Medio miligramo al nacer, cerca de cinco gramos treinta días después: un gusano de seda multiplica su peso unas diez mil veces en poco más de un mes. Ese dato explica de golpe por qué la cría se tuerce siempre en el mismo punto. No es la eclosión, ni la temperatura, ni la caja: es que en la última semana esos bichos comen una barbaridad y quien no tiene una morera asegurada se queda sin hoja justo cuando más falta hace.
Bombyx mori es un lepidóptero domesticado desde hace más de cuatro mil años, tanto que ya no existe en estado silvestre. Su antepasado es Bombyx mandarina, y la selección humana le ha quitado el vuelo, el camuflaje y la capacidad de sobrevivir por su cuenta. Criarlo es sencillo si se respetan tres cosas: la hoja correcta, la sequedad y la limpieza.
Antes de nada: cuándo empezar y de dónde sacar la hoja
La cría se organiza al revés de como suele hacerse. Primero se localiza el alimento y después se ponen a eclosionar los huevos, nunca al contrario.
El alimento es hoja de morera, Morus alba o Morus nigra. En la Península la morera brota entre finales de marzo y mediados de abril según la zona —antes en el Guadalquivir y el Levante, más tarde en la meseta y el norte—, y los ejemplares trasmochos de calles y plazas, esos que se podan a puño cada invierno, brotan bastante después. Si sacas los huevos de la nevera en febrero, en quince días tendrás cien larvas y ni una hoja que darles.
Dónde no coger hoja: de arbolado urbano que haya recibido tratamientos fitosanitarios y de moreras al borde de carreteras con tráfico denso. Los insecticidas sistémicos permanecen en la hoja semanas y matan una cría entera en dos días sin que se entienda por qué. Si el árbol es municipal, la información de tratamientos suele estar en el servicio de parques y jardines. Mejor un árbol de un huerto, un camino rural o un jardín privado conocido.
Las moreras ornamentales sin fruto que se plantan tanto en calles españolas —cultivares masculinos o estériles de Morus alba— tienen hoja perfectamente válida. La forma de la hoja varía muchísimo en la misma rama, de entera a muy lobulada, y eso no afecta a nada.
De la nevera a la eclosión
Los huevos de Bombyx mori miden algo menos de un milímetro. Recién puestos son de un amarillo pálido; a los pocos días, si están fecundados y entran en diapausa, viran a gris pizarra o pardo violáceo. Los que se quedan amarillos y luego se secan no eran fértiles.
Esa diapausa es un mecanismo de invernada: el embrión queda detenido y no reanuda el desarrollo hasta haber pasado frío. Por eso los huevos puestos en verano se guardan de dos a tres meses a unos 5 ºC —el cajón de la verdura de la nevera sirve— dentro de una cajita de cartón o un sobre de papel. Nada de tuppers herméticos ni bolsas de plástico: la condensación enmohece la puesta y se pierde entera.
Para incubarlos, sácalos del frío y déjalos a temperatura ambiente entre 23 y 25 ºC, con luz natural indirecta y sin resecar. Eclosionan en diez a quince días, casi todos el mismo día o el siguiente. Las larvas recién nacidas —«hormiguillos» en el vocabulario sedero— son negras, peludas y miden 2 o 3 mm.
El error de esta fase es la prisa: un radiador o un flexo encendido para «acelerar» sube la temperatura por encima de 30 ºC y provoca eclosiones desiguales y larvas débiles. La incubación tiene su ritmo y no se negocia.
La caja y el manejo diario
No hace falta nada sofisticado. Una caja de cartón o de zapatos con agujeros de ventilación en la tapa y los laterales, papel de cocina en el fondo y poco más. El cartón es mejor que el plástico transparente porque transpira y no acumula condensación.
Condiciones: entre 23 y 26 ºC, humedad relativa moderada, sombra y sin corrientes. El sol directo sobre la caja los cuece. La calefacción muy seca de un piso en invierno, en cambio, no es un problema real para ellos porque toda la humedad que necesitan la sacan de la hoja.
La hoja se da seca. Siempre. Si la lavas porque no te fías del árbol, sécala hoja por hoja con un paño antes de repartirla. La hoja mojada es la vía más rápida a los trastornos digestivos y a las bacteriosis, y además pudre el fondo de la caja. Por lo mismo, retira cada día la hoja sobrante marchita.
Para limpiar no hay que cogerlos con los dedos. Pon hoja fresca encima de la vieja, espera media hora a que suban solos y retira por debajo el papel con excrementos y restos. Con las larvas pequeñas, si hay que moverlas, un pincel suave. Los excrementos acumulados con calor generan moho y olor, y el moho mata.
En los primeros dos estadios conviene picar la hoja en tiras finas con tijera: las mandíbulas todavía no muerden bien el borde entero. A partir del tercero, hoja entera.
Lo de la lechuga
Circula desde hace décadas la idea de que si no hay morera se les puede dar lechuga y tan contentos. La realidad es más incómoda: sobreviven, pero mal. Con lechuga crecen despacio, alcanzan un tamaño menor, la mortalidad sube y el capullo que tejen es pequeño y de seda escasa. Es una dieta de emergencia para salir de un apuro de dos o tres días, no un sistema de cría.
Y hay un detalle práctico que sorprende: estas larvas se fijan al alimento con el que empiezan. Una tanda criada desde el nacimiento con lechuga rechaza la morera cuando se la ofreces, y al revés, una criada con morera puede negarse a comer lechuga y dejarse morir literalmente al lado de la comida. Si vas a cambiar de alimento, hazlo mezclando ambas hojas durante varios días y justo después de una muda, nunca de golpe y nunca a mitad de estadio.
Otras hojas que a veces se citan —higuera, olmo, osage— no dan buen resultado en cría doméstica. La morera es la respuesta y conviene tratarla como requisito, no como recomendación.
Las cinco edades y las cuatro mudas
La fase larvaria dura entre 25 y 35 días a 24-26 ºC, y se divide en cinco estadios separados por cuatro mudas. Reconocerlas evita meter la pata.
Cuando una larva va a mudar deja de comer, se queda inmóvil con la parte anterior del cuerpo levantada y la cabeza alzada, y así permanece unas veinticuatro horas. En sericultura a esto se le llama «dormir». Durante ese periodo no se toca, no se mueve y no se limpia debajo de ella: si la despegas del hilo de seda con el que se ha anclado al papel, la muda falla y la larva muere atrapada en su piel vieja. Simplemente déjala. Cuando termine, saldrá más clara y con la cabeza más grande, y volverá a comer con ganas.
El reparto de consumo es muy desigual y esto es lo que hay que planificar: el quinto estadio se come alrededor del 80 % de toda la hoja del ciclo. Las cuatro primeras semanas gastas un puñado de hojas al día; la última semana, para cincuenta larvas, necesitas bolsas enteras y reposición diaria. Si no tienes acceso continuado a una morera, cría veinte y no doscientos.
De los primeros milímetros negros pasan a 7 u 8 centímetros de larva blanca, con el típico cuerno en el extremo posterior y las manchas oculares falsas del tórax. El cuerno no pica ni tiene función defensiva real.
Cuando dejan de comer y empiezan a hilar
El final del quinto estadio se anuncia claro: la larva se vuelve translúcida y adquiere un tono amarillento o dorado, vacía el intestino, deja de comer y empieza a recorrer la caja moviendo la cabeza a un lado y a otro buscando un rincón donde anclarse.
En ese momento hay que darle estructura. Sirve un cartón de huevos, unas ramitas secas cruzadas, tubos de papel higiénico cortados o celdillas hechas con tiras de cartón. Necesita ángulos donde tender los primeros hilos de sujeción. Si la caja está lisa y vacía, tejen capullos deformados pegados al suelo o unos encima de otros.
Tarda dos o tres días en completar el capullo, que forma con un único filamento continuo de entre 800 y 1.500 metros de fibroína recubierta de sericina. El color, blanco o amarillo, depende de la raza, no de la alimentación. Una vez cerrado, dentro se produce la metamorfosis a crisálida.
El capullo o la polilla: hay que elegir
Conviene saberlo antes de llegar aquí. La mariposa, para salir, segrega una enzima que ablanda un extremo del capullo y lo atraviesa, rompiendo el filamento en cientos de trozos cortos. Un capullo del que ha salido la polilla ya no da hilo continuo, y por eso en la industria sedera la crisálida se sacrifica antes de la emergencia.
En una cría casera o escolar la decisión es sencilla: si lo que quieres es ver el ciclo completo y obtener huevos para el año siguiente, deja que salgan y olvídate del hilo. Si quieres conservar algún capullo entero como muestra, guarda unos pocos y deja emerger el resto. No hace falta sacrificar toda la tanda para tener dos capullos bonitos en un frasco.
La polilla: no vuela, no come, y su única tarea es poner
Entre doce y veinte días después de cerrado el capullo emerge el adulto, según la temperatura. Es una mariposa de color crema, gruesa, de 4 o 5 cm de envergadura, con las alas cortas para su cuerpo.
Dos rasgos la definen y los dos son consecuencia de la domesticación: no vuela —aletea con fuerza pero no despega— y no se alimenta, porque su aparato bucal está atrofiado. Vive entre cinco y diez días a costa de las reservas acumuladas por la larva. El macho es más pequeño, delgado y muy activo, con antenas plumosas grandes; la hembra es voluminosa, lenta y prácticamente quieta.
La cópula dura varias horas. Después la hembra pone entre 300 y 500 huevos, casi siempre esa misma noche, adheridos con firmeza a la superficie donde esté. Ponle debajo una hoja de papel limpia y tendrás la puesta perfectamente manejable: se recorta el trozo de papel y se guarda. Si pone sobre plástico o sobre el cartón de la caja, despegarlos rompe muchos.
Deja la puesta unas semanas a temperatura ambiente para que el embrión se desarrolle y oscurezca, y después al frío, como se ha explicado antes. Con eso el ciclo se cierra y tienes gusanos para la primavera siguiente.
Las polillas no se sueltan al exterior. No es una cuestión de reglamento sino de simple realidad biológica: Bombyx mori no vuela, no come, no se defiende y no sobrevive fuera de la caja. Soltar los adultos no es liberarlos, es tirarlos.
Enfermedades: qué son esas larvas que se ponen raras
Todas las patologías serias de la cría doméstica se disparan con la misma combinación: hoja húmeda, excrementos acumulados y exceso de densidad. Reconocerlas a tiempo salva el resto de la caja.
Grasería o poliedrosis nuclear. De origen vírico. La larva se hincha, la piel se pone tensa y brillante, adquiere un aspecto lechoso y acaba rompiéndose soltando un líquido turbio muy infeccioso. Retírala en cuanto la veas, con papel, y no la aplastes dentro de la caja.
Flacidez o flaquez. Bacteriana. La larva pierde tono, se queda blanda, deja de comer, oscurece y termina desprendiendo mal olor. Aparece sobre todo tras dar hoja mojada o en calor con mala ventilación.
Muscardina. Fúngica, causada normalmente por Beauveria bassiana. La larva muere endurecida, rígida como una tiza, y a las pocas horas se cubre de un polvillo blanco. Es muy contagiosa por esporas. Hay que sacarla inmediatamente, tirar el papel del fondo y limpiar la caja o, mejor, cambiarla.
La prevención se reduce a rutina: hoja seca, cambio diario del papel, no amontonar larvas y no reutilizar cajas de una tanda enferma. Si una cría se te ha ido de las manos con muscardina, no guardes esos capullos para reproducir.
¿Son peligrosos? La respuesta corta y la larga
Corta: no. El gusano de seda no pica, no muerde, no tiene veneno y no lleva pelos urticantes. No tiene nada que ver con la procesionaria del pino, cuyos pelos sí provocan reacciones graves en personas y perros. Un niño puede manipular gusanos de seda sin ningún riesgo, con las manos limpias y secas.
Larga: en personas sensibilizadas y con exposición continuada —el caso clásico es el de los trabajadores de la sericultura— se han descrito alergias respiratorias a las escamas de la mariposa y al polvo de los excrementos y de la seda. En una cría escolar o casera de unas decenas de individuos es un escenario improbable, pero si alguien de la casa es asmático, mantén la caja fuera de los dormitorios, ventila la habitación y limpia el fondo con el papel entero en vez de sacudirlo.
Tampoco existe riesgo de que se «escapen» y se instalen en casa. Fuera de la caja, una larva sin hoja de morera muere en pocos días y la mariposa no puede volar.
En resumen
Criar Bombyx mori sale bien cuando se planifica al revés: primero se localiza una morera sana y sin tratamientos, y solo después se sacan los huevos de la nevera, en marzo o abril, para que la eclosión coincida con la brotación. Caja de cartón ventilada, 23-26 ºC, sombra, hoja siempre seca y limpieza diaria pasando las larvas a hoja fresca. Las mudas se respetan sin tocar a la larva dormida. La lechuga es un apaño de dos días, no una dieta, y cambiar de alimento a mitad de estadio puede hacer que se nieguen a comer. Cuenta con que la última semana consume el 80 % de la hoja y ajusta el número de individuos a la morera que tengas. Cuando se vuelvan translúcidos y dejen de comer, dales cartón de huevos o ramitas donde anclar el capullo. Y decide antes si quieres seda o mariposas: la polilla, al salir, rompe el filamento. Ni pican ni son plaga, pero tampoco pueden soltarse fuera: llevan cuatro milenios domesticados y no saben vivir sin nosotros.