La feijoa no se cosecha del arbusto: se recoge del suelo. El fruto se desprende solo cuando ha alcanzado el punto óptimo, y el que se arranca de la rama antes de tiempo tiene la pulpa dura, ácida y sin aroma. Ese detalle explica la mala fama que arrastra: se prueba una vez, sabe a nada y no se vuelve a comprar.

La especie es Acca sellowiana, antes clasificada como Feijoa sellowiana, un arbusto perennifolio de la familia de las mirtáceas —la misma del mirto, el eucalipto y el guayabo— originario del sur de Brasil, Uruguay y el nordeste de Argentina. En España se cultiva bien, mucho mejor de lo que su origen sugiere, y en la cornisa cantábrica y Galicia se comporta como un arbusto de jardín completamente rústico.

Ejemplar de feijoa (Acca sellowiana) en cultivo

Cómo es la planta

Forma un arbusto ramificado desde la base de 3 a 5 metros de altura, que puede conducirse a un solo pie hasta convertirlo en arbolito. Crece despacio, entre 20 y 40 cm al año en condiciones normales, y vive muchas décadas.

La hoja es coriácea, ovalada, de un verde grisáceo por el haz y claramente plateada por el envés, recubierta de un fieltro de pelos blancos. Ese revestimiento no es un adorno: reduce la transpiración y explica su resistencia al viento seco y a la sequía estival.

La floración llega tarde, entre mayo y junio en la Península, y por sí sola justifica plantar el arbusto aunque no se recolecte un solo fruto. Los pétalos son blancos por fuera y de un rosa carnoso por dentro, y del centro sale un penacho de estambres de un rojo intenso. Esos pétalos son comestibles, dulces y ligeramente carnosos, y se usan en ensalada. Cogerlos con la mano no impide la fructificación siempre que se respeten los estambres.

Flores de feijoa con pétalos blancos y estambres rojos

El fruto es una baya ovalada de 4 a 7 cm, verde mate incluso maduro, con la piel algo rugosa. Dentro hay una pulpa blanca y granulosa junto a la piel y un centro gelatinoso y translúcido donde se alojan las semillas. El aroma es intenso y particular, entre piña, guayaba y menta.

Una confusión de vivero que conviene deshacer

En los centros de jardinería la etiqueta puede decir «guayabo del país», «guayaba del Brasil» o «pineapple guava», y ninguno de esos nombres es incorrecto. El problema aparece cuando el comprador espera la guayaba tropical, que es Psidium guajava: otro género, fruto amarillo de pulpa rosada y, sobre todo, una planta que se hiela en cuanto el termómetro baja de −2 °C. Quien planta una Psidium en Valladolid la pierde el primer invierno; una Acca sellowiana aguanta allí sin problema.

La diferencia se ve a simple vista antes de comprar: la feijoa tiene la hoja pequeña, dura y plateada por debajo; el guayabo tropical la tiene grande, blanda y verde por las dos caras, con nervadura muy marcada.

Clima: resistente al frío y exigente con él

La feijoa soporta heladas de −10 °C, e incluso algo más en ejemplares adultos y bien lignificados. Esto la sitúa muy por encima de cualquier otro frutal subtropical y permite cultivarla en el interior peninsular, no solo en el litoral.

Ahora bien, la relación con el frío tiene doble filo, y aquí se pierden muchas cosechas por plantarla donde no toca. La especie necesita un cierto número de horas de frío invernal —por debajo de 7 °C— para diferenciar bien las yemas de flor. En zonas de invierno muy suave, como el litoral de Málaga, Almería o las islas Canarias a baja cota, el arbusto vegeta espléndidamente, florece poco y cuaja menos. La planta está sana; simplemente no ha dormido lo suficiente.

El otro extremo también existe: una helada tardía en mayo, cuando ya hay botón floral, arruina la campaña. En zonas de heladas tardías conviene situarla al abrigo de un muro orientado al sur o al sureste.

Resiste bien el viento y tolera cierta salinidad ambiental, lo que la convierte en un excelente seto cortavientos en jardines costeros atlánticos.

Suelo, plantación y riego

Prefiere suelos sueltos, profundos y con materia orgánica, de reacción ligeramente ácida a neutra, en la horquilla de pH 5,5 a 7. En suelos calizos con caliza activa alta —buena parte del valle del Ebro, La Mancha o el interior levantino— aparece clorosis férrica: hojas nuevas amarillas con los nervios verdes y crecimiento detenido. Corregirlo exige quelato de hierro EDDHA cada primavera de forma indefinida, lo que en un jardín particular acaba cansando. Si tu suelo es muy calizo, plantéate cultivarla en maceta con sustrato ácido antes que pelearte con el terreno.

El encharcamiento es lo que la mata. Sobre suelo pesado y mal drenado, Phytophthora pudre el cuello y no hay tratamiento que lo revierta. En terrenos arcillosos, plantación en caballón o lomo elevado.

La época de plantación es otoño en el sur y el levante, y final del invierno en el norte y en zonas de heladas fuertes. Marco de plantación de 4 a 5 metros entre ejemplares en fruticultura, o de 1,2 a 1,5 metros si se conduce como seto.

Sobre el riego pesa una idea equivocada. La feijoa resiste la sequía y sobrevive con muy poca agua, pero sobrevivir no es fructificar: la fase crítica va de julio a septiembre, cuando el fruto engorda. Un episodio de estrés hídrico en agosto provoca caída masiva de frutos jóvenes y los que quedan salen pequeños y leñosos. Riego por goteo, abundante y espaciado, mejor que superficial y diario. Un acolchado de corteza mantiene fresca la raíz superficial, que es donde tiene la mayoría de las absorbentes.

Polinización: casi siempre hacen falta dos

Este es el punto que decide si tendrás fruta o solo flores bonitas. Buena parte de las variedades de feijoa son autoincompatibles, y las demás solo parcialmente autofértiles, de modo que un ejemplar aislado cuaja muy poco.

Entre las variedades que se encuentran en vivero español, 'Coolidge' y 'Unique' son autofértiles y funcionan solas, aunque también ellas cuajan más si tienen compañía. 'Mammoth', 'Triumph' y 'Apollo' dan fruto mayor y de mejor calidad, pero necesitan polinización cruzada: lo razonable es plantar dos variedades distintas separadas menos de veinte metros.

Hay un matiz curioso sobre el polinizador. En su área de origen el trabajo lo hacen aves que se comen los pétalos azucarados y se llevan el polen pegado a la cabeza. En España esas aves no existen y el relevo lo toman abejas y abejorros, con menos eficacia. En jardines urbanos con poca fauna, un pincel de pelo suave pasado de flor en flor entre variedades distintas, a media mañana y en días secos, sube el cuajado de forma apreciable.

Los ejemplares obtenidos de semilla tardan además de cuatro a seis años en entrar en producción; uno injertado o de estaquilla, dos o tres.

Poda y multiplicación

La feijoa florece sobre el crecimiento del año, en la base de los brotes nuevos. De ahí se deduce lo que hay que evitar: recortar el arbusto a tijera de setos cada primavera elimina justo la madera que iba a florecer. Un seto de feijoa perfectamente cuadrado no da fruta, y esa es la elección que hay que hacer al plantarlo.

Para producción se poda ligero, después de la cosecha o a finales de invierno, aclarando el interior para que entre luz, retirando ramas cruzadas, secas y chupones de la base. Nada de podas severas anuales.

Sobre la multiplicación, tres vías con desigual resultado. La semilla germina con facilidad —se lava la pulpa, se seca y se siembra en primavera a 20-25 °C— pero la descendencia no reproduce la variedad y tarda años en fructificar. La estaquilla semileñosa de verano, con hormona de enraizamiento, sustrato aireado y ambiente húmedo, es el método correcto para clonar una planta buena, aunque la tasa de éxito es baja y el enraizamiento lento. El acodo aéreo sobre una rama del año anterior, hecho en primavera, es más seguro para un aficionado y da una planta ya formada en una sola temporada.

Plagas y problemas

Es una planta notablemente sana. En España los problemas serios son pocos:

La mosca de la fruta (Ceratitis capitata) pica el fruto en las zonas mediterráneas durante el final del verano y provoca podredumbre interna y caída prematura. Se controla con trampas de mosqueo colgadas desde agosto y retirando del suelo la fruta picada, que es donde se completa el ciclo.

Las cochinillas —algodonosa y de escudo— aparecen en ejemplares en maceta o en setos muy densos y mal aireados. El aceite de parafina en invierno y el jabón potásico en primavera las mantienen a raya.

La podredumbre de raíz por exceso de agua es, con diferencia, lo que más ejemplares mata en jardín particular. Y en la maceta, la clorosis por riego con agua muy calcárea.

Avispas y mirlos se ceban en la fruta caída. Recogerla a diario resuelve el asunto y evita atraerlos.

Cosecha, elección y conservación

La recolección va de octubre a noviembre, según variedad y zona. Como la piel sigue verde al madurar, el color no informa de nada. El indicador es la caída: cuando el primer fruto aparece en el suelo, el resto está listo. Se sacude la rama con suavidad y se recoge lo que cae, o se coloca una malla debajo del arbusto durante las dos semanas de cosecha.

Recogida así, la feijoa aún gana con dos o tres días a temperatura ambiente. Al comprarla, elige piezas que cedan ligeramente bajo la presión del pulgar y desprendan aroma; las muy duras no llegan nunca a un buen punto. Se abre por la mitad y se come con cuchara. La piel es comestible pero amarga y astringente, y en repostería conviene retirarla.

Al cortarla, el centro gelatinoso debe ser translúcido. Si es marrón, está pasada y sabe a fermentado. La pulpa se oxida en minutos, así que un chorro de limón es obligado si vas a servirla cortada.

Aguanta una o dos semanas en el frigorífico dentro de una bolsa perforada, algo más si se recolectó firme. Para el excedente, lo práctico es triturar la pulpa con limón y congelarla; también da mermeladas y chutneys excelentes, porque su alto contenido en pectina hace que cuajen sin ayuda.

Valor nutricional, con matices

Es una fruta poco calórica —en torno a 55 kcal por 100 g—, muy rica en fibra y con un contenido apreciable de vitamina C, del orden de 30 a 40 mg por 100 g, comparable al de la naranja. Aporta también potasio, vitamina K y compuestos fenólicos con actividad antioxidante.

Se repite mucho que la feijoa es una fuente destacada de yodo. La afirmación tiene base —la especie acumula yodo con facilidad— pero depende por completo del suelo en que haya crecido: la fruta cultivada en terreno pobre en yodo apenas lo contiene. Tomarla como sustituto de la sal yodada o de un tratamiento tiroideo prescrito no tiene ningún fundamento, y quien siga medicación para el tiroides debería comentarlo con su médico antes de comer grandes cantidades.

Cultivo en maceta

Funciona razonablemente bien, con expectativas ajustadas. Contenedor de 40 litros como mínimo, mejor 60, con sustrato ácido a base de turba, fibra de coco y perlita, y drenaje generoso. Riego regular en verano sin dejar plato con agua, abonado con fertilizante para frutales o para acidófilas de primavera a final de verano, y aporte anual de quelato de hierro si el agua del grifo es dura.

Es un buen candidato para terraza en el norte de España, y una planta ornamental de primer orden por su follaje plateado y su floración. La producción de fruta será menor que en suelo, y el trasplante o renovación del tercio superior del sustrato hay que hacerlo cada dos o tres años.

En resumen

Acca sellowiana es un arbusto perennifolio de hoja plateada que aguanta hasta −10 °C, florece en mayo con pétalos comestibles y madura el fruto entre octubre y noviembre. Necesita suelo ácido o neutro y bien drenado —en terreno calizo dará clorosis crónica—, riego sostenido de julio a septiembre mientras engorda el fruto, y en la práctica dos variedades distintas para que cuaje bien, salvo que se opte por 'Coolidge' o 'Unique'. Un invierno demasiado suave le impide diferenciar flor, y una poda de seto anual elimina la madera que iba a florecer. La fruta se recoge del suelo, no de la rama, y se come cuando cede a la presión del pulgar y el centro está translúcido, nunca marrón.


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