El jacinto (Hyacinthus orientalis) es el bulbo de flor más perfumado que se planta en otoño. De cada bulbo sale una espiga compacta con veinte o treinta florecillas estrelladas, y su olor llena una habitación entera, hasta el punto de resultar excesivo en un dormitorio pequeño.
Se planta entre octubre y diciembre para florecer en marzo y abril, o se fuerza en frío para tenerlo en flor en pleno invierno dentro de casa, incluso en un vaso con agua y sin nada de tierra. Conviene saber desde el principio dos cosas: el bulbo es tóxico y su manipulación irrita la piel, y en el clima español la flor pierde calidad muy rápido, así que se trata prácticamente como planta de temporada.
La planta
El jacinto es originario del Mediterráneo oriental, de la zona de Turquía, Siria y Líbano. Se clasifica hoy en la familia de las asparagáceas, aunque en la bibliografía antigua aparece encuadrado en las liliáceas.
Es un bulbo tunicado de buen tamaño, con las túnicas exteriores del color de la variedad: moradas en las azules y violetas, claras en las blancas. De él salen de cuatro a seis hojas acintadas, carnosas y de verde intenso, y un escapo grueso que lleva la espiga. La planta entera se queda en torno a los 20 o 30 centímetros.
Los colores van del azul intenso al blanco, pasando por rosas, malvas, salmones, amarillos claros y granates. La forma clásica de espiga apretada corresponde a los llamados jacintos de Holanda, que dan una única inflorescencia gruesa por bulbo. Existe también un tipo de jacinto romano, más suelto y ramificado, que produce varias espigas finas por bulbo y florece antes.
No hay que confundirlo con el nazareno o jacinto de penacho (Muscari), que es otro género de flor mucho más pequeña y azul oscuro, ni con el jacinto de agua (Eichhornia crassipes), una planta acuática flotante sin ninguna relación con esta.
Cuándo y cómo se plantan los bulbos
La época de plantación en España va de octubre a diciembre, cuanto más al sur, más tarde. El bulbo necesita pasar frío en el suelo para desarrollar la espiga, y ese requisito condiciona todo el resultado.
Se elige un bulbo grande, duro al tacto, sin manchas blandas ni golpes. El tamaño importa aquí más que en otras bulbosas, porque la espiga que sale ya está formada dentro y depende de las reservas acumuladas en vivero.
La plantación en el jardín se hace a unos 10 o 12 centímetros de profundidad, con la punta hacia arriba y la base plana hacia abajo, y con una separación de 10 a 15 centímetros entre bulbos. En maceta se puede plantar algo más superficial y más apretado, incluso con el ápice asomando, porque el efecto de un grupo de tres o cinco juntos es mucho mejor que el de uno suelto.
El suelo tiene que drenar bien y estar mullido en profundidad, con materia orgánica bien descompuesta y sin estiércol fresco. Un suelo compactado y encharcado en invierno pudre el bulbo, y ese es el fallo más habitual. En terreno pesado conviene plantar en jardinera o levantar el arriate.
La ubicación es a pleno sol o con sol de mañana. Los bulbos se venden por lotes en cualquier centro de jardinería en temporada, y también se encuentran paquetes de bulbos de jacinto en colores variados, que salen a cuenta cuando se quiere plantar una jardinera entera y no importa el detalle de la variedad concreta.
Riego, abono y cuidados
Riego. Desde la plantación hasta el final de la floración el suelo debe mantenerse fresco, sin llegar a encharcarse nunca. En el jardín, con las lluvias de invierno suele bastar; en maceta hay que regar con regularidad porque el sustrato se seca deprisa. Cuando la hoja empieza a amarillear se reduce el riego hasta suspenderlo.
Abonado. Un abono para bulbosas, bajo en nitrógeno, aplicado al asomar el brote y de nuevo al terminar la flor. El segundo es el que importa si se pretende conservar el bulbo, porque es cuando se recargan las reservas.
Después de la flor. Se corta la vara floral por la base para que no forme semillas, y se dejan las hojas hasta que se secan solas. Cortarlas verdes garantiza que el año siguiente no haya flor.
Sujeción. En variedades de espiga muy gruesa, y sobre todo en bulbos forzados, la inflorescencia pesa y se tumba. Una caña fina o plantarlos algo más profundos ayuda.
Qué esperar en el clima español
Aquí conviene ser realista. El jacinto no se naturaliza como el narciso: no forma matas que vuelvan cada año a más. Ya en la segunda temporada la espiga sale más suelta y con menos flores, y en la tercera queda un manojo de florecillas dispersas que poco tiene que ver con la del primer año.
En el norte peninsular y en zonas de interior con invierno frío se puede mantener dos o tres años en el jardín con resultados aceptables. En el litoral mediterráneo, en Andalucía y en Canarias, donde el invierno no aporta el frío suficiente, el rendimiento cae muchísimo a partir del primer año y lo práctico es tratarlos como planta de temporada y reponer bulbos.
Si se quieren conservar, se levantan los bulbos cuando la hoja se ha secado, se limpian de tierra, se dejan orear a la sombra y se guardan en un sitio oscuro, seco y fresco hasta la plantación siguiente, con la punta hacia arriba y sin que se toquen entre ellos.
Forzado en interior y jacinteros
Forzar un jacinto consiste en darle artificialmente el invierno que necesita para adelantar su floración. Se hace así: los bulbos plantados en maceta, o metidos en una bolsa con sustrato ligeramente húmedo, se guardan a oscuras y en frío, entre 4 y 9 grados, durante unas diez a trece semanas, hasta que aparece el brote y las raíces han llenado el recipiente.
Si se usa el frigorífico, hay un detalle que arruina el trabajo: no deben guardarse junto a fruta. El etileno que desprenden manzanas y peras daña la flor en formación, y el bulbo brota sin espiga. Después del frío se sacan a un sitio luminoso pero no caliente, alrededor de 15 a 18 grados; con calefacción fuerte la flor se estira y dura poco.
El jacintero es un vaso de cristal con la boca estrechada, pensado para cultivar el bulbo en agua. El bulbo se apoya en el cuello y el agua se llena hasta quedar justo por debajo de su base, sin tocarla: solo las raíces deben llegar al agua. Se mantiene en frío y a oscuras hasta que las raíces llenan la parte inferior y el brote arranca, y entonces se pasa a la luz.
El agua se cambia cada una o dos semanas. Un trocito de carbón vegetal en el fondo ayuda a mantenerla limpia; añadir sal, en cambio, no aporta nada y no es una práctica recomendable.
Sirve cualquier recipiente con esa forma. Se venden juegos de varios vasos de cristal, cómodos si se quiere una hilera en la ventana, y también vasos sueltos de cuello estrecho para un solo bulbo. Lo único que hay que comprobar es que el cuello sujete el bulbo por encima del agua.
El bulbo forzado, y muy especialmente el cultivado en agua, agota sus reservas por completo. Lo normal es desecharlo al terminar; recuperarlo para el jardín es posible, pero tardará dos o tres años en volver a dar una flor decente.
Problemas y plagas
La podredumbre del bulbo, por hongos o bacterias, es el problema principal y casi siempre tiene su origen en exceso de humedad o en un bulbo ya dañado. Los bulbos blandos o con manchas hundidas se descartan antes de plantar.
En primavera aparecen pulgones en el escapo y en las flores, que se retiran con un chorro de agua o con jabón potásico. En el suelo pueden atacar nematodos y la mosca de los bulbos, que vacía el bulbo por dentro; en jardines domésticos la medida útil es no repetir bulbosas varios años en el mismo sitio y descartar el material afectado.
Cuidado: bulbo tóxico e irritante
El jacinto es tóxico por ingestión para personas y animales domésticos, con el bulbo como parte más peligrosa. Además, sus tejidos contienen cristales de oxalato que provocan picor y dermatitis en quien manipula muchos bulbos seguidos, un problema conocido entre quienes trabajan con ellos.
Por eso conviene plantarlos con guantes, no dejar los bulbos al alcance de niños ni de perros y gatos, y no guardar la caja en la cocina junto a los alimentos. Ante una ingestión hay que acudir al médico o al veterinario.
En resumen
El jacinto se planta entre octubre y diciembre a unos diez centímetros de profundidad, en suelo suelto y bien drenado, a pleno sol, y florece en marzo o abril con una espiga muy perfumada. Después de la flor se corta la vara pero no las hojas, y se deja que se sequen solas.
Su punto débil es que degenera rápido, sobre todo en las zonas templadas de España, donde le falta frío invernal: lo razonable es tratarlo como planta de temporada y reponer bulbos. Forzarlo en frío durante diez o trece semanas permite tenerlo en flor en pleno invierno, en maceta o en un jacintero con el bulbo sobre el agua sin tocarla, y en ese caso el bulbo se agota y se desecha. En todo momento hay que recordar que se trata de una planta tóxica por ingestión y de un bulbo irritante al manipularlo.