Una advertencia antes que nada, porque condiciona todo lo demás: para este proyecto solo valen las bombillas incandescentes o halógenas, las de filamento de toda la vida. Las de bajo consumo —los tubos enroscados de fluorescencia compacta— contienen vapor de mercurio y polvo de fósforo, y romperlas en casa libera un tóxico que no se limpia con la escoba. Esas van al punto limpio, sin excepción. Las de LED tampoco sirven: llevan electrónica dentro y su ampolla suele ser de plástico opaco que no se puede vaciar.
Aclarado eso, una bombilla incandescente gastada es un recipiente de vidrio de unos 30 a 60 mililitros, transparente, de forma agradable y con un cuello estrecho. Sirve para tres cosas concretas en jardinería, y conviene elegir cuál desde el principio porque el montaje cambia.
Qué se puede plantar de verdad dentro
Llamarlo "macetero" es generoso. No tiene agujero de drenaje, el volumen es ridículo y el cuello impide meter la mano. Con esas limitaciones, lo que funciona es esto:
Enraizador de esquejes en agua. El uso más práctico y el que menos puede fallar. Se llena de agua hasta media altura y se mete un esqueje de potos (Epipremnum aureum), tradescantia, hiedra (Hedera helix), Ceropegia woodii, singonio o menta. El vidrio deja ver las raíces creciendo, que es medio atractivo del invento. El agua se renueva cada cinco o seis días; si no, se enturbia y aparece biofilm en las paredes.
Soporte para Tillandsia. Las claveles del aire no necesitan sustrato: absorben humedad y nutrientes por las escamas de la hoja. Una Tillandsia ionantha o una bulbosa pequeña encajan en el cuello sin nada más, quedan bien y se riegan sacándolas y sumergiéndolas veinte minutos cada semana o diez días. Es la opción más duradera de las tres.
Terrario en miniatura de musgo. Un fondo de grava, un poco de sustrato y musgo recogido con cuidado o comprado. Sobrevive porque el musgo no tiene raíces exigentes ni necesita profundidad. Se pulveriza con agua de lluvia o descalcificada; el agua del grifo deja cerco de cal en el vidrio y el musgo lo acusa.
Lo que no funciona, por mucho que se vea en fotos: suculentas y cactus. Necesitan drenaje real y ciclos de secado completo, y en un vidrio cerrado por abajo la base se mantiene húmeda hasta que la planta se pudre. Duran unas semanas fotogénicas y luego se pierden. Tampoco pongas plántulas que vayas a trasplantar: sacarlas por el cuello destroza la raíz.
Qué necesitas
Una bombilla incandescente o halógena fundida, guantes de trabajo (no de látex fino), gafas de protección, unos alicates de punta plana, un destornillador plano pequeño, un trapo viejo o una bolsa de tela, una caja de cartón para trabajar dentro y recoger los fragmentos, y un embudo estrecho o un cucurucho de papel.
Para el montaje final, según el uso: grava fina o arlita, carbón activo si vas a hacer terrario, sustrato, alambre de cobre o cuerda para colgarla, y un tapón de corcho o una arandela de madera para que se sostenga de pie. La bombilla no se aguanta sola: rueda.
Paso a paso
1. Trabaja dentro de una caja y con gafas. Los trozos que saltan del casquillo son pequeños y afilados y salen con velocidad. Envuelve la bombilla en el trapo mientras haces fuerza.
2. Retira el contacto inferior. En la punta del casquillo hay una pastilla metálica soldada. Sujétala con los alicates y muévela hacia los lados hasta arrancarla. Debajo aparecen dos hilos de cobre.
3. Rompe el vidrio negro aislante. Es el disco oscuro que queda a la vista. Con el destornillador, apoya y presiona hacia dentro. Se parte en varios trozos. Vacíalos volcando la bombilla en la caja.
4. Saca el tubo interior de vidrio. Dentro queda el vástago que sujetaba el filamento. Se rompe con el destornillador metiéndolo por el cuello y haciendo palanca lateral. Cuando ceda, el filamento y sus soportes salen enteros.
5. Limpia el polvo blanco. Las bombillas mate llevan una capa de sílice o caolín en el interior. No es tóxica, pero enturbia el resultado. Echa un puñado de sal gruesa o arena con un poco de agua, tapa el cuello con el dedo enguantado y agita fuerte durante un minuto. Sale sola. Aclara y escurre boca abajo hasta que seque del todo.
6. Repasa el borde. El cuello del casquillo queda con rebabas de vidrio y de metal. Pásale una lija fina o una lima pequeña. Es el paso que más gente se salta y el que provoca los cortes, porque cada vez que metas o saques una planta vas a rozar ahí.
7. Monta el contenido. Con embudo o cucurucho de papel, para que no se manche el interior: primero un dedo de grava fina o arlita, después una cucharadita de carbón activo si va a haber sustrato húmedo —absorbe compuestos del agua estancada y retrasa los malos olores—, y encima el sustrato o el musgo. Para el uso como enraizador, nada de esto: solo agua.
8. Resuelve el apoyo. Colgada con alambre de cobre enrollado al casquillo, encajada en una arandela de madera perforada, o sobre un tapón de corcho pegado con silicona. También queda bien tumbada en un soporte de alambre en U.
Cuidados: lo que falla después
Nada de sol directo. Es el error que se lleva por delante la mayor parte de estos montajes. El vidrio curvo concentra la radiación y el aire encerrado se calienta muy deprisa: en un alféizar orientado al sur, en pleno julio peninsular, el interior puede superar con holgura los 40 °C en cuestión de minutos. Musgo y esquejes se cuecen. Sitio con luz clara pero sin rayo directo.
Riega con jeringuilla o pipeta. Por el cuello no cabe una regadera y el agua de más no tiene por dónde salir. Es preferible quedarse corto: mejor pulverizar dos veces por semana que soltar un chorro que encharque el fondo.
No es un terrario cerrado. Se lee a menudo que "se riega solo" por el ciclo de condensación. Con el cuello abierto no hay tal ciclo: el vapor se escapa y el agua se evapora antes de lo que parece, sobre todo en interiores con calefacción. Revísalo cada pocos días en invierno.
Cal y algas. En el enraizador, si te descuidas se forma una película verde en la pared. Se quita con sal gruesa y agitado, igual que el polvo blanco del principio, pero es más cómodo cambiar el agua a tiempo y mantenerlo fuera del sol.
Los fragmentos se reciclan aparte. El vidrio de las bombillas no va al contenedor verde: su composición no es la del vidrio de envases y contamina el reciclado. Los restos, al punto limpio.
En resumen
Vaciar una bombilla incandescente lleva un cuarto de hora y da un recipiente de vidrio de unos pocos centilitros. Solo se hace con bombillas de filamento: las de bajo consumo llevan mercurio y no se tocan. El proceso es quitar el contacto del casquillo, romper el aislante negro, extraer el vástago del filamento, limpiar el polvo interior con sal y agua, y lijar el borde para no cortarse. Como recipiente da buen resultado para enraizar esquejes en agua, para alojar una Tillandsia o para un terrario de musgo, y mal resultado para suculentas, que se pudren sin drenaje. Luz indirecta siempre, riego con jeringuilla y agua renovada, y los restos de vidrio al punto limpio.