Botánicamente es un fruto. En la cocina se maneja como hortaliza. Las dos afirmaciones son correctas y no se contradicen, porque responden a preguntas distintas: una describe de dónde sale la pieza en la planta y la otra, en qué parte del menú acaba.

Lo que en España se llama calabaza, en Argentina, Chile, Perú, Uruguay o Bolivia se llama zapallo. La palabra viene del quechua sapallu, y en el uso corriente designa sobre todo a Cucurbita maxima, la calabaza de invierno de corteza gruesa y carne anaranjada. En un vivero o en un supermercado español la misma planta vendrá etiquetada como calabaza, y las variedades tipo zapallo plomo o Hubbard se encuentran como semilla sin mayor problema.

Por qué es un fruto en sentido estricto

Un fruto es el ovario de la flor desarrollado y maduro, con las semillas dentro. El zapallo cumple exactamente eso: nace de la flor femenina, engorda a partir del ovario ínfero y contiene las pepitas en su interior. El tipo concreto de fruto tiene nombre propio, pepónide, una baya modificada con la epidermis endurecida en corteza y la pulpa carnosa. Es la misma estructura que tienen el melón, la sandía, el pepino y el calabacín, todos de la familia de las cucurbitáceas.

Que la fruta se asocie al postre y al sabor dulce es una convención gastronómica, no una categoría botánica. Con el mismo criterio del zapallo son frutos el tomate, el pimiento, la berenjena, la judía verde y la vaina del guisante.

Fruto maduro de Cucurbita maxima

Fruta, verdura y hortaliza no son sinónimos

Aquí está el nudo de la confusión, y merece la pena deshacerlo porque las tres palabras se usan como si dieran igual.

Hortaliza es cualquier planta de huerta que se consume como alimento, con independencia del órgano que se coma: raíz (zanahoria), bulbo (cebolla), hoja (acelga), tallo (espárrago), inflorescencia (alcachofa) o fruto (tomate, zapallo).

Verdura, en su acepción rigurosa, es la hortaliza de la que se aprovechan las partes verdes: hojas y tallos. Espinaca, acelga, lechuga, puerro. Por ahí, llamar verdura al zapallo es impreciso: es una hortaliza de fruto.

Fruta es el fruto comestible de sabor dulce o ácido que se toma normalmente crudo y como postre. Es una categoría de mercado y de cocina, no de botánica.

Así que la respuesta ordenada queda así: el zapallo es un fruto (botánica), es una hortaliza de fruto (horticultura y cocina), y no es una fruta en sentido culinario ni, estrictamente, una verdura.

Añade un matiz que sorprende: la normativa europea de confituras y mermeladas —la Directiva 2001/113/CE, traspuesta en España— considera fruta a efectos de elaboración, entre otras, a la calabaza, la zanahoria, el boniato, el tomate, el pepino, el melón y la sandía. Por eso una mermelada de calabaza puede llamarse mermelada legalmente. La ley resuelve un problema comercial, no zanja la botánica.

Un aviso sobre el sabor amargo

Antes de entrar en el cultivo conviene decir esto, porque afecta a la salud. Las cucurbitáceas silvestres y ornamentales contienen cucurbitacinas, unos compuestos muy amargos y tóxicos. Las variedades de huerta las han perdido por selección, pero pueden reaparecer en las semillas guardadas de un fruto que se cruzó con una calabaza decorativa del vecino, o en plantas nacidas espontáneamente del compost.

La regla es simple y no admite excepciones: si un trozo de zapallo o de calabacín sabe amargo, escúpelo y tira la pieza entera. Las cucurbitacinas provocan vómitos y diarrea intensos, y en casos serios se ha descrito caída del cabello semanas después. No se destruyen cocinando. Un pequeño bocado crudo antes de guisar basta para detectarlo.

Y de paso, una precisión sobre los cruces: si tu zapallo se poliniza con un calabacín, los frutos de esta temporada no cambian de sabor. El polen ajeno solo afecta al embrión de la semilla, no a la pulpa que te comes. El problema aparece al año siguiente, si siembras esas semillas. De ahí la recomendación de comprar semilla certificada salvo que sepas aislar las flores.

Cómo se cultiva en España

El zapallo es una planta anual, rastrera, de raíz potente y crecimiento rápido, que no soporta el frío: a 0 ºC muere la planta entera, y por debajo de 10 ºC deja de crecer.

Siembra. En semillero protegido a finales de marzo o principios de abril, dos semillas por alvéolo, a unos 20-22 ºC, que germinan en cinco o siete días. La siembra directa se hace cuando el suelo pasa de 14-15 ºC: en el litoral mediterráneo y el valle del Guadalquivir, desde mediados de abril; en la meseta y el norte, en mayo, ya pasado el riesgo de heladas tardías. Coloca la semilla de canto, a 2-3 cm de profundidad.

Marco de plantación. Una mata de Cucurbita maxima echa guías de tres o cuatro metros. Deja 1,5 m entre plantas y 2 m entre líneas como mínimo. Apretarlas no da más cosecha: da hojas amontonadas, sombra, humedad retenida y oídio en julio.

Suelo y abonado. Es un cultivo exigente. Suelo profundo, mullido y bien drenado, con pH entre 6 y 7, y una aportación generosa de materia orgánica: 4-5 kg/m² de estiércol bien hecho o compost maduro, incorporados antes de plantar. Estiércol fresco no, porque quema la raíz y favorece podredumbres.

Sol. Ocho horas directas o más. A media sombra, la planta crece y no cuaja.

Riego. Abundante y espaciado, mejor por goteo y siempre al pie. Mojar el follaje por aspersión es la vía rápida al oídio. En plena carga de frutos, en julio y agosto, una mata adulta puede pedir 15-20 litros por semana repartidos en dos o tres riegos, según suelo. Las hojas se caen a mediodía en pleno calor aunque el suelo tenga humedad: eso es un mecanismo de defensa, no sed; comprueba el suelo antes de añadir agua.

Polinización: donde se pierde la cosecha

El zapallo es monoico: flores masculinas y femeninas separadas en la misma planta. Las masculinas salen primero, sobre un pedúnculo largo y fino; las femeninas se reconocen porque llevan bajo los pétalos un pequeño fruto en miniatura. Ese frutito solo engorda si una abeja transporta polen de una flor masculina a la femenina la misma mañana en que abre, porque la flor femenina es receptiva unas pocas horas y se cierra para siempre.

Si los frutos jóvenes amarillean por la punta y se caen del tamaño de un huevo, no es una enfermedad ni falta de abono: no hubo polinización. Ocurre sobre todo en balcones y huertos urbanos con pocas abejas, y tras una semana de lluvia. La solución es manual: por la mañana temprano, corta una flor masculina abierta, retírale los pétalos y frota el estambre contra el estigma de la femenina. Con una masculina se pueden polinizar dos o tres femeninas.

Plantar caléndula, borraja o lavanda alrededor del huerto atrae polinizadores, y evitar los insecticidas en las horas de vuelo cambia bastante el resultado.

Recolección y conservación

Calabaza lista para la recolección

Desde la siembra hasta la recolección pasan entre 100 y 140 días según variedad, de modo que lo sembrado en mayo se recoge de septiembre a mediados de octubre. Tres señales indican el punto:

El pedúnculo se vuelve leñoso y agrietado, y las zarcillas más próximas al fruto se secan. La corteza resiste la uña: si la marcas con el dedo, aún le falta. Y el fruto suena a hueco al golpearlo con los nudillos.

Corta con tijera de podar o cuchillo dejando 5-8 cm de pedúnculo unido al fruto, y nunca lo transportes agarrándolo por ahí. Un zapallo al que se le arranca el rabo se pudre por esa cicatriz en pocas semanas; ese detalle es la diferencia entre una calabaza que aguanta hasta marzo y otra que se estropea en noviembre.

Después conviene curarla: diez o quince días en un sitio seco y cálido, a 25 ºC si es posible, para que la corteza endurezca y cicatricen las heridas. Luego se guarda en local seco, ventilado y oscuro, entre 10 y 15 ºC, apoyada sobre una tabla o cartón y sin que los frutos se toquen entre sí. Así, un ejemplar de Cucurbita maxima bien curado aguanta de cuatro a seis meses. La nevera no es el sitio: por debajo de 7-8 ºC la pulpa se daña por frío. Una vez abierta, sí, envuelta y en frío, tres o cuatro días.

Problemas frecuentes en el cultivo

Oídio (Podosphaera xanthii). Polvo blanco en el haz de las hojas a partir de julio. Es lo que antes acaba con la planta en clima mediterráneo. Aireación, riego al pie, retirada de hojas basales muy afectadas y tratamientos preventivos con azufre mojable, evitando aplicarlo por encima de 30 ºC porque quema.

Mildiu (Pseudoperonospora cubensis). Manchas angulosas delimitadas por los nervios, con moho gris por el envés. Aparece con humedad alta y noches frescas, sobre todo en la cornisa cantábrica.

Pulgón (Aphis gossypii) y mosca blanca. Más allá del daño directo, transmiten virus como el del mosaico del pepino, que deforman hoja y fruto y no tienen cura una vez instalados.

Podredumbre apical del fruto. La punta se ennegrece y se hunde. Suele ser un problema de absorción de calcio provocado por riegos irregulares, no por falta de calcio en el suelo. Riega con regularidad y acolcha el suelo con paja para estabilizar la humedad.

Y una medida que ahorra la mitad de los problemas: rotación. No repitas cucurbitáceas en la misma tabla antes de tres o cuatro años. Fusarium y nematodos se acumulan en el suelo y no se corrigen a base de abono.

En resumen

El zapallo, o calabaza, es un fruto en sentido botánico —un pepónide procedente del ovario de la flor femenina— y una hortaliza de fruto en sentido culinario, emparentado con el melón, el pepino y el calabacín. Llamarlo verdura es impreciso; llamarlo fruta, en la cocina, tampoco encaja, aunque la normativa europea de mermeladas lo asimile a fruta a efectos de elaboración. En el huerto pide sol pleno, suelo rico, mucho espacio, riego al pie y polinizadores; los frutos que amarillean y caen jóvenes son un fallo de polinización, no de abono. Recolecta cuando el pedúnculo esté leñoso, corta dejando un buen trozo de rabo, cura el fruto un par de semanas y guárdalo entre 10 y 15 ºC. Si al probarlo amarga, no lo comas.


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