,5 y 7,5. Tolera bien la caliza. Lo único que no perdona es el encharcamiento permanente en invierno, que le pudre el cuello. En terreno arcilloso y compacto, plántala en caballón o mejora el hoyo con compost y arena gruesa.

En maceta necesita volumen: un contenedor de al menos 25-30 cm de diámetro y sustrato con buena retención. En una maceta pequeña y a pleno sol se seca en un día de agosto, y cada estrés hídrico se paga con hojas amarillas y una mata desgarbada.

Una diferencia importante respecto a las mentas: la melisa no corre por estolones subterráneos. No se te va a meter en el bancal del vecino por debajo del suelo, así que no hace falta enterrar contenedores ni barreras. Su forma de invadir es otra, y la veremos al hablar de la poda.

Riego y abonado

Riego regular sin llegar a charco. En primavera y otoño, con dejar secar el par de centímetros superficiales entre riegos basta; en pleno verano, y sobre todo en maceta, puede tocar cada día. La señal de sed llega antes al olfato que a la vista: una melisa que pasa sed se afina, florece antes de tiempo y la hoja huele más a hierba y menos a limón.

Con el abonado, mano ligera. Una aportación de compost o estiércol bien hecho en primavera, unos 3-4 litros por metro cuadrado, cubre el año. El exceso de nitrógeno da mucha hoja y poco aroma, tejido blando y una mata que se tumba a la primera tormenta, además de invitar al oídio. Si la usas para infusiones o cocina, evita fertilizantes de acción rápida en las semanas previas a cortar.

Poda, cosecha y la trampa del secado

El momento de máxima concentración aromática es justo antes de que abran las flores, a finales de primavera. Corta la mata entera dejando unos 10 cm de tallo sobre el suelo: rebrota con fuerza y te da una segunda cosecha limpia a finales de verano. Cortar hoja suelta también vale, pero la poda de recorte a fondo mantiene la planta compacta y aplaza la floración.

Y aquí viene la pega. La melisa se seca mal. Sus compuestos aromáticos, con el citral a la cabeza, son muy volátiles y se degradan con el calor y la luz; una melisa secada al sol o sobre un radiador acaba oliendo a heno. Si quieres conservarla, sécala rápido en oscuridad y con aire, a menos de 35 °C, y guárdala en tarro hermético, opaco y lleno hasta arriba; aun así, a los seis meses ya no es lo mismo. Para uso doméstico funciona mucho mejor congelar la hoja, entera o picada en cubiteras con agua, o utilizarla fresca directamente de la mata.

Otro apunte de poda: si dejas que florezca y granee, la melisa siembra sola por todo el bancal y en tres años tienes plántulas entre las lechugas y en las juntas del pavimento. Ese es su modo de expandirse. Cortar las inflorescencias antes de que la semilla madure resuelve el asunto sin más trabajo.

Melisa cultivada en un jardín, junto a otras plantas

Cómo multiplicarla

División de mata. Es el método más rápido y el que conserva el aroma del pie madre, porque las plantas de semilla salen muy desiguales en calidad. Se hace a principios de primavera o en otoño: se levanta la mata con horca, se separa en trozos con raíz y varias yemas, y se replanta enseguida regando abundantemente.

Esquejes. A finales de primavera y principios de verano, con tallos no florecidos de 8-10 cm. Se quitan las hojas inferiores y se ponen en perlita húmeda con arena, o directamente en un vaso de agua, donde enraízan en dos o tres semanas. Los esquejes de tallo ya florecido enraízan mal, así que elige brotes tiernos.

Semilla. Es fina y necesita luz para germinar: se siembra en superficie, sin cubrir, apretando ligeramente contra el sustrato, en primavera y a 18-22 °C. Tarda entre dos y cuatro semanas y con germinación irregular. Trasplanta cuando las plántulas tengan cuatro hojas verdaderas y espacia los pies unos 40 cm.

Plagas y enfermedades

El grueso de los problemas viene de la humedad estancada en el follaje y de las matas demasiado densas. Las manchas foliares por septoria aparecen como puntos oscuros con halo claro en las hojas bajas tras semanas lluviosas; el oídio, como un polvo blanco en el envés y el haz a finales de verano. La roya (Puccinia menthae) deja pústulas anaranjadas en el envés y es más frecuente en cultivos viejos y apretados.

La respuesta es la misma en los tres casos y es cultural antes que química: aclarar la mata, regar al pie y nunca por aspersión al atardecer, retirar y destruir la hoja afectada (no al compost) y hacer una poda severa que fuerce rebrote sano. Si la mata está muy tomada, córtala a ras: rebrotará limpia.

Entre los animales, la araña roja ataca en veranos secos y calurosos, sobre todo en macetas al sol y contra una pared; se detecta por el punteado amarillento y las telillas finas en el envés. Aumentar la humedad ambiental y refrescar el ambiente la frena. Los caracoles se ceban con los rebrotes tras la poda de primavera.

Para qué se usa

En la cocina, la hoja fresca picada casa bien con macedonias, sorbetes, cuajadas, ensaladas de tomate, pescado blanco y bebidas frías. Añádela siempre al final y en frío: el calor de la cocción destruye el aroma cítrico en un minuto.

En infusión es la que le ha dado nombre a la planta durante siglos. Se prepara con unas hojas frescas o alrededor de 2 gramos de hoja seca por taza, con agua caliente pero no hirviendo, tapando el recipiente para no perder los volátiles, unos cinco minutos. Se le atribuye tradicionalmente efecto calmante y digestivo. Se toma bien por la noche y combina con tila o manzanilla.

Dos precauciones sensatas: la melisa puede potenciar la somnolencia si se toma junto a sedantes, y hay estudios que apuntan a interferencia con la medicación tiroidea, de modo que quien tome levotiroxina o tenga problemas de tiroides conviene que lo consulte antes de convertirla en costumbre diaria. En embarazo y lactancia, lo mismo. Como planta de jardín es inocua para perros y gatos.

Como ornamental, la melisa es discreta pero útil: llena bien los pies de setos y bordes semisombreados, aguanta el pisoteo ocasional y perfuma al rozarla. Existe la variedad 'Aurea', de hoja variegada en amarillo, y 'All Gold', dorada, algo menos vigorosas y que necesitan sombra para no quemarse.

Rusticidad e invernada

Aguanta el frío sin protección en prácticamente toda la Península, incluida la meseta: soporta heladas de hasta -15 °C o -20 °C. En invierno la parte aérea se seca y desaparece; no la des por muerta ni arranques la cepa, porque rebrota desde la base en cuanto el suelo se calienta en marzo. Un acolchado de hojarasca o paja sobre la cepa en zonas de invierno duro no es imprescindible, pero adelanta el rebrote.

En maceta, el cepellón queda mucho más expuesto al hielo que en suelo. Arrima el tiesto a una pared o agrúpalo con otros en las zonas de heladas fuertes, y reduce el riego al mínimo mientras la planta está parada.

En resumen

La melisa es una perenne fácil, muy rústica, que pide sombra parcial en el sur de España, suelo fresco con materia orgánica y un abonado moderado. Se poda a fondo antes de la floración para cosechar la hoja en su mejor momento y para que no se siembre sola por todo el bancal, que es su única forma de volverse invasora. Se multiplica sin esfuerzo por división en primavera u otoño.

Su aroma a limón es su gracia y su punto débil: desaparece con el secado mal hecho y con la cocción, así que fresca o congelada. Y sobre los mosquitos, la expectativa ajustada: frotarse la hoja machacada en la piel da un respiro breve, la mata plantada en la terraza no repele nada. Aun así merece un sitio en el jardín, aunque solo sea por las abejas que traerá en junio.


Contenidos relacionados