Mida la distancia hasta la fachada antes de cavar el hoyo. La Washingtonia robusta puede superar los 25 metros de altura y crecer casi un metro al año en un buen verano de la costa mediterránea, y ninguna de esas dos cifras se aprecia mirando la planta de dos metros que se lleva del vivero.
Aclarado lo cual, es una palmera excelente: rápida, barata, indiferente al suelo, tolerante a la sequía una vez arraigada y con una silueta —tronco fino, copa compacta y redondeada— que funciona igual en un paseo marítimo que en un jardín seco. Solo hay que plantarla donde pueda hacer lo que va a hacer.
Qué es y de dónde procede
Especie de la familia Arecaceae, originaria del noroeste de México: Baja California Sur y el sur de Sonora, donde vive en cañones y barrancos con humedad subterránea. Se la llama palmera mexicana o palmera de abanico mexicana, y en España está tan extendida en el litoral que se toma por planta de aquí.
Tronco. Delgado en relación con su altura —de 25 a 40 cm de diámetro en la parte alta—, con un ensanchamiento muy marcado en la base y un afinamiento progresivo hacia arriba. Es la manera más rápida de identificarla desde lejos.
Hojas. Costapalmadas, de hasta metro y medio, de un verde brillante más vivo que el de su pariente californiana. Los ejemplares jóvenes muestran filamentos blancos entre los segmentos; con la edad los pierden casi por completo. El pecíolo lleva una banda pardo rojiza en la cara superior, cerca de la base, y los márgenes armados de dientes curvos.
Floración. Inflorescencias arqueadas de dos a tres metros que asoman por encima de la copa entre mayo y julio, con flores pequeñas cremosas. Después vienen miles de drupas negras del tamaño de un guisante.
Esos frutos merecen un aviso: los pájaros los reparten y germinan solos en alcorques, juntas de pavimento, canalones, macetas ajenas y bordes de camino. En el litoral mediterráneo la especie se comporta como naturalizada y en algunos puntos se considera invasora. Si tiene un ejemplar adulto en un jardín pequeño, tendrá plántulas para arrancar todos los años.
Robusta o filifera: no es lo mismo comprar una que otra
Ambas especies hibridan sin problema y en producción se mezclan constantemente, así que la etiqueta del vivero no siempre coincide con lo que crecerá. La diferencia que de verdad le afectará es doble: robusta llega mucho más alto y resiste bastante menos frío.
Puntos de contraste, ya en planta adulta: el tronco de robusta es esbelto y estrechado hacia arriba, el de filifera es macizo y de grosor uniforme; el follaje de robusta es verde brillante y el de filifera, gris azulado con hilos blancos toda su vida; la copa de robusta es más compacta y densa. En planta joven no hay manera fiable de distinguirlas a simple vista, salvo por la banda rojiza del pecíolo.
El híbrido, llamado en el comercio Washingtonia × filibusta, queda en un punto intermedio impredecible. Para un jardín de costa da igual. Para uno de Zaragoza, Toledo o Ávila, no.
Ubicación
Pleno sol. A media sombra estira los pecíolos, saca hojas más pequeñas y pierde la copa densa que la hace atractiva. Encaja bien el viento fuerte, incluso el litoral, y tolera cierto salitre, aunque en primera línea con rociones directos las puntas de las hojas se queman.
Antes de decidir el sitio, tres comprobaciones: que no haya tendido eléctrico encima, que quede a seis metros o más de la vivienda y aleros, y que no vaya a tapar la vista o el sol de nadie dentro de diez años. Una robusta mal situada no se poda para reducirla: en una palmera no hay ramas que acortar y despuntar el tronco la mata. La única solución posible es talarla.
Suelo
Prospera en suelos pobres, arenosos, pedregosos y calizos. Lo único que le hace daño de verdad es el agua estancada alrededor del cuello. En terrenos arcillosos, plante ligeramente elevada y rompa el fondo del hoyo, porque un hoyo bien hecho en arcilla compacta funciona como una maceta sin agujero.
En suelos calcáreos aparece a veces una carencia de manganeso: las hojas nuevas emergen encrespadas, pequeñas y con los segmentos necrosados mientras las viejas siguen bien. Se corrige con sulfato de manganeso al suelo en varias aplicaciones espaciadas.
Riego
En su hábitat crece junto a cauces, y eso se nota: aguanta la sequía, pero responde al agua con un crecimiento notablemente mayor.
Primeros dos o tres años. Riegos abundantes y profundos, una o dos veces por semana entre junio y septiembre, mojando todo el volumen del cepellón y algo más allá. Repartir goteros alrededor, no clavar uno junto al tronco. Regar poco y a diario mantiene las raíces en los primeros centímetros de tierra, justo donde el suelo se seca antes.
Adulta. Un riego profundo cada dos o tres semanas en verano basta para mantenerla verde y creciendo. Sin riego sobrevive en el litoral, pero la copa se ralea y las hojas salen más cortas.
En maceta. Es viable solo unos años y con contenedor grande y profundo. Aquí el riego se ajusta al sustrato: cuando los tres o cuatro centímetros superiores estén secos, riegue hasta que salga agua por los agujeros y vacíe el plato. El agua retenida bajo la maceta es lo que provoca el amarilleo del cogollo y el final de la planta.
Abonado
Use abono específico para palmeras, de liberación lenta, con más potasio que nitrógeno y con magnesio y microelementos incorporados. Una formulación del tipo 8-2-12 con 4 de magnesio es el patrón habitual. Dos o tres aplicaciones entre marzo y septiembre, esparcidas bajo la proyección de la copa y regadas después.
Los abonos universales ricos en nitrógeno hacen crecer la palmera más deprisa sin cubrir lo que realmente le falta, y acentúan las carencias de potasio.
Una advertencia que suele ir en contra del instinto: si aparece carencia de potasio —moteado amarillo o anaranjado translúcido y puntas secas en las hojas más viejas—, esas hojas no se cortan. La palmera está retirando potasio de ellas para construir las nuevas; si se eliminan, el déficit pasa antes a las hojas de arriba. Se corrige el suelo con sulfato potásico de liberación lenta, se aporta magnesio en paralelo para no desequilibrar, y se espera un año o dos.
Plantación y trasplante
Las palmeras emiten raíces nuevas desde la base del tronco y solo lo hacen con el suelo caliente, así que el momento de plantar o mover una robusta va de abril-mayo a septiembre. En invierno el cepellón se queda parado y expuesto a podredumbres.
Al trasplantar ejemplares grandes se ata la copa hacia arriba, se recorta parte de las hojas exteriores para reducir la transpiración —nunca el cogollo— y se mantiene el sustrato húmedo de forma continua durante las primeras semanas. La profundidad es la misma que traía: enterrar la base del estípite es una invitación a la podredumbre del cuello.
Poda y seguridad
Se cortan las hojas secas y las que ya cuelgan claramente por debajo de la horizontal. Nada más. Dejar la copa en un plumero vertical de cuatro o cinco hojas —esa poda de estética que se ve en tantas calles— reduce las reservas, adelgaza el tronco que se forma después y deja al ejemplar más vulnerable al viento y al frío.
Sobre la falda de hojas secas: en robusta es densa y se mantiene años. Es refugio de ratas y avispas y, sobre todo, es combustible fino colgado a diez metros del suelo. En entorno urbano hay razones de peso para retirarla.
La época importa más de lo que parece. Cada corte deja una herida que huele a tejido fresco y ese olor atrae al picudo rojo. Concentre la poda entre noviembre y febrero, cuando el vuelo del insecto está en mínimos, y evítela en primavera y verano; si no hay más remedio, aplique un producto autorizado sobre las heridas.
Protección personal obligatoria: los dientes del pecíolo son duros, curvos y producen pinchazos profundos que se infectan con facilidad. Guantes de cuero y gafas.
Resistencia al frío
Aquí está su límite. Un ejemplar adulto y bien establecido aguanta heladas puntuales de hasta unos -6 u -8 °C con las hojas quemadas pero sin perder el cogollo. Por debajo de eso, y sobre todo si el frío se repite varias noches o va acompañado de humedad, el riesgo de perder el meristemo es real.
La planta joven resiste bastante menos: unos -3 °C ya le dejan daños visibles. Esto la deja fuera del interior peninsular frío y la limita al litoral, los valles templados del sur y zonas urbanas resguardadas. Para clima continental, Washingtonia filifera, Trachycarpus fortunei o Chamaerops humilis son apuestas mucho más seguras.
Tras una helada fuerte, no corte nada hasta bien entrada la primavera: las hojas dañadas siguen aislando el cogollo. Lo útil en ese momento es aplicar un fungicida cúprico autorizado en el centro de la corona para prevenir la podredumbre que suele seguir al daño por frío.
Plagas y enfermedades
Paysandisia archon. El barrenador de las palmeras tiene a Washingtonia entre sus hospedadores habituales. Los adultos, mariposas grandes de alas posteriores rojizas, vuelan de mayo a septiembre. Las larvas excavan galerías en la base de los pecíolos y en el cogollo, y la señal más clara son las perforaciones redondas y alineadas que aparecen en las hojas nuevas al desplegarse, además de serrín seco en la corona y hojas centrales deformadas.
Picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus). Prefiere Phoenix canariensis, pero ataca Washingtonia, sobre todo donde ya no quedan palmeras canarias disponibles. Síntomas: hojas centrales caídas o cortadas asimétricamente, orificios con serrín húmedo y un olor fermentado en la corona. Cuando la copa se desploma, la palmera suele estar perdida.
Es una plaga con programas oficiales de control en prácticamente todas las comunidades autónomas. Ante una sospecha, avise al servicio de sanidad vegetal de su comunidad y compruebe qué exige la normativa local antes de tratar, talar o mover la planta: trasladar una palmera afectada por su cuenta es la forma más eficaz de propagar el foco. Los tratamientos deben hacerse con productos inscritos en el registro oficial de fitosanitarios y conforme a sus condiciones de uso, que en varios casos son de aplicación profesional.
Podredumbres. Thielaviopsis paradoxa penetra por heridas del tronco y puede provocar caídas repentinas sin aviso, así que no golpee el estípite con desbrozadoras ni le clave nada. La podredumbre rosa (Nalanthamala vermoesenii) afecta a ejemplares debilitados o con drenaje deficiente.
Al aire libre, cochinillas y ácaros son problemas menores; en ejemplares cultivados en maceta e interior, aparecen con frecuencia araña roja y cochinilla algodonosa.
Multiplicación
Solo por semilla. No produce hijuelos ni enraíza de esqueje: tiene un único punto de crecimiento y sin él la planta muere.
Germina con facilidad, y eso ya lo demuestran las plántulas que salen solas al pie de cualquier ejemplar adulto. Para hacerlo dirigido: limpie la pulpa del fruto, remoje las semillas 24 horas en agua templada y siémbrelas a un centímetro escaso de profundidad en una mezcla ligera de turba y arena o perlita. Con 25-30 °C germinan en dos a seis semanas. Mantenga el semillero húmedo, no encharcado, y páselo a pleno sol en cuanto asomen las primeras hojas.
Trasplante a maceta honda pronto: la raíz baja mucho antes de que la parte aérea parezca justificarlo.
En resumen
La Washingtonia robusta es la palmera de crecimiento rápido y mantenimiento bajo para clima de costa. Da porte en pocos años y no pide casi nada a cambio, salvo espacio vertical y ausencia de heladas serias.
Lo que conviene retener: mide 25 metros o más, así que decida la ubicación pensando en ese tamaño y no en el de la maceta; sol pleno y drenaje; riegos profundos y espaciados los primeros veranos; abono específico de palmeras con potasio y magnesio en lugar de uno universal; poda solo hojas secas y hágalo en invierno para no atraer al picudo; su techo de frío está entre -6 y -8 °C, y por debajo de eso la especie adecuada es otra.