«Pelambrera» no describe a esta palmera: describe un error de traducción. En inglés se llama Florida thatch palm, y thatch significa paja de techar, no mata de pelo. Con sus hojas se cubrían los tejados de las casas del Caribe y de los cayos de Florida, y de ahí viene el nombre. Quien la busque esperando una planta greñuda se va a encontrar justo lo contrario: una palmera de abanico limpia, estrecha y de porte casi arquitectónico.

Su nombre científico es Thrinax radiata, y pertenece a la misma tribu que las palmas de guano caribeñas. Crece de forma natural en los cayos de Florida, Bahamas, Cuba, La Española, Jamaica y la costa caribeña de México y Belice, siempre en suelos calizos, muchas veces a pocos metros del agua salada. Ese origen condiciona todo lo que hay que saber para cultivarla.

Ejemplar de Thrinax radiata con su copa de hojas en abanico

Porte, hojas y frutos

Es una palmera de tronco único, sin hijuelos ni cepas laterales: lo que se planta es lo que habrá dentro de veinte años, solo que más alto. El estípite ronda los 10-15 cm de diámetro y raramente supera esa medida ni siquiera en ejemplares viejos, lo que la hace inusualmente delgada para su altura. En condiciones óptimas alcanza entre 6 y 10 metros; en cultivo fuera de su clima, bastante menos.

La copa reúne una veintena de hojas palmadas de verdad, es decir, con los segmentos saliendo en radio desde un punto, sin raquis curvado. Ese detalle la separa a simple vista de las Sabal, cuyas hojas son costapalmadas y se pliegan como una cuchara. El limbo mide en torno a un metro de ancho, es verde por las dos caras y termina en segmentos de puntas colgantes que se mueven con muy poco viento. En la unión del peciolo con el limbo aparece una hastula prominente e irregular, que es el rasgo diagnóstico del género.

Los peciolos no tienen espinas, algo que se agradece al limpiar y que la distingue del palmito (Chamaerops humilis), armado y cespitoso. Las inflorescencias salen entre las hojas, arqueadas y ramificadas, con flores pequeñas, cremosas y perfumadas que atraen muchísimos insectos. Después vienen los frutos: globosos, de unos 5 a 8 mm, y blancos al madurar. Ese color blanco es una pista útil en vivero.

Frutos blancos y redondeados de Thrinax radiata en la inflorescencia

Cómo no confundirla al comprarla

En el mercado circulan varias palmas caribeñas de abanico parecidas, y las etiquetas se equivocan con frecuencia. Merece la pena mirar tres cosas antes de pagar:

El envés de la hoja. Si es plateado o gris blanquecino, no es Thrinax radiata. Lo más probable es que sea una Coccothrinax argentata o una Coccothrinax emparentada, que además da frutos morados o casi negros. La pelambrera de Florida tiene las dos caras verdes.

La etiqueta con el nombre antiguo. Muchas macetas siguen rotuladas como Thrinax morrisii. Esa especie se separó del género en 2008 y hoy se llama Leucothrinax morrisii: es más pequeña, con el envés azulado y más resistente a la sequía. No es un sinónimo, es otra planta.

El fruto, si lo lleva. Blanco y pequeño, Thrinax. Cualquier otro color, hay que revisar.

Conviene añadir un apunte que no siempre se cuenta: en Florida la especie está protegida a nivel estatal por la regresión de su hábitat costero, y sus poblaciones silvestres son escasas. Comprar planta de vivero, propagada de semilla, es lo correcto; no hay ninguna razón para recolectar ejemplares silvestres.

Dónde se puede cultivar en España

Aquí está el límite real de la especie. Thrinax radiata es una palmera tropical y subtropical estricta. Aguanta bien las noches frescas, pero el frío de verdad la castiga: por debajo de 0 °C empieza a marcar las hojas, una helada de -2 °C quema el follaje y las heladas repetidas o prolongadas la matan, aunque el meristemo tarde meses en manifestarlo.

Traducido al mapa peninsular: en el interior no se plantea, ni en Madrid, ni en Castilla, ni en el valle del Ebro. En Canarias vive sin problemas en la costa. En la franja litoral de Málaga, Almería, Granada, Murcia y sur de Alicante puede prosperar en jardines abrigados y cerca del mar, donde las heladas son excepcionales, siempre asumiendo que un invierno malo puede costarle la vida. En Baleares y en el resto del litoral mediterráneo es una apuesta arriesgada. En la cornisa cantábrica, donde el problema no es tanto el frío intenso como el verano fresco y húmedo, no llega a coger fuerza.

La ventaja compensatoria es doble. Primera: viene de cayos calizos, así que tolera los suelos alcalinos mucho mejor que la mayoría de palmeras tropicales, y no se clorosa a las primeras de cambio en los suelos calcáreos del Levante. Segunda: resiste muy bien la salinidad, tanto del suelo como de la brisa marina. Es una candidata sensata para primera línea de playa donde el clima acompañe.

Exposición, suelo y riego

De adulta quiere sol pleno. Las plántulas y los ejemplares jóvenes, en cambio, agradecen semisombra durante los dos o tres primeros años, tal como crecen bajo la vegetación costera en su hábitat. Pasar de golpe una planta criada en umbráculo a pleno sol de julio en Almería produce un blanqueado y quemaduras que tardan una temporada entera en desaparecer; hay que aclimatarla en dos o tres semanas.

El suelo tiene que drenar. Arenoso, pedregoso o calizo le va perfecto; arcilloso compacto y encharcadizo, no. En maceta, una mezcla de tierra de jardín, arena gruesa o gravilla silícea y algo de materia orgánica, en proporciones parecidas, funciona bien. No necesita sustrato ácido ni turba rubia; de hecho, en agua de riego dura se comporta mejor que casi cualquier otra palmera de abanico exótica.

Riego moderado y espaciado. Durante el primer año, riegos regulares para que arraigue. Ya establecida es notablemente resistente a la sequía, y el exceso de agua le hace más daño que la falta: raíces asfixiadas, hojas nuevas pálidas y podredumbre del cogollo. En verano peninsular, un riego profundo cada 7-10 días en suelo, y en maceta cuando los primeros centímetros del sustrato estén secos. En invierno, casi nada.

Abonado: el potasio es lo que importa

La carencia que arruina el aspecto de esta palmera es la de potasio. Se manifiesta en las hojas más viejas: puntitos amarillos y anaranjados translúcidos, luego necrosis en las puntas de los segmentos, y un aspecto general de hoja mordida y seca por los bordes. Se confunde con falta de agua o con quemadura de sal, y se trata mal.

Aquí hay que corregir una costumbre muy extendida. Cuando aparecen esas hojas feas, el impulso es cortarlas. Es exactamente lo que no se debe hacer. La palmera está moviendo potasio desde las hojas viejas hacia las nuevas, porque es un elemento móvil; si se cortan, la planta lo saca de las siguientes y el problema se acelera hacia arriba hasta llegar al cogollo. Se deja la hoja puesta y se corrige la carencia por el suelo.

La pauta razonable es un abono específico para palmeras de liberación lenta, con relación alta en potasio y magnesio y con micronutrientes, repartido en dos o tres aplicaciones entre marzo y septiembre. Los abonos universales de jardín, muy nitrogenados, empeoran el desequilibrio: hacen crecer hoja sin el potasio para sostenerla.

Poda, o más bien la ausencia de ella

Solo se retiran las hojas completamente secas, y ni siquiera hay prisa. Cortar hojas verdes o semiverdes para «limpiar» la copa, el recorte en escoba que se ve en tantas urbanizaciones, deja la palmera sin reservas, la vuelve más sensible al frío y le abre heridas por donde entran hongos e insectos. Una copa completa es una copa sana.

El corte se hace con serrucho o tijera limpia, dejando la base del peciolo, que es fibrosa y se desprenderá sola con el tiempo. Nunca hay que tirar de las fibras del tronco ni rascarlo: por ahí se entra al tejido vivo.

Multiplicación por semilla

Al no producir hijuelos, la única vía es la semilla. Se recogen los frutos blancos maduros, se despulpan bien —la pulpa fermenta y favorece los hongos— y se siembran frescos, porque pierden viabilidad con relativa rapidez.

Sustrato ligero, siembra a un centímetro de profundidad, humedad constante sin encharcar y calor de fondo de 25-30 °C. Con eso germinan en unas 6 a 12 semanas, aunque no es raro que algunas semillas tarden varios meses y que la nascencia sea escalonada. Ese es el motivo de que tantos semilleros se den por fallidos antes de tiempo: hay que mantener las macetas húmedas y templadas al menos medio año antes de descartarlas.

El crecimiento posterior es lento. Los primeros años la plántula solo emite hojas simples o poco divididas y no forma tronco visible hasta pasado un buen tiempo. Precisamente por eso aguanta muy bien en maceta durante años, lo que la convierte en una opción viable en zonas frías si se invierna en invernadero o galería a un mínimo de 10-12 °C.

Plagas y problemas frecuentes

En España, las dos plagas que preocupan en palmeras son el picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus), que ataca sobre todo a Phoenix canariensis, y la paysandisia (Paysandisia archon), que tiene un rango de hospedantes más amplio. Thrinax radiata no está entre sus objetivos preferentes, pero no conviene confiarse en zonas con presión alta. Cualquier sospecha de picudo debe comunicarse al servicio de sanidad vegetal de la comunidad autónoma: es una plaga regulada y hay protocolos oficiales de tratamiento y destrucción.

Más habituales en el día a día son la cochinilla algodonosa y la araña roja en ejemplares cultivados en interior o en invernadero con aire seco, y la podredumbre del cogollo por exceso de riego o por agua estancada en la corona tras un invierno frío y lluvioso. Las manchas foliares por hongos suelen ser secundarias a un problema nutricional o de encharcamiento; se corrige la causa antes que aplicar fungicidas.

En resumen

Thrinax radiata es una palmera de abanico de tronco fino y solitario, de 6 a 10 metros, hojas verdes por ambas caras, frutos blancos y peciolos sin espinas. Su nombre castellano viene de la paja de techar, no de ninguna melena.

Es tolerante a la caliza y a la sal, lo que la hace muy apta para jardines litorales, y sensible al frío, lo que la limita a Canarias y a los enclaves costeros más suaves del sureste peninsular. Necesita suelo drenante, sol de adulta, riego moderado y un abonado rico en potasio y magnesio. Las hojas viejas amarillentas no se cortan: se alimenta la planta. Y la poda se reduce a retirar lo que ya está seco. Con eso, y con la paciencia que exige su crecimiento lento, se tiene una palmera de líneas limpias que ocupa muy poco espacio en el suelo.


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