La fresia se planta en otoño y florece al final del invierno o en la primera primavera, cuando el jardín todavía no tiene casi nada. Ese es su argumento, junto con un perfume que es de los más intensos que da una planta de bulbo. A cambio pide dos cosas concretas: temperaturas suaves durante su desarrollo y que no se le hiele el cormo.

No es un bulbo, aunque se venda en la caja de los bulbos: es un cormo, un tallo subterráneo engrosado, macizo, sin las capas de un bulbo de tulipán. La distinción importa para la conservación, porque un cormo agotado se sustituye por otro nuevo cada temporada y lo que se guarda de un año para otro no es exactamente lo que se plantó.

fresia
Nombre científicoFreesia spp., y en jardinería sobre todo Freesia × hybrida
Nombre comúnFresia, fresias
FamiliaIridáceas
OrigenSur de África, la mayoría de las especies de la región del Cabo
Órgano de reservaCormo
FloraciónDel final del invierno a la primavera, según fecha de plantación
UbicaciónSol o media sombra; media sombra donde el sol de mediodía sea fuerte
RiegoSuelo fresco durante el crecimiento y la floración, sin encharcar

Qué es una fresia y de dónde viene

El género Freesia reúne poco más de una docena de especies, casi todas del sur de África y con su mayor concentración en la provincia del Cabo. Allí el ciclo es el propio del clima mediterráneo del hemisferio sur: los cormos brotan con las lluvias del otoño austral, florecen en invierno y en primavera temprana y pasan el verano seco dormidos bajo tierra. Ese es el calendario que hay que reproducir aquí, y explica por qué en un jardín peninsular la fresia funciona como bulbosa de otoño y no de primavera.

Lo que se compra en el comercio casi nunca es una especie pura, sino Freesia × hybrida, el conjunto de cultivares obtenidos a partir del cruce de varias especies del género. De ahí salen las variedades dobles, la gama de colores que va del blanco al rojo pasando por el amarillo, el naranja, el rosa y el malva, y los tallos más largos que se usan para flor cortada.

Cómo es la planta

Del cormo sale un solo brote con hojas envainadoras dispuestas en abanico, largas, estrechas y de un verde oscuro. Entre ellas emerge la vara floral, que hace algo muy característico: se dobla casi en ángulo recto cerca del extremo y las flores se disponen en una espiga unilateral, todas mirando hacia arriba desde ese tramo horizontal. Es el rasgo por el que se reconoce una fresia sin verle la flor.

Cada espiga lleva del orden de media docena de flores en forma de embudo, de tres o cuatro centímetros, que abren de forma escalonada de la base hacia la punta. El conjunto de la planta se queda habitualmente entre treinta y sesenta centímetros, y el peso de la floración hace que la vara se tumbe: si se quiere para cortar, el entutorado o una malla horizontal por la que crezcan los tallos no es opcional.

El aroma, con una precisión

La fresia está entre las flores más perfumadas que se pueden tener en el jardín, y el aroma es más intenso en las variedades blancas y amarillas que en las de colores fuertes. Hasta ahí, lo que dice todo el mundo y es cierto.

Lo que conviene matizar es el paso siguiente. Se lee a menudo que la fresia se cultiva para la industria del perfume, y no es así: como el muguete, es una de las llamadas flores mudas, de las que no se obtiene un extracto aromático por los métodos habituales. La nota de fresia de las perfumerías es una reconstrucción de laboratorio, no un aceite esencial de la flor.

Cuándo plantar en España

El calendario depende sobre todo del frío que haga en invierno, porque los cormos de fresia no soportan la helada.

  • Litoral mediterráneo, sur y Canarias: plantación de septiembre a noviembre, directamente en el jardín. Floración entre febrero y abril.
  • Interior peninsular y zonas con heladas frecuentes: dos opciones. Plantar en maceta en otoño y guardarla en un lugar fresco y luminoso pero libre de helada, o esperar al final del invierno y plantar en el jardín cuando ya no se esperen heladas fuertes, sabiendo que la floración llegará más tarde y coincidirá con más calor.
  • Norte húmedo: plantación de otoño, cuidando el drenaje por encima de todo, porque la combinación de cormo dormido y suelo encharcado es letal.

Desde la plantación hasta la floración suelen pasar unas diez a doce semanas, así que escalonar plantaciones cada dos o tres semanas alarga la temporada de flor de manera bastante previsible.

Cómo se plantan

La operación es sencilla y admite pocos errores, pero conviene hacerlos bien porque el cormo es pequeño y no perdona la plantación profunda.

  • Profundidad: unos cinco centímetros de tierra por encima del cormo.
  • Distancia: siete u ocho centímetros entre cormos. En maceta se puede apretar más, porque el efecto de conjunto es lo que interesa.
  • Orientación: la punta hacia arriba. Si no se distingue, se planta de lado y la planta se orienta sola.
  • Disposición: en grupos pequeños e irregulares, no en fila. La fresia queda mal alineada como un cultivo.
  • Soporte: previsto desde el principio, sobre todo en variedades de vara larga.

Cuidados

Suelo. Suelto, con buen drenaje y bien provisto de materia orgánica. Vale la pena mover la tierra unos veinticinco centímetros de profundidad e incorporar compost antes de plantar. En suelo pesado, mejor plantar en maceta o en un caballón elevado.

Sol. A pleno sol en clima suave. Donde el sol de las horas centrales pega fuerte, la media sombra alarga bastante la duración de cada flor y evita que la espiga se agote en cuatro días.

Riego. Suelo fresco, nunca encharcado, desde que brota hasta que termina la floración. La regla práctica es que la humedad llegue a la zona del cormo sin que el agua se estanque. Cuando la floración acaba y las hojas empiezan a amarillear, se suspende el riego: ese secado es parte del ciclo y es lo que permite que el cormo nuevo madure.

Abonado. Con un suelo bien preparado con compost, la fresia no necesita mucho más. Un aporte complementario antes de la floración, con un abono en el que el potasio pese más que el nitrógeno, mejora la vara y el color. El exceso de nitrógeno da hoja blanda y más tendencia a tumbarse.

Problemas frecuentes

La fresia no es una planta especialmente atacada. Lo que aparece de verdad es esto:

  • Podredumbres del cormo, favorecidas por el exceso de agua y el suelo pesado. No hay tratamiento útil una vez instaladas: se retira y se descarta el material afectado y no se replanta fresia en el mismo sitio al año siguiente.
  • Botritis o moho gris en flores y hojas, con humedad alta y aire quieto. Se previene con marco de plantación amplio y retirando las flores marchitas.
  • Pulgones en primavera, casi inevitables y rara vez graves. Un chorro de agua o jabón potásico resuelve la mayoría de los focos.
  • Trips, que rayan y decoloran los pétalos. Se ven sacudiendo una flor sobre papel blanco.
  • Caracoles y babosas con los brotes tiernos. Las barreras físicas y la recogida manual funcionan; la sal no, porque estropea el suelo.

Comprar los cormos

En temporada se encuentran en cualquier centro de jardinería, pero la variedad de colores suele ser limitada. Comprar por internet permite elegir tipo de flor, y ahí lo que interesa es saber qué se está pidiendo: los lotes de fresia de flor doble en mezcla de colores dan más cuerpo de flor y quedan mejor en macizo, mientras que las variedades de flor simple tienden a estar entre las más perfumadas. Al recibirlos, conviene mirar que los cormos estén firmes y secos, sin manchas blandas.

Multiplicación

Lo normal es multiplicar por cormillos. Cada temporada, el cormo original se agota y sobre él se forma uno nuevo, rodeado de pequeños cormillos. Al levantar la planta cuando la parte aérea se ha secado, se separan esos cormillos, se guardan aparte y se plantan la temporada siguiente. Tardan uno o dos años en alcanzar tamaño de floración.

Por semilla también es posible, y es como se obtienen variedades nuevas, pero exige paciencia: hay que dejar cuajar las cápsulas, recoger la semilla madura cuando empieza a abrirse, remojarla antes de sembrar y esperar dos o tres años a que la planta forme un cormo capaz de florecer. Además, la descendencia no reproduce la variedad de la madre.

Conservar los cormos de un año para otro

Los cultivadores profesionales controlan la temperatura de almacenamiento con precisión, y por eso obtienen floraciones repetidas y homogéneas. En un jardín particular, lo razonable es asumir que la segunda temporada será algo más floja que la primera y hacer las cosas así:

  • Levantar los cormos cuando la parte aérea esté completamente seca, con cuidado de no dañarlos.
  • Limpiarlos de tierra y dejarlos secar unos días en un sitio aireado, a la sombra.
  • Separar y etiquetar por color y variedad, porque mezclados se pierde el control del diseño.
  • Guardarlos en bolsas de malla o de papel, nunca en plástico cerrado, en un lugar seco, oscuro y fresco hasta la plantación.

En resumen

La fresia es una iridácea sudafricana de cormo que florece del final del invierno a la primavera, con espigas unilaterales muy perfumadas sobre una vara doblada en ángulo. En España se planta en otoño en el litoral y el sur, y en maceta protegida o a final de invierno donde hiela, y florece unas diez a doce semanas después.

Sus dos exigencias son el drenaje y la ausencia de heladas; sus dos fallos típicos, plantar demasiado profundo y seguir regando cuando la planta ya ha entrado en reposo. Se multiplica sola por cormillos, y merece la pena entutorarla desde el principio si se quiere cortarla para casa.


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