En julio, una maceta de interior puede gastar su agua en cuatro días; en diciembre, esa misma maceta tarda tres semanas en secarse. El calendario de riego que funcionaba en verano, aplicado en enero sin tocar nada, es lo que llena los platos de agua estancada y pudre raíces en pleno reposo.

Regar en invierno no consiste en regar menos porque sí, sino en entender que la planta ha bajado el consumo y que el sustrato tarda muchísimo más en secarse. Con menos horas de luz, temperaturas bajas y humedad ambiental alta en buena parte de la Península, la evapotranspiración se desploma. El agua que entra en la maceta sale mucho más despacio, y una raíz rodeada de sustrato frío y saturado se asfixia en pocos días.

Deja de regar por calendario y empieza a regar por peso

La regla de "los martes toca riego" es cómoda, y entre noviembre y marzo mantiene el cepellón permanentemente mojado hasta que la raíz deja de funcionar. En su lugar, comprueba antes de cada riego:

El dedo. Introdúcelo dos o tres centímetros en el sustrato. Si sale con tierra pegada y fresca, no riegues. En macetas grandes conviene llegar más abajo, porque los primeros centímetros se secan mucho antes que el fondo.

El peso. Es el método más fiable y no cuesta nada. Levanta la maceta recién regada y memoriza cuánto pesa; levántala de nuevo a los días. Cuando notes que pesa claramente menos, toca regar. Con una maceta de barro de 20 cm la diferencia es evidente a la mano.

Cuando riegues, riega de verdad: agua hasta que salga por los agujeros de drenaje, y a los diez minutos vacía el plato. Regar "un poquito cada pocos días" moja solo la capa superficial, deja el fondo del cepellón seco y concentra las sales del agua en la parte de arriba, donde acaban quemando raicillas.

La hora del riego importa más que en verano

En exterior, riega a media mañana o al mediodía, entre las 11 y las 14 horas. El agua tiene así todo el día para infiltrarse y la planta llega a la noche con el sustrato húmedo pero no encharcado. Si riegas a última hora de la tarde en una zona con heladas, el agua libre en la superficie se congela sobre el cuello de la planta y en la maceta, y una maceta con el cepellón hecho un bloque de hielo no puede absorber nada aunque esté empapada.

El agua muy fría también pasa factura, sobre todo en tropicales de interior. Del grifo puede salir a 6-8 ºC en enero; regar una Calathea o una Alocasia con eso frena la absorción de raíz de golpe y provoca manchas y caída de hojas. Llena la regadera y déjala en la habitación unas horas: con que se acerque a la temperatura ambiente es suficiente.

Plantas de interior y tropicales

Monstera deliciosa de interior en invierno

Dentro de casa se juntan dos fuerzas contrarias y conviene no confundirlas. La calefacción reseca el aire, a veces por debajo del 30 % de humedad relativa, y eso hace pensar que la planta necesita más agua. Al mismo tiempo, la luz que entra por la ventana en diciembre es una fracción de la de junio, así que la planta fotosintetiza menos y bebe menos.

El resultado es que el aire está seco pero el sustrato no. Las puntas marrones y secas de una Monstera deliciosa, un Spathiphyllum o un helecho junto a un radiador son un problema de humedad ambiental, no de riego. La solución es alejar la planta del radiador, agruparla con otras o poner una bandeja con arcilla expandida y agua bajo la maceta (sin que el fondo toque el agua). Regar más solo añade un problema encima del otro.

Señales de exceso de riego, que se parecen peligrosamente a las de la sed: hojas amarillas y blandas empezando por las de abajo, tallos que se ablandan en la base, mosquitas del sustrato revoloteando y olor agrio al acercar la nariz a la tierra. Si la planta está mustia y el sustrato está mojado, no le falta agua: le sobra, y la raíz ya no funciona.

Como orientación, un Ficus lyrata o un Ficus elastica en salón a 18-20 ºC pasa sin problemas de 10 a 15 días entre riegos en invierno, frente a los 4 o 5 del verano. Los cactus y las suculentas de zonas templadas van más lejos todavía: si invernan frescos, entre 5 y 10 ºC, lo correcto es no regarlos en absoluto desde noviembre hasta marzo. Ese reposo seco es justo lo que induce la floración en Mammillaria, Echinopsis o Rebutia. Un riego en enero sobre un cactus frío pudre el cuello y la planta se desprende sola a las pocas semanas.

Hay excepciones que conviene tener claras. El cactus de Navidad (Schlumbergera) florece precisamente ahora y necesita el sustrato ligeramente húmedo durante toda la floración; secarlo del todo le tira los capullos. Y las plantas de interior con calefacción alta y luz de ventana sur pueden necesitar riego semanal, así que la comprobación previa sigue mandando sobre cualquier norma general.

Bonsái: el caso más delicado

Bonsái en bandeja durante el invierno

Un bonsái vive en dos o tres dedos de sustrato muy drenante, akadama o similar, dentro de una bandeja plana. Ese volumen tan pequeño se comporta al revés que una maceta grande: puede secarse por completo incluso en invierno, en un día soleado y con viento, mientras el resto del jardín sigue húmedo. Por eso la comprobación en bonsái es diaria, aunque el riego no lo sea.

Las especies de exterior —Juniperus, Pinus, Acer palmatum, Ulmus, olivo, granado— deben pasar el invierno fuera. Meterlas en casa "para protegerlas del frío" les impide cumplir las horas de frío que necesitan para brotar bien en primavera, y dentro, con calefacción, se deshidratan y se debilitan. Lo que hay que proteger no es la copa, es la raíz: en una bandeja de cuatro centímetros, el cepellón se congela entero, cosa que no le pasa a ese mismo árbol plantado en el suelo.

Con heladas, tres reglas prácticas. Riega por la mañana, nunca al atardecer. No riegues sobre un cepellón congelado: el agua no penetra, se queda encima y añade hielo; espera a que se descongele a media mañana. Y si se anuncian varios días bajo cero, protege la bandeja: arrimarla a una pared orientada al sur, enterrarla en un arriate o rodearla de mantillo, corteza u hojas secas mantiene la raíz varios grados por encima del aire.

Ojo con los bonsáis tropicales de interior, tipo Ficus retusa o Carmona, que son los que más se venden. Esos sí van dentro, con luz abundante, lejos del radiador y con riegos espaciados pero completos, por inmersión de la bandeja hasta que deje de burbujear.

El jardín y las macetas de exterior

En gran parte de la Península, un jardín establecido no necesita riego entre diciembre y febrero: las lluvias de invierno cubren la demanda y el suelo permanece frío. Apaga el programador o baja la frecuencia al mínimo; un riego automático funcionando en enero sobre un macizo de aromáticas mediterráneas es una receta para la podredumbre de raíz.

Ahora bien, hay situaciones en que sí hay que coger la manguera en pleno invierno:

Plantaciones de otoño. Un árbol o arbusto plantado en octubre o noviembre todavía no tiene raíz explorando el terreno. Si pasan tres o cuatro semanas sin lluvia, riega en profundidad, con 20 o 30 litros de una vez alrededor del cepellón, mejor que poquito y a menudo.

Zonas de invierno seco. El sureste peninsular, el valle del Ebro o el interior de Andalucía pueden encadenar meses sin precipitación útil. Ahí el invierno no es una estación húmeda y las plantas siguen perdiendo agua.

Perennes y coníferas antes de una ola de frío. Un ciprés, un tejo o una camelia siguen transpirando por la hoja cuando pega el sol y el viento, pero si el suelo está helado no pueden reponer esa agua: es lo que se conoce como sequía fisiológica, y se manifiesta con las puntas y los bordes de la hoja pardos, casi como si se hubieran quemado. Un riego abundante el día antes de la helada ayuda dos veces: llena la planta de agua y aumenta la inercia térmica del suelo, porque un suelo húmedo se enfría más despacio que uno seco.

Todo lo que esté bajo alero, porche o pared. Las macetas resguardadas de la lluvia no reciben ni una gota aunque lleve semanas lloviendo. Son las que más se secan sin que nadie se dé cuenta.

Con el riego por goteo, antes de la primera helada seria conviene vaciar las tuberías y desmontar o resguardar programadores, electroválvulas y filtros. El agua retenida se dilata al congelarse y raja los cuerpos de plástico; el desperfecto aparece en marzo, cuando vuelves a abrir la llave.

Qué agua usar

En buena parte de España el agua de red es dura, con mucho bicarbonato cálcico. Con riegos espaciados y sin lavado del sustrato, el invierno es la época en que más se acumula cal y en que más sube el pH de la maceta. Para plantas acidófilas —camelia, azalea, rododendro, gardenia, arándano, hortensia azul— recoge agua de lluvia siempre que puedas: es gratis, es blanda y en invierno hay de sobra. Una hoja verde clara con los nervios marcados en verde oscuro es clorosis férrica, y detrás casi siempre está el agua calcárea.

Dejar reposar el agua 24 horas sirve para que se evapore el cloro, no para quitar la cal. La dureza no se va reposando.

Lo que no hay que hacer

Dejar el plato con agua. En verano se evapora en horas; en invierno puede seguir ahí una semana, con la base del cepellón en remojo permanente. Es la vía directa a los hongos de suelo del género Phytophthora y Pythium, que atacan justo en sustrato frío y saturado.

Pulverizar hojas creyendo que eso riega. Sube algo la humedad ambiental durante unos minutos y poco más. La planta bebe por la raíz. Además, mojar el follaje de plantas peludas como la violeta africana (Saintpaulia) les deja manchas.

Abonar mientras riegas en invierno. Una planta en reposo no consume nutrientes, así que el abono se queda en el sustrato en forma de sales que dañan la raíz. Suspende el abonado de noviembre a finales de febrero y retómalo cuando veas brotes nuevos.

Trasplantar en diciembre para "arreglar" un exceso de riego. Si el problema es podredumbre, saca el cepellón, retira la tierra empapada, corta lo podrido y replanta en sustrato apenas húmedo; pero un trasplante de rutina en pleno invierno, sin urgencia, deja a la planta con la raíz rota y sin capacidad de regenerarla hasta la primavera.

En resumen

En invierno la planta consume menos agua y el sustrato se seca mucho más despacio, así que lo que cambia no es la cantidad de cada riego sino el intervalo entre riegos. Comprueba siempre antes de regar, con el dedo o con el peso de la maceta; cuando riegues, hazlo a fondo y vacía el plato. En exterior, riega a media mañana y nunca sobre cepellón helado. Los cactus y suculentas que invernan frescos se quedan totalmente secos hasta marzo; los bonsáis, en cambio, se revisan a diario porque su bandeja se seca en horas. Y no confundas el aire seco de la calefacción con la sed: las puntas marrones se arreglan alejando el radiador, no echando más agua.


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