Hay una lista de plantas que circula cada enero como amuletos: la del dinero, la de la suerte, la que aleja las malas energías. Conviene decirlo sin rodeos desde el principio: ninguna planta cambia lo que te pasa. La tradición es simpática y tiene siglos de historia, pero no es horticultura.

Dicho eso, la lista tiene un fondo interesante. Casi todas esas plantas comparten una característica: son resistentes, longevas y difíciles de matar. Por eso se regalaban. Una planta que sobrevive al invierno en una casa mal iluminada y sigue verde en marzo transmite una sensación de continuidad, y eso es lo que la gente quería regalar. Ese sí es un criterio útil para empezar el año: elegir plantas que aguanten, que te enseñen a cuidar y que no te desanimen a las tres semanas.

Estas son las candidatas clásicas, con lo que de verdad hay que saber de cada una.

Pachira aquatica, el árbol del dinero

Es la planta más asociada a la prosperidad, sobre todo por la costumbre de vender varios ejemplares jóvenes con los troncos trenzados. Ese trenzado es puramente comercial: son tres o cinco plantas distintas plantadas juntas y entrelazadas mientras el tallo aún es flexible.

La Pachira aquatica es un árbol tropical americano que en su medio natural crece en riberas y zonas inundables, y puede superar los quince metros. En maceta se queda en uno o dos, y es una excelente planta de interior si se entiende una cosa: su tronco engrosado es una reserva de agua. Eso significa que el error habitual no es olvidarse de regarla, sino regarla de más.

Luz: mucha claridad, sin sol directo intenso a través del cristal. Cerca de una ventana orientada al este funciona bien. En sombra profunda se estira y pierde hojas.

Riego: deja que se seque la mitad superior del sustrato antes de volver a regar. En un piso español eso suele traducirse en un riego semanal de mayo a septiembre y uno cada dos o tres semanas en invierno. Nunca dejes agua estancada en el plato: el tronco se pudre desde la base y cuando se nota ya no hay marcha atrás.

Sustrato y maceta: mezcla drenante, sustrato universal con un tercio de perlita o arena gruesa. Maceta con agujeros, sin excepción.

Temperatura: por debajo de 10 °C sufre y por debajo de 5 °C se daña sin remedio. No la dejes en una terraza cerrada sin calefacción en enero.

La caída de hojas amarillas en otoño es normal si es moderada. Si caen muchas de golpe y el tronco cede al apretarlo, el problema es agua, casi siempre.

Ejemplar de Pachira aquatica con el tronco trenzado

Helechos, verde constante todo el invierno

Los helechos aparecen en la lista por motivos distintos según la cultura, pero su valor real es otro: son de las pocas plantas que mantienen un verde denso en interiores con poca luz directa y en los meses en los que el jardín está parado.

El problema es que se venden como plantas fáciles y no lo son del todo. Su exigencia es la humedad ambiental, y una casa con calefacción de radiadores en enero puede bajar del 30 % de humedad relativa. En esas condiciones las frondes se secan por las puntas y la planta se deshace por mucho que la riegues.

Especies que funcionan bien aquí:

Nephrolepis exaltata, el helecho de Boston. El más común y el más agradecido. Quiere luz indirecta abundante, sustrato siempre ligeramente húmedo y lejos del radiador.

Asplenium nidus, el nido de ave. Frondes enteras y brillantes, muy tolerante a la sombra y menos quisquilloso con la humedad que la mayoría. Buena elección para un baño con ventana.

Asplenium marinum, la doradilla marina. Nativa de la cornisa cantábrica y de acantilados atlánticos, crece en grietas de roca con salpicadura marina. Es más de coleccionista que de salón, pero merece conocerse porque demuestra que hay helechos autóctonos perfectamente adaptados a nuestro clima.

Adiantum raddianum, el culantrillo. Precioso y el más frágil de la lista: no perdona ni un secado completo del cepellón. Si es tu primera planta, déjalo para más adelante.

Cuidado con una práctica muy repetida: pulverizar las hojas no sube la humedad ambiental de forma apreciable. El efecto dura minutos. Funciona mucho mejor colocar la maceta sobre una bandeja con arcilla expandida y agua, sin que la base toque el agua, y agrupar varias plantas juntas.

Asplenium marinum creciendo en grieta de roca

Plectranthus verticillatus, la planta del dinero de toda la vida

En muchas casas españolas es «la planta del dinero» de las abuelas, y es probablemente la más práctica de toda la lista. El Plectranthus verticillatus es una labiada colgante, de hojas carnosas y brillantes con el envés a menudo púrpura, originaria del sur de África.

Su virtud es la facilidad. Enraíza en agua en menos de dos semanas a partir de un esqueje de diez centímetros, crece rápido, tolera luz media y aguanta olvidos de riego gracias a sus hojas semisuculentas. Por eso se regala tanto: se puede multiplicar y repartir indefinidamente.

Luz: claridad sin sol directo. Con demasiada sombra los entrenudos se alargan y queda desgarbada.

Riego: moderado, dejando secar los primeros centímetros. Es más resistente a la sequía que al encharcamiento.

Mantenimiento: pinza las puntas cada primavera. Sin poda tiende a hacer tallos largos y pelados en la base. Los recortes son esquejes: no los tires.

En clima costero mediterráneo o atlántico templado puede vivir fuera todo el año en zona resguardada, pero no aguanta heladas.

Otras habituales de la lista

Crassula ovata, el árbol de jade. Suculenta arbustiva de crecimiento lento y vida muy larga. Quiere sol directo, sustrato muy drenante y riego escaso, casi nulo en invierno. Es la planta que más se mata por exceso de cariño.

Zamioculcas zamiifolia. Prácticamente indestructible. Tiene rizomas subterráneos que almacenan agua, así que sobrevive a un mes sin riego y a la sombra de un pasillo. Riégala cada tres o cuatro semanas en invierno y ya está.

Epipremnum aureum, el potos. La planta de interior más tolerante que existe y la más fácil de multiplicar. Un tallo con dos hojas en un vaso de agua enraíza en diez días.

Dracaena sanderiana, vendida como «bambú de la suerte». No es un bambú, es una drácena. Se vende en agua, y ese es su punto débil: en agua sobrevive pero no prospera, y la del grifo con cloro y sales le acaba quemando las puntas. Plantada en tierra vive muchísimo mejor y durante muchos más años.

Lo que sí puedes hacer en enero

Más allá de la simbología, enero es un mes con tareas reales de jardinería en la Península:

Es el mejor momento para plantar a raíz desnuda. Rosales, frutales de hueso y pepita, setos de caducifolia: todos se plantan de diciembre a febrero, con la planta dormida, y arraigan mucho mejor y más barato que en contenedor.

Es época de poda de invierno en frutales de pepita y en vid, con la planta en reposo y antes de que hinchen las yemas. En zonas de heladas fuertes conviene esperar a que pase el grueso del frío, hacia finales de febrero.

Es momento de bulbos de primavera tardíos si no los plantaste en otoño, y de sembrar en semillero protegido tomate, pimiento y berenjena a partir de febrero en clima templado.

Y dentro de casa, es cuando conviene revisar las plantas de interior: reducir riegos, alejarlas de radiadores y corrientes de puerta, y limpiar el polvo de las hojas con un paño húmedo, porque con la poca luz de invierno cada punto de superficie foliar cuenta.

En resumen

Las plantas de la suerte no dan suerte, pero varias de ellas son excelentes plantas de casa por razones muy concretas: la Pachira aquatica por su porte y su tolerancia, el Plectranthus verticillatus por su facilidad de multiplicación, los helechos por su verde constante en los meses grises y la Zamioculcas por su resistencia a cualquier trato.

Si quieres empezar el año con buen pie en el jardín, elige una planta que encaje con la luz que de verdad tienes en casa y no con la que te gustaría tener. Ese es el único amuleto que funciona.


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