Espinas negras y duras, de varios centímetros, dispuestas en anillos apretados a lo largo de todo el tronco y repetidas en el raquis de las hojas. Es lo primero que conviene saber de Bactris gasipaes antes de decidir si tiene algún sitio cerca de una casa. Lo segundo es que su fruto no se come crudo.
Dicho esto, pocas plantas han pesado tanto en la alimentación del trópico americano. Chontaduro en Colombia, pejibaye en Costa Rica, pupunha en Brasil, pijuayo en Perú, cachipay o pixbae según la región. Alimenta a millones de personas desde hace milenios y sostiene la mayor parte de la producción mundial de palmito.
Cómo es la planta
Bactris gasipaes es una palmera cespitosa: no forma un tronco único, sino una cepa de la que brotan varios tallos, entre tres y ocho en cultivo y a veces más de una docena en plantas viejas. Cada tallo puede llegar a 15-20 metros de altura y a unos 15-25 centímetros de diámetro.
Las hojas son pinnadas, de dos metros y medio a tres y medio, con folíolos dispuestos de forma irregular y en varios planos, lo que da a la copa un aspecto plumoso y desordenado, muy distinto del peine perfecto de una Phoenix. La inflorescencia sale entre las hojas y produce racimos de gran tamaño: de cincuenta a varios cientos de frutos por racimo, con pesos que en plantas bien nutridas superan los diez kilos.
Los frutos son drupas ovoides o cónicas de dos a seis centímetros, con la piel de un naranja intenso, roja o amarilla según el cultivar, y una pulpa harinosa y fibrosa, cargada de almidón y de carotenoides. En el centro, una única semilla dura; algunos cultivares producen frutos partenocárpicos sin semilla.
Las espinas y por qué existen cultivares sin ellas
Las espinas del tronco son un problema práctico serio. Se clavan con facilidad, se rompen dentro del tejido y las heridas se infectan con frecuencia en ambiente húmedo. Cualquier manejo —cosecha, poda, limpieza de la cepa— exige guantes gruesos, manga larga y herramienta de mango largo. Plantada junto a un camino o donde jueguen niños, es una mala idea sin matices.
La domesticación seleccionó, entre otras cosas, individuos con menos espinas. Hoy existen cultivares prácticamente inermes, muy usados en las plantaciones de palmito precisamente porque abaratan la recolección. La variedad silvestre, Bactris gasipaes var. chichagui, considerada el ancestro del cultivo, va en la dirección contraria: frutos mucho más pequeños y una densidad de espinas todavía mayor.
Es un caso interesante de domesticación completa. La forma cultivada no se encuentra silvestre en ningún sitio: existe solo porque los pueblos amazónicos la seleccionaron durante miles de años, y depende de la mano humana para seguir existiendo tal como es.
El fruto se come cocido, nunca crudo
La pulpa cruda contiene rafidios de oxalato cálcico y otros compuestos que irritan la boca y la garganta y la vuelven áspera e indigesta. La cocción prolongada en agua con sal —de media hora a un par de horas según el tamaño y el cultivar— es lo que la hace comestible, y así se ha preparado siempre en su zona de origen. No es una recomendación gastronómica: es la razón por la que ese fruto se hierve.
Cocido y pelado, tiene una textura entre la castaña y el boniato, con un sabor suave y aceitoso. En Colombia se vende en la calle con sal y miel; en Costa Rica se sirve con mayonesa; en la Amazonía se muele para hacer harina y se usa en bebidas fermentadas tradicionales.
Nutricionalmente destaca por el almidón, por una cantidad de grasa muy superior a la de otras frutas —variable según el cultivar, desde poco más del 2 % hasta cifras notablemente altas en los tipos aceitosos— y por su contenido en carotenoides, que le dan el color anaranjado y aportan provitamina A. En España se encuentra congelado o ya cocido en tiendas de producto latinoamericano.
El palmito y el motivo de que sea cespitosa
El palmito es el cogollo tierno, el tejido joven que rodea al meristemo apical. Extraerlo implica cortar el tallo, y cortar el tallo mata ese tallo: una palmera de tronco único muere en la operación, que es exactamente lo que ocurrió con las especies silvestres explotadas para palmito en Sudamérica.
Bactris gasipaes resuelve ese conflicto porque la cepa rebrota. Se corta un tallo, se cosecha el palmito y la planta emite otros desde la base, de modo que la plantación produce de forma sostenida durante años sin volver a sembrar. Por eso desplazó al palmito silvestre en el comercio internacional y por eso Costa Rica, Ecuador, Brasil y Perú tienen plantaciones extensas de esta especie. En cultivo intensivo, con marcos muy densos y cultivares sin espinas, el primer corte llega en torno al año y medio.
La otra ventaja frente a otras palmeras de palmito es que el corte no se oxida tan rápido, lo que permite manipularlo sin que se ennegrezca de inmediato.
La madera y los demás usos
La parte exterior del tallo es una madera extraordinariamente dura y elástica, casi negra. Los pueblos amazónicos la usaron para arcos, lanzas, arpones y mangos de herramienta; hoy se aprovecha también para suelos y artesanía. Las hojas sirven de techumbre y las semillas se comen tostadas en algunas zonas.
La combinación de fruto harinoso, palmito comercial y madera dura en una misma planta explica su reputación de palmera útil: pocas especies cubren tantas necesidades a la vez, y prácticamente todo el material vegetal tiene un destino.
¿Se puede cultivar en España?
Conviene ser claro: no es una palmera de jardín para España, ni de interior. Sus exigencias son las de un cultivo tropical húmedo estricto:
Temperatura: media anual de 24-28 °C, sin estación fría. Por debajo de unos 15 °C el crecimiento se detiene y el frío sostenido daña el follaje. No tolera ninguna helada, ni siquiera una escarcha ligera.
Agua: precipitación abundante y bien repartida, del orden de 2.000 milímetros anuales o más, sin sequía marcada. En una plantación se riega para que el suelo no llegue a secarse.
Humedad ambiental: alta y constante. El aire seco del verano peninsular, con humedades del 25-30 %, quema los folíolos aunque el riego sea correcto.
Eso descarta toda la Península, incluido el litoral mediterráneo cálido: allí sobreviviría el verano y se arruinaría el primer invierno. En Canarias, en las zonas costeras más cálidas y con riego constante, puede vegetar en situaciones muy resguardadas, pero la baja pluviometría y el descenso nocturno de temperatura la mantienen lejos de su rendimiento real. En la práctica, en España es planta de invernadero tropical caliente, de colección botánica, no de terraza.
Como planta de casa tampoco funciona: necesita una luz que no hay dentro de una vivienda, alcanza tamaños imposibles y va armada de espinas. Para un salón hay palmeras hechas para eso, como Howea forsteriana o Chamaedorea elegans.
Cultivo bajo cubierta y semillas
En invernadero climatizado pide suelo profundo, ácido o ligeramente ácido y bien drenado —tolera suelos pobres y ácidos mejor que otras palmeras, pero responde con mucha claridad al abonado—, riego frecuente y una fertilización rica en nitrógeno y potasio, con atención al boro, cuya carencia deforma los cogollos en las plantaciones de palmito.
La propagación es por semilla, y aquí se decide el resultado antes de sembrar: la semilla de Bactris gasipaes es recalcitrante, es decir, no soporta la desecación. Pierde viabilidad en pocas semanas y muere si se seca o se guarda en frío como una semilla de hortaliza. Hay que sembrarla fresca, apenas cubierta, en sustrato húmedo y a 25-30 °C constantes; germina de forma irregular entre uno y tres meses. Una bolsita de semillas comprada por internet y llegada seca después de un mes de viaje casi nunca germina, por mucho que se la mime después.
Un aviso legal que se pasa por alto: traer semillas o plantas de palmera de un país no comunitario en el equipaje no está permitido sin certificado fitosanitario. Desde diciembre de 2019 la normativa europea de sanidad vegetal exige ese documento para prácticamente todo vegetal destinado a plantación procedente de terceros países, y las palmeras están además sometidas a controles reforzados por el picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) y el barrenador (Paysandisia archon). Lo correcto es adquirir el material a un proveedor con pasaporte fitosanitario.
Plagas y problemas
En su área de cultivo sufre sobre todo hongos foliares y pudriciones del cogollo en condiciones de exceso de humedad estancada, además de daños por roedores y aves en los racimos maduros.
Bajo cubierta en España, los problemas son los del invernadero: araña roja si se seca el ambiente, cochinillas en las axilas de las hojas y trips en los brotes tiernos. Bactris no figura entre los hospedadores del picudo rojo recogidos en la normativa europea, cuyo blanco principal es Phoenix canariensis, pero el movimiento de cualquier palmera está regulado y cualquier síntoma sospechoso en el cogollo debe comunicarse al servicio de sanidad vegetal de la comunidad autónoma.
En resumen
Bactris gasipaes es una palmera amazónica cespitosa, de tallos múltiples cubiertos de anillos de espinas, domesticada por completo hace miles de años y hoy fundamental por dos productos: el fruto harinoso rico en almidón y carotenoides —que se come siempre cocido, porque crudo irrita boca y garganta— y el palmito, que puede cosecharse sin matar la planta gracias a que la cepa rebrota. Su madera exterior, durísima, añade un tercer uso. En España no es una opción de jardín ni de interior: necesita calor constante por encima de 24 °C, lluvia abundante y humedad ambiental alta, y no soporta ni una helada. Quien quiera intentarlo necesita invernadero tropical, semilla fresca sembrada nada más recolectarla y material adquirido con su pasaporte fitosanitario en regla.