El corte va justo por debajo de un nudo, y esos dos o tres milímetros de diferencia pesan más en el resultado que cualquier bote de hormonas que compres. Un esqueje cortado a media entrenudo tarda el doble en reaccionar y se pudre con mucha más facilidad; el mismo tallo, cortado al ras del nudo, emite raíces en dos o tres semanas.
Cortar un esqueje no es simplemente separar un trozo de planta. Es dejar un fragmento vegetal en una situación imposible —sin raíces, perdiendo agua por las hojas— y confiar en que fabrique un sistema radicular antes de agotar sus reservas. Todo lo que se hace al cortar va dirigido a ganar esa carrera: maximizar la capacidad de emitir raíces y minimizar la pérdida de agua y la entrada de hongos.
De dónde salen realmente las raíces
Las raíces de un esqueje no brotan de cualquier punto del tallo. Se forman a partir de células que vuelven a dividirse cerca del cámbium, el anillo de tejido que hay entre la madera y la corteza, y esa reactivación ocurre con mucha más facilidad en los nudos, los puntos donde nacen las hojas y las yemas. En el nudo se acumula tejido joven y se concentran las auxinas, las hormonas que la planta fabrica en los brotes y que descienden por el tallo. Por eso todas las instrucciones serias de estaquillado repiten lo mismo: corte basal inmediatamente por debajo del nudo.
Hay excepciones conocidas —las begonias, las violetas africanas o las sansevierias enraízan desde el tejido de una hoja o de un trozo de hoja—, pero la regla del nudo cubre la inmensa mayoría de lo que vas a multiplicar en casa o en el jardín.
La herramienta: cuchilla, no tijera
Una tijera de podar, por muy afilada que esté, funciona por presión de dos hojas: aplasta el tallo antes de cortarlo. Ese aplastamiento revienta los vasos conductores y deja tejido machacado justo en el punto donde queremos que se formen raíces, que es también la puerta de entrada perfecta para Fusarium, Pythium y compañía. Para esquejes finos usa cuchilla: un cúter nuevo, una hoja de bisturí o una navaja de injertar bien asentada. La tijera se reserva para las estaquillas leñosas gruesas de invierno, donde el tallo es duro y no se deforma.
La higiene no es un detalle opcional. Desinfecta el filo con alcohol de 96º antes de empezar y entre planta y planta, sobre todo si vas a esquejar ejemplares distintos o si alguno tiene el más mínimo síntoma de enfermedad. Con virus y bacterias, la cuchilla es el vehículo de contagio número uno.
Un detalle de calendario diario que se pasa por alto: corta a primera hora de la mañana, cuando la planta madre está turgente tras la noche. Un esqueje tomado a las tres de la tarde de un día de julio ya sale deshidratado y con un déficit del que rara vez se recupera. Si tienes que transportarlo, mételo en una bolsa de plástico con una gota de agua y a la sombra.
Esquejes de tallo
Es el tipo más frecuente y el que más se generaliza mal, porque bajo el mismo nombre caben tres situaciones muy distintas.
Esqueje herbáceo o de madera blanda. Se toma de brotes tiernos del año, todavía flexibles, que se doblan sin partirse. Es el caso del geranio (Pelargonium), el coleo (Plectranthus scutellarioides), la albahaca, el potos (Epipremnum aureum), la salvia o la hortensia en primavera. Corta segmentos de 8 a 12 cm con dos o tres nudos, sección basal limpia por debajo del nudo inferior y despunte del extremo apical si el brote está muy blando. Enraízan rápido —una a tres semanas— pero se marchitan con la misma velocidad, así que hay que plantarlos casi inmediatamente.
Esqueje semileñoso. Ramas del año que ya han empezado a endurecerse por la base y siguen verdes en la punta; al doblarlas crujen. Es la vía normal para romero, lavanda, laurel, mirto, boj, adelfa, hibisco, camelia, olivo ornamental o cítricos. Se toman de 10 a 15 cm desde finales de verano hasta principios de otoño, en la Península de agosto a octubre según la zona. Aquí el corte basal por debajo del nudo se complementa a veces con un herido: un raspado vertical de 1,5 a 2 cm en un lado de la base, retirando solo la corteza y dejando el cámbium a la vista. En especies duras de enraizar —camelia, magnolia, algunos rododendros— el herido cambia el resultado de forma apreciable.
Estaquilla leñosa. Madera del año ya lignificada y sin hojas, tomada en parada invernal, de diciembre a febrero. Sirve para higuera, granado, morera, membrillero, vid, chopo, sauce, grosellero, forsitia o rosal de pie franco. Se cortan trozos de 20 a 25 cm con tres o cuatro yemas. Aquí sí conviene el famoso corte en bisel, pero no por el motivo que se suele dar: no es para "aumentar la superficie de absorción", es para distinguir de un vistazo el extremo inferior del superior. El corte de arriba se hace recto y un centímetro por encima de una yema; el de abajo, oblicuo y pegado a la yema. Una estaquilla plantada del revés no brota nunca, y sin marca es facilísimo confundirse cuando manejas veinte.
En todos los casos, reduce la superficie foliar. Elimina las hojas del tercio o la mitad inferior —las que quedarían enterradas, que se pudrirían sin remedio— y deja dos o cuatro arriba. Si las hojas son grandes (hortensia, ficus, camelia), córtalas por la mitad con tijera. Suena brutal, pero un esqueje sin raíces no puede reponer el agua que transpira una hoja entera. Lo que no debes hacer es dejarlo totalmente pelado: sin hojas no hay fotosíntesis ni producción de auxinas, y el esqueje se queda sin motor.
Dos casos con manejo propio. Las plantas de látex —ficus, euforbias, adelfa, dieffenbachia— sangran al cortarlas: enjuaga la base con agua hasta que deje de manar y déjala secar un rato, o el látex coagulado taponará los tejidos. Las suculentas y los geranios quieren lo contrario que el resto: nada de meterlos en sustrato húmedo recién cortados. Deja el corte al aire, a la sombra, de unas horas a dos o tres días, hasta que cicatrice y forme callo. Un esqueje de crásula plantado en tierra mojada el mismo día se pudre con una regularidad deprimente.
Los troncos gruesos y sin nudos visibles, como los de la yuca (Yucca elephantipes) o la Dracaena, se multiplican por trozos de tallo de 15 a 25 cm colocados en vertical, respetando la orientación original y con la mitad inferior enterrada. Muchos aficionados sellan el corte superior con cera o mástic de poda para que no se deshidrate ni entre agua.
Esquejes de hoja
Solo un grupo reducido de plantas es capaz de regenerar una planta entera a partir de una hoja, porque hace falta que además de raíces se forme una yema nueva. Funciona en violeta africana (Saintpaulia ionantha), Begonia rex, Peperomia, Streptocarpus, Sansevieria, Echeveria, Crassula, Sedum y Kalanchoe.
Hay varias formas de cortarlas. Con pecíolo: se corta la hoja con 2-4 cm de rabillo y se clava este en el sustrato en oblicuo, dejando el limbo sin tocar la superficie; es el método de la violeta africana y el Streptocarpus. En secciones: la hoja de sansevieria se corta en trozos transversales de 5-8 cm y se entierran un par de centímetros, siempre con el borde que estaba más cerca de la base hacia abajo. Por incisiones en los nervios: la begonia rex se apoya del revés sobre el sustrato y se hacen cortes transversales en los nervios principales; de cada corte sale una plantita. Y de hoja entera sin pecíolo, el caso de las crasas: se desprende la hoja de un tirón limpio y lateral, sin dejar nada pegado al tallo, se deja secar unos días y se apoya sobre sustrato apenas humedecido, sin enterrarla.
Aquí conviene desmontar una creencia extendida: la sansevieria variegada del tipo 'Laurentii', esa de los bordes amarillos, pierde la variegación al multiplicarse por hoja. Las plantas que salen son verdes lisas. La franja amarilla es una quimera, un tejido que solo se mantiene si divides la mata por rizomas. Si quieres conservarla, no cortes hojas: separa hijuelos.
El sustrato y el ambiente que necesita el corte
Un esqueje recién cortado no necesita alimento, necesita oxígeno, humedad constante y ausencia de patógenos. El sustrato ideal es pobre, estéril, esponjoso y drenante: perlita sola, o mezclas al 50 % de perlita con fibra de coco o turba rubia, o vermiculita. La tierra del jardín y el mantillo con abono son mala idea: retienen demasiada agua, van cargados de hongos y las sales fertilizantes queman los tejidos jóvenes.
Haz siempre un agujero previo con un lápiz o un palillo antes de introducir el esqueje. Si lo clavas a presión, raspas la base contra el sustrato y arruinas justo el tejido del que esperas raíces. Después aprieta ligeramente alrededor para que haya contacto.
El ambiente pide humedad alta —una bolsa transparente sobre la maceta, un miniinvernadero o un propagador—, luz clara pero sin sol directo, y temperatura de sustrato entre 18 y 22 ºC. Ese detalle del calor por abajo, con un cable o una manta térmica, acelera el enraizamiento más que casi cualquier otra medida, porque interesa que las raíces vayan por delante del brote. Airea la bolsa unos minutos al día para que no se acumule condensación ni podredumbre gris (Botrytis). Las suculentas y los geranios son la excepción: nada de campana, se pudren.
Hormonas de enraizamiento: cuándo aportan algo
Los productos de enraizamiento en polvo o gel contienen auxinas sintéticas, normalmente AIB (ácido indolbutírico) y a veces ANA. Concentraciones bajas, del orden del 0,1-0,2 %, para esquejes herbáceos y semileñosos; las más altas, hasta el 0,8 %, para estaquilla leñosa difícil.
Dicho esto, conviene bajar las expectativas. Un esqueje de potos, geranio, hiedra, tradescantia o salvia enraíza sin hormona ninguna. El AIB marca la diferencia en especies reticentes —camelia, magnolia, arce japonés, olivo, muchas coníferas— y en estaquillas gruesas. Y pasarse es contraproducente: un exceso de auxina inhibe la formación de raíces y ennegrece la base. Moja la base, sacude el sobrante y no dejes que el polvo suba más de un centímetro. Nunca metas el esqueje en el bote original: coge una porción aparte y tira lo que sobre, o contaminarás todo el envase.
Sobre el agua de sauce, tan citada: el sauce es rico en salicilatos, no en auxinas. El ácido salicílico tiene efecto antifúngico y actúa sobre las defensas de la planta, lo cual no es despreciable, pero no es una hormona de enraizamiento. Puede ayudar algo; no sustituye al AIB en las especies difíciles.
Enraizar en agua: lo que nadie cuenta
Poner el esqueje en un vaso de agua es cómodo y da la satisfacción de ver las raíces salir. El problema aparece al trasplantar. Las raíces formadas sumergidas son blancas, quebradizas y con mucho tejido aireado, adaptadas a vivir en agua; al pasarlas a sustrato, buena parte muere y la planta se para semanas mientras rehace un sistema radicular nuevo. Si el esqueje ha estado un mes en el vaso, la pérdida es notable.
Sirve perfectamente para potos, tradescantias, cintas o menta, que son indestructibles. Para todo lo demás, sale mejor pasar directamente a perlita húmeda. Y si usas agua, trasplanta cuando las raíces midan 2-3 cm, no cuando parezcan una melena, y cámbiala cada dos o tres días.
Cuándo cortar en el clima peninsular
De marzo a mayo, esquejes herbáceos de plantas de interior, aromáticas y vivaces, aprovechando el arranque de la vegetación. De junio a julio, brotes tiernos de arbustos ornamentales, siempre a primera hora y con el material a la sombra. De agosto a octubre, la ventana grande: semileñoso de romero, lavanda, laurel, hibisco, camelia, coníferas. De diciembre a febrero, estaquilla leñosa de frutales y arbustos de hoja caduca, que puede plantarse directamente en un bancal resguardado.
En la mitad sur y el litoral mediterráneo se puede adelantar el semileñoso y prolongar el trabajo hasta noviembre; en el interior norte y zonas de montaña conviene atrasar la primavera y proteger del hielo las estaquillas de invierno. Lo que no funciona en ningún sitio es esquejar en plena ola de calor de julio o durante una helada.
Errores frecuentes al cortar
Cortar demasiado largo. Un esqueje de 30 cm no enraíza antes; tiene más hoja que alimentar y más tallo que mantener. Ocho a quince centímetros es la horquilla que funciona salvo excepciones muy concretas.
Elegir el brote equivocado. Evita ramas con flor o con botón floral —la planta destina energía a la flor y no a las raíces; si no queda otra, pellizca los botones—, brotes chupones muy vigorosos y aguados, y ramas viejas y agotadas. El material ideal es un brote de vigor medio, sano, de la parte media de la planta.
Aplastar la base o clavarla a presión. Ya está dicho, pero es el fallo más repetido.
Dejar hojas enterradas. Se pudren en tres días y arrastran al esqueje entero.
Encharcar. El sustrato tiene que estar húmedo como una esponja escurrida, no empapado. Sin raíces, el esqueje no bebe casi nada; el agua sobrante solo desplaza el oxígeno y alimenta hongos.
Tirar del esqueje para ver si ha enraizado. Cada tirón rompe las raicillas recién formadas. Si notas resistencia al moverlo suavemente o ves brotación nueva, ya está.
Trasplantar demasiado pronto y abonar. Espera a que el cepellón se sostenga solo y no abones hasta pasadas dos o tres semanas del trasplante, y entonces a media dosis.
En resumen
Se corta con cuchilla desinfectada, a primera hora de la mañana, justo por debajo de un nudo, tomando entre 8 y 15 cm de un brote sano y sin flores. Se retiran las hojas de la mitad inferior y se reduce a la mitad la superficie de las grandes. Según el estado de la madera se elige la época: herbáceo en primavera, semileñoso a finales de verano, estaquilla leñosa en pleno invierno. El corte va a un sustrato pobre, aireado y estéril, con humedad ambiental alta, sin sol directo y con unos 20 ºC en la base. Las hormonas de AIB solo son decisivas en especies difíciles, las suculentas y los geranios necesitan cicatrizar antes de plantarse, y el vaso de agua es cómodo pero cuesta un tiempo de recuperación al trasplantar. Cuidado también con la sansevieria variegada: por hoja se multiplica, pero pierde su franja amarilla.