Frota una hoja entre los dedos y huélela. Si el aroma es dulce, herbáceo, con un fondo casi de chicle de fresa, tienes hierbabuena. Si en cambio deja una sensación fría en la nariz, punzante, tipo caramelo mentolado, eso es menta piperita. Esa prueba de treinta segundos separa mejor las dos plantas que cualquier descripción de hojas, y explica de paso por qué una vale para el cordero y la otra no.
La confusión viene de que ambas son Mentha. Hierbabuena no es un género aparte ni una especie distinta del grupo: es el nombre popular que en España se le da casi siempre a la menta verde, Mentha spicata. Cuando alguien dice "menta" a secas puede estar hablando del género entero, de la piperita o del sabor industrial de la pasta de dientes. Aclarado eso, la comparación deja de ser un lío de nombres y pasa a ser algo concreto: dos plantas emparentadas con químicas distintas.
Qué planta es cada una
Hierbabuena equivale, en la práctica totalidad de los viveros españoles, a Mentha spicata. Es una especie fértil, de hoja verde brillante, casi sentada sobre el tallo (con peciolo muy corto o inexistente), lanceolada, con el borde marcadamente serrado y la superficie glabra o con muy poco pelo. Florece en espigas terminales estrechas y alargadas, de color lila pálido o blanquecino, entre junio y agosto.
Menta piperita es Mentha × piperita, un híbrido natural entre Mentha aquatica y Mentha spicata. Al ser híbrido, es prácticamente estéril: no produce semilla viable y solo se multiplica por rizoma o esqueje. Su hoja es más ancha y con peciolo evidente, de verde más oscuro, con frecuencia con nervios y tallos teñidos de rojo violáceo. La espiga floral es más corta y roma que la de la hierbabuena.
De aquí sale una consecuencia práctica que conviene tener clara antes de gastar dinero: un sobre de "semillas de menta" nunca dará menta piperita. Dará plantas del género con aromas variables, muchas veces flojos, porque las mentas hibridan entre sí con enorme facilidad. Si quieres una piperita concreta, la compras en maceta o te la regala alguien de su mata, y punto.
El motivo químico de la diferencia
Las dos huelen distinto porque fabrican moléculas distintas, y esto no es un matiz de aficionado: es la razón de todo lo demás.
El aceite esencial de Mentha spicata está dominado por la carvona, que suele suponer entre la mitad y dos tercios del total, acompañada de limoneno. La carvona da un perfil dulce y redondo. La hierbabuena contiene mentol en cantidades muy pequeñas o directamente inapreciables.
El aceite esencial de Mentha × piperita está dominado por el mentol, en torno a un 35-50 %, más mentona. El mentol activa los receptores del frío de la piel y de las mucosas: por eso una hoja de piperita "enfría" la boca aunque esté a temperatura ambiente. No baja la temperatura de nada, solo engaña al sensor.
Traducido a la cocina: la carvona acompaña sin tapar, y el mentol domina. Por eso el mojito cubano se hace con hierbabuena y no con piperita, y por eso unas habas a la menta hechas con piperita saben a colutorio.
Otras mentas que te vas a encontrar
El género tiene más miembros de los que caben en la etiqueta de un vivero, y algunos se venden mal identificados.
Mastranzo (Mentha suaveolens). Crece silvestre en cunetas y bordes de arroyo de media España. Hoja redondeada, arrugada y muy peluda, de tacto casi aterciopelado. Es la que se cuela con más frecuencia en las macetas etiquetadas como hierbabuena: si compras una mata y la hoja es peluda y rugosa en vez de lisa y brillante, tienes mastranzo. Aromatiza mucho menos y en cocina resulta soso. Su variedad abigarrada, la llamada menta piña, es puramente ornamental.
Poleo (Mentha pulegium). Planta rastrera, de hoja pequeña y flores en verticilos apretados a lo largo del tallo. Su compuesto mayoritario es la pulegona, hepatotóxica en dosis altas; por eso la legislación europea limita la pulegona en alimentos y bebidas. La infusión tradicional de hojas secas es otra cosa muy distinta del aceite esencial: el aceite esencial de poleo ha causado intoxicaciones graves y no debe ingerirse. Es un dato que conviene saber antes de improvisar con la planta, no un motivo para arrancar el poleo del jardín.
Menta bergamota (Mentha × piperita var. citrata), con matices cítricos, y la menta marroquí, que es una selección de Mentha spicata con hoja más clara y aroma más limpio, la que se usa en el té con hierbabuena del norte de África.
Cultivo: el rizoma manda
Ambas se cultivan igual, y ambas comparten el mismo comportamiento: son herbáceas perennes con rizomas estoloníferos que corren justo bajo la superficie y emiten brotes cada pocos centímetros. Una planta puesta en tierra libre en marzo ocupa un metro cuadrado en septiembre y se mete entre las raíces de las fresas, del perejil y de lo que haya al lado.
La solución no es podarla. Es contenerla desde el principio: maceta de al menos 25-30 cm de diámetro, o un recipiente enterrado sin fondo que llegue a 30-40 cm de profundidad. Un cerco de plástico rígido hundido en el suelo funciona si sobresale un par de centímetros, porque si queda enrasado el rizoma pasa por encima.
Luz. En el norte peninsular aguanta sol pleno sin problema. En el interior y en el sur, de junio a agosto, el sol directo de tarde quema los bordes de la hoja y dispara la araña roja. Media sombra o sol solo de mañana da hojas más grandes y tiernas.
Riego y suelo. Es planta de vaguada y de borde de acequia: quiere el sustrato fresco de forma constante, con materia orgánica, pH entre 6 y 7,5. En maceta, en pleno verano castellano o andaluz, eso significa regar a diario. Un cepellón que se seca del todo pierde las hojas bajas y ya no las recupera esa temporada. Lo que no tolera es el encharcamiento permanente en tierra compacta: ahí se pudre el rizoma.
Abonado. Poco y flojo. Cargar de nitrógeno da hojas enormes de color verde oscuro y aroma diluido, porque la planta crece más rápido de lo que sintetiza aceite esencial. Un abono equilibrado cada tres o cuatro semanas en primavera y verano basta.
Frío. Las dos son rústicas y resisten heladas fuertes, del orden de -15 °C. En invierno la parte aérea se seca y desaparece; el rizoma sigue vivo y rebrota en marzo. Que una maceta se quede pelada en enero no significa que la planta haya muerto.
Cómo se multiplica y cuándo hay que renovarla
Multiplicarla es trivial. Un trozo de rizoma de cinco centímetros con un par de yemas, enterrado a dos dedos de profundidad en marzo, es una planta nueva en tres semanas. Un esqueje de tallo de diez centímetros en un vaso de agua enraíza en una semana o diez días entre abril y septiembre.
Lo que sí exige atención es la renovación. A los dos o tres años el centro de la mata se ahueca, los tallos salen finos y la hoja se hace pequeña: el rizoma viejo se lignifica y agota el sustrato. Cada dos años, en otoño o a principios de primavera, se saca el cepellón, se descarta la parte central leñosa y se replantan los rizomas jóvenes del borde en sustrato nuevo. Sin esa operación la mata se apaga sola y se acaba culpando al riego.
Otro detalle de manejo: corta las espigas florales en cuanto asomen si te interesa la hoja. Cuando la planta florece, deriva recursos a la floración, la hoja se endurece y el aroma cae. La concentración de aceite esencial en la hoja es máxima justo antes de la apertura de las flores, que es también el mejor momento para cosechar en cantidad y secar.
Problemas habituales
Roya de la menta (Puccinia menthae). El problema serio del cultivo, y ataca con más virulencia a la hierbabuena que a la piperita. Se manifiesta como pústulas anaranjadas en el envés de la hoja, que luego pardean; la hoja se retuerce y cae. Es un hongo sistémico que inverna en el rizoma, así que no se resuelve quitando hojas sueltas. Ante un ataque establecido, siega la mata a ras de suelo, retira y destruye todo el material afectado (no al compost) y espacia las plantas para que ventilen. No riegues por aspersión: mojar la hoja al atardecer es lo que le da a la roya las horas de humedad que necesita.
Oídio. Polvo blanco sobre el haz, típico de finales de verano con noches frescas y días secos. Menos destructivo que la roya, se controla aclarando la mata.
Araña roja. Aparece con calor y aire seco, sobre todo en macetas de balcón a pleno sol. Punteado amarillento y telaraña fina en el envés. Subir la humedad ambiental y mover la maceta a media sombra suele bastar.
Orugas y pulgón. Molestos pero menores. Como la hoja se consume en fresco, conviene resolverlos por medios físicos o con productos autorizados para plantas de consumo, respetando el plazo de seguridad de la etiqueta.
En la cocina, cada una en su sitio
La hierbabuena es la de cocina salada. Va en el gazpacho y en la sopa de tomate, con las habas, con los guisantes, en el cordero asado y en los adobos de carne picada, en el cuscús, en el té a la menta marroquí y en las salsas de yogur. También en la limonada y en el mojito. Su carvona convive con el ajo, el comino y el limón sin taparlos.
La piperita tiende a lo dulce y a lo frío: bombonería, helados, licores, cremas de chocolate, infusiones digestivas. Su mentol se impone a lo que tenga cerca, así que en un plato salado hay que dosificarla con cuentagotas o directamente cambiar de planta.
Un apunte de manejo: la hoja de menta pierde aroma al picarla con cuchillo romo, porque se machaca en vez de cortarse y se oxida. Se añade al final de la cocción o en crudo, nunca a un guiso que va a hervir media hora más, donde los compuestos volátiles se pierden sin dejar rastro.
Uso medicinal y precauciones reales
La infusión de hoja de menta o de hierbabuena se toma tradicionalmente como digestiva y carminativa, y es un uso razonable y seguro para un adulto sano. La evidencia clínica más sólida corresponde al aceite esencial de menta piperita en cápsulas de cubierta entérica, que ha mostrado eficacia en el alivio del dolor abdominal del síndrome de intestino irritable: se trata de un medicamento con su dosificación, no de algo que se improvise en casa.
Tres cautelas que merece la pena conocer:
La piperita relaja el esfínter esofágico inferior. En una persona con reflujo gastroesofágico o hernia de hiato, la infusión de menta después de comer puede empeorar la acidez en lugar de aliviarla. Si notas que el ardor va a peor con la menta, no es casualidad.
El mentol no debe aplicarse en la cara ni bajo la nariz de lactantes y niños pequeños: puede provocar espasmo de glotis y apnea refleja. Esto vale para aceites esenciales y ungüentos mentolados, no para una hoja en una limonada.
Los aceites esenciales de cualquier menta son productos concentrados. Ingerirlos por cuenta propia, sin la forma farmacéutica y la dosis adecuadas, no aporta nada y sí acarrea riesgo, especialmente en el caso del poleo por su contenido en pulegona. Con embarazo, lactancia, medicación crónica o problemas hepáticos o biliares, la consulta médica va antes que la planta.
En resumen
Hierbabuena y menta no son plantas de familias distintas: la hierbabuena que se vende en España es Mentha spicata, una menta más, y lo que se llama menta a secas suele ser el híbrido Mentha × piperita. Lo que las separa de verdad es la química del aceite esencial, carvona dulce frente a mentol frío, y de ahí sale que una sirva para el cordero y las habas y la otra para el chocolate y las infusiones.
En cultivo se comportan igual: rizoma invasor que hay que contener en maceta o en recipiente enterrado, sustrato fresco y rico, media sombra en el interior peninsular, abonado corto para no diluir el aroma, espigas florales cortadas si interesa la hoja y renovación de la mata cada dos años a partir de los rizomas del borde. Vigila la roya, siega a ras si aparece y no riegues mojando la hoja. Y si compras una mata de hoja peluda y rugosa, no es hierbabuena: es mastranzo, y en la cazuela se nota.