Las dalias se plantan en primavera, cuando el suelo se ha templado y ya no se esperan heladas, y florecen desde mediados de verano hasta las primeras heladas del otoño. En el litoral mediterráneo y en Andalucía se puede plantar desde marzo; en la meseta y en el norte, de abril a mayo.
Lo que se planta no es un bulbo sino un manojo de raíces tuberosas unidas por un cuello, y ese detalle importa: las yemas de las que brota la planta no están en los tubérculos, sino en el cuello, junto al resto del tallo del año anterior. Un tubérculo separado sin un trozo de cuello con yema no brota nunca, por gordo y sano que parezca.
Ficha rápida
| Género | Dahlia |
|---|---|
| Familia | Asteráceas |
| Origen | México y América Central |
| Órgano subterráneo | Raíces tuberosas con yemas en el cuello |
| Altura | De 30 cm en las enanas a más de 1,5 m en las grandes |
| Plantación | Primavera, pasado el riesgo de heladas |
| Floración | De mediados de verano hasta la primera helada |
| Exposición | Pleno sol; sombra de tarde en el sur |
| Riego | Nulo hasta que brota; abundante en floración |
Qué es la dalia
Es una herbácea perenne de la familia de las asteráceas, la misma del girasol y la margarita, originaria de México, donde es flor nacional. Lo que llamamos flor es en realidad un capítulo: una inflorescencia compuesta por muchas flores pequeñas, en la que los supuestos pétalos son lígulas.
Existen decenas de especies silvestres y decenas de miles de cultivares, fruto de dos siglos de hibridación: hay dalias de 30 cm para jardinera y dalias de más de metro y medio con flores del tamaño de un plato. Su ciclo es el de una planta de verano: brota en primavera, florece de julio en adelante y la parte aérea muere con el frío, sobreviviendo bajo tierra.
Los tipos de flor
Las dalias se clasifican por la forma del capítulo, y merece la pena conocer los grupos porque el nombre del tipo dice más del aspecto que el nombre del cultivar:
- Simples. Una sola fila de lígulas alrededor de un disco central visible. Son las mejores para polinizadores, porque el disco queda accesible.
- Decorativas. Flor doble, con lígulas anchas dispuestas de forma regular y concéntrica, sin disco a la vista. Es el grupo más numeroso y el de las flores más grandes.
- Cactus y semicactus. Lígulas estrechas y enrolladas longitudinalmente, que dan un aspecto espinoso y muy gráfico. Erguidas o encorvadas hacia el centro.
- Pompón y bola. Capítulo esférico y perfectamente geométrico, con lígulas cortas enrolladas en tubo. Las pompón son las más pequeñas y compactas.
- Peonía y collarete. Dos o tres filas de lígulas alrededor del disco visible, en el segundo caso con un collar interior de lígulas cortas de otro color.
El color abarca prácticamente todo el círculo cromático salvo uno. No existe la dalia azul. El género carece de la vía metabólica que produce delfinidina, el pigmento azul, igual que ocurre con el rosal. Lo que se anuncia como "dalia azul" da en realidad flores lilas, malvas o violetas, y en algunos casos las fotos de los anuncios están directamente retocadas. Si compras una, cuenta con un morado, no con un azul.
Cómo plantar los tubérculos
Elige un sitio a pleno sol, con al menos seis horas de luz directa; en el sur y el interior peninsulares, sol de mañana y sombra desde el mediodía alarga la vida de cada flor. El suelo debe ser fértil, mullido y bien drenado, con compost o estiércol maduro incorporado al hoyo. Lo que no soporta es el encharcamiento: en suelo pesado y húmedo el tubérculo se pudre antes de brotar.
- Profundidad de 10 a 15 cm, con las yemas del cuello hacia arriba y el tubérculo tumbado en horizontal.
- Distancia de 30 cm entre las variedades enanas y de 50 a 60 cm entre las grandes. Apretarlas les quita aire y favorece el oídio.
- Clava el tutor al plantar, no después. Si esperas a que la planta crezca, la caña atravesará los tubérculos. Un tutor de 1,5 m junto al hoyo, antes de tapar, ahorra disgustos en agosto.
- No riegues después de plantar. Este es el punto que más gente falla. El tubérculo tiene reservas suficientes para brotar y todavía no tiene raíces con las que absorber agua; el agua solo sirve para pudrirlo. El primer riego se da cuando asoman los brotes.
Para adelantar la floración un mes, arranca los tubérculos en maceta dentro de casa en marzo y trasplántalos ya brotados cuando pase el riesgo de heladas. En maceta también funcionan bien, con variedades de porte medio o enano y un contenedor de al menos 30 cm de profundidad.
Los tubérculos se compran con facilidad en primavera y se venden en lotes pequeños. Estos packs de tres tubérculos de dalia son una forma barata de probar sin comprometer medio arriate, aunque conviene tomarse la descripción del color con reservas: es en este tipo de anuncios donde aparece la supuesta "dalia azul", que en la planta acaba siendo lila o púrpura.
Cuidados durante la temporada
Riego. Nulo hasta la brotación, moderado mientras la planta crece y generoso desde que aparecen los botones florales. En julio y agosto, en el interior peninsular, una dalia grande en flor bebe mucho: riegos profundos dos o tres veces por semana funcionan mejor que un poco de agua a diario. Siempre al pie, no sobre la hoja.
Abonado. Cada dos semanas durante el crecimiento y la floración, con un fertilizante bajo en nitrógeno y rico en potasio. El exceso de nitrógeno produce matas enormes de hoja, tallos blandos que se vencen y muy poca flor. Se suspende al llegar el otoño.
Despunte. Cuando la planta tenga tres o cuatro pares de hojas, corta el brote terminal justo por encima de un par. Suena drástico, pero la planta responde ramificando y da muchas más flores y un porte más equilibrado.
Desbotonado. Cada tallo suele traer un botón central y dos laterales. Si quieres flores grandes, para corte o exhibición, retira los dos laterales y deja solo el central. Si prefieres cantidad, déjalos todos.
Retirada de flores marchitas. Es lo que mantiene la floración hasta el otoño. Corta el tallo entero de la flor gastada, hasta el primer par de hojas, no solo la cabezuela. Para distinguirla de un botón nuevo: el botón sin abrir es redondo; la flor pasada es alargada y puntiaguda, y al apretarla se nota blanda.
Tutorado. Ata los tallos con rafia holgada según crecen: las dalias grandes tienen el tallo hueco y se parten con una tormenta o con el peso de la flor mojada. Un acolchado de paja o compost alrededor de la mata conserva la humedad y ahorra riegos.
Plagas y problemas
Caracoles y babosas son el enemigo número uno: los brotes recién salidos pueden desaparecer en una noche. Lo que funciona es la revisión nocturna con linterna y la retirada manual las primeras semanas. La ceniza forma una barrera que solo actúa mientras está seca, así que un riego la anula, y además alcaliniza el suelo; la sal no se debe usar, porque estropea el suelo y no es solución.
Tijeretas. Muy características en dalias: roen los pétalos por la noche y de día se esconden dentro de la propia flor. Una maceta pequeña boca abajo, rellena de paja y colocada sobre el tutor, funciona como refugio-trampa que se vacía cada mañana.
Pulgón, araña roja y trips aparecen con calor seco. El pulgón se controla con un chorro de agua a presión o con jabón potásico, y conviene aclarar un error frecuente: un fungicida no hace nada contra un insecto. En un jardín particular solo pueden emplearse productos autorizados para jardinería exterior doméstica, en la dosis de su etiqueta, que es la única válida, y el listado vigente está en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. Nunca se trata una planta en flor ni en horas de vuelo de las abejas: las dalias simples son un recurso importante para los polinizadores a final de verano.
Oídio, en polvo blanco sobre las hojas al final del verano, favorecido por matas apretadas: se previene con marco amplio y riego al pie. Y el mosaico de la dalia, un virus que deforma la hoja y aclara los nervios y no tiene cura: la planta se arranca y sus tubérculos no se guardan ni se comparten, porque se transmite en la división y por el pulgón.
Qué hacer al final de la temporada
La primera helada ennegrece el follaje de un día para otro, y ese es el aviso. En zonas de invierno suave, como el litoral mediterráneo o Andalucía, los tubérculos pueden quedarse en el suelo: se corta la mata a unos 10 cm y se cubre con acolchado, asegurándose de que la zona no se encharque.
En la meseta y el norte, o en cualquier suelo pesado, compensa levantarlos: se corta el tallo a un palmo, se saca la mata con la horca sin clavarla en los tubérculos, se sacude la tierra y se deja secar unos días boca abajo a la sombra y con ventilación. Después, a cajas con arena seca o vermiculita, en sitio oscuro, seco y libre de heladas, revisando y descartando lo que se pudra.
Multiplicación
La forma habitual es la división de la mata en primavera. Se ponen los tubérculos guardados unos días en sitio cálido sobre sustrato húmedo, hasta que las yemas del cuello se hinchen y se vean, y se corta con cuchillo limpio de modo que cada porción lleve un tubérculo y un trozo de cuello con yema. Es donde falla todo el mundo: sin yema no hay planta.
También por esqueje, tomando con un talón los brotes de unos 8 cm que salen del cuello y enraizándolos en sustrato ligero con humedad alta; es el método de los viveros. La semilla sirve para las dalias enanas de arriate, pero no reproduce fielmente una variedad.
En resumen
Planta los tubérculos en primavera pasado el riesgo de heladas, a 10 o 15 cm, con el tutor ya clavado, en suelo fértil y drenado a pleno sol, y no riegues hasta que broten. Después, riego abundante en floración, abono bajo en nitrógeno cada quince días, despunte temprano y retirada constante de las flores pasadas.
Cuando la helada ennegrezca la mata, córtala y déjala en el suelo con acolchado si tu invierno es suave, o levanta los tubérculos y guárdalos en seco si no lo es. Y al dividir en primavera, asegúrate de que cada trozo lleva un pedazo de cuello con yema: sin ella, el tubérculo no brota. Si buscas más plantas para el mismo hueco de temporada, tienes la guía de bulbos de verano.