Ninguna palmera crece de forma natural dentro de una casa. Las que aguantan bien en un salón son, casi todas, especies que en su hábitat viven en el sotobosque de una selva húmeda: bajo la copa de árboles grandes, con luz filtrada, sin viento y con el aire cargado de humedad. Esa procedencia explica todo lo que hay que hacer con ellas y, sobre todo, explica por qué fallan las que fallan.

Este artículo repasa las especies que de verdad se sostienen puertas adentro en España, las que se venden como tales pero acaban muriendo, y los cuidados que comparten todas.

Kentia (Howea forsteriana) cultivada en interior junto a una ventana

Lo que comparten las palmeras de interior

Antes de elegir especie conviene entender tres rasgos de la familia que condicionan el cultivo en maceta.

Una palmera no ramifica. Cada tallo tiene un único punto de crecimiento (el meristemo apical, lo que se llama el cogollo o palmito) del que salen todas las hojas. Si ese cogollo se pudre o se corta, ese tallo está muerto: no rebrotará por los lados como haría un ficus. Por eso una palmera de un solo tronco no se puede "rejuvenecer" podándola por arriba, y por eso el agua estancada en el cogollo en invierno es letal.

Las hojas viejas no se recuperan. Una punta seca o una hoja amarilla no vuelve a ponerse verde. Lo que se hace con ellas es cortar solo la parte necrosada, dejando un milímetro de tejido seco, y esperar a que las hojas nuevas salgan bien. Juzgar el estado de la planta por las hojas antiguas lleva a cambiar cuidados que ya estaban corregidos.

Comen más potasio y magnesio de lo que parece. El síntoma clásico de carencia de potasio en palmeras es una necrosis moteada en las puntas de los folíolos de las hojas viejas, que va subiendo hacia la base. Es fácil confundirlo con exceso de sales o con aire seco. Un abono con relación equilibrada de nitrógeno y potasio y con magnesio, aplicado de abril a septiembre cada tres o cuatro semanas a media dosis, lo evita.

Aviso: la falsa palmera que sí es tóxica

Las palmeras verdaderas de interior —kentia, areca, camedorea, rapis— no figuran como tóxicas para perros y gatos. La confusión y el riesgo real vienen de otra planta que se vende en la misma estantería y con nombre de palmera: la Cycas revoluta, etiquetada como "palmera de sagú" o "cica". No es una palmera, es una cícada, y todas sus partes contienen cicasina; la semilla es la más concentrada. En perros provoca fallo hepático agudo y la mortalidad es alta incluso con tratamiento veterinario inmediato. Si hay perro en casa, esa planta sobra; si ya está y el animal ha mordisqueado alguna parte, la consulta veterinaria es urgente, no de mañana.

Aparte de eso, cuidado físico con las Phoenix: los folíolos de la base de la hoja están transformados en espinas rígidas de varios centímetros, capaces de causar heridas profundas y de infectarse con facilidad. No es una planta para pasillos estrechos ni para tener a la altura de la cara de un niño.

Howea forsteriana, la kentia

Si hay que quedarse con una, es esta. La kentia procede de la isla de Lord Howe, en Australia, donde germina bajo dosel, y tolera niveles de luz que dejarían famélica a cualquier otra palmera de porte parecido. Aguanta a dos o tres metros de una ventana, soporta el aire seco de la calefacción mejor que la areca y es la menos golosa para la araña roja.

Crece despacio: un ejemplar de metro y medio ha pasado años en vivero, y de ahí su precio. Se vende casi siempre con varias plantas en la misma maceta, para dar volumen, porque un solo tallo tardaría demasiado en llenar el tiesto. Eso está bien y no hay que separarlas.

Riego cuando los tres o cuatro centímetros superiores del sustrato estén secos, y en invierno bastante menos. Trasplante cada tres o cuatro años, ni antes: la kentia va mejor con el cepellón algo apretado y sufre mucho si se le desmenuzan las raíces. Temperatura mínima cómoda, 12 °C.

Chamaedorea elegans, la palmera de salón

Es la palmera barata de toda la vida, la que se vende en maceta de 12 cm y cabe en una estantería. Nativa de las selvas de Guatemala y el sureste de México, no pasa de dos metros ni en condiciones ideales, y en interior se queda en un metro largo. Tolera poca luz y locales frescos, hasta unos 10 °C sin daño.

Chamaedorea elegans, la palmera de salón, en maceta

Su punto débil es el sustrato compactado. Las macetas de producción vienen con turba muy fina y una docena de plantas apretadas; al segundo año esa turba se degrada, retiene agua y las raíces se asfixian. Trasplantar a los doce o dieciocho meses a un sustrato con un 30 % de perlita o fibra de coco alarga la vida de la planta varios años.

Otra Chamaedorea que merece la pena buscar es Chamaedorea seifrizii, la palmera bambú, de cañas finas y porte más alto, útil como pantalla verde en una esquina con luz media.

Dypsis lutescens, la areca

La areca (antes Chrysalidocarpus lutescens) es originaria de Madagascar y forma matas de muchos tallos con pecíolos amarillentos. Es la más vendida y también la que más se pierde, por un motivo concreto: necesita mucha más luz de la que sugiere su fama de planta de interior. En Madagascar crece a pleno sol o a media sombra, no en el sotobosque profundo. Colocada en una esquina oscura estira los tallos, pierde folíolos por abajo y en un año es un manojo de cañas peladas.

Sitio correcto: pegada a una ventana orientada al este o al sur con visillo, o incluso a sol directo de mañana. Y vigilancia constante de la araña roja, que la elige antes que a ninguna otra: aparece con la calefacción, se ve como punteado plateado en el envés y telarañas finísimas en las axilas. Se combate lavando el envés con agua y jabón potásico cada semana durante tres o cuatro semanas seguidas; una sola aplicación no sirve porque no mata los huevos.

Es muy sensible al flúor y al exceso de sales del agua del grifo, que se manifiestan como puntas quemadas. En zonas de agua dura conviene regar con agua de lluvia o mezclada, y lixiviar la maceta —regar en abundancia hasta que salga bastante agua por el drenaje— dos o tres veces al año.

Rhapis excelsa, la palmera bambú china

Se escribe Rhapis, no "Raphis"; el error de grafía está muy extendido en etiquetas de vivero. Es una palmera de abanico, con troncos delgados cubiertos de fibra parda y hojas palmeadas divididas en pocos segmentos anchos y romos.

Para un interior con poca luz es la mejor opción después de la kentia, y en algunos aspectos la supera: tolera sombra real, aire seco, corrientes y descuidos de riego, y sus raíces son gruesas y resistentes al trasplante. Crece con una lentitud exasperante, unos pocos centímetros al año, pero un ejemplar bien llevado dura décadas. En el sur de España aguanta también fuera, en patio sombreado, con heladas ligeras.

Se multiplica con facilidad separando los rizomas laterales en primavera, cosa que ninguna de las palmeras de un solo tronco permite.

Phoenix roebelenii, la palmera enana

Procede de las riberas del Mekong y es la única Phoenix de tamaño manejable en maceta: tronco corto y grueso, corona de hojas arqueadas de folíolos muy finos. Estéticamente es de las más agradecidas, pero pide luz alta —ventana muy clara o sol directo suave— y no perdona el encharcamiento.

Recordatorio de las espinas basales, que en esta especie son especialmente afiladas. Al podar hojas secas conviene guante grueso y cortar con el sentido de la hoja hacia fuera.

Licuala grandis, para quien pueda darle humedad

Hoja circular entera, plisada como un abanico de papel, de las más espectaculares del grupo. También de las más exigentes: viene de Vanuatu, quiere sombra, temperatura por encima de 18 °C todo el año y humedad relativa alta y sostenida. En un piso con calefacción de radiadores, donde la humedad baja del 30 % en enero, las hojas se rasgan y se secan por los bordes en pocas semanas.

Pulverizar las hojas no arregla esto: el efecto dura minutos y, en cambio, favorece manchas foliares. Si se quiere tener Licuala, la solución realista es un humidificador, un baño con luz o una vitrina cerrada. Sin eso, mejor otra especie.

Las que se venden para interior y no lo son

Archontophoenix cunninghamiana y Archontophoenix alexandrae aparecen a menudo en la sección de plantas de interior de los centros de jardinería. Son palmeras australianas de crecimiento rápido que llegan a quince o veinte metros y que, de jóvenes, toleran sombra parcial en clima húmedo. Dentro de un piso duran una temporada larga y luego decaen: piden más luz y más humedad de la que hay. Su sitio en España es el jardín en el litoral mediterráneo suave o Canarias, no el salón.

Lo mismo con Adonidia merrillii, la palmera de Navidad o de Manila (el nombre Veitchia merrillii que verás en muchas etiquetas es un sinónimo antiguo). Es una palmera tropical de Filipinas que necesita calor constante por encima de 15 °C y luz muy fuerte; en interior peninsular se estira y se llena de araña roja. Solo tiene sentido al aire libre en Canarias o en zonas litorales sin heladas.

Y la que más ilusión provoca y peor acaba: el cocotero. Los cocos germinados que se venden en verano no son plantas de interior ni de jardín peninsular. Cocos nucifera requiere humedad, calor y luz de nivel tropical durante todo el año, y en un piso español se agota en pocos meses. No es cuestión de cuidarlo mejor, es que las condiciones no existen.

Cuidados que valen para todas

Riego. Por tacto, no por calendario. Dedo dos o tres centímetros dentro del sustrato: si sale húmedo, no se riega. Y el plato se vacía siempre a los veinte minutos. Una maceta que se queda con el fondo en agua acaba con las raíces asfixiadas y con el cuello podrido; el síntoma engaña porque la planta se marchita como si tuviera sed y la reacción instintiva es regar más.

Ubicación. Lejos de la salida de aire del radiador, del aire acondicionado y de puertas que dan a la calle. Una corriente de aire frío en enero le hace más daño a una kentia que un mes sin riego.

Limpieza. Un paño húmedo por las hojas cada pocas semanas, sin abrillantadores. Además de dejar pasar más luz, es la manera de detectar araña roja y cochinilla antes de que la colonia esté establecida.

Poda. Solo hojas completamente secas y puntas necrosadas. Cortar hojas verdes para "dar forma" reduce la superficie fotosintética de una planta que ya vive con poca luz.

Trasplante. En primavera, subiendo un solo número de maceta y sin deshacer el cepellón. Las raíces de palmera son frágiles y regeneran mal; una maceta demasiado grande retiene agua sin raíces que la consuman y termina en podredumbre.

En resumen

Para un interior español con luz media, kentia (Howea forsteriana) o Rhapis excelsa; para poco espacio y presupuesto corto, Chamaedorea elegans; para una ventana muy luminosa, areca (Dypsis lutescens) o Phoenix roebelenii, con guantes para esta última. Licuala grandis solo si se puede sostener la humedad. Archontophoenix, Adonidia merrillii y el cocotero pertenecen al exterior sin heladas o al invernadero, por mucho que estén en el pasillo de interior.

Los cuidados se resumen en luz suficiente, riego por tacto con drenaje libre, abonado con potasio y magnesio de abril a septiembre y revisión periódica del envés de las hojas. Y una precaución que no es de cultivo: la "palmera de sagú" (Cycas revoluta) no es una palmera y es gravemente tóxica para los perros.


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