El gladiolo se planta en primavera y florece en verano, en espigas de doce a veinte flores que se abren de abajo arriba a lo largo de varias semanas. Es la bulbosa de flor cortada por excelencia y la que más rendimiento da por metro cuadrado de arriate, con una virtud práctica que se aprovecha poco: como la floración llega entre setenta y cien días después de plantar, escalonando plantaciones cada dos semanas se tiene flor de junio a octubre sin esfuerzo adicional.
Tampoco es un bulbo, aunque se venda en esa sección. Es un cormo: un tallo subterráneo engrosado y macizo, sin las capas concéntricas de una cebolla. La diferencia importa a la hora de conservarlo, porque el cormo se agota cada temporada y se sustituye por otro nuevo formado encima.
| Nombre científico | Gladiolus, y en jardinería los híbridos de flor grande |
|---|---|
| Nombre común | Gladiolo, espadaña, espadilla |
| Familia | Iridáceas |
| Órgano de reserva | Cormo |
| Altura | 60 a 150 cm según variedad |
| Floración | Verano, de 70 a 100 días tras la plantación |
| Ubicación | Pleno sol y resguardo del viento |
| Suelo | Suelto y con buen drenaje |
El género y el gladiolo español
El género Gladiolus reúne unas trescientas especies, y la gran mayoría son sudafricanas. De ahí salen los híbridos de flor grande que se venden hoy, obtenidos a lo largo del siglo XIX y XX por cruces sucesivos entre varias especies del Cabo, con la enorme paleta de colores que los caracteriza. No hay azules verdaderos: lo que se anuncia como gladiolo azul es un malva o un lila.
Un puñado de especies son mediterráneas y crecen de forma silvestre en España, y merece la pena conocerlas porque no se parecen en nada al gladiolo de floristería. Gladiolus italicus es una mala hierba clásica de los cereales, con espigas sueltas de un rosa purpúreo que en mayo tiñen los bordes de los trigales. Gladiolus communis y Gladiolus illyricus aparecen en pastos y claros de monte. Son plantas mucho más finas y bastante más resistentes al verano seco que los híbridos.
Cómo es la planta
Del cormo sale un abanico de hojas rígidas, lineares y agudas, que es de donde viene el nombre: gladius es espada en latín. Entre ellas emerge una única vara floral, sin ramificar, que sostiene una espiga unilateral con las flores mirando todas hacia el mismo lado.
Cada flor tiene seis tépalos desiguales y las hay desde miniatura, de cuatro o cinco centímetros, hasta las gigantes que superan los quince. Abren de forma escalonada desde la base de la espiga, y esa apertura progresiva es lo que da a la vara cortada quince días de jarrón.
El punto débil de la planta es mecánico. Una vara de metro y medio cargada de flores es una vela, y una tormenta de verano la tumba o la parte. Hay que contarlo desde el diseño: sitio resguardado del viento, tutor individual o, en plantación de varias filas, una malla horizontal por la que crezcan los tallos.
Cuándo plantar en España
El cormo de gladiolo no resiste las heladas, así que la fecha depende de la última helada probable de cada zona.
- Litoral mediterráneo, sur y Canarias: desde finales de febrero. Se puede escalonar hasta junio o julio.
- Interior peninsular: a partir de marzo o abril, cuando el suelo se ha templado. Plantar en tierra fría solo retrasa la brotación y aumenta el riesgo de podredumbre.
- Norte y zonas de montaña: abril y mayo, con especial atención al drenaje.
La regla del escalonado es la que de verdad cambia el resultado: plantar un lote cada dos o tres semanas en lugar de todo de golpe.
Cómo se plantan
- Profundidad: de diez a quince centímetros. Es más de lo que la gente supone, y es lo que sujeta la vara: un gladiolo plantado somero se tumba con seguridad. Si se van a poner tutores, se puede quedar en el extremo bajo del rango.
- Distancia: de diez a quince centímetros entre cormos, y unos treinta entre filas si se plantan en línea para corte.
- Disposición: para el arriate, grupos irregulares de números impares quedan mucho mejor que las filas.
- Orientación: la yema hacia arriba. Si no se distingue, se planta de lado.
- Preparación del suelo: mullido a unos veinticinco centímetros, con compost incorporado en otoño o al menos unas semanas antes, para que no quede en contacto directo con el cormo.
Cuidados
Sol. A pleno sol, sin discusión. En sombra se estira, se tumba y no florece bien. Sí aguanta el verano cálido español mejor de lo que suele decirse: lo que acorta la duración de cada flor no es el calor moderado sino el golpe de calor seco con viento.
Riego. Riego a fondo en la plantación y hasta que aparecen los primeros brotes; a partir de ahí, riegos espaciados que mantengan el suelo húmedo sin llegar al encharcamiento. El momento crítico es cuando la espiga está formándose y empezando a abrir: si le falta agua ahí, la vara sale corta o aborta. Riego al pie, no por aspersión.
Abonado. Se empieza cuando la planta tiene ya unos quince centímetros, no antes. Se aplica a diez o doce centímetros del tallo, nunca pegado. Interesa un abono con más potasio que nitrógeno: el exceso de nitrógeno da hoja blanda, tallos débiles y más problemas de podredumbre.
Corte. Si se corta para jarrón, se hace cuando las dos flores inferiores de la espiga empiezan a mostrar color, por la mañana temprano. Y hay que dejar en la planta al menos cuatro hojas: son las que van a rehacer el cormo para el año siguiente. Cortar la vara al ras arruina la cosecha de cormos.
Plagas y enfermedades
El gladiolo tiene un enemigo principal y hay que nombrarlo bien, porque la confusión es habitual.
El trips del gladiolo (Thrips simplex) es un insecto diminuto que raspa hojas y flores. Deja rayas plateadas, bordes pardos y capullos que no llegan a abrir, y en ataques fuertes la espiga sale directamente inservible. Es una plaga de insectos, no un hongo, de modo que un fungicida no hace absolutamente nada contra ella. La clave de su control está en el almacenamiento: el trips pasa el invierno en los cormos guardados, y por eso la revisión y la limpieza de los cormos antes de guardarlos, descartando los que muestren manchas corchosas, vale más que cualquier tratamiento en el jardín.
Fusarium (Fusarium oxysporum f. sp. gladioli) es la enfermedad seria. Se manifiesta con hojas que amarillean desde las puntas, floración pobre y un cormo que se pudre en seco, con anillos pardos al cortarlo. No tiene solución una vez instalada: se retiran y se destruyen las plantas y los cormos afectados, no se compostan, y no se vuelve a plantar gladiolo en ese punto durante varios años. Favorecen su aparición el suelo mal drenado, el suelo ácido y los abonados nitrogenados amoniacales.
Botritis en primaveras húmedas, con manchas acuosas en flores y hojas, y pulgones, caracoles y babosas sobre los brotes tiernos, que son problemas menores. Contra los moluscos funcionan las barreras y la recogida manual; la sal no, porque estropea el suelo.
Si en algún caso se decide tratar, el criterio en España es siempre el mismo: producto autorizado para jardinería exterior doméstica, la dosis que figure en la etiqueta del envase, y nunca en floración ni en horas de vuelo de las abejas.
Multiplicación
El gladiolo se multiplica solo. Cada temporada, encima del cormo viejo se forma uno nuevo, y alrededor aparecen cormillos del tamaño de un guisante o menores.
Al levantar la planta se separan esos cormillos y se guardan aparte, clasificados por variedad y color, porque si se mezclan ya no hay forma de saber qué es cada cosa. Se plantan la temporada siguiente en un rincón de cultivo, no en el arriate de exhibición, y necesitan una o dos temporadas para alcanzar el tamaño de floración.
Conservar los cormos en invierno
En zonas de invierno suave y suelo bien drenado se pueden dejar en tierra, cubriendo con un acolchado de paja o compost. En el resto, lo prudente es levantarlos.
- Se levantan unas seis a ocho semanas después de la floración, cuando las hojas empiezan a amarillear.
- Se corta el tallo a un centímetro del cormo.
- Se sacude la tierra y se dejan curar de dos a tres semanas en un sitio aireado, seco y templado, a la sombra.
- Ya secos, se retira el cormo viejo y arrugado que queda debajo del nuevo, que se descarta, y se limpian las escamas sueltas.
- Se revisan uno a uno y se descartan los blandos, los golpeados y los que muestren manchas, que son la vía de entrada de los problemas del año siguiente.
- Se guardan en bolsas de malla o de papel, nunca en plástico cerrado, en un sitio seco, oscuro y fresco, y etiquetados por variedad.
Comprar cormos
En temporada se encuentran en cualquier centro de jardinería, aunque casi siempre en mezclas. Comprar por internet permite elegir color concreto, que es lo que interesa cuando se planta pensando en el diseño del arriate o en el ramo: un lote de cormos de gladiolo blanco es la base más fácil de combinar y la que mejor se comporta como separador entre masas de color. Al recibirlos hay que mirar que estén firmes, secos y sin manchas blandas, y plantarlos en cuanto pase el riesgo de helada.
En resumen
El gladiolo es una iridácea de cormo, mayoritariamente sudafricana, que se planta en primavera cuando ha pasado la helada y florece de setenta a cien días después en espigas unilaterales. Escalonar las plantaciones cada dos o tres semanas alarga la temporada hasta el otoño, y plantar hondo, de diez a quince centímetros, es lo que evita que la vara se tumbe.
Pide sol pleno, suelo suelto y drenado, riego constante durante la formación de la espiga y abono con más potasio que nitrógeno. Sus dos problemas de verdad son el trips, que se controla en el almacén y no con fungicidas, y el fusarium, que no tiene remedio y obliga a descartar material y cambiar de sitio. Y si se corta la flor, hay que dejar cuatro hojas en la planta para tener cormo el año que viene.