El polen que provoca la rinitis primaveral casi nunca sale de una flor bonita. Sale de espigas verdosas de césped, de conos diminutos de ciprés, de amentos colgantes de plátano de sombra y de una mala hierba discreta que crece en las juntas de los muros. Las flores grandes, coloreadas y perfumadas del jardín son, con muy pocas excepciones, inofensivas para quien padece polinosis: su polen es pesado, pegajoso y está diseñado para viajar en el cuerpo de una abeja, no en el aire.

Eso cambia por completo el planteamiento. Un jardín para persona alérgica no consiste en renunciar a las flores, sino en eliminar las fuentes de polen anemófilo —las plantas que se polinizan por el viento— y quedarse con todo lo demás.

La diferencia que lo decide todo

Una planta polinizada por el viento juega a la lotería: suelta una cantidad enorme de granos ligeros, secos y pequeños (de unas 20 a 40 micras, el tamaño justo para colarse en la nariz y los bronquios) con la esperanza de que alguno aterrice en el sitio adecuado. Sus flores no necesitan pétalos ni aroma ni néctar, así que son verdes, pequeñas y pasan desapercibidas. Ese polen es el que respiramos y el que dispara los síntomas.

Una planta polinizada por insectos hace lo contrario: fabrica poco polen, más grande, y lo recubre de una sustancia oleosa llamada polenkitt que lo pega al cuerpo del polinizador. Invierte su energía en pétalos vistosos, aroma y néctar. Ese polen apenas se pone en suspensión y solo llega a la vía respiratoria si uno mete literalmente la nariz en la flor.

Regla operativa: cuanto más llamativa y perfumada es una flor, menos problema respiratorio da. Es exactamente lo contrario de lo que sugiere la intuición.

Lo primero es quitar, no plantar

Antes de elegir flores conviene revisar qué hay ya en la parcela y en el entorno inmediato, porque ahí está el grueso de la exposición.

El césped de gramíneas. Las gramíneas son la primera causa de polinosis en España. Un césped ornamental solo poliniza si se le deja espigar; segado corto y con frecuencia entre abril y junio, la espiga nunca llega a formarse y el aporte de polen es prácticamente nulo. El problema aparece cuando se descuida el corte dos o tres semanas en mayo. Quien no vaya a mantener esa disciplina hará mejor sustituyendo el césped por Dichondra repens, Phyla nodiflora, tomillo rastrero o directamente por gravilla y plantación en macizo.

La parietaria. Parietaria judaica es una hierba insignificante que crece en grietas de muros, alcorques y bordes de escalera, y en el litoral mediterráneo poliniza casi todo el año. Es una de las alergias más incapacitantes de la costa. Arrancarla de raíz de los muros de la parcela es una de las medidas más rentables que existen.

Los setos de cupresáceas. La arizónica (Cupressus arizonica) y el ciprés común polinizan entre diciembre y febrero, con nubes de polen visibles a simple vista cuando se sacude una rama. La sensibilización a cupresáceas ha crecido justamente por el uso masivo de estos setos en urbanizaciones. Si no se quiere arrancar el seto, una poda a fondo en octubre o noviembre retira buena parte de los conos masculinos antes de que suelten. Alternativas de seto sin ese problema: Viburnum tinus, Pittosporum tobira, laurel o Photinia.

Los árboles. Plátano de sombra (Platanus × hispanica), olivo (Olea europaea), abedul, fresno, morera y encina son anemófilos. El plátano tiene un pico breve y muy intenso en marzo; el olivo, en mayo y junio. Si hay que plantar árbol en un jardín con alérgicos, mejor especies entomófilas: algarrobo, árbol del amor (Cercis siliquastrum), catalpa, magnolio, cítricos o frutales de hueso.

El mito del chopo. La pelusa blanca que vuela en mayo y junio no es polen: son semillas de chopo y álamo (Populus) envueltas en pelos algodonosos, demasiado grandes para causar alergia respiratoria. Irrita mecánicamente ojos y garganta, y coincide en el calendario con el pico de gramíneas, de ahí la confusión. Arrancar los chopos por la pelusa no soluciona la rinitis de junio; segar el césped, sí.

Flores seguras, y por qué lo son

Todas las siguientes son entomófilas y bien toleradas por quien tiene alergia al polen.

Hortensias en flor con inflorescencias azules y rosas

Hortensia (Hydrangea macrophylla). El caso más favorable de todos: en las variedades de cabeza redonda, las flores vistosas del exterior son estériles y ni siquiera tienen estambres funcionales, de modo que no producen polen. Quiere semisombra, suelo ácido y riego constante; en suelo calizo se cultiva en maceta con sustrato de acidófilas y agua de lluvia.

Rosal (Rosa spp.). Polen grande y pegajoso que no vuela. Las variedades de flor doble van todavía mejor, porque los estambres se han transformado en pétalos y apenas queda polen. Un rosal sano y aireado necesita sol directo, poda en enero o febrero y riego al pie, nunca sobre la hoja.

Camelia (Camellia japonica). Sin aroma y sin polen volátil, florece de diciembre a marzo en zonas de clima suave y suelo ácido, justo en el hueco invernal.

Pensamiento y viola (Viola × wittrockiana, Viola cornuta). Resuelven el color de octubre a mayo en jardinera y macizo, aguantan heladas moderadas y su polen no se dispersa. Se plantan en otoño; plantadas en marzo duran cuatro semanas y se agotan con el primer calor.

Flores de pensamiento en distintos colores

Boca de dragón (Antirrhinum majus). Su flor está cerrada a presión y solo se abre cuando un abejorro con peso suficiente la fuerza. El polen queda encerrado hasta ese momento, lo que la hace especialmente segura.

Otras fiables: petunia, begonia, alegría de la casa (Impatiens), fucsia, geranio y gitanilla (Pelargonium), clemátide, glicinia, agapanto, alhelí, clavel, aguileña, dedalera —con la reserva de toxicidad que se indica abajo—, tulipán, narciso y jacinto.

Azalea y rododendro (Rhododendron spp.) también son entomófilos y no dan problema respiratorio, pero hay que decir una cosa que se omite demasiado: todas sus partes son tóxicas por ingestión por su contenido en grayanotoxinas, y lo son tanto para personas como para perros, gatos y caballos. Como planta ornamental es perfectamente cultivable; simplemente no es la elección adecuada donde un animal roe todo lo que encuentra.

Dos avisos más en la misma línea: los lirios del género Lilium provocan insuficiencia renal aguda en gatos, incluso con el polen adherido al pelo, y no deberían entrar en una casa con gato; la dedalera (Digitalis purpurea) contiene glucósidos cardiotónicos en toda la planta.

Flores dobles: menos estambres, menos polen

Es el criterio de compra que más rendimiento da delante del expositor del vivero. En una flor doble, los estambres han sido sustituidos por pétalos a lo largo de la selección varietal, así que la producción de polen cae mucho o desaparece. Sirve para rosales, dalias, peonías, camelias, claveles, ranúnculos y begonias dobles. En la etiqueta puede aparecer como «flor doble», «pompón», «anemonada» o «cactus».

Ese mismo criterio permite recuperar plantas descartadas por prudencia. La dalia doble, por ejemplo, es aceptable pese a ser una compuesta, mientras que la margarita simple deja los estambres al aire.

Alergia respiratoria y alergia de contacto no son lo mismo

Confundirlas lleva a eliminar plantas inocuas y a conservar las que de verdad dan problema. La dermatitis de contacto por plantas ni siquiera tiene que ver con el polen:

  • Primula obconica. Sensibilizante de contacto bien documentado por la primina de sus hojas, y se vende en cualquier centro de jardinería para interior. Con dermatitis en manos recurrente, es de las primeras plantas a revisar.
  • Tulipán y Alstroemeria. Los bulbos de tulipán y los tallos de alstroemeria producen las llamadas «uñas de tulipán», fisuras y descamación en las yemas de los dedos, típicas de quien manipula muchos bulbos o hace ramos. Se evita con guantes.
  • Compuestas. Crisantemo, dalia, árnica y matricaria contienen lactonas sesquiterpénicas, causa clásica de eccema en jardineros.
  • Euphorbia. Su látex blanco es irritante y puede causar lesiones oculares graves si salpica al podar. Gafas y guantes.
  • Ficus benjamina. Este sí es un alérgeno respiratorio de interior real, por proteínas de su látex, con reactividad cruzada con el látex natural y con el higo. Si hay síntomas en casa todo el año y no fuera, merece una mirada.

Aparte queda un tercer grupo: los aromas intensos. Jazmín, dama de noche, jacinto o los lirios muy perfumados pueden desencadenar picor nasal, tos o cefalea en personas con hiperreactividad bronquial. No es una reacción alérgica, es irritación por compuestos volátiles, y no aparecerá en ninguna prueba de alergia. La solución es la misma: no plantarlos junto a la ventana del dormitorio.

Manejo del jardín durante la temporada de polen

El calendario peninsular aproximado: cupresáceas de diciembre a febrero; plátano de sombra en marzo, con un pico corto y muy fuerte; gramíneas de mayo a junio, con adelanto en el sur; olivo en mayo y junio; Salsola y quenopodiáceas de agosto a septiembre en el valle del Ebro y La Mancha; parietaria casi todo el año en el litoral mediterráneo.

Medidas que sí cambian la exposición:

  • Trabajar en el jardín a primera hora de la mañana o después de llover. La lluvia arrastra el polen al suelo y baja la concentración durante horas.
  • Delegar la siega, o hacerla con mascarilla FFP2 y gafas. Segar es la actividad que más polen y esporas moviliza.
  • No tender la ropa fuera en los picos de la temporada: el polen se pega al tejido y acaba en la cama.
  • Ducharse y lavarse el pelo al terminar la jornada de jardín, no al día siguiente.
  • Ventilar la casa muy temprano o de noche, y mantener cerrado a media tarde, cuando la concentración urbana es mayor.
  • Precaución con las tormentas de finales de primavera: la humedad y las corrientes descendentes rompen los granos de gramínea en fragmentos más pequeños y respirables, y se registran crisis asmáticas asociadas a ese fenómeno. Con asma polínica, una tormenta en mayo es motivo para quedarse dentro.

Cuándo esto deja de ser un asunto de jardinería

Diseñar el jardín ayuda, pero no sustituye al diagnóstico. Saber a qué se es alérgico —mediante pruebas cutáneas o analítica, valoradas por un alergólogo— cambia por completo las prioridades: si la sensibilización es a cupresáceas, el seto es lo urgente y el césped da igual; si es a gramíneas, ocurre lo contrario. Y si aparecen pitos al respirar, opresión torácica o falta de aire, eso ya no es rinitis y hay que consultarlo, no compensarlo cambiando de plantas.

En resumen

La flor vistosa y perfumada casi nunca es la culpable: el polen que se respira viene de plantas anemófilas de flor insignificante. Un jardín apto para persona alérgica se construye quitando primero —césped sin espigar o sustituido, parietaria arrancada de los muros, seto de cupresáceas podado en otoño o cambiado, y ningún plátano, olivo ni abedul cerca de las ventanas— y eligiendo después entre hortensias, rosales de flor doble, camelias, pensamientos, bocas de dragón, petunias, begonias, geranios y bulbos. Conviene priorizar las variedades de flor doble por su falta de estambres, separar la alergia respiratoria de la dermatitis de contacto (Primula obconica, tulipán, compuestas, Ficus benjamina) y tener presente la toxicidad de azaleas, dedaleras y lirios cuando hay niños o animales. Y por último, el diseño acompaña al tratamiento, no lo reemplaza.


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