Tres plantas por metro cuadrado y, al tercer año, un talud entero cubierto sin una gota de riego en verano. Ese es el argumento del romero rastrero en la jardinería mediterránea: un tapizante leñoso, perenne, que florece cuando casi nada más lo hace y que una vez arraigado se sostiene solo. Tiene contrapartidas —aguanta menos frío que el romero erguido y no perdona el suelo pesado—, y conviene conocerlas antes de plantarlo.

Mata de romero rastrero cubriendo el suelo

Qué es exactamente esta planta

Hablamos de las formas postradas del romero común. La especie se describió como Rosmarinus officinalis L., pero los estudios moleculares publicados a partir de 2017 la integraron dentro del género Salvia, de modo que el nombre aceptado hoy es Salvia rosmarinus Spenn. En viveros, etiquetas y catálogos españoles seguirás encontrando el nombre antiguo durante bastantes años; son la misma planta.

La etiqueta que verás en la maceta suele decir 'Prostratus', a veces escrito 'Postratus' o 'Repens'. Conviene saber que no designa un clon concreto, sino un conjunto de selecciones de porte rastrero con comportamiento parecido pero no idéntico: 'Huntington Carpet', 'Severn Sea' o 'Boule' son cultivares postrados o semipostrados de vigor y rusticidad distintos. Si compras dos plantas en viveros diferentes, no des por hecho que crecerán igual.

Características comunes: mata leñosa de 20 a 50 cm de altura que se extiende horizontalmente de 1 a 1,5 m, con ramas flexibles que caen en cascada cuando encuentran un borde. Hoja lineal, coriácea, verde oscura por el haz y blanquecina por el envés, con el mismo aroma resinoso del romero de siempre. Flor pequeña, labiada, de azul pálido a lila, agrupada en las axilas.

La floración es uno de sus puntos fuertes: en el litoral mediterráneo y en el sur peninsular abre desde octubre-noviembre hasta bien entrada la primavera, con un pico en febrero y marzo. En pleno invierno es una de las pocas fuentes de néctar disponibles para abejas y abejorros, y eso solo ya justifica un par de matas en el jardín.

Dónde plantarlo

Sol directo, y cuanto más mejor. A media sombra vegeta, se abre por el centro, alarga los entrenudos y prácticamente deja de florecer. No es una planta para el lado norte de la casa ni para el pie de un árbol de copa densa.

Agradece el aire y detesta el rincón cerrado y húmedo. Ubicaciones donde da su mejor versión: coronación de muros de piedra, taludes y desmontes, bordes de escalinatas, jardineras elevadas, rocallas, perímetros de piscina y macetones altos desde donde pueda descolgarse.

Sobre el suelo, la exigencia es una y es absoluta: drenaje. Prospera en terrenos pobres, pedregosos, arenosos y calizos, con pH de 6 a 8, y tolera sin problema la caliza activa y la cercanía del mar. En arcillas compactas que encharcan tras la lluvia de otoño, la raíz se asfixia y aparecen podredumbres por Phytophthora. Si tu suelo es pesado, planta en caballón o en una jardinera elevada con mezcla de tierra, arena gruesa y gravilla; corregir el hoyo de plantación sin corregir el entorno solo crea una bañera.

Riego: el primer verano manda

La fama de planta que no necesita agua es cierta, pero solo a partir del segundo año. Un ejemplar recién plantado tiene el cepellón del vivero y poco más, y si lo abandonas en junio se seca.

Primer año: riego de asiento abundante al plantar y después, durante el primer verano, un riego generoso cada 10-15 días, mojando en profundidad y dejando secar entre uno y otro. El objetivo es forzar a la raíz a bajar, no mantener húmeda la superficie.

A partir del segundo año, en suelo: en el litoral y el sur, prácticamente nada; en el interior, dos o tres riegos de socorro en los meses más duros si hay sequía prolongada. En invierno, cero.

En maceta la cosa cambia, porque no hay reserva de suelo: riega cuando el sustrato esté seco cinco o seis centímetros hacia dentro, lo que en verano puede ser cada cuatro o cinco días y en invierno cada tres o cuatro semanas. Nunca dejes agua en el plato.

Regarlo como a un geranio es lo que arruina la mata: el follaje se vuelve blando y verde claro, la planta se ahíla, huele mucho menos y acaba con el cuello podrido. Cuando un romero rastrero amarillea de golpe y muere en agosto, el diagnóstico casi siempre es exceso de agua o suelo que no drena, no falta de riego.

Abonado: menos del que crees

Es una planta de suelos pobres y responde mal a la generosidad. En jardín, un aporte ligero de compost bien hecho en superficie a principios de otoño o al final del invierno cubre sus necesidades durante todo el año. En maceta, un abono para plantas mediterráneas o de cactáceas, bajo en nitrógeno, una vez al mes de marzo a junio, a media dosis.

Los abonos ricos en nitrógeno producen brotación tierna y acuosa, más sensible a la helada, más apetecible para el pulgón y con menor concentración de aceites esenciales. Un romero cebado da mucha hoja y poco aroma, que es justo lo contrario de lo que se busca.

Poda: dónde está el límite

Hojas y ramas de romero en detalle

Regla básica y sin excepciones: el romero no rebrota desde madera vieja desnuda. Si cortas una rama por una zona lignificada sin hojas, ese muñón se queda seco de forma permanente y se abre un hueco en el tapiz que no se cerrará nunca. Toda tijera debe entrar en tramo con hoja verde.

El momento adecuado es justo después de la floración, que en el sur y el litoral significa finales de abril o mayo, y en zonas más frías, mayo o junio. Recorta como mucho un tercio del crecimiento del año, dando forma y buscando que la mata se ramifique por los laterales.

Si se hace todos los años, la planta se mantiene densa y cerrada. Si se deja pasar tres o cuatro temporadas, el centro se lignifica, queda pelado y las ramas se desparraman: llegado ese punto no hay poda de rejuvenecimiento que valga y toca sustituir la planta o cubrir el hueco con estaquillas nuevas.

Podar en pleno invierno es otra forma de perder la temporada: se cortan las yemas florales ya formadas y te quedas sin la floración que da sentido a esta planta. Las ramitas que retires en la poda de mayo, por cierto, sirven perfectamente para cocinar y para secar.

Multiplicación: esqueje y acodo

Cubrir un talud comprando planta sale caro; multiplicarla es sencillo y una sola mata madre da material para docenas de ejemplares.

Esqueje semileñoso. El mejor momento es de finales de agosto a octubre, y también funciona en marzo-abril. Corta trozos de 8-10 cm de brotes del año que ya no estén completamente tiernos, retira las hojas de la mitad inferior, moja la base en hormona de enraizamiento si la tienes —no es imprescindible— y clávalos en una mezcla de turba y perlita a partes iguales o en arena de río. Mantén el sustrato apenas húmedo, en semisombra, sin encharcar. Enraízan en cuatro a ocho semanas; la pudrición por exceso de agua es el único fallo habitual.

Acodo. Todavía más fácil, porque la planta lo hace casi sola: elige una rama que descanse sobre el suelo, húndela ligeramente en un punto donde tenga contacto con la tierra, sujétala con una piedra o una horquilla y riega esa zona de vez en cuando. En unos meses habrá emitido raíces y podrás separarla con tijera de podar. Es el sistema más fiable en jardín.

La semilla no compensa: germina de forma irregular, tarda, y como los cultivares postrados no reproducen fielmente sus características por vía sexual, obtendrás plantas de porte variable.

Frío: aquí está su punto débil

Es la diferencia práctica más importante entre el romero rastrero y el erguido. Las formas postradas son menos resistentes al frío: soportan bien heladas cortas de hasta unos -5 o -7 ºC, mientras que un romero erguido bien situado tolera algo más. En el litoral mediterráneo, Baleares, Canarias, el valle del Guadalquivir, Levante y buena parte de la costa atlántica sur no hay problema.

En la meseta, en el valle del Ebro o en zonas de montaña, con heladas prolongadas y viento seco, sufre: quema las puntas, pierde ramas y en inviernos duros se pierde la planta entera. Ahí es mejor tratarlo como planta de maceta que se arrima a una pared orientada al sur en invierno, o elegir directamente un romero de porte erguido, más rústico. Un cepellón en tiesto se hiela mucho antes que la misma planta en tierra, así que protege el recipiente, no el follaje.

El calor, en cambio, no le supone nada: aguanta los 40 ºC del verano peninsular sin inmutarse, siempre que el suelo drene.

Plantación y trasplante

En clima suave, el otoño es la mejor época: de octubre a noviembre, la planta dispone de todo el invierno y la primavera para enraizar antes del primer verano serio. En zonas frías, mejor esperar a marzo o abril, pasado el riesgo de heladas fuertes.

Como tapizante, planta a 60-80 cm entre pies, unas dos o tres plantas por metro cuadrado; el suelo queda cubierto en dos o tres temporadas. Abre un hoyo del doble del cepellón, afloja las raíces si vienen enrolladas y planta con el cuello a ras de suelo o incluso un dedo por encima, nunca enterrado.

Si acolchas, hazlo con grava o árido, no con corteza ni con material orgánico húmedo, y deja siempre unos centímetros libres alrededor del cuello. Un acolchado orgánico apoyado en la base mantiene humedad ahí justo donde no interesa.

Plagas y enfermedades

Es una planta sana, pero no invulnerable, y aquí conviene deshacer una idea muy repetida: que plantar romero mantiene alejadas las plagas del jardín. El romero contiene aceites esenciales —cineol, alcanfor, alfa-pineno— con actividad demostrada en laboratorio sobre algunos insectos, pero una mata viva en un arriate no protege a las plantas vecinas ni sustituye a ningún control. De hecho, tiene su propio comensal específico.

Crisomela del romero (Chrysolina americana): escarabajo de menos de un centímetro, con élitros metálicos rayados en rojo cobrizo y verde. Adultos y larvas comen hoja en otoño y primavera. En una mata aislada se controla recogiéndolos a mano al atardecer; en masas grandes rara vez causa daño irreversible.

Cochinilla algodonosa en plantas apretadas o con poca ventilación, y araña roja (Tetranychus urticae) en macetas de terraza muy seca y resguardada.

Podredumbre de raíz y cuello por Phytophthora: el problema serio de la especie, y siempre asociado a suelo encharcado o riego excesivo. Se manifiesta como decaimiento repentino de una rama o de toda la planta en verano. No hay tratamiento práctico en jardín: se previene con drenaje.

En ambientes húmedos y sin aire pueden aparecer manchas foliares y oídio. Aclarar la mata con la poda anual y no plantarla apiñada resuelve la mayoría de esos casos.

Para qué sirve

En el jardín es un cubresuelos de primer orden para xerojardinería: fija taludes, reduce la erosión, ahoga malas hierbas una vez cerrado y no pide riego. Queda especialmente bien descolgándose sobre muros de mampostería y en jardineras altas. Un matiz importante: no es pisable. Sirve para cubrir superficie, no para sustituir al césped en zonas de paso.

En la cocina, se usa igual que el romero erguido, sin diferencia de sabor apreciable: carnes asadas, cordero, patatas al horno, adobos, escabeches, panes, aceites aromatizados. Las ramitas se secan a la sombra en un lugar ventilado y conservan el aroma más de un año en tarro cerrado.

En cuanto a sus propiedades, la hoja de romero se ha empleado tradicionalmente en infusión como digestivo, y las agencias de medicamentos europeas reconocen su uso tradicional para molestias digestivas leves. Hasta ahí, y con una advertencia que conviene tomarse en serio: el aceite esencial de romero no debe ingerirse. Su contenido en alcanfor lo hace neurotóxico por vía oral y se han descrito convulsiones con dosis pequeñas. No se emplea en embarazo ni lactancia, ni en personas con epilepsia o antecedentes de convulsiones, y no debe aplicarse en la cara de bebés y niños pequeños. El uso culinario de la hoja, en las cantidades normales de cocina, no plantea ese problema.

En resumen

El romero rastrero (Salvia rosmarinus, antes Rosmarinus officinalis, en sus selecciones postradas tipo 'Prostratus') es un tapizante leñoso de 20-50 cm de alto y hasta metro y medio de ancho que florece en invierno y vive de la sequía. Plántalo a pleno sol, en suelo pobre y sobre todo bien drenado, en otoño si tu clima es suave y en primavera si es frío, a 60-80 cm entre pies. Riégalo cada 10-15 días solo el primer verano y prácticamente olvídate después; abónalo poco y sin nitrógeno de más. Recorta un tercio tras la floración, en mayo, sin meter nunca la tijera en madera vieja sin hojas. Multiplícalo por esqueje semileñoso a final de verano o, más fácil todavía, por acodo. Vigila el drenaje —la asfixia radicular es lo que mata a esta planta— y no cuentes con él como repelente de plagas: para eso no funciona, y además tiene su propio escarabajo. Y recuerda que la hoja en la cocina es una cosa y el aceite esencial otra muy distinta.


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