La caña de indias es la planta que resuelve el verano en los jardines donde otras se rinden. Canna indica y los híbridos de jardín que derivan de ella dan hojas enormes de aspecto tropical y espigas de flores rojas, naranjas o amarillas desde junio hasta que llega el frío, y lo hacen con calor, sol directo y suelo pesado. En el interior peninsular, con julios de más de 35 grados, es de las pocas plantas de flor que no se paran.

Se vende como bulbo, pero no lo es: crece de un rizoma tuberoso, un tallo subterráneo horizontal con yemas repartidas. Esa diferencia importa a la hora de dividirla, porque un trozo de rizoma sin yemas no brota por muy grande que sea.

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Qué planta es

Canna indica es originaria de las zonas tropicales y subtropicales de América, del Caribe a Sudamérica, y no de la India, pese al nombre. Es la única especie de su género con presencia extendida en cultivo y da nombre a la familia de las cannáceas (Cannaceae), emparentada con las bananas y los jengibres dentro del orden Zingiberales.

Lo que se compra hoy en un vivero rara vez es la especie pura, sino híbridos de jardín agrupados bajo el nombre de Canna × generalis. De ahí viene la variedad de tamaños, desde cultivares enanos de 60 centímetros hasta gigantes de más de dos metros, y la gama de follaje: verde, bronce oscuro, púrpura o con nervaduras en amarillo y naranja. En muchas variedades la hoja vale más que la flor.

La flor tiene una estructura curiosa: lo que parecen pétalos grandes y llamativos son en realidad estambres transformados en láminas petaloides, mientras que los pétalos verdaderos son estrechos y quedan detrás. Tras la floración se forman cápsulas cubiertas de verruguitas que se abren solas y liberan unas semillas negras, redondas y durísimas, tradicionalmente ensartadas para hacer collares y rosarios.

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La achira: un cultivo, no una planta de jardín

En los Andes, Canna indica se cultiva desde hace siglos con el nombre de achira por el almidón de sus rizomas, muy fino y de gránulos grandes. En Colombia y en Ecuador se emplea en repostería tradicional, en bizcochos y panecillos que llevan ese nombre. Es un uso documentado y con variedades seleccionadas para ello.

Dicho esto, conviene separar las cosas: lo que se planta en un jardín español es un híbrido ornamental, seleccionado por la flor y el follaje, cultivado con abonos y tratamientos de jardinería y no destinado a consumo. La existencia de un cultivo alimentario en los Andes no convierte en comestible el rizoma de la mata de la terraza.

Plantación

La caña de indias no soporta la helada, así que el calendario es el mismo que el de las bulbosas de primavera: se planta cuando ha pasado el riesgo, entre finales de febrero y marzo en el litoral mediterráneo y en el sur, y en abril en el interior y en el norte.

  • Profundidad: de 10 a 15 centímetros, con las yemas hacia arriba.
  • Distancia: de 40 a 60 centímetros entre rizomas según el porte de la variedad. Las enanas admiten menos.
  • Agrupada. Una caña de indias aislada se ve desgarbada; una masa de siete u ocho hace pantalla y es donde luce.
  • Al abrigo del viento. Las hojas son grandes y se rasgan con facilidad, y una mata deshilachada pierde todo su interés.

Se puede adelantar la temporada arrancando los rizomas en macetas dentro de casa cuatro o seis semanas antes y sacándolos ya brotados. En el norte, donde el verano es corto, esto marca la diferencia entre florecer en julio o en septiembre.

Sol, suelo, riego y abonado

Sol. A pleno sol en casi toda España. Solo en las zonas más áridas del sureste, con insolación extrema, agradece algo de sombra en las horas centrales. A la sombra crece pero apenas florece.

Suelo. Es tolerante, y ahí está parte de su valor: prospera en suelos pesados donde otras bulbosas se pudrirían. Lo que agradece es fondo y materia orgánica. Un aporte generoso de compost o estiércol maduro al preparar el terreno se nota todo el verano.

Riego. Es una planta de humedal en su origen, y esto la separa del resto del grupo: quiere mucha agua durante el crecimiento. En pleno verano, en el interior, puede necesitar riego diario en maceta y dos o tres veces por semana en tierra, siempre en profundidad. Tolera incluso el borde de un estanque. Lo que no soporta es el suelo empapado en invierno con el rizoma dormido, que es cuando se pudre.

Abonado. Es voraz. Un abono líquido equilibrado o con más potasio cada quince días desde que arranca hasta finales de agosto mantiene la floración. Con nitrógeno en exceso da hoja espectacular y pocas flores.

Durante la temporada, cortar la espiga marchita justo por debajo, en el nudo, hace que el tallo emita una segunda espiga lateral y prolonga la floración semanas.

Invernada y multiplicación

En el litoral mediterráneo, en el sur y en Canarias el rizoma se queda en el suelo. Basta con cortar la parte aérea cuando el frío la seca y cubrir con un acolchado de hojas o paja. En el interior y en el norte con heladas fuertes conviene levantarlo: se extrae cuando el follaje está seco, se limpia de tierra, se deja orear un par de días a la sombra y se guarda en una caja con turba seca o arena, en oscuro, seco y sin heladas.

La división se hace al final del invierno o al principio de la primavera, justo antes de plantar. Se corta el rizoma con un cuchillo limpio y afilado en trozos que lleven al menos dos yemas visibles cada uno, se deja cicatrizar el corte uno o dos días en sitio seco y aireado, y se planta. Es la única forma práctica de multiplicar los híbridos: por semilla no salen iguales que la planta madre, y además la semilla es tan dura que exige escarificarla antes de sembrar.

Problemas

El más frecuente y el peor entendido es vírico. Existen virus específicos de la canna que se transmiten con el material vegetal y por pulgones, y que producen hojas con rayas o mosaicos amarillos, flores deformadas y pérdida de vigor. No tienen tratamiento. Si aparece, se elimina la planta entera, incluido el rizoma, y no se usa ese material para multiplicar. Por eso conviene comprar rizoma sano y desconfiar de una mata con el follaje jaspeado que no corresponda a una variedad de hoja variegada conocida.

Las podredumbres del rizoma, de origen bacteriano o fúngico, aparecen con exceso de agua en el suelo o con heridas mal cicatrizadas al dividir. Se previenen con drenaje invernal y con el cuchillo limpio.

De plagas, pulgón en los brotes tiernos, araña roja en verano muy seco y caracoles y babosas en los brotes nuevos de primavera. El pulgón se resuelve con un chorro de agua a presión o agua jabonosa, y merece la pena porque además reduce la transmisión de virus.

El marco de actuación en España es el Real Decreto 1311/2012 sobre uso sostenible de fitosanitarios, que sitúa la gestión integrada de plagas como principio: prevención y medios físicos y biológicos antes que el tratamiento químico. Si hiciera falta tratar, en jardinería doméstica solo pueden emplearse productos autorizados para ese uso, que figuran en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y la dosis es la de la etiqueta del envase.

Una advertencia sobre su expansión

Canna indica se naturaliza con facilidad en zonas cálidas y húmedas. En cunetas, acequias y márgenes de arroyo del litoral, del sur peninsular y de Canarias forma masas densas a partir de rizomas escapados de jardines, y una vez instalada compite bien con la vegetación local. No es planta para plantar cerca de un cauce natural, y los restos de división y los rizomas sobrantes no se tiran nunca al monte ni al río: van al punto limpio o al compostador.

Comprar rizomas

Se venden en seco durante la temporada de bulbo de primavera. Un rizoma bueno pesa, está firme, tiene varias yemas bien visibles y no presenta zonas blandas, oscuras ni mohosas. El tamaño importa: cuantas más yemas, más tallos y más flores el primer año.

Fuera del vivero, se encuentran lotes de rizomas de caña de indias que permiten plantar una masa de golpe, que es como esta planta luce de verdad. Al recibirlos, conviene revisarlos uno a uno y descartar cualquiera con signos de podredumbre antes de meterlos en tierra.

En resumen

La caña de indias es una planta de rizoma que da follaje tropical y floración continua desde el verano hasta el otoño, y aguanta el calor y los suelos pesados mejor que casi cualquier otra bulbosa de jardín. Pide sol, mucha materia orgánica, riego abundante durante el crecimiento y abonado quincenal, y se multiplica dividiendo el rizoma en trozos con dos yemas.

En clima suave se queda en el suelo con un acolchado; en el interior frío se levanta y se guarda en seco. Los dos avisos que conviene retener son que las viroses de la canna no tienen cura y obligan a eliminar la planta, y que sus rizomas escapados colonizan cauces y cunetas, así que ni se planta junto al agua ni se tiran los restos al medio natural.


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