A mediados de febrero, cuando el arriate todavía no ha arrancado y las abejas salen a buscar algo en los ratos de sol, un Erysimum 'Bowles's Mauve' ya lleva semanas con las espigas malva abiertas. Esa capacidad de florecer fuera de temporada, casi sin agua y en suelo pobre, explica por qué se ha convertido en pieza fija de jardines mediterráneos, taludes y macetas de terraza. Tiene, eso sí, una contrapartida que conviene saber desde el principio: son plantas de vida corta, y quien no lo tenga previsto se quedará con un arbusto pelado a los tres o cuatro años.

Qué es exactamente un Erysimum

El género Erysimum pertenece a las Brassicaceae, la familia de las coles, la mostaza y los rábanos. Eso no es un dato ornamental: condiciona sus plagas, sus enfermedades y hasta dónde conviene plantarlos. Reúne alrededor de 150 especies repartidas por el hemisferio norte, con un núcleo importante en la cuenca mediterránea y en las montañas de la Península Ibérica, donde hay endemismos como Erysimum nevadense, Erysimum myriophyllum o Erysimum popovii.

La estructura es reconocible: mata baja o subarbusto de 30 a 80 cm, tallos que se lignifican con los años, hojas estrechas y lanceoladas —de ahí el nombre de una de las especies más cultivadas, Erysimum linifolium— y flores de cuatro pétalos en cruz, agrupadas en racimos que se van alargando conforme suben. El color va del amarillo y el naranja al malva, el violeta y el granate, y en algunas variedades la flor cambia de tono al envejecer, de modo que el mismo racimo muestra dos o tres colores a la vez.

Flores de Erysimum cheiri en primavera

Las especies que verás en el vivero

Erysimum cheiri, el alhelí amarillo, es el clásico de toda la vida, antes clasificado como Cheiranthus cheiri. Se naturaliza en muros viejos y roquedos, y su perfume —intenso, dulce, a media tarde de marzo— es la razón por la que sigue cultivándose desde hace siglos. Es bienal: el primer año hace roseta, el segundo florece de febrero a mayo y luego decae. Se vende en bandejas de temporada para plantar en otoño.

Erysimum 'Bowles's Mauve' es un híbrido perenne de flor malva y follaje gris azulado que florece prácticamente todo el año en el litoral, con el grueso entre enero y junio. Es estéril, así que no da semilla y no se siembra: se propaga solo por esqueje. También es el de vida más corta del grupo.

Erysimum allionii —el alhelí siberiano, a menudo etiquetado aún como Cheiranthus allionii— da un naranja encendido difícil de conseguir con otra planta a esa altura, y aguanta bien el frío continental. Erysimum ochroleucum, de flor amarillo pálido y porte tapizante, funciona en rocalla y coronación de muros secos. Y Erysimum linifolium, ibérico, ha dado cultivares compactos de flor lila muy usados en jardinería pública.

Erysimum allionii con flores anaranjadas

Alhelí no siempre significa Erysimum

En el mismo pasillo del garden encontrarás macetas marcadas simplemente como "alhelí". Unas son Erysimum; otras son Matthiola incana, el alhelí encarnado o alhelí de mar, otra crucífera con exigencias distintas. Distinguirlas a ojo es sencillo: Matthiola tiene hojas anchas, grisáceas y afelpadas al tacto, y sus flores suelen ser dobles, apretadas, con aspecto de miniclavel; Erysimum presenta hoja estrecha, lampiña o áspera, y flor simple de cuatro pétalos bien separados.

La diferencia importa a la hora de plantar. Matthiola incana se comporta casi siempre como anual de temporada, agradece más agua y suelo más rico, y se retira cuando termina la floración. Un Erysimum perenne se planta esperando que ocupe ese hueco varios años seguidos. Quien compre uno pensando en el otro acabará regando de más una planta que quería sequía, o arrancando en junio otra que habría seguido floreciendo.

Suelo, luz y clima

La condición innegociable es el drenaje. Estas plantas vienen de roquedos, gleras y suelos esqueléticos; en un terreno arcilloso que retiene agua en invierno, el cuello se pudre y la mata aparece un buen día tumbada y con la base marrón. Si el suelo es pesado, hay dos salidas: plantar en caballón elevado o en un talud, o mezclar arena silícea gruesa y grava en el hoyo de plantación. En maceta, un sustrato universal aligerado con un tercio de arena o perlita, y agujeros de sobra.

Piden pleno sol, seis horas largas como mínimo. A media sombra crecen ahilados, se abren por el centro y florecen a medias. En cuanto al pH, no son nada quisquillosos y toleran bien la caliza, lo que los hace muy útiles en los suelos básicos de gran parte de la Península, donde tantos arbustos de moda amarillean.

Resistencia al frío: la mayoría aguanta sin daño hasta unos −10 °C, con matices. Erysimum cheiri y E. allionii soportan bien los inviernos del interior; 'Bowles's Mauve' se comporta mejor en zonas de invierno suave y, en la meseta, puede perder parte de la mata en una helada fuerte prolongada, sobre todo si el suelo está húmedo. Lo que peor llevan no es el frío seco, sino la combinación de frío y encharcamiento. El calor estival lo encajan bien siempre que tengan raíz asentada; en pleno agosto de Andalucía o Extremadura suelen parar la floración y retomarla en septiembre.

Riego y abonado, o más bien la falta de ambos

Tras la plantación, riegos regulares durante el primer par de meses para que enraíce. A partir de ahí, en suelo, un ejemplar establecido pasa el verano peninsular con un riego profundo cada diez o quince días, y en zonas de costa con menos. En invierno, nada: la lluvia sobra. En maceta el margen es menor —cada cinco o siete días en verano, cada dos o tres semanas en invierno—, y siempre dejando secar los primeros centímetros entre riego y riego.

Con el abono, contención. Un exceso de nitrógeno produce mata blanda y verde oscura, con muchos brotes tiernos, pocas flores y un pulgón encantado con el resultado. Además, esos tallos suculentos aguantan peor el frío. Es suficiente con un aporte de compost bien maduro al inicio de la primavera, o un abono equilibrado con más fósforo y potasio a media dosis una vez al mes durante la floración si están en maceta. En suelo fértil de huerto no hace falta ninguno.

La poda que decide si dura o no

Aquí está la clave de todo el cultivo. Un Erysimum abandonado se desgarba: los tallos se alargan, la base se queda desnuda y leñosa, la mata se abre por el centro y en tres temporadas parece un manojo de palos con cuatro flores en la punta. Para retrasarlo hay dos operaciones.

La primera es quitar los racimos marchitos según se van agotando, cortando por debajo de la espiga. Como cualquier crucífera, la planta se vuelca en producir semilla en cuanto puede; impidiéndoselo, la floración se prolonga semanas.

La segunda es un recorte general tras la floración principal, hacia mayo o junio, retirando alrededor de un tercio de la mata para compactarla. Y aquí la advertencia importante: no cortes sobre madera vieja sin hojas. A diferencia de la lavanda o el romero, que ya rebrotan mal de leño desnudo, el Erysimum directamente no rebrota: el tallo cortado por debajo de la parte verde se seca y no vuelve. Siempre hay que dejar hoja por debajo del corte.

Renovar por esqueje antes de que haga falta

Ninguna poda evita lo inevitable. La vida útil de un Erysimum perenne ronda los tres o cuatro años, y 'Bowles's Mauve' a veces menos. La forma sensata de tenerlo siempre en el jardín es sacar esquejes cada dos años, sin esperar a que la planta madre esté decrépita.

Se hacen en verano tardío o principio de otoño, de agosto a septiembre. Se toman brotes laterales de 8 a 10 cm, sin flor, semileñosos —que doblen sin partirse pero ya no estén tiernos del todo—, se les quitan las hojas de la mitad inferior y se clavan en una mezcla muy drenante de arena y turba o fibra de coco, a la sombra y con el sustrato apenas húmedo. Enraízan en tres o cuatro semanas sin necesidad de hormonas. El exceso de agua en esta fase es lo único que suele fallar.

Por semilla solo tiene sentido con las especies fértiles, sobre todo E. cheiri y E. allionii. Se siembran de mayo a junio en semillero, se trasplantan a su sitio definitivo en otoño y florecen en la primavera siguiente. Erysimum cheiri además se resiembra solo en muros y grietas si se le deja granar alguna espiga.

Problemas que dan y cómo prevenirlos

Ser una crucífera pasa factura. Las orugas de la mariposa de la col (Pieris rapae y Pieris brassicae) comen las hojas en primavera y verano; se resuelven a mano o con Bacillus thuringiensis var. kurstaki, que respeta al resto de fauna. La altisa (Phyllotreta spp.), un escarabajito saltador, perfora las hojas jóvenes dejándolas como un colador, sobre todo en tiempo seco. El pulgón aparece en los brotes tiernos y sobre las espigas florales, y se controla con jabón potásico bien aplicado por el envés.

De las enfermedades, la que de verdad mata es la pudrición de raíz y cuello por exceso de humedad. Los oídios y el mildiu velloso aparecen con follaje mojado y poca ventilación: regar al pie y no por encima, y no plantar demasiado apretado, lo evita casi todo. Y una precaución de rotación: no plantes Erysimum en un bancal donde haya habido coles, coliflores o rábanos si allí ha aparecido hernia de la col (Plasmodiophora brassicae), porque son igual de sensibles y ese patógeno permanece en el suelo muchos años.

Un apunte sobre toxicidad

Pese al parentesco con las coles, los Erysimum no son comestibles. Varias especies, entre ellas Erysimum cheiri, contienen glucósidos cardiotónicos —compuestos que actúan sobre el ritmo del corazón— además de los glucosinolatos propios de la familia, y la concentración es mayor en las semillas. No se trata de una planta peligrosa al tacto ni por tenerla en el jardín, pero conviene no incorporar sus flores a ensaladas ni preparar con ellas infusión alguna, y vigilar que un niño pequeño no acabe mordisqueando las vainas. Con perros y gatos, la ingestión suele quedarse en molestias digestivas por lo poco apetecible del sabor; si un animal come cantidad, es motivo de consulta veterinaria.

Dónde colocarlos en el jardín

Funcionan especialmente bien en tres situaciones. En taludes y rocallas, donde el drenaje es perfecto por definición y su porte redondeado rompe la horizontal. En arriates secos, acompañados de lavanda, Santolina, Salvia, Nepeta o Euphorbia characias, plantas con las mismas necesidades de agua, lo que permite regar todo el conjunto igual. Y en maceta de terraza o balcón, con un recipiente de 25 a 30 cm y buen drenaje: ahí su floración de invierno cubre justo el hueco que dejan los geranios y las petunias.

Hay un valor añadido que no se ve en la foto de la etiqueta: al florecer de enero a mayo, aportan néctar y polen en el momento del año en que las abejas y las primeras mariposas apenas tienen nada abierto. En un jardín pensado para polinizadores, esa ventana temprana vale más que muchas floraciones de junio.

En resumen

Los Erysimum son crucíferas de sol pleno, suelo drenado y poca agua que florecen larguísimo, con especies para cada uso: E. cheiri por su perfume y su floración de finales de invierno, 'Bowles's Mauve' por su malva casi continuo, E. allionii por el naranja y la resistencia al frío, E. ochroleucum para rocalla.

Su cultivo se reduce a cuatro decisiones acertadas: garantizar el drenaje, no pasarse ni con el riego ni con el nitrógeno, recortar tras la floración sin cortar nunca sobre madera sin hojas, y sacar esquejes cada dos años en agosto o septiembre para tener recambio antes de que la mata se abra por el centro. Con eso, ese hueco del arriate se queda cubierto indefinidamente. Y una nota práctica: no son comestibles, aunque su familia lo sugiera.


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