A finales de abril, en un jardín de la costa mediterránea, este arbusto se oye antes de verse: los conos azules cargados de flor zumban de abejas desde media mañana. Un ejemplar adulto puede levantar treinta o cuarenta espigas a la vez sobre una mata de metro y medio, y sostenerlas durante seis o siete semanas sin pedir un solo riego.

Echium fastuosum en plena floración con sus espigas azul violeta

El nombre de la etiqueta y el nombre válido

En el vivero, la maceta pondrá Echium fastuosum. En cualquier flora o base de datos taxonómica actualizada, esa misma planta figura como Echium candicans. No son dos plantas distintas ni dos variedades: es la misma especie, y el nombre correcto es el segundo. Fastuosum se quedó fijado en el comercio de jardinería y ahí sigue, de modo que quien busque información con un nombre y no con el otro se pierde la mitad de lo publicado. Conviene conocer los dos.

Pertenece a las Boragináceas, la familia de la borraja y de los nomeolvides, y es endemismo de Madeira, no de Canarias. Este matiz importa más de lo que parece, porque en el archipiélago canario crecen otros Echium con los que se confunde continuamente y cuyo comportamiento en el jardín es completamente distinto.

Cómo distinguirlo de los demás Echium

La diferencia decisiva no está en el color de la flor, sino en cuántas veces florece la planta:

  • Echium candicans (el fastuosum de vivero) es un arbusto perenne y ramificado. Florece todas las primaveras a partir del segundo o tercer año, y sigue vivo después de florecer. Vive entre cinco y ocho años, a veces algo más.
  • Echium wildpretii, el tajinaste rojo del Teide, es monocárpico: forma una roseta durante dos o tres años, levanta una única vara de dos metros, florece, fructifica y muere. No hay poda que lo salve.
  • Echium pininana, el tajinaste azul de La Palma, se comporta igual: una torre de tres o cuatro metros, una floración y final.
  • Echium plantagineum, la viborera común de nuestros pastos, es una herbácea anual sin ningún interés ornamental comparable.

Quien planta un tajinaste creyendo que tiene un arbusto se lleva el disgusto al tercer verano, cuando la planta se seca entera después de la floración más espectacular de su vida. Con candicans eso no ocurre, y por eso es el Echium que tiene sentido en un jardín permanente.

Aspecto y ciclo

Forma una mata redondeada de 1,5 a 2 metros de alto y otro tanto de ancho, con ramas gruesas y algo desgarbadas que terminan en rosetas de hojas lanceoladas, grisáceas, cubiertas de pelos cortos y ásperos. Ese vello no es decorativo: reduce la pérdida de agua y refleja la radiación, que es como esta planta resuelve el verano.

De las rosetas terminales salen en primavera las inflorescencias, panículas cónicas densas de 20 a 30 cm, de un azul violeta que vira al lila conforme la flor envejece, con los estambres sobresaliendo y dando textura al conjunto. En el litoral mediterráneo la floración va de marzo-abril a junio; en la cornisa cantábrica y en el norte de Portugal se retrasa unas semanas.

Como planta melífera está entre las mejores que se pueden poner en un jardín seco. Atrae abejas melíferas, abejorros y solitarias en cantidad, y produce néctar durante buena parte del día.

Mata completa de Echium fastuosum con su porte redondeado

Dónde se puede cultivar en España

Aguanta heladas ligeras, del orden de -3 a -5 ºC de forma breve, y siempre que el suelo esté seco. La combinación que lo mata no es el frío solo, sino frío con suelo mojado: en un invierno lluvioso de arcilla pesada, una helada de -2 ºC hace más daño que -5 ºC en un talud arenoso.

Traducido al mapa: en toda la franja litoral mediterránea, en el sur peninsular, en la costa atlántica gallega y cantábrica y en Canarias vive en el suelo sin problema. En el interior de la Meseta, en el valle del Ebro o en zonas de montaña, donde se bajan los -7 u -8 ºC, no pasa el invierno; ahí hay que cultivarlo en maceta grande y meterlo en un porche fresco y luminoso durante los meses fríos, regando lo justo para que no se deshidrate.

Suelo, exposición y riego

Sol directo, cuanto más mejor. A media sombra se estira, las ramas se separan, las rosetas quedan flojas y la floración se reduce a la mitad. Es planta de acantilado, no de patio sombreado.

Suelo pobre y drenante. Arenoso, pedregoso, calizo, con pH indiferente. Tolera la salinidad y el viento marino, lo que lo convierte en una opción de primera línea de costa. Si el terreno es arcilloso, hay que plantar en caballón elevado o en un montículo de 30-40 cm mezclado con grava y arena gruesa; el agua tiene que irse, no acumularse alrededor del cuello.

Riego escaso. El primer año, un riego cada diez o quince días en verano para que enraíce. A partir del segundo, en la costa mediterránea se puede dejar prácticamente sin regar, con dos o tres aportes puntuales en agosto si el verano es muy duro. El riego generoso da una planta grande, blanda, con entrenudos largos, que se abre por el centro con el primer viento y que es carne de Phytophthora en el suelo.

Abonado. Ninguno, o casi. Un puñado de compost bien hecho en superficie cada dos otoños es suficiente. El nitrógeno le hace crecer hoja a costa de flor y le resta resistencia al frío.

Poda: dónde está el límite

Se poda en cuanto termina la floración, entre junio y julio. Se cortan las espigas agotadas justo por debajo de la inflorescencia seca, dejando la roseta de hojas y unos centímetros de rama verde. Con eso se estimula la brotación lateral y se consiguen más espigas al año siguiente.

Lo que no se puede hacer es rebajar la mata cortando por madera vieja y desnuda. Igual que ocurre con la lavanda o el romero, esas ramas sin hoja rara vez rebrotan: se queda un muñón seco y la planta pierde ese brazo para siempre. Un ejemplar viejo, con el centro pelado y las ramas caídas, no se recupera con una poda severa; lo práctico es haber sacado esquejes antes y sustituirlo.

Tampoco conviene podar en otoño. Los brotes tiernos que salgan después llegarán al invierno sin endurecer y serán lo primero que se lleve la primera helada.

Multiplicación

Por esqueje semileñoso a finales de verano, entre agosto y septiembre. Se toman puntas de 10-12 cm sin inflorescencia, se eliminan las hojas inferiores y se clavan en una mezcla de arena y turba a partes iguales, a la sombra y con el sustrato apenas húmedo. Enraízan en cuatro o seis semanas. Un exceso de agua en el esqueje lo pudre antes de que emita raíz.

Por semilla también funciona, sembrando en otoño o a principios de primavera; germina en dos o tres semanas con temperatura suave. De hecho se resiembra sola con facilidad en zonas de clima benigno, y ahí hay una advertencia razonable: en la costa se naturaliza y compite con la vegetación autóctona —en California es considerada invasora en el litoral—, así que si el jardín linda con matorral o duna, lo sensato es cortar las espigas antes de que suelten semilla.

Problemas y precauciones

Pulgón en los brotes tiernos y en las espigas jóvenes, sobre todo si se ha abonado de más. Con un chorro de agua y algo de paciencia se controla; los auxiliares llegan solos a una planta que además está llena de polinizadores.

Podredumbre de cuello y raíz por hongos de suelo en terrenos que retienen agua. No tiene tratamiento práctico una vez declarada; se previene con el drenaje y con la mano floja en el riego.

Irritación al manipularla. Los pelos rígidos de hojas y tallos pican y pueden provocar dermatitis en pieles sensibles. Para podarla conviene manga larga y guantes.

Toxicidad. Como buena parte de las Boragináceas, los Echium contienen alcaloides pirrolizidínicos, compuestos hepatotóxicos de efecto acumulativo. No es una planta comestible ni tiene uso en infusiones, y el género es conocido por causar intoxicaciones hepáticas en ganado —el caso documentado clásico es Echium plantagineum en équidos y bovinos que la consumen de forma continuada en el pasto. En un jardín doméstico el riesgo es bajo, porque el vello áspero la hace poco apetecible, pero no es planta para poner al alcance de conejos, cabras o caballos, ni para dar por buena en la cocina.

Con qué combinarlo

Funciona en el mismo bancal seco que Lavandula dentata, Teucrium fruticans, Salvia rosmarinus, jaras, Euphorbia characias o gramíneas como Stipa tenuissima. Todas piden lo mismo: sol, suelo pobre, drenaje y poco riego, que es la única manera de que un macizo mediterráneo funcione sin trampas. Plantado entre plantas de riego frecuente, el Echium es el primero que cae.

Por su volumen conviene darle sitio desde el principio: dos metros de diámetro no se improvisan, y trasplantar un ejemplar hecho, con esa raíz gruesa y frágil, sale casi siempre mal.

En resumen

Echium fastuosum, cuyo nombre válido es Echium candicans, es un arbusto perenne de Madeira que forma una mata de metro y medio a dos metros y se cubre de espigas azul violeta de primavera a principios de verano. A diferencia de los tajinastes canarios, no muere después de florecer. Quiere sol pleno, suelo pobre y drenante, tolerancia a la sal y viento marino a favor, y muy poca agua: el riego abundante y el suelo compacto son lo que lo pudre. Se poda solo tras la floración, retirando las espigas gastadas sin entrar en madera vieja, y se renueva con esquejes de finales de verano porque su vida útil ronda los cinco u ocho años. Aguanta heladas cortas de hasta unos -4 ºC con el suelo seco, de modo que en el interior peninsular hay que cultivarlo en maceta y resguardarlo. Y dos avisos: pica al manipularlo y contiene alcaloides hepatotóxicos, así que ni infusiones ni acceso libre para el ganado.


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