Un descalcificador doméstico no elimina la cal: intercambia el calcio y el magnesio por sodio. El agua sale suave al tacto, no deja depósitos en la mampara de la ducha y arruina el jardín. Si tu manguera está conectada aguas abajo del descalcificador, esa es la primera cosa que hay que cambiar, antes que el abono, el sustrato o el calendario de riego.

El agua es el insumo que más veces entra en una maceta a lo largo del año. Su composición no se corrige sola y se acumula: lo que traiga disuelto se queda en el sustrato cada vez que la superficie se evapora. Merece la pena saber qué estás echando.

Regadera metálica junto a plantas de jardín

Cuatro números y ninguno más

Toda la discusión sobre aguas de riego se reduce a cuatro parámetros. El resto es matiz.

Conductividad eléctrica (CE). Mide la sal total disuelta. Se expresa en dS/m o en µS/cm (1 dS/m = 1.000 µS/cm). Por debajo de 0,7 dS/m el agua es apta para casi todo. Entre 0,7 y 3 hay que elegir especies tolerantes y regar con exceso para lavar sales. Por encima de 3 dS/m solo aguantan palmeras, tamarindos, adelfas y poco más. Las plantas carnívoras y muchas orquídeas exigen menos de 0,1 dS/m (unos 50 ppm), un umbral que el agua de red casi nunca cumple. Un medidor de CE de bolsillo cuesta menos de veinte euros y es la mejor inversión que puede hacer un jardinero.

pH. El rango cómodo para el riego está entre 6,0 y 7,0. Buena parte de las aguas de red españolas sale entre 7,5 y 8,3, ligeramente básicas. No es dramático en suelo, que tiene capacidad tampón, pero en maceta, riego tras riego, va subiendo el pH del sustrato.

Bicarbonatos y dureza. Aquí está el verdadero problema de la "cal". La dureza se mide en grados franceses (°f): hasta 15 °f el agua es blanda, de 15 a 30 media, por encima de 30 dura, y pasando de 45 muy dura. Los bicarbonatos son los que neutralizan la acidez del sustrato y provocan la clorosis férrica.

Sodio. El parámetro que se ignora y el que más daño hace. Se valora por el SAR (relación de adsorción de sodio), que compara el sodio frente al calcio y el magnesio. Con SAR alto, el sodio desplaza al calcio de los coloides del suelo, la arcilla se dispersa, la estructura se destruye y el terreno se vuelve impermeable y costroso. Además es fitotóxico directo para muchas ornamentales.

Agua de lluvia: el patrón oro

CE prácticamente nula, sin sodio, sin bicarbonatos, pH ligeramente ácido (5,5-6,5 por el CO₂ atmosférico disuelto) y con algo de nitrógeno nítrico aprovechable. No hay agua mejor para regar, y explica por qué las plantas dan un estirón visible tras una tormenta que no dan tras un riego equivalente con manguera.

Para recogerla bien hay tres cautelas concretas. Descarta los primeros minutos de escorrentía del tejado: arrastran polvo, excrementos de aves y depósito atmosférico, y son el agua más sucia de todo el episodio. Los kits de derivación de primeras aguas resuelven esto por poco dinero. Revisa el material de la cubierta: las placas de fibrocemento antiguas anteriores a 2002 pueden contener amianto y no son cubierta recomendable para recoger agua de riego de huerto; las cubiertas bituminosas recién puestas también lixivian compuestos las primeras lluvias. Tapa el depósito con malla mosquitera. Un bidón abierto es un criadero de Aedes albopictus, el mosquito tigre, y en buena parte del litoral mediterráneo las ordenanzas municipales obligan a mantener cubiertos los depósitos de agua a la intemperie. La malla también impide que caigan hojas y que el agua se pudra.

Guardada en oscuridad y tapada, el agua de lluvia se conserva meses sin problema. En depósito translúcido criará algas en semanas.

Agua de red: potable no significa buena para regar

Son criterios distintos. El agua de red se trata para que la puedas beber sin riesgo microbiológico, no para que a una hortensia le venga bien. Y varía muchísimo según de dónde venga.

El agua de Madrid, procedente de embalses de sierra sobre granito, es de las más blandas de Europa: en torno a 5-12 °f y CE baja. Regar hortensias, camelias o azaleas con ella no da problemas. En cambio, en el arco mediterráneo, el valle del Ebro y buena parte de Andalucía, la red sale de acuíferos y ríos que atraviesan materiales calizos y yesíferos, con durezas por encima de 40 °f y CE que pasan del 1 dS/m. La misma planta, el mismo cuidado y dos resultados opuestos según el código postal.

Con agua dura, en maceta, lo que ocurre es predecible: costra blanca en la superficie del sustrato y en el borde del tiesto, pH que sube, y el hierro y el manganeso que pasan a formas no asimilables. La planta amarillea entre los nervios de las hojas nuevas mientras los nervios siguen verdes: eso es clorosis férrica, y es carencia inducida, no falta de hierro en el sustrato. Las víctimas habituales son hortensia, azalea, camelia, gardenia, arándano, cítricos y Hibiscus.

Sobre el cloro hay que precisar algo que se repite mal. La recomendación de "dejar reposar el agua 24 horas" es válida solo si tu red se desinfecta con cloro libre, que sí se volatiliza en un recipiente abierto. Cuando la desinfección se hace con cloraminas —cada vez más extendidas porque mantienen el residual más tiempo en la red— dejar reposar el cubo no sirve de nada: la cloramina es estable durante días. Se elimina con un filtro de carbón activo o con ácido ascórbico. Dicho esto, a las concentraciones legales de red (0,2 a 1 mg/L de cloro residual) ni el cloro ni las cloraminas causan daño apreciable a las plantas de jardín. El problema del agua de grifo son las sales, no el desinfectante. La excepción son los acuarios, los filtros biológicos y los sustratos con microbiología viva que se quiera preservar.

Agua descalcificada: la peor de todas

Volvamos a la primera frase, porque merece un apartado propio. Un descalcificador de resinas de intercambio iónico funciona reteniendo los iones calcio y magnesio del agua y soltando a cambio dos iones sodio por cada uno retenido. La dureza baja a cero y la CE no baja nada: el total de sales sigue ahí, solo que ahora todo el catión es sodio.

Para el jardín, ese cambio es un desastre. Pierdes el calcio y el magnesio, que son nutrientes secundarios que las plantas necesitan en cantidad, y ganas sodio, que no es nutriente para casi ninguna especie, destruye la estructura del suelo y se acumula en el sustrato de las macetas hasta niveles fitotóxicos. Los síntomas llegan como quemadura en el borde y la punta de las hojas, empezando por las viejas, y un sustrato que deja de drenar bien.

Si tienes descalcificador en casa, saca una toma de agua anterior al equipo para el grifo del jardín y la manguera. Muchas instalaciones ya la tienen prevista; si no, es una modificación de fontanería barata. Regar con agua descalcificada un limonero en maceta durante dos temporadas puede costarte el limonero.

Ósmosis inversa y agua destilada

El agua de ósmosis sale con una CE de 0,02-0,05 dS/m, casi sin nada disuelto. Es la solución cuando necesitas agua muy pura: Drosera, Dionaea, Sarracenia y Nepenthes, orquídeas epifitas montadas en corteza o esfagno, y esquejes en propagador.

Para el resto del jardín, regar solo con osmotizada no es ideal ni necesario. Al no aportar calcio ni magnesio, y al tener capacidad de arrastre, tiende a lavar el sustrato y a dejar carencias que hay que compensar con abonado completo. Lo práctico es mezclar: en una zona de agua muy dura, una proporción de 50 % de red y 50 % de osmotizada deja la CE y la dureza en valores cómodos para hortensias, camelias o arándanos sin gastar una fortuna en membrana.

El rechazo del equipo de ósmosis —el agua que se descarta— es agua concentrada, con CE dos o tres veces la de entrada. No la uses para regar plantas sensibles. Sirve para fregar suelos, para el inodoro o, como mucho, para regar adelfa, romero o lavanda en suelo con buen drenaje.

El agua destilada de garrafa vale para lo mismo que la de ósmosis, pero sale carísima por litro. Para plantas carnívoras en cantidad, un equipo de ósmosis se amortiza rápido.

Agua de pozo: analízala antes de conectar nada

Un pozo puede darte el mejor agua de la finca o la peor, y no se sabe a ojo. Un análisis agronómico de agua de riego cuesta poco y mide lo que importa: CE, pH, bicarbonatos, cloruros, sodio, calcio, magnesio, sulfatos, nitratos y boro.

Los tres riesgos concretos que aparecen en España:

Intrusión salina. En pozos costeros del Levante, Baleares y algunos puntos del sur, la sobreexplotación mete agua de mar en el acuífero. Los cloruros suben, la CE se dispara y no hay corrector químico que lo arregle.

Nitratos. En las zonas vulnerables declaradas por la Directiva de Nitratos —Vega del Segura, La Mancha, buena parte de Castilla y León, comarcas de Cataluña— el agua de pozo puede llevar 50, 100 o más mg/L de nitrato. Para el riego no es un problema, es un abono gratis: descuenta ese nitrógeno del programa de abonado o acabarás con exceso vegetativo y plantas blandas. Para beber sí es un problema serio, especialmente en lactantes.

Boro. Poco vigilado y muy tóxico. A partir de 1 mg/L ya hay especies sensibles con daño en hoja, y el margen entre carencia y toxicidad es estrecho.

Aguas recicladas de casa: cuál sí y cuál no

Condensado del aire acondicionado. Es agua prácticamente destilada, con CE cercana a cero. Perfectamente utilizable, y en verano un split doméstico produce varios litros al día. Recógela limpia y úsala pronto; si la bandeja está sucia o lleva biocidas, mejor destinarla a ornamentales y no al huerto de hoja.

Deshumidificador. Igual que la anterior.

Agua de cocción de verduras. Válida si se ha cocido sin sal y se ha dejado enfriar del todo. Aporta algo de potasio y minerales. Con sal, ni una gota: es cloruro sódico puro sobre el sustrato.

Agua del acuario de agua dulce. Excelente. Lleva nitratos, fosfatos y materia orgánica en suspensión que actúan como abono suave. Del acuario marino, jamás.

Agua de la ducha o el lavabo. Aceptable solo si se ha usado jabón poco alcalino y en cantidades moderadas, y siempre en ornamentales de exterior, nunca en huerto ni en maceta cerrada.

Agua de lavadora y lavavajillas. No. Los detergentes llevan sodio en cantidad, y muchos incorporan perboratos que liberan boro, uno de los elementos más fitotóxicos que existen. En maceta, además, no hay lavado posible y se acumula.

Petunias en flor bien regadas

Cómo corregir el agua que ya tienes

Rara vez se puede elegir. Lo que sí se puede es ajustar.

Bajar el pH y neutralizar bicarbonatos. Los correctores comerciales de pH para riego (a base de ácido fosfórico o nítrico) son eficaces y aportan además fósforo o nitrógeno. Para uso aficionado, el ácido cítrico en polvo es más seguro de manejar. La regla es una sola: medir. Añade el corrector poco a poco a la regadera, remueve, mide con tiras o con medidor y para al llegar a 6,0-6,5. Las dosis que circulan en cucharadas por litro no sirven porque dependen del contenido de bicarbonatos de cada agua, que varía por diez entre Santiago y Murcia.

El vinagre funciona pero es una mala herramienta: su acidez es débil e inconstante, el efecto se pierde en horas cuando el acetato se degrada, y esa materia orgánica alimenta hongos en el sustrato. Sirve para un apaño puntual, no como sistema.

Reducir la CE y la dureza. Mezclar con agua de lluvia, osmotizada o condensado de aire acondicionado. Es el único método real: ningún aditivo elimina sales del agua.

Lavar sales acumuladas en maceta. Dos o tres veces al año, riega en abundancia hasta que salga por el drenaje un volumen equivalente al del tiesto, y tira ese agua. Es la forma de sacar el sodio y los cloruros que se han ido concentrando. Y nunca dejes el plato con agua estancada bajo la maceta: al reabsorberse por capilaridad devuelve todas las sales al cepellón.

Temperatura y momento del riego

El agua muy fría directa de la toma sobre una planta tropical en pleno agosto —diferencias de 15 °C o más— frena la absorción radicular durante unas horas y en especies sensibles provoca manchas en hojas aterciopeladas como las de Saintpaulia o Streptocarpus. Llenar la regadera y dejarla templar una hora resuelve el asunto y de paso airea el cloro libre si lo hubiera.

El mejor momento es la primera hora de la mañana: la planta afronta hidratada las horas de calor, la hoja se seca pronto y no se pasa la noche mojada. Regar a mediodía en verano no "quema" las hojas —las gotas no hacen de lupa, esto se ha comprobado experimentalmente y solo tendría un efecto marginal en hojas con pelos que sostengan la gota separada de la superficie— pero sí desperdicia buena parte del agua por evaporación antes de que llegue a la raíz. Y regar por aspersión al anochecer deja el follaje mojado ocho horas seguidas, que es justo lo que necesitan el mildiu, la roya y la botritis para instalarse.

En resumen

La mejor agua de riego es la de lluvia recogida de una cubierta limpia, descartando el primer chorro y guardada en depósito tapado con mosquitera. La segunda mejor es el condensado del aire acondicionado. La peor, con diferencia, es el agua de un descalcificador de resinas, porque cambia calcio por sodio: si tienes uno, saca la toma del jardín antes del equipo.

El agua de red es utilizable en casi toda España, pero su dureza cambia radicalmente de una ciudad a otra, así que consulta el análisis que publica tu compañía suministradora antes de decidir nada. Si es dura y cultivas acidófilas, mezcla al 50 % con osmotizada y corrige el pH a 6,0-6,5 midiendo, no a ojo. El agua de pozo, analizada antes de usarla, atento a sodio, cloruros y boro.

Y dos costumbres que compensan más que cualquier corrector: lavar el sustrato de las macetas dos o tres veces al año con un riego abundante a perder, y no dejar nunca agua estancada en el plato.


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