Quitar una yema en marzo evita tener que serrar una rama en noviembre. Esa frase resume el desyemado mejor que cualquier definición: consiste en eliminar con el dedo las yemas que no interesan antes de que broten, en lugar de dejarlas crecer un año o dos y cortarlas después con tijera o serrucho.
Es una intervención minúscula y de efecto grande. La herida que deja una yema arrancada mide dos o tres milímetros y se cierra en cuestión de días. La que deja esa misma rama a los dos años mide cuatro o cinco centímetros, tarda toda una temporada en compartimentar y es una puerta de entrada para hongos de madera como Chondrostereum purpureum, responsable del plateado, o los cancros de Neonectria. Trabajar con la yema es trabajar cuando la planta todavía no ha invertido nada.
Qué se elimina y qué se consigue
Una yema es un brote comprimido: dentro ya están, en miniatura, el eje y las primeras hojas o flores. Cuando se retira, se cancela ese brote y el vigor que iba a consumir se reparte entre las yemas que quedan. Eso explica los tres usos habituales de la técnica:
Dirigir la forma. En un frutal en formación se suprimen las yemas orientadas hacia el interior de la copa, las del envés de las ramas que darán brotes colgantes y las que se acumulan en el punto de corte de la poda anterior, donde suelen salir tres o cuatro juntas. Se deja una, la mejor orientada, y se quitan las demás.
Repartir la carga. Menos yemas de flor significa menos frutos, pero mayores y con más azúcar. En hueso se combina con el aclareo posterior; el desyemado hace parte del trabajo por adelantado y sin gastar reservas del árbol en frutos que después se van a tirar al suelo.
Evitar competencias. Chupones, brotes del pie y rebrotes del patrón se controlan mucho mejor en estado de yema que cuando ya son varas de un metro.
Yema de madera y yema de flor
Aquí es donde se pierde la cosecha de un año entero, así que conviene mirar despacio antes de tocar nada.
En melocotonero y nectarina (Prunus persica) y en el almendro (Prunus dulcis) las yemas de flor son redondeadas, algo abultadas y de aspecto lanoso, y muy a menudo aparecen en grupos de tres: dos florales flanqueando una de madera, puntiaguda y pegada al ramo. Si se arrasa el grupo entero, ese ramo no dará fruta.
En manzano y peral (Malus domestica, Pyrus communis) la flor sale de dardos, lamburdas y bolsas: brotes muy cortos, rugosos, rematados por una yema gruesa y roma. Un dardo tarda dos o tres años en formarse. Confundirlo con un brote inútil y quitarlo sale caro y no tiene arreglo rápido.
En cerezo (Prunus avium) mandan los ramilletes de mayo, esas agrupaciones de yemas apretadas sobre madera vieja. Se respetan siempre.
La regla práctica: yema fina, alargada y aplicada contra la rama, es de madera y se puede eliminar; yema gorda y redonda, se deja.
El momento del año
El desyemado clásico se hace al final del reposo, con la yema hinchada pero sin abrir. En ese estado se desprende de un empujón lateral con el pulgar y se lleva consigo el anillo de tejido meristemático de la base, que es justo lo que interesa. En el sur y en el Levante peninsular esa ventana cae entre mediados de febrero y primeros de marzo; en el interior de la Meseta y la mitad norte, entre finales de marzo y mediados de abril.
Hay una segunda pasada, llamada desbrotado en verde, entre mayo y junio, cuando los brotes indeseados miden diez o quince centímetros y todavía se parten con la mano sin herramienta. Es el momento de retirar chupones verticales y brotes del tronco.
En la vid (Vitis vinifera) la operación equivalente se conoce como espergura o desbrotado y se hace en abril, con el brote de unos diez centímetros: se eliminan los brotes nacidos sobre madera vieja y, cuando de una misma yema salen dos, se deja el más vigoroso. En el olivo (Olea europaea) el desvaretado del pie y del tronco se repite en primavera y a principios de verano.
Dos condiciones que no dependen del calendario: hacerlo con tiempo seco y sin heladas anunciadas en los días siguientes. Las heridas frescas en frutales de hueso con humedad y frío son la vía de entrada de Pseudomonas syringae, el chancro bacteriano.
Las yemas del patrón no son opcionales
En cualquier planta injertada, todo lo que brote por debajo del punto de injerto pertenece al patrón, que casi siempre es más rústico y más vigoroso que la variedad. Si se le deja crecer, acaba dominando y la variedad se apaga.
En rosales injertados sobre Rosa canina o Rosa laxa, el rebrote del patrón se reconoce porque las hojas suelen llevar siete folíolos en vez de cinco, son de un verde más claro y el tallo va más armado de aguijones. En cítricos sobre Poncirus trifoliata o sus híbridos, los brotes del pie llevan hoja trifoliada y espinas largas: son inconfundibles.
El detalle que cambia el resultado: esos rebrotes se arrancan de un tirón hacia abajo, no se cortan. Al arrancar se llevan el anillo de yemas latentes de la base. Al cortar con tijera queda un tocón con dos o tres yemas durmientes y al mes siguiente hay tres brotes donde había uno.
Desyemado y desbotonado no son lo mismo
El vocabulario de vivero mezcla los dos términos y conviene separarlos. El desyemado actúa sobre yemas vegetativas o florales todavía cerradas y sirve para conducir la planta. El desbotonado actúa sobre botones florales ya formados y sirve para modificar la floración: en dalias, crisantemos, claveles, peonías y camelias se retiran los botones laterales de cada tallo para que el terminal reciba todo y dé una flor grande, de exposición. Si se hace al revés —eliminar el terminal y respetar los laterales— se obtiene una mata cuajada de flores pequeñas que se abren a la vez, que es lo que suele interesar en macizo.
Cómo se ejecuta
El gesto es sencillo: se apoya la yema del pulgar en el lateral de la yema hinchada y se empuja hacia fuera, siguiendo la dirección de la rama. Salta limpia. No hay que hurgar con la uña ni rascar la corteza, porque un descortezado ancho tarda más en cerrar que la propia yema.
Si el brote ya ha salido y mide un palmo, se sujeta con el índice y el pulgar cerca de la base y se dobla hacia abajo hasta que se desprende. Solo cuando la base está ya lignificada —marrón, dura, no se parte— hay que recurrir a la tijera, y entonces ya no es desyemado sino poda en verde: desinfecta la hoja entre árbol y árbol si hay chancros o fuego bacteriano (Erwinia amylovora) en la zona.
Dónde se tuerce la operación
Llegar tarde. Con la yema ya convertida en brote leñoso se pierde toda la ventaja de la técnica: hay corte, hay herida y hay reacción del árbol.
Pasarse de celo. Retirar de golpe más de un tercio de las yemas descompensa la relación entre raíz y copa. La raíz sigue bombeando con la misma fuerza a menos puntos de crecimiento y el árbol contesta en junio con una nube de chupones verticales, exactamente lo contrario de lo que se buscaba.
Dejar el tronco desnudo en zonas calurosas. En Andalucía, Extremadura o el valle del Ebro, unos cuantos brotes en el tronco dan sombra a la corteza durante los primeros veranos. Eliminarlos todos en un árbol joven de corteza fina expone la madera al golpe de sol, que agrieta y abre paso a barrenillos. Se quitan de forma escalonada, o se encala el tronco.
Desyemar un árbol débil o de primer año. Una planta recién trasplantada necesita toda la hoja que pueda hacer para reconstruir raíz. Ahí se limita el trabajo a los rebrotes del patrón y poco más.
Trabajar con guantes gruesos. El desyemado se hace por tacto: hay que notar si la yema está tierna o ya endurecida. Un guante de nitrilo fino sí, uno de piel no.
En resumen
Desyemar es adelantarse: suprimir con el pulgar las yemas mal situadas, sobrantes o pertenecientes al patrón mientras están hinchadas y sin abrir, en vez de cortar ramas hechas más adelante. Deja heridas insignificantes, no necesita herramienta, redirige el vigor hacia las yemas que interesan y ahorra poda futura.
Antes de tocar, distingue yema de flor de yema de madera: gorda y redonda se queda, fina y puntiaguda se puede ir. Elige tiempo seco al final del invierno, con una segunda pasada en verde en mayo o junio, arranca los rebrotes del patrón de un tirón hacia abajo, y no quites más de un tercio de las yemas de una vez. Con eso, un rato de trabajo en marzo se nota en la forma del árbol y en el tamaño de la fruta durante años.