Sujeta la plantita por una hoja, nunca por el tallo. Esa es la primera regla del repicado y la que más plantas salva, porque una hoja rota se sustituye y un tallo aplastado entre dos dedos no se regenera jamás: los vasos conductores quedan estrangulados y la plántula se marchita dos días después sin que sepas por qué. A partir de ahí, todo lo demás se puede aprender en una tarde.
Repicar es trasplantar plántulas muy jóvenes desde el semillero comunitario, donde han nacido apretadas, a un recipiente individual donde tendrán espacio, luz y sustrato propios hasta que estén listas para su sitio definitivo. Es un paso intermedio, no el trasplante final, y confundir ambas cosas es el origen de bastantes errores.
Repicar, trasplantar y aclarar no son lo mismo
Conviene separar tres operaciones que se mezclan en el lenguaje corriente:
Aclarar es eliminar plántulas sobrantes de una siembra directa para dejar el marco correcto. No se mueve nada: se quitan las que sobran.
Repicar es sacar las plántulas del semillero y plantarlas separadas, una por alvéolo o macetita, cuando aún son diminutas. El francés repiquer está en el origen de la palabra, y en viveros forestales designa también el repicado de raíces: cortar la pivotante de un plantón en el bancal para forzar raíces secundarias.
Trasplantar es la mudanza definitiva al bancal, al arriate o a la maceta grande, con la planta ya hecha y su cepellón formado.
Una planta puede repicarse una vez, dos, o ninguna. Sembrando directamente en alvéolo individual, el repicado se evita por completo; ese es justamente el motivo de que se siembre así.
Para qué sirve realmente
El repicado no es solo un reparto de espacio. Hace tres cosas a la vez:
Elimina la competencia. En una bandeja de siembra con veinte plántulas por cada diez centímetros cuadrados, las raíces se enredan y las hojas se dan sombra unas a otras. El resultado son tallos largos, pálidos y débiles, lo que se llama ahilado o etiolado. Una plántula ahilada ya no se arregla.
Provoca ramificación radicular. Al mover la plántula, las puntas de las raíces sufren pequeñas roturas inevitables y la planta responde emitiendo raíces laterales. Un sistema radicular ramificado explora mejor el sustrato y da un cepellón compacto que aguanta el trasplante final sin desmoronarse.
Cambia el sustrato. El de siembra es pobre a propósito, para que la semilla no se queme y para no favorecer hongos. En el momento del repicado la plántula ya ha agotado las reservas del cotiledón y necesita alimento; se la pasa a un sustrato algo más nutritivo.
Hay un beneficio sanitario añadido: separar las plántulas mejora la ventilación y reduce el damping-off o "mal de los semilleros", ese colapso repentino del cuello causado por Pythium y Rhizoctonia que tumba bandejas enteras cuando hay demasiada densidad y demasiada humedad.
Lo primero, el tamaño
El momento no se decide por altura ni por días transcurridos, sino por hojas. La referencia buena es dos a cuatro hojas verdaderas, es decir, las que salen después de los cotiledones y ya tienen la forma característica de la especie. En la práctica son plántulas de 3 a 6 cm, con un tallo que todavía se sostiene y una raíz que todavía se puede extraer entera.
Los cotiledones no cuentan como hojas verdaderas. En un tomate son dos tiras alargadas y lisas; las verdaderas llegan después, dentadas y con el olor característico. Confundirlos lleva a repicar demasiado pronto.
Demasiado pronto significa manipular una plántula que aún depende de las reservas del cotiledón y cuya raíz es un hilo transparente. Sobrevive menos, y las que salen adelante van con retraso.
Demasiado tarde es más frecuente y más caro. Las raíces se entrelazan entre plantas vecinas y al separarlas hay que romperlas; si la bandeja es de alvéolos, la raíz empieza a dar vueltas al fondo y esa espiral no se corrige después. Además, la plántula que ya se ha ahilado no recupera el porte compacto por mucho que se la repique.
Aquí conviene deshacer una creencia extendida: la de que hay que pinzar sistemáticamente la punta de la raíz al repicar, "para que ramifique". En plantas de huerto y de flor no hace falta y suele costar una semana de parón. Lo que sí importa de verdad es no dejar la raíz doblada en el fondo del agujero, en forma de jota o de ele. Una raíz doblada condiciona a la planta el resto de su vida; una raíz entera y recta, no.
Estado de salud de los plantines
El repicado es también una selección. En el semillero nace de todo, y no todo merece una maceta.
Se conservan las plántulas de tallo corto y grueso, entrenudos apretados, color verde franco y cotiledones todavía firmes. Se descartan sin sentimentalismo las alargadas y pálidas, las que tengan el cuello estrangulado o pardo a ras de sustrato (síntoma inequívoco de damping-off), las que arrastren manchas, deformaciones o mosaicos en las hojas, y las que simplemente vayan muy por detrás de sus hermanas sin motivo aparente. Guardar una planta enferma en la bandeja nueva es contagiar a las demás; guardar una planta débil es ocupar un alvéolo que rendirá la mitad.
Dos precauciones de higiene que casi nadie toma y que salen muy baratas: desinfectar la herramienta y los recipientes reutilizados con alcohol o con una solución de lejía al 10 %, y usar sustrato nuevo, no el de la temporada anterior. La mayoría de los hongos de semillero llegan en la maceta vieja, no por el aire.
Y un detalle de preparación: regar el semillero unas horas antes, no en el momento. El sustrato debe estar húmedo y cohesionado, que se despegue en bloque, pero no empapado, porque el barro se pega a las raíces y las asfixia al apelmazarse.
Estación del año y momento del día
La estación del repicado no se elige: viene marcada por la siembra. Lo que sí se elige es no repicar en condiciones que la planta no vaya a poder compensar.
En clima peninsular, los semilleros de primavera de tomate, pimiento, berenjena y albahaca se siembran en febrero y marzo bajo cubierta y se repican entre marzo y abril, con la planta bien protegida: por debajo de 12-15 ºC una solanácea recién repicada se queda parada y coge un tono violáceo por bloqueo del fósforo. Los semilleros de otoño de coles, lechugas, acelgas y cebollas se repican de agosto a octubre, y ahí el enemigo es el contrario: repicar en plena ola de calor obliga a la planta a evaporar por hojas que sus raíces aún no pueden abastecer.
Dentro del día, la última hora de la tarde o una jornada nubosa. La plántula dispone entonces de toda la noche, con humedad alta y sin sol directo, para restablecer el contacto entre raíz y sustrato antes de que le pidan trabajo. Repicar a mediodía en junio es la forma más rápida de perder la mitad de la bandeja.
Cómo se hace, paso a paso
1. Prepara antes que nada el destino. Alvéolos o macetas de 6-8 cm llenos de sustrato ligeramente húmedo, asentado con un golpe seco pero sin comprimir, y con un agujero ya hecho con un lápiz, un palillo grueso o un repicador. El agujero debe ser más profundo y más ancho que la raíz que va a recibir. Nunca al revés: no se hace el hueco con la propia plántula.
2. Afloja el semillero por debajo. Con un tenedor viejo, una espátula o el mismo palo, levanta un bloque de sustrato con varias plántulas dentro. No tires hacia arriba de la planta: se descalza y la raíz se queda en la bandeja.
3. Separa con los dedos, en seco y sin prisa. El bloque húmedo se disgrega solo si el sustrato es adecuado. Sujeta cada plántula por un cotiledón o por una hoja, y acompaña la raíz con la otra mano.
4. Coloca sin doblar. Introduce la raíz recta en el agujero, hasta la profundidad correcta (más abajo se detalla cuál es en cada caso). Si la raíz es más larga que el hueco, haz el hueco más hondo; no la enrolles.
5. Cierra por los lados. Con el palo, presiona el sustrato lateralmente contra la raíz, a un centímetro del tallo. Así se elimina la bolsa de aire sin aplastar el cuello. Un tirón suave de una hoja debe encontrar resistencia: si la planta sale, no estaba bien asentada.
6. Riega con lluvia fina o desde abajo. Lo mejor es poner la bandeja en un recipiente con dos dedos de agua y dejar que ascienda por capilaridad hasta que la superficie brille. Agua templada, nunca fría de grifo en invierno: un choque térmico de diez grados frena las raíces varios días.
7. Etiqueta. Parece secundario hasta que tienes tres bandejas de plántulas idénticas y ninguna idea de cuál era la variedad tardía.
Hasta dónde enterrar el cuello
Esta decisión depende de la especie y equivocarse cuesta la planta.
Se pueden enterrar hasta los cotiledones el tomate y, con más cautela, el resto de solanáceas. El tallo del tomate emite raíces adventicias en toda su longitud, así que enterrarlo profundo corrige un ahilado leve y produce una planta más anclada. Es el único caso en que enterrar es una ventaja clara.
No se entierra el cuello en lechugas, escarolas ni en ninguna planta de roseta: si el punto de crecimiento queda cubierto, se pudre. Aquí el cuello va justo a ras de sustrato.
Se enterrarán apenas un centímetro coles, brócolis y coliflores, que agradecen algo de sujeción extra porque tienden a ahilarse en el semillero, y las aromáticas de tallo leñoso.
En cactus y suculentas la regla se invierte del todo: se repica en sustrato seco, se coloca la planta y se espera varios días antes del primer riego, porque un cuello húmedo y herido se pudre con facilidad.
Los días siguientes
Las 48-72 horas posteriores al repicado deciden el resultado. La planta ha perdido pelos radiculares y no puede absorber al ritmo al que transpira, así que hay que bajarle las exigencias: semisombra o luz filtrada, ambiente resguardado del viento y humedad ambiental alta, sin sol directo. Después, luz plena de forma progresiva a lo largo de dos o tres días.
Un ligero decaimiento el primer día es normal. Lo que no lo es: hojas que siguen mustias al tercer día con sustrato húmedo, señal de que la raíz está dañada o hay bolsa de aire; o amarilleo generalizado, casi siempre exceso de riego.
Nada de abono durante las dos primeras semanas. Un sustrato de trasplante ya lleva alimento para ese periodo, y fertilizar sobre raíces heridas quema. Pasado ese tiempo, riegos con fertilizante muy diluido, a un cuarto de la dosis, cada diez o quince días.
Cuando las raíces asomen por los agujeros de drenaje, la planta pide sitio: o un segundo repicado a maceta mayor, o el trasplante definitivo. Y antes de ese trasplante, la aclimatación: una semana sacando las plantas unas horas al exterior, aumentando la exposición cada día. Saltarse ese endurecimiento echa a perder dos meses de semillero en una sola tarde de viento.
Plantas que no se repican
Hay especies que tienen raíz pivotante frágil o muy poca capacidad de emitir raíces nuevas, y en ellas el repicado siempre sale mal. Se siembran directamente en su sitio o, como mucho, en un recipiente individual que no se vuelva a tocar:
- Umbelíferas: zanahoria, chirivía, perejil, cilantro, eneldo, hinojo.
- Leguminosas: guisantes, habas, judías.
- Cucurbitáceas: calabacín, calabaza, pepino, melón y sandía toleran mal la manipulación; van en maceta individual desde la siembra y se trasplantan con el cepellón intacto.
- Rábano, nabo y espinaca, siembra directa.
- Amapolas, nigelas, capuchinas y buena parte de las anuales de siembra directa en el jardín.
Para todas ellas existe una alternativa útil: los recipientes biodegradables de fibra o los tacos de turba prensada, que se plantan enteros y evitan tocar la raíz.
Errores que se repiten
Agarrar por el tallo. Ya está dicho, pero es el que más plantas cuesta.
Tirar hacia arriba en lugar de levantar por debajo, y quedarse con la parte aérea y ninguna raíz.
Repicar con el sustrato empapado, que convierte el cepellón en barro.
Dejar bolsas de aire alrededor de la raíz: la planta se marchita con la maceta húmeda y nadie entiende por qué.
Sacar la bandeja recién repicada al sol de mediodía "para que se recupere antes".
Abonar inmediatamente para compensar el estrés, cuando lo que la raíz herida necesita es exactamente lo contrario.
En resumen
El repicado consiste en pasar las plántulas del semillero a recipientes individuales cuando tienen entre dos y cuatro hojas verdaderas, sujetándolas siempre por una hoja o un cotiledón y nunca por el tallo. Se hace con el sustrato húmedo pero no encharcado, levantando por debajo, colocando la raíz recta en un agujero previamente hecho y cerrando el sustrato por los lados. Se seleccionan solo las plántulas vigorosas y sanas, se elige la última hora de la tarde o un día nublado, y se dan dos o tres días de semisombra y humedad alta antes de devolverlas a plena luz. Sin abono las dos primeras semanas, enterrando el cuello solo en aquellas especies que lo toleran, y sin repicar en absoluto las de raíz pivotante frágil como umbelíferas, leguminosas y cucurbitáceas.