Trasplantar se hace demasiado pronto o demasiado tarde, casi nunca en el momento adecuado. Pronto, porque una maceta más grande parece siempre mejor idea; tarde, porque la planta aguanta bastante y no protesta hasta que ya está sufriendo. Conviene entender qué se busca al trasplantar para acertar con el cuándo y con el cómo.
Un cepellón en maceta hace dos cosas con el tiempo: llena el volumen de raíces y agota el sustrato. Lo segundo importa tanto como lo primero. Un sustrato de turba o fibra de coco se descompone, pierde estructura, se compacta y deja de tener poros con aire. Además acumula sales procedentes del abono y del agua de riego. Aunque la planta no esté apretada, cada dos o tres años el sustrato pide relevo.
Cómo saber que hace falta
Las señales fiables:
- Raíces asomando por los agujeros de drenaje o por la superficie del sustrato.
- Al desenmacetar aparece una maraña densa que conserva la forma de la maceta, con más raíz que tierra visible, y raíces enrolladas en espiral por el fondo. Esto es lo que hay que ver antes de decidir; desenmacetar para mirar no perjudica a la planta si se hace con cuidado.
- El agua atraviesa el cepellón en segundos y sale entera por abajo. Significa que apenas queda sustrato que la retenga.
- Hay que regar mucho más a menudo que antes para lo mismo.
- La planta deja de crecer en plena temporada de crecimiento y las hojas nuevas salen más pequeñas que las anteriores.
- Costra blanca en la superficie del sustrato y en el borde de la maceta. Son sales acumuladas. Aunque no toque cambiar de tamaño, conviene renovar el sustrato.
- La maceta se vuelca sola por desproporción entre la planta y el contenedor.
Y las señales que no significan que haga falta trasplantar: hojas amarillas (casi siempre es riego), puntas secas (aire seco o cal), pérdida de hojas bajas (envejecimiento normal). Trasplantar una planta enferma es añadir estrés al estrés. Primero se diagnostica, y solo se trasplanta si el problema es de raíz o de sustrato.
Cuándo hacerlo
El mejor momento es desde finales de febrero hasta mayo, cuando la planta arranca el crecimiento anual y puede reponer rápidamente las raicillas dañadas. En clima peninsular ese despertar coincide con el aumento de horas de luz a partir de finales de invierno.
Se puede trasplantar también a principios de otoño, en septiembre, si es urgente. Lo que hay que evitar es el pleno verano, cuando el calor multiplica la transpiración sobre una raíz recortada, y el pleno invierno, cuando la planta está parada y no cicatriza.
Excepciones: si hay pudrición radicular por encharcamiento, el trasplante es una intervención de urgencia y se hace el día que se detecta, sea la fecha que sea. También se trasplanta de inmediato una planta recién comprada cuyo cepellón esté empapado y compacto, aunque conviene dejarla aclimatarse una o dos semanas si está sana.
Elegir la maceta
Aquí está el error más extendido: pasar de una maceta de 14 cm a una de 30 pensando en ahorrarse trasplantes futuros. Lo que ocurre es lo contrario de lo esperado. En un volumen de sustrato muy superior al que las raíces pueden colonizar, ese sustrato permanece húmedo durante semanas después del riego, sin raíces que lo sequen. Humedad permanente más falta de oxígeno equivale a pudrición. Se llama exceso de maceta y mata bastantes plantas de interior.
La regla práctica: subir entre 2 y 4 cm de diámetro respecto a la maceta actual para plantas pequeñas y medianas, y hasta 5-6 cm en ejemplares grandes. La nueva maceta debe permitir unos 2-3 cm de sustrato nuevo alrededor del cepellón.
Sobre el material:
- Barro sin esmaltar (terracota). Poroso, transpira por la pared y seca antes. Es la mejor opción para cactus, suculentas, sansevierias y quien tiende a regar de más.
- Plástico y cerámica esmaltada. Retienen la humedad más tiempo. Convienen a helechos, calateas, espatifilos y a quien olvida regar.
- Se puede cambiar de material sin problema, pero hay que ajustar la frecuencia de riego, porque la misma planta en barro necesita agua bastante antes.
Innegociable: agujeros de drenaje. Un cache-pot decorativo sin agujeros solo vale como funda exterior, con la maceta real dentro y vaciando el agua sobrante.
El sustrato
No sirve la tierra del jardín: en maceta se compacta, encharca y trae semillas de malas hierbas y patógenos. Tampoco sirve reutilizar tal cual el sustrato viejo, degradado y salinizado.
Un sustrato universal de calidad vale para la mayoría de plantas de interior, pero casi todos los de saco vienen demasiado retentivos. Añadir entre un 20 y un 30 % de perlita mejora enormemente la aireación y previene el encharcamiento. Es la mejora más barata y más eficaz que se puede hacer.
Ajustes por grupo:
- Cactus y suculentas: sustrato específico o mezcla de 50 % universal, 30 % arena gruesa de río o gravilla y 20 % perlita.
- Orquídeas epífitas (Phalaenopsis, Cattleya): corteza de pino, nunca sustrato de tierra. Sus raíces son aéreas y fotosintéticas, y en tierra se pudren.
- Aráceas (Monstera, filodendros, potos, Anthurium): agradecen mezcla muy aireada con corteza fina, perlita y algo de fibra de coco.
- Helechos y calateas: sustrato retentivo, con más fibra de coco o turba y menos drenante.
- Camelias, azaleas, gardenias: sustrato ácido específico, con pH entre 4,5 y 5,5. En sustrato universal amarillean por clorosis férrica.
La capa de bolas de arcilla en el fondo, que se recomienda tanto, no mejora el drenaje: por un fenómeno físico llamado altura de agua colgante, la interfaz entre dos materiales de porosidad distinta retiene agua justo encima, es decir, en la base del cepellón. Solo tiene sentido para separar el cepellón del agua acumulada en un cache-pot. Con una maceta con buenos agujeros y un sustrato aireado no hace falta.
Paso a paso
1. Regar la víspera. Un cepellón moderadamente húmedo sale entero y se desmonta menos que uno seco. Empapado tampoco: se convierte en un bloque de barro imposible de manejar.
2. Preparar todo antes de empezar. Maceta nueva, sustrato a mano, tijeras limpias, superficie protegida. Cuanto menos tiempo pasen las raíces al aire, mejor.
3. Sacar la planta. Se apoya la mano abierta sobre la superficie del sustrato, con el tallo entre los dedos, se vuelca la maceta y se tira de la maceta, no de la planta. Si no cede, se pasa un cuchillo largo por el interior de la pared o se golpea el borde contra una superficie dura. En macetas de plástico basta con apretarlas por los lados. Nunca hay que tirar del tallo: se separa la planta de sus raíces.
4. Examinar las raíces. Las sanas son blancas, crema o beige, firmes al tacto. Las podridas son marrones u oscuras, blandas, se deshacen entre los dedos y huelen mal. Todo lo podrido se corta con tijera limpia hasta llegar a tejido sano. Si hay pudrición hay que eliminar además todo el sustrato viejo, aclarando las raíces con agua templada.
5. Aflojar el cepellón. Si las raíces están enrolladas en espiral por el fondo y los laterales, hay que soltarlas con los dedos y, si están muy compactas, hacer tres o cuatro cortes verticales superficiales por los lados. Puede parecer agresivo, pero es necesario: una raíz que ha aprendido a girar en círculo sigue girando en la maceta nueva y nunca coloniza el sustrato añadido. Ese punto lo ignora mucha gente y es la razón de que algunas plantas no arranquen después de trasplantadas.
6. Colocar y rellenar. Una capa de sustrato en el fondo, la planta encima calculando la altura para que el cuello quede al mismo nivel que estaba antes y de 2 a 3 cm por debajo del borde de la maceta. Enterrar el cuello más de lo que estaba provoca pudrición en la base del tallo. Se rellena alrededor, presionando ligeramente con los dedos para eliminar bolsas de aire, sin apisonar: un sustrato compactado a golpes pierde la porosidad que se buscaba.
Los 2-3 cm libres hasta el borde no son un detalle estético: son el espacio donde se acumula el agua durante el riego para que se infiltre despacio en lugar de desbordarse.
7. Regar bien. Un riego abundante hasta que salga agua por el drenaje asienta el sustrato y pone las raíces en contacto con él. Es probable que el nivel baje un par de centímetros: se completa con más sustrato. Se vacía el plato media hora después.
Excepción importante: si se han cortado raíces podridas o se ha trasplantado un cactus o una suculenta, hay que esperar entre cinco y diez días antes del primer riego. Los cortes necesitan cicatrizar; regarlos de inmediato es abrir una puerta a los hongos.
Los días siguientes
La planta ha perdido parte de sus raicillas absorbentes, así que durante dos o tres semanas está en desventaja:
- Luz sí, sol directo no. Un lugar luminoso pero sin insolación directa reduce la transpiración mientras se recupera la raíz.
- Riego moderado. Hay más volumen de sustrato y menos raíz para consumirlo, así que el sustrato tarda más en secarse. Regar con la misma frecuencia de antes es la forma más habitual de pudrir una planta recién trasplantada.
- Nada de abono durante seis u ocho semanas. El sustrato nuevo ya trae nutrientes para ese periodo, y las raíces cortadas se queman con facilidad.
- Sin cambios de sitio ni corrientes. Y sin podar salvo hojas claramente secas.
Es normal que se marchite ligeramente los dos primeros días o que pierda alguna hoja baja. Si el decaimiento persiste más de una semana, hay que revisar el riego antes que nada.
Cuando trasplantar no es viable
Con ejemplares grandes en macetones que no se pueden manejar, la alternativa es el recambio de la capa superior: retirar con cuidado los 5 cm superiores de sustrato, sin dañar raíces, y reponerlos con mezcla fresca. Se hace cada primavera y mantiene la planta en buenas condiciones durante años sin necesidad de mover el cepellón.
También hay especies que florecen mejor algo apretadas y a las que no conviene adelantarse: Clivia, Spathiphyllum, Strelitzia y la mayoría de las orquídeas dan más flor cuando la maceta les queda justa. Con estas, más vale llegar tarde que pronto.
En resumen
Se trasplanta cuando las raíces llenan el cepellón o cuando el sustrato está agotado y salinizado, y el momento ideal es de finales de febrero a mayo. La maceta nueva debe ser solo 2-4 cm mayor de diámetro: pasarse de tamaño provoca encharcamiento y pudrición. Sustrato de calidad con un 20-30 % de perlita, cuello de la planta al mismo nivel que estaba y 2-3 cm libres hasta el borde. Hay que aflojar las raíces enrolladas antes de colocar la planta, regar abundantemente salvo si se cortaron raíces o se trata de suculentas, y después dejar seis semanas sin abonar y con riego más espaciado de lo habitual.