La capa de grava en el fondo de la maceta no mejora el drenaje. Lo empeora, y hay física detrás de ello. Es una de esas cosas que se repiten de generación en generación en el jardín y que resultan ser justo lo contrario de lo que parecen.

Aquí van varias dudas de ese tipo: cosas que aparecen en el sustrato y no se sabe qué son, remedios caseros que no hacen lo que prometen, bichos que solo se ven cuando ya han hecho el daño y un par de detalles sobre el agua de riego que cambian bastante los resultados.

Flor abierta en un jardín

Las bolitas blancas del sustrato

Al abrir un saco de sustrato universal aparecen unos granos blancos, ligeros, del tamaño de una lenteja, que flotan si se riega y suben a la superficie con el tiempo. Es perlita: vidrio volcánico molido y calentado por encima de los 800 °C, con lo que el agua que contiene se evapora de golpe y lo hace estallar como una palomita. El resultado es un material poroso, prácticamente inerte, de pH neutro y muy ligero.

Su función es mantener aire dentro del sustrato. Una turba sola se compacta con los riegos y acaba dejando la raíz sin oxígeno; la perlita sostiene la estructura y crea poros grandes por donde drena el agua sobrante. No aporta nutrientes ni retiene apenas agua, y no hay ninguna razón para retirarla: quitarla es empeorar el sustrato.

Conviene distinguirla de dos materiales parecidos:

  • Vermiculita: escamas doradas o marrones, brillantes, laminadas como un hojaldre diminuto. Es mica expandida y, al contrario que la perlita, retiene mucha agua y nutrientes. Va bien en semilleros y en esquejes; en exceso encharca.
  • Bolas de poliestireno (corcho blanco). Aparecen en sustratos muy baratos. Se distinguen porque son perfectamente esféricas, se aplastan entre los dedos sin desmenuzarse y no chirrían. Airean, pero se degradan mal y terminan flotando y volando por la terraza.

Un detalle de seguridad menor: la perlita seca produce un polvo fino que irrita las vías respiratorias. Si se maneja un saco entero, mejor humedecerla antes de mezclar.

Las bolitas ámbar que parecen huevos

Otra cosa distinta son unas esferas de 2 a 4 milímetros, de color ámbar, amarillento o verdoso, con aspecto de huevecillo, que aparecen sobre el sustrato o al desmoldar el cepellón. Casi siempre son abono de liberación lenta: gránulos de fertilizante recubiertos de una resina semipermeable. El agua entra por la cápsula, disuelve el abono del interior y lo va soltando poco a poco durante tres, seis o doce meses según el recubrimiento, y más deprisa cuanto más calor hace. Los viveros los incorporan al sustrato antes de vender la planta.

Al final de su vida quedan las cápsulas vacías, translúcidas y arrugadas, que ya no hacen nada. Si se aprieta una que aún está activa, revienta y suelta un líquido pegajoso. Ese es el modo fiable de identificarlas.

Lo que sí conviene saber distinguir son los huevos de caracol y babosa, que también aparecen en macetas, sobre todo pegados a la cara interior del tiesto, bajo el borde o en el hueco entre la maceta y el plato. Se diferencian bien:

  • Los huevos son blancos o transparentes, blandos y gelatinosos, y se aplastan sin resistencia dejando una gota de líquido claro. Van siempre en racimos apretados de decenas de unidades, nunca sueltos.
  • Los gránulos de abono son duros, están repartidos de forma más o menos uniforme por todo el sustrato y no forman puestas.

Si son huevos, se retiran y se destruyen: cada puesta puede dar cincuenta o cien caracoles en unas semanas y en primavera se comen los brotes tiernos en una noche.

Por qué la grava del fondo no drena

La costumbre de poner una capa de bolas de arcilla, gravilla o trozos de tiesto roto en el fondo de la maceta parte de una intuición razonable: si abajo hay huecos grandes, el agua bajará mejor. Lo que ocurre en realidad es lo contrario.

El agua se mueve por un sustrato por capilaridad, y no pasa de un material de poro fino a uno de poro grueso hasta que la capa fina está prácticamente saturada. La grava del fondo no absorbe agua, así que la turba de encima tiene que empaparse del todo antes de que empiece a gotear hacia abajo. El efecto neto es que la franja de sustrato encharcado, que en cualquier maceta existe siempre en los centímetros inferiores, sube tantos centímetros como mida la capa de grava. Y ese es justo el volumen que se quería aprovechar para las raíces.

Lo que drena de verdad es un sustrato con buena estructura, agujeros suficientes en la base y una maceta que no esté apoyada de plano sobre una superficie lisa. Poner un trozo de malla o un tiesto roto tapando el agujero para que no se escape la tierra sí tiene sentido; llenar cinco centímetros de arlita, no.

Con qué agua se riegan las plantas carnívoras

Con agua de lluvia, destilada o de ósmosis inversa, y con ninguna otra. Es la condición que decide si una Dionaea muscipula o una Sarracenia viven años o mueren en un par de meses.

El motivo es que son plantas de turberas ácidas y extremadamente pobres, y sus raíces no están preparadas para tolerar sales disueltas. El agua de red de buena parte de España lleva entre 300 y 700 µS/cm de conductividad, con calcio, magnesio y bicarbonatos; en una maceta esas sales no salen, se acumulan riego tras riego y terminan quemando la raíz y subiendo el pH del sustrato. La referencia práctica está por debajo de los 50 µS/cm, y hay medidores de conductividad de bolsillo baratos para comprobarlo.

El daño no se ve de un día para otro, y por eso desconcierta: la planta parece bien seis u ocho semanas y luego las trampas nuevas salen pequeñas, se ennegrecen antes de abrirse y la mata se apaga sin causa aparente.

Dos precisiones útiles. El agua mineral embotellada corriente no sirve: lleva tantas sales como la del grifo o más, y solo las de mineralización muy débil, con residuo seco por debajo de 50 mg/l, valdrían para salir del paso. Y el agua de un descalcificador doméstico tampoco: no elimina sales, cambia calcio por sodio, que para estas plantas es incluso peor.

Si se recoge agua de lluvia, conviene descartar los primeros minutos del chaparrón, que arrastran la suciedad del tejado, y guardarla tapada y a la sombra.

Agujeros en los tallos del geranio

Un tallo que se dobla de golpe, se pone amarillo o negro y tiene un agujerito redondo con una especie de serrín oscuro alrededor apunta a un único culpable: Cacyreus marshalli, el taladro del geranio. Es una mariposa diurna pequeña originaria de Sudáfrica, detectada en Baleares a principios de los noventa y hoy extendida por toda la Península.

Geranios en flor en una jardinera

El adulto es discreto: unos dos centímetros de envergadura, alas marrones con una fina orla blanca a cuadros en el borde y dos colitas finísimas en las alas traseras. Pone los huevos de uno en uno sobre los botones florales y los brotes tiernos. La oruga, verdosa y con pelillos, empieza comiendo los capullos y enseguida se mete dentro del tallo y lo vacía por dentro. De ahí que el daño se descubra tarde: por fuera la planta parece entera hasta que un tallo se viene abajo. Ataca sobre todo a la gitanilla (Pelargonium peltatum), y también al geranio de pensamiento y al Pelargonium zonale.

El manejo que funciona combina tres cosas:

  • Cortar y destruir los tallos afectados en cuanto se detectan, bajando hasta encontrar tejido sano. No al compost ni al montón de restos: dentro va la oruga. A la basura, en bolsa cerrada.
  • Revisar los botones florales de abril a octubre. Un capullo con un agujerito o que no llega a abrir suele tener una oruga recién nacida dentro, y quitarlo entonces evita la galería.
  • Bacillus thuringiensis var. kurstaki pulverizado sobre brotes y capullos cada diez o quince días durante la temporada de vuelo. Es un producto biológico, autorizado para uso no profesional e inocuo para abejas y mascotas, pero solo mata a la oruga mientras está fuera del tallo. Aplicado cuando ya hay galerías, no llega. Es un tratamiento preventivo, no curativo.

Las piretrinas naturales sirven de refuerzo contra los adultos, aunque duran poco al sol y afectan a insectos beneficiosos. Los tratamientos con jabón potásico o aceite de neem, muy útiles contra pulgón y mosca blanca, apenas hacen nada aquí. Y la especie está catalogada como plaga de cuarentena en la Unión Europea, así que conviene no mover geranios afectados de una zona a otra ni regalar esquejes de plantas con síntomas.

Bajar el pH del agua de riego

El agua de red en España se sitúa habitualmente entre pH 7,5 y 8,5, y en buena parte del Levante, Madrid y el valle del Ebro es además muy dura. Para las plantas acidófilas —hortensias, azaleas, camelias, rododendros, gardenias, arándanos— y también para los cítricos en maceta, eso significa clorosis: la hoja amarillea entre los nervios, que siguen verdes, porque a pH alto el hierro y el manganeso quedan en formas que la raíz no puede absorber. No falta hierro; está bloqueado.

Aquí hay que separar dos conceptos que no son lo mismo:

  • El pH mide la acidez del agua en ese momento.
  • La alcalinidad (los bicarbonatos disueltos) mide su capacidad de resistirse al cambio. Un agua muy bicarbonatada absorbe el ácido que le eches y vuelve a subir.

Por eso, en aguas duras, un chorrito de limón en la regadera no cambia nada apreciable: hay que neutralizar los bicarbonatos antes de que el pH se mueva de verdad. La forma correcta de hacerlo es midiendo, con un pH-metro de bolsillo calibrado o, para ir sobrados, con tiras reactivas, e ir añadiendo el acidificante poco a poco hasta llegar al objetivo, que suele estar en 6,0-6,5 para plantas normales y en 5,0-5,5 para las acidófilas. Una vez calculada la cantidad para tu regadera y tu agua, ya vale para siempre mientras no cambie el agua.

Sobre los productos:

  • Ácido cítrico en polvo: barato, se maneja sin riesgo y funciona bien. Su inconveniente es que los microorganismos del sustrato lo consumen, así que el efecto en la maceta no es duradero.
  • Vinagre y zumo de limón: sirven de apuro, con la misma limitación y de forma menos previsible, porque su concentración varía.
  • Acidificantes comerciales de jardinería, a base de ácido nítrico o fosfórico diluido: son los más estables y además aportan algo de nitrógeno o fósforo. Los ácidos minerales concentrados de uso industrial no tienen sitio en un balcón; y bajo ningún concepto se mezclan productos ácidos con lejía o con limpiadores clorados, porque desprenden gases tóxicos.

Dos avisos finales. El primero: acidificar el agua no arregla un sustrato calizo. Si la maceta lleva tierra con caliza, o la planta está en un suelo de jardín alcalino, el sustrato neutraliza el agua ácida en cuanto entra; ahí la solución es azufre elemental, que actúa en meses, o sulfato de hierro, y para las acidófilas directamente sustrato específico. El segundo: mientras se corrige el fondo del asunto, el quelato de hierro EDDHA es el que mantiene el hierro disponible por encima de pH 7; los quelatos EDTA, más baratos, se inactivan en agua alcalina y por eso a veces parece que "no hacen nada".

Otras cosas que aparecen en las macetas

Moho blanco algodonoso en la superficie del sustrato. Son hongos saprófitos que se alimentan de la materia orgánica muerta del sustrato. No atacan a la planta. Lo que indican es exceso de humedad superficial y poca ventilación: se rasca, se deja secar más entre riegos y se ventila. Si vuelve una y otra vez, el riego es demasiado frecuente.

Mosquitas negras diminutas que salen al mover la maceta. Son esciáridos (Bradysia spp.). El adulto es inofensivo; las larvas, en cambio, viven en los primeros centímetros de sustrato húmedo y roen raicillas, lo que en esquejes y plántulas sí hace daño. Se controlan dejando secar la superficie entre riegos, cubriendo con un centímetro de arena gruesa, con trampas cromáticas amarillas y, si hace falta, con Bacillus thuringiensis var. israelensis o nematodos Steinernema feltiae regados en el sustrato.

Costra blanquecina en el exterior de los tiestos de barro. Son carbonatos y sales del agua de riego y del abono, que cristalizan al evaporarse el agua a través de la pared porosa. No dañan nada, aunque avisan de que el agua es dura y de que en el cepellón se están acumulando esas mismas sales. Buen momento para hacer un riego largo de lavado.

Hojas amarillas. Una hoja que ha amarilleado no vuelve a ponerse verde. Antes de caer, la planta reabsorbe de ella parte del nitrógeno y otros nutrientes móviles, así que arrancarla en cuanto asoma el amarillo no es ningún favor: mejor esperar a que se seque y se desprenda sola, salvo que haya sospecha de enfermedad.

Remedios caseros que no hacen lo que se dice

Los posos de café no acidifican el sustrato. El café sin pasar por la cafetera sí es ácido, pero el poso usado, después de que el agua se lleve los ácidos solubles, queda entre pH 6,5 y 6,8, es decir, prácticamente neutro. Echarlos alrededor de una hortensia no cambiará el color de la flor. Además, en capa gruesa forman una costra que repele el agua. Su sitio es el compost, donde sí aportan nitrógeno y estructura, mezclados con material seco.

La cáscara de huevo triturada no aporta calcio a corto plazo. Es carbonato cálcico y en un suelo neutro tarda años en solubilizarse. Tampoco resuelve la podredumbre apical del tomate, que no viene de que falte calcio en el sustrato sino de que el riego irregular impide que llegue al fruto. Como barrera contra babosas, el efecto es anecdótico.

Las gotas de agua sobre las hojas no queman con el sol. Se ha comprobado experimentalmente y una gota sobre una hoja lisa no concentra la luz lo suficiente para provocar daño. La razón para no regar a mediodía en verano es que se evapora buena parte del agua antes de llegar a la raíz, no un efecto lupa.

Quitar las flores marchitas sí funciona, y esta no es leyenda. Cuando una flor se poliniza, la planta desvía recursos a fabricar semilla y frena la emisión de flores nuevas. Cortando la flor pasada por debajo, antes de que cuaje, se alarga la floración semanas: se nota mucho en rosales, petunias, dalias, geranios y cosmos. No tiene sentido, claro, en las plantas de las que se busca el fruto, ni en las que florecen una sola vez al año sobre madera vieja.

En resumen

Las bolitas blancas del sustrato son perlita y hay que dejarlas donde están; las ámbar y duras son abono de liberación lenta, y solo si son blandas, translúcidas y van en racimo se trata de huevos de caracol. La grava en el fondo de la maceta sube la zona encharcada en vez de bajarla, así que sobra.

Las carnívoras se riegan únicamente con agua de lluvia, destilada o de ósmosis, por debajo de 50 µS/cm; ni mineral embotellada ni descalcificada. Para bajar el pH del agua hay que medir y neutralizar los bicarbonatos, no echar un chorro de limón a ojo, y si el sustrato es calizo el problema está ahí y no en el agua.

Y los agujeros en los tallos del geranio son Cacyreus marshalli: cortar y tirar lo afectado, revisar los capullos y tratar preventivamente con Bacillus thuringiensis kurstaki mientras la oruga aún está fuera del tallo, porque una vez dentro ya no la alcanza nada.


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