El ácido indolbutírico —el principio activo que aparece en la etiqueta de prácticamente cualquier bote de hormonas de enraizamiento— no consigue que un esqueje eche raíces. Consigue que las eche antes, en mayor número y repartidas por todo el perímetro del corte, que no es lo mismo. Entender esa diferencia evita las dos frustraciones típicas: creer que el polvillo va a resucitar un esqueje que ya venía muerto, y renunciar a él pensando que es un capricho de vivero.

Qué son en realidad

Las llamadas hormonas de enraizamiento son auxinas, la familia de reguladores que la planta fabrica en los ápices de los brotes y en las hojas jóvenes y que viaja hacia abajo por el tallo. Cuando esa auxina se acumula en la base de un tejido cortado, desencadena la formación de raíces adventicias a partir de células del cámbium y del floema.

La auxina natural es el ácido indolacético (AIA), pero es inestable: la luz y las propias enzimas de la planta la degradan en horas. Por eso los productos comerciales usan análogos sintéticos más duraderos:

AIB, ácido indol-3-butírico. El más usado con diferencia. Es el que da mejor relación entre eficacia y margen de seguridad: se transporta poco desde el punto de aplicación, así que trabaja donde lo pones y no descontrola el resto del esqueje.

ANA, ácido naftalenacético. Más potente y más persistente, pero con un margen estrecho: pasarse produce raíces gruesas, escasas y quebradizas, o directamente callo hipertrofiado sin raíces. Suele aparecer mezclado con AIB en proporciones bajas.

Muchos preparados llevan además un fungicida (tradicionalmente captán o tiram, hoy con formulaciones variables según el registro vigente) y algo de talco como soporte. Ese fungicida no es un extra: en un esqueje, la podredumbre de la base mata más que la falta de hormona.

Cuándo compensa usarlas y cuándo no

Aquí está el primer error frecuente. Hay especies que enraízan solas en un vaso de agua y no ganan nada con hormona: potos (Epipremnum aureum), tradescantias, hiedra (Hedera helix), sauce (Salix), plectranthus, menta, albahaca. Gastar producto ahí es tirar dinero.

La hormona se nota de verdad en material semileñoso y leñoso, que es donde el porcentaje de éxito sin ayuda baja mucho: laurel (Laurus nobilis), romero (Salvia rosmarinus), lavanda (Lavandula), olivo (Olea europaea), camelia, hortensia en esqueje maduro, adelfa, boj, granado, higuera de variedad difícil, rosales de raíz propia, arbustos de hoja perenne en general.

Y hay un grupo donde la hormona no sirve de nada porque el problema es otro: suculentas y cactáceas. Ahí lo que hace falta es cicatrizar el corte durante unos días al aire y sustrato muy drenante. Aplicar polvo húmedo a un esqueje de Echeveria es una invitación a la pudrición.

Cómo se usan, paso a paso

1. Prepara el esqueje primero. Corta con hoja limpia y afilada justo por debajo de un nudo: ahí se concentran los tejidos meristemáticos capaces de generar raíz. Deja dos o tres hojas superiores y elimina las de abajo. Si las hojas son grandes, córtalas por la mitad para reducir la transpiración.

2. Humedece la base. Con el polvo, un tallo seco no retiene nada. Basta con mojar el último centímetro o dos en agua y sacudir.

3. Saca una porción aparte. Vuelca un poco de producto en un tapón o platillo y trabaja de ahí. Meter el esqueje directamente en el bote contamina todo el envase con esporas y humedad, y ese bote te tiene que durar años.

4. Impregna solo la zona basal. El último centímetro, o los dos primeros en esquejes leñosos largos. Golpea el tallo para que caiga el exceso. Una costra gruesa de talco no acelera nada: al contrario, un exceso de auxina inhibe la división celular y quema la base. Debe quedar una película fina, casi un velo.

5. Haz el agujero antes de plantar. Con un lápiz o un palillo. Si clavas el esqueje empujando, el sustrato raspa el polvo y lo dejas en la superficie.

6. Aprieta alrededor y riega por abajo. Un riego fuerte desde arriba también arrastra el producto. Mejor asentar por inmersión de la bandeja.

Después, lo de siempre: humedad ambiental alta (bolsa transparente, propagador o miniinvernadero), luz abundante pero indirecta, sustrato inerte y aireado —perlita con turba rubia al 50%, o fibra de coco con perlita— y nada de fertilizante hasta que haya raíz.

Esqueje preparado para enraizar

Polvo, líquido y gel: qué cambia

El polvo es la formulación más tolerante al error y la que más dura sin abrirse. Se adhiere a la base y libera la hormona poco a poco. Su punto débil: la dosis que se queda pegada depende de lo mojado que estuviera el tallo, así que es poco reproducible. Para el aficionado, es la opción sensata. Lo habitual es encontrar concentraciones entre el 0,1% y el 0,5% de AIB para material tierno y hasta cerca del 2% en formulaciones para leñosas difíciles: usar la versión fuerte en un esqueje herbáceo lo achicharra.

El líquido concentrado se diluye y se emplea de dos maneras. La inmersión rápida —cinco segundos en una solución fuerte— es la que usan los viveros porque la dosis es exacta y repetible. La inmersión larga —varias horas en solución muy diluida— es la alternativa para tallos que absorben mal. El líquido permite ajustar la concentración a la especie, que es su gran ventaja, pero castiga cualquier despiste con las diluciones.

El gel se ha impuesto entre aficionados por comodidad: recubre el corte, lo sella frente a la entrada de aire y patógenos, y la dosis es bastante uniforme. Es cómodo para esquejes de tallo blando y para enraizar en agua o en lana de roca, donde el polvo se disuelve y desaparece. Caduca antes y su precio por esqueje es el más alto.

Los tres, abiertos o no, se guardan en oscuridad y fresco. El AIB se degrada con la luz y el calor; un bote olvidado tres veranos en la caseta del jardín ya no tiene mucho que ofrecer.

Los remedios caseros, uno por uno

Circula mucha información optimista sobre alternativas de cocina. Conviene separar lo que tiene una base real de lo que no la tiene.

Agua de lentejas o de otras legumbres germinadas

Es la más defendible del grupo. Una semilla en germinación produce auxinas y otros reguladores de crecimiento de verdad, y al triturar brotes de lenteja o de garbanzo y colar el líquido se obtiene un extracto que los contiene. El problema es la concentración: no sabes cuánta auxina hay ni si llega al umbral que necesita un esqueje leñoso. Funciona razonablemente en especies que ya enraízan con facilidad —donde, precisamente, tampoco hacía falta nada— y es poco fiable en las difíciles. Se prepara dejando germinar lentejas dos o tres días, triturándolas con poca agua y colando; el líquido no se conserva, hay que usarlo el mismo día y fermenta rápido.

Café

No enraíza. El café ni los posos contienen auxinas; lo que aportan es cafeína, algo de nitrógeno en forma lenta y acidez. Poner posos en la base de un esqueje no favorece la raíz y sí retiene humedad y favorece mohos. Como enmienda para el compost, correcto. Como hormona, no lo es.

Canela

Tampoco es una hormona, y merece una aclaración porque es el remedio más repetido. La canela (Cinnamomum) tiene un efecto real, pero fungicida y antiséptico: el cinamaldehído frena el desarrollo de varios hongos habituales en la base de los esquejes. Es decir, no induce raíces, pero puede evitar que el esqueje se pudra mientras las forma solo. Si en tu experiencia "la canela funciona", lo que probablemente ocurrió es que tus esquejes se estaban pudriendo y ahora no. Es un uso legítimo, sobre todo en suculentas y en cortes anchos de rizoma, y no estorba: espolvorea una capa fina en el corte. Pero no sustituye a la auxina en una lavanda o un olivo.

Canela en rama, usada como antiséptico en los cortes de los esquejes

Agua de sauce

La cuarta que siempre aparece. Los brotes de sauce son riquísimos en salicilatos, no en auxina, y el ácido salicílico actúa sobre las defensas y la respuesta al estrés de la planta, además de tener efecto antimicrobiano. Ayuda algo, pero por una vía distinta a la que se le suele atribuir.

Época y errores que arruinan la tanda

En clima peninsular, el calendario manda tanto como la hormona:

Esquejes herbáceos y de brote tierno: primavera, de abril a junio, con el brote del año todavía flexible. Enraízan rápido y necesitan mucha humedad ambiental.

Esquejes semileñosos: el momento clásico es de julio a septiembre, cuando el brote del año se ha endurecido pero aún dobla sin partirse. Es la ventana de romero, lavanda, laurel, mirto, adelfa o camelia.

Esquejes leñosos de madera dura: en reposo, de noviembre a febrero, con la planta sin hoja. Higuera, granado, membrillero, vid, morera, chopo. Aquí la hormona en concentración alta sí marca diferencia, y el enraizamiento se completa ya en primavera.

Los fallos que más se repiten no tienen que ver con la marca del producto:

Aplicar de más. Ya está dicho, pero es el número uno. Un exceso de auxina genera un callo enorme sin raíces, o ennegrece la base. Menos es más.

Esperar milagros con material inadecuado. Un tallo con flor, un brote estiolado, madera de tres años o un esqueje deshidratado no enraízan con hormona. Corta por la mañana, de planta bien hidratada y sin floración.

Sustrato demasiado rico. Un compost fértil y retentivo pudre esquejes. Mientras no hay raíz no hay absorción de nutrientes, así que la materia orgánica solo aporta problemas.

Tirar del esqueje para ver si ha enraizado. Rompe las raíces nuevas, que son frágiles como hilos. Señal fiable: brotes nuevos que siguen creciendo, o raíces asomando por el drenaje.

Manipular sin guantes. Son productos fitosanitarios, con su plazo de caducidad y sus indicaciones. Guantes, y no aplicarlos a plantas comestibles fuera de lo que indique la etiqueta.

Dónde conseguirlas

Se venden en cualquier centro de jardinería, cooperativa agrícola, tienda de hidroponía y grandes superficies de bricolaje, además de por internet. Al comparar, mira tres cosas en la etiqueta: el principio activo y su porcentaje (que sea AIB, y en qué concentración), si incluye fungicida y la fecha de caducidad. Un bote pequeño de 25 o 50 gramos de polvo cunde para cientos de esquejes y cuesta poco: no tiene sentido comprar formatos grandes que se degradarán antes de gastarlos.

En resumen

Las hormonas de enraizamiento son auxinas sintéticas, casi siempre AIB, que aceleran y multiplican la formación de raíces adventicias en la base de un esqueje. Se aplican en una película fina sobre el último centímetro del tallo previamente humedecido, sacudiendo el exceso, y trabajando siempre desde una porción sacada del bote. Aportan poco en especies fáciles y bastante en semileñosas y leñosas, respetando la época: primavera para lo tierno, verano tardío para lo semileñoso, invierno para la madera dura. De los remedios caseros, el agua de lentejas germinadas tiene fundamento aunque la dosis sea impredecible; la canela protege del hongo pero no induce raíces; y el café no hace ninguna de las dos cosas. Y por encima de todo: la hormona ayuda a un esqueje sano en buenas condiciones de humedad y sustrato, nunca compensa un mal esqueje.


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