El polvo enraizante de vivero lleva ácido indolbutírico al 0,2 o al 0,4 %, una molécula sintetizada en laboratorio y estabilizada en talco. Ninguna preparación hecha en la cocina se acerca a esa concentración ni a esa estabilidad. Conviene saberlo antes de empezar, porque cambia por completo lo que se puede esperar de un vaso de agua de sauce o de una pizca de canela: no son sustitutos del enraizante comercial, sino ayudas menores que, en las especies fáciles, se notan poco y en las difíciles no se notan nada.

Dicho esto, hay preparados caseros con un mecanismo real detrás y otros que circulan por pura repetición. Merece la pena separar unos de otros, y sobre todo entender qué es lo que de verdad decide si un esqueje echa raíces.

Qué ocurre dentro del esqueje

Cuando se corta un tallo, las células vivas próximas al corte reaccionan formando un tejido cicatricial llamado callo. De ahí, o del cambium justo por encima, salen las raíces adventicias. El proceso lo dirigen las auxinas, hormonas que la planta fabrica en los ápices y las hojas jóvenes y que se desplazan hacia abajo por el tallo. Al separar el esqueje de la planta madre, ese flujo se acumula en la base del corte y es lo que dispara el enraizamiento.

Los enraizantes comerciales lo que hacen es añadir auxina desde fuera para que la concentración en la base suba antes y más alto. Por eso funcionan mejor en especies leñosas, que enraízan despacio y suelen pudrirse antes de conseguirlo. En un esqueje de potos, de cinta o de tradescantia no aportan casi nada: esas plantas ya tienen auxina de sobra y raíces visibles en diez días.

Una vez entendido esto se ve claro el problema de los preparados caseros: casi ninguno contiene auxinas. Lo que aportan es otra cosa —antifúngicos, azúcares, ácido salicílico—, y eso puede ayudar por vías indirectas, pero no es lo mismo.

Agua de sauce

Es el más citado y el que tiene la base más sólida. La corteza y los ramillos jóvenes de los sauces (Salix alba, Salix babylonica, Salix atrocinerea) contienen salicina, que en solución acuosa acaba dando ácido salicílico. El ácido salicílico no es una auxina: es una molécula de señalización de defensa. Lo que hace es activar las respuestas de resistencia del esqueje y reducir la carga de hongos en la base del corte, que es justo lo que mata la mayor parte de los esquejes que se pierden.

Los ensayos publicados dan resultados desiguales según la especie: en algunas sube el porcentaje de enraizamiento de forma apreciable, en otras no cambia nada. Como tampoco perjudica y el sauce está en cualquier ribera o parque, es el preparado casero que más sentido tiene probar.

Se hace con ramas del año, las verdes y flexibles, troceadas en trozos de dos o tres centímetros y puestas a remojo en agua a temperatura ambiente durante 24 a 48 horas. El líquido resultante se usa para poner los esquejes en remojo unas horas antes de plantar, o para el primer riego del sustrato. No se conserva: en dos o tres días en la nevera se enturbia y hay que tirarlo.

Ramas de sauce llorón sobre el agua

Canela

La canela molida (Cinnamomum verum o Cinnamomum cassia) contiene cinamaldehído, un compuesto con actividad fungicida demostrada. Espolvorear la base del esqueje con canela antes de clavarlo en el sustrato reduce el ataque de hongos de suelo del tipo Fusarium, Pythium o Rhizoctonia, que son los responsables de que un esqueje se ponga blando y negro por abajo a los pocos días.

Eso es útil, y es motivo suficiente para tener el bote a mano en la mesa de esquejado. Pero no acelera la formación de raíces: evita que el esqueje se pierda mientras las forma, que no es lo mismo. Conviene además ser tacaño con la cantidad. Una capa gruesa de canela sella el corte y en concentraciones altas el cinamaldehído inhibe el crecimiento vegetal, incluido el de las raíces que se pretende favorecer. Con un toque ligero, solo en el centímetro final, basta.

Canela en rama y molida

Agua de lentejas germinadas

De todos los remedios caseros, este es el único que sí puede contener auxina de verdad. Una semilla en germinación sintetiza ácido indolacético (AIA) en la punta de la radícula para dirigir su propio crecimiento, y parte de ese compuesto pasa al agua en la que se remojan.

El procedimiento habitual es poner lentejas en remojo, escurrirlas y dejarlas germinar dos o tres días hasta que asome la raicilla, y después triturarlas con agua y colar el líquido. Con eso se riega el sustrato del esqueje o se remojan las bases.

Ahora la letra pequeña. El AIA es una hormona muy inestable: se degrada con la luz y se oxida en cuestión de horas, y las bacterias del propio macerado la consumen. La concentración que llega al esqueje es baja e imposible de controlar, muy lejos de la del ácido indolbutírico comercial, que precisamente se usa porque es la forma más estable de auxina. Sirve para especies que ya enraízan solas; para una camelia o un olivo, no. Y hay que usarlo el mismo día: guardado, fermenta y lo que se acaba aplicando es una sopa bacteriana que pudre el corte.

Posos de café

Aquí toca desmentir. Los posos de café no enraízan nada, y aplicados directamente sobre un esqueje juegan en contra. La cafeína es alelopática: la planta la produce, entre otras cosas, para frenar el crecimiento de raíces de competidores, y sobre un esqueje recién cortado hace exactamente eso. Además los posos húmedos se apelmazan formando una capa que retiene agua y no deja pasar aire, y en pocos días se cubren de moho.

El café tiene su sitio en el jardín, en dosis pequeñas dentro del compostador, mezclado con material seco. En la maceta de esquejado, no. Y de paso: tampoco acidifica el sustrato de forma apreciable, porque el poso ya usado ronda un pH próximo al neutro; casi todo el ácido se quedó en la taza.

Miel, aloe y aspirina

Los tres circulan como enraizantes y los tres funcionan por la misma vía indirecta que la canela.

La miel es antimicrobiana por su bajísima actividad de agua y por el peróxido de hidrógeno que libera. Untar la base del esqueje con una gota diluida protege el corte. No contiene hormonas vegetales.

El gel de aloe (Aloe vera) aporta polisacáridos que forman una película húmeda sobre el corte y algo de ácido salicílico. Efecto protector, no hormonal.

La aspirina disuelta es, en la práctica, agua de sauce por la vía rápida: el ácido acetilsalicílico se hidroliza a ácido salicílico. Media pastilla de 500 mg en un litro de agua es sobrada; concentraciones más altas queman los tejidos jóvenes. Sirve exactamente para lo mismo que el sauce y no para más.

Lo que de verdad decide el enraizamiento

Un esqueje bien tomado en la época correcta enraíza sin ningún enraizante. Uno mal tomado no lo salva ni la hormona comercial. Estos son los factores que pesan de verdad:

El momento y el tipo de madera. Los esquejes semileñosos —brote del año que ya empieza a endurecer— se toman de junio a septiembre y sirven para romero, lavanda, salvia, laurel, adelfa, mirto o pitosporo. Los de madera dura se toman con la planta parada, de diciembre a febrero, y son los que van bien en higuera, vid, granado, morera o membrillero. Los tiernos de primavera son los que más rápido enraízan y los que más rápido se pudren si se descuida la humedad.

El corte. Justo debajo de un nudo, con cuchilla limpia y afilada. Las tijeras que aplastan el tallo dejan tejido machacado que se pudre. Se dejan dos o tres hojas arriba y se quita todo lo de abajo; si las hojas son grandes, se cortan por la mitad para reducir la pérdida de agua.

El sustrato. Ni tierra de jardín ni sustrato universal recién comprado. Una mezcla de perlita con turba rubia al 50 %, o vermiculita sola, o perlita sola. Lo que se busca es aire: la raíz nueva necesita oxígeno y se ahoga en un medio compacto. Y que esté pobre en nutrientes, porque un esqueje sin raíces no puede absorberlos y las sales solo empeoran las cosas.

Temperatura de base. Entre 20 y 24 ºC en la zona de las raíces, con el aire un poco más fresco, acelera el callo de forma notable. Un cable calefactor o simplemente colocar la bandeja sobre una superficie templada cambia los tiempos.

Humedad ambiental y luz. Bolsa transparente o botella cortada por encima de la maceta, y luz clara pero sin sol directo. Al sol de julio, una campana de plástico convierte el esqueje en verdura cocida en una tarde. Hay que airear cada dos o tres días para que no se acumule condensación permanente.

Y una excepción que conviene tener presente: los geranios (Pelargonium) y en general las plantas de tallo carnoso enraízan mejor sin campana y dejando que el corte cicatrice al aire unas horas antes de plantar. Taparlos es la forma más rápida de perderlos.

Cuándo hay que recurrir al enraizante comercial

Con hiedra, potos, tradescantia, cinta, plectranthus, sauce, chopo, salvia o menta no hace falta nada: bastan agua o sustrato húmedo. Con romero, lavanda, hortensia, forsitia o rosal, el porcentaje de éxito sube algo con hormona pero se puede prescindir de ella.

Donde no hay término medio es en camelia, magnolia, azalea, arce japonés, olivo y coníferas. Son especies de enraizamiento lento y difícil, y ahí las diferencias entre un preparado casero y el ácido indolbutírico son abismales. Si el objetivo es multiplicar una de estas, comprar el bote de hormona sale más barato que perder tres tandas de esquejes.

En resumen

El agua de sauce y la canela tienen un mecanismo real detrás, aunque no sea hormonal: protegen el corte y reducen las pérdidas por hongos. El agua de lentejas germinadas es el único que puede aportar auxina, en cantidad baja e impredecible, y solo sirve el día que se prepara. La miel, el aloe y la aspirina hacen lo mismo que la canela por otras vías. Los posos de café aplicados al esqueje son contraproducentes, porque la cafeína frena el crecimiento radicular y el poso húmedo asfixia y enmohece.

Ninguno de los cinco sustituye al enraizante comercial en especies leñosas difíciles. Antes de buscar la fórmula mágica en la despensa, vale mucho más acertar con la época del esqueje, cortar limpio bajo un nudo, usar un sustrato aireado y pobre, mantener la base entre 20 y 24 ºC y controlar la humedad sin sol directo. Con eso enraízan casi todas las plantas que se pueden multiplicar en casa; sin eso, no enraízan con nada.


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