Los Lilium, que en España llamamos azucenas o lirios, son bulbosas de flor grande que se plantan a final de invierno y florecen entre junio y agosto. Su bulbo no se parece al de un tulipán: está formado por escamas carnosas sin túnica que lo proteja, y eso condiciona todo su manejo, porque se deshidrata con facilidad y no admite estar meses en un cajón.
Antes de seguir, una advertencia que casi nunca aparece en las guías: los Lilium son gravemente tóxicos para los gatos. La ingestión de cualquier parte de la planta, incluido el polen que se les queda en el pelo y luego se lamen, puede causarles un fallo renal agudo. En una casa con gatos, no debe haber azucenas ni en maceta ni en el jarrón.
La planta
El género Lilium pertenece a la familia de las liliáceas y reúne alrededor de un centenar de especies repartidas por las zonas templadas del hemisferio norte, con centros importantes en Asia oriental, Europa y Norteamérica.
Del bulbo escamoso sale un tallo único, sin ramificar, que lleva las hojas dispuestas en espiral o en verticilos y remata en un grupo de flores. La altura habitual va de 60 centímetros a metro y medio, y algunos híbridos modernos pasan de los dos metros.
La flor tiene seis tépalos y adopta tres formas básicas: trompeta, copa abierta y turbante, esta última con los tépalos vueltos completamente hacia atrás, como en el martagón (Lilium martagon), una especie silvestre presente en montañas del norte peninsular.
Un detalle de anatomía que importa al plantar: muchas especies emiten raíces en el tallo, por encima del bulbo, además de las basales. Esas raíces solo se forman si hay tierra alrededor del tallo, y de ahí que el bulbo deba enterrarse bastante más de lo que uno esperaría.
Los grupos de híbridos
En el vivero se venden sobre todo híbridos, y saber a qué grupo pertenece la etiqueta predice el perfume, la época de floración y la exigencia de suelo.
- Híbridos asiáticos. Los más fáciles y más baratos. Flores erguidas o abiertas, en una gama amplísima de colores, tallos firmes y floración temprana, en junio. Prácticamente no tienen perfume, cosa que sorprende a quien compra pensando en el olor de una azucena. Toleran bien suelos neutros y calizos.
- Híbridos orientales. Flores muy grandes, a menudo con manchas y borde ondulado, y perfume intenso. Florecen más tarde, en julio y agosto. Prefieren suelo ácido o al menos sin exceso de caliza, y en el este y el sur peninsular es más práctico cultivarlos en maceta con sustrato para plantas acidófilas.
- Híbridos de Lilium longiflorum. La trompeta blanca alargada y perfumada que se usa mucho en flor cortada.
- Híbridos OT u orienpet. Cruce entre orientales y trompetas. Muy vigorosos, con tallos altos y flores enormes, perfumados, y con mejor tolerancia al calor que los orientales puros.
Aparte va la azucena blanca de toda la vida (Lilium candidum), cultivada en la Península desde hace siglos, la de los patios andaluces. Tolera bien la caliza y tiene un ciclo distinto: se planta a finales de verano, forma en otoño una roseta de hojas que pasa el invierno verde y florece en junio. Además, y esta es su particularidad, se planta casi en superficie, con apenas dos o tres centímetros de tierra por encima, al revés que el resto del género.
Cuándo y cómo plantar los bulbos
La plantación de los híbridos se hace de enero a marzo, en cuanto se encuentran los bulbos, o bien en otoño en zonas de invierno suave. Lo que no admite es esperar: un bulbo de lilium que lleva semanas en una bolsa se arruga y pierde escamas, y de ahí salen plantas cortas y sin flor. Al comprarlo debe estar firme, carnoso y con las raíces basales todavía presentes.
La profundidad es la clave. Como norma se entierra a una profundidad de unas tres veces la altura del bulbo, es decir, entre 12 y 20 centímetros según su tamaño, para que se formen las raíces del tallo y para que la planta se sostenga sin tutor. La única excepción es Lilium candidum, que va casi a ras.
Se plantan en grupos de tres, cinco o siete, con unos 15 o 20 centímetros entre bulbos y colocados de forma irregular, que queda mucho mejor que en fila. En maceta hace falta profundidad real: un tiesto de al menos 30 centímetros de fondo.
El suelo debe ser suelto, profundo y con muy buen drenaje, rico en materia orgánica bien descompuesta. En terrenos arcillosos, el bulbo se pudre en el primer invierno lluvioso; ahí se planta en caballón, con un puñado de arena gruesa bajo el bulbo, o directamente en maceta.
Los bulbos son más fáciles de encontrar por internet que en el vivero de barrio, sobre todo si se busca un tipo concreto. Se venden lotes de bulbos de lirios asiáticos, que son la opción sensata para empezar y para suelos calizos, y también bulbos sueltos de híbridos OT de flor gigante, más caros y más espectaculares, que necesitan un sitio abrigado del viento por la altura que alcanzan. Conviene plantarlos en cuanto llegan.
Sol, riego y abonado
La regla clásica del lilium es la cabeza al sol y los pies a la sombra. La parte aérea quiere luz, seis horas o más, pero el bulbo y las raíces necesitan permanecer frescos, algo difícil en un verano del interior peninsular. Se consigue de dos maneras: con un acolchado de corteza, paja o compost sobre el suelo, y plantando entre herbáceas o arbustos bajos que den sombra al pie sin taparle la luz.
También conviene protegerlos del viento fuerte: un tallo de metro y medio cargado de flores se parte con una racha, y en zonas expuestas es razonable poner un tutor discreto.
Riego. Regular durante todo el crecimiento y la floración, sin encharcar y dejando que la capa superficial se oree entre riegos. Cuando la planta amarillea a final de verano se reduce el riego, y en invierno el bulbo debe estar en suelo apenas húmedo.
Abonado. Nada de abonos ricos en nitrógeno, que dan tallos blandos que se tumban y favorecen la podredumbre. Un abono equilibrado o con predominio de potasio, aplicado al brotar y de nuevo antes de la floración, va mucho mejor.
Después de florecer. Se cortan las flores marchitas para que no cuaje semilla, pero el tallo con sus hojas se deja hasta que se seca del todo, en otoño, porque es lo que recarga el bulbo. Si se corta flor para jarrón, hay que dejar al menos un tercio del tallo con hojas en la planta, y conviene retirar las anteras, cuyo polen mancha la ropa y es peligroso si hay gatos en casa.
Los bulbos pueden quedarse en el suelo de un año para otro; solo se levantan si hay que dividir la mata, cada tres o cuatro años, cuando las flores se hacen más pequeñas.
Multiplicación
La forma más rápida es separar los bulbillos que se forman alrededor del bulbo principal o sobre el tallo enterrado, y plantarlos aparte; tardan uno o dos años en dar flor.
La segunda, típica del género, es el escamado: se desprenden escamas sanas del bulbo, se colocan en una bolsa con sustrato ligeramente húmedo y se mantienen en un sitio templado y oscuro hasta que en la base de cada escama se forma un bulbillo. Es un método sencillo que aprovecha bien un bulbo grande.
Algunas especies, como Lilium lancifolium, producen bulbillos aéreos en las axilas de las hojas, que se recogen y se siembran directamente. La semilla también funciona, pero tarda varios años en dar flor.
Problemas
El criocero del lirio (Lilioceris lilii) es la plaga característica: un escarabajo rojo brillante de unos 8 milímetros, muy visible, cuyas larvas se cubren de sus propios excrementos y devoran las hojas a gran velocidad. En un jardín doméstico se controla revisando las plantas y retirando adultos, larvas y huevos a mano; es tedioso, pero eficaz y sin efectos secundarios.
La botritis aparece en primaveras húmedas como manchas pardas ovaladas en las hojas que acaban secando la planta. Se previene aireando la plantación, regando al pie y retirando los restos vegetales del año anterior.
La podredumbre del bulbo viene del suelo encharcado y no tiene remedio una vez instalada: la solución es el drenaje. Y en jardines con ratones de campo conviene saber que estos roen los bulbos escamosos durante el invierno.
En resumen
El lilium se planta entre enero y marzo, con el bulbo enterrado a unas tres veces su altura, en suelo suelto, profundo y bien drenado, con la parte aérea al sol y el pie protegido por un acolchado. Los híbridos asiáticos son los más fáciles y toleran la caliza, aunque no huelen; los orientales y los OT son los perfumados y prefieren suelo sin exceso de cal, lo que en gran parte de España aconseja cultivarlos en maceta.
Después de la flor se retiran solo las flores marchitas y se deja secar el tallo, que es lo que recarga el bulbo para el año siguiente. Y no hay que olvidar lo más importante: cualquier Lilium, incluido su polen, es gravemente tóxico para los gatos, así que en una casa con gatos no debe entrar. Ante una ingestión, del animal o de una persona, hay que acudir de inmediato al veterinario o al médico.