El fondo de la cafetera no es un fertilizante. Es agua con un poco de materia orgánica disuelta, algo de potasio, trazas de otros minerales y una molécula, la cafeína, que las plantas del género Coffea fabrican precisamente para estorbar el crecimiento de sus competidoras. Dicho esto, tirar ese resto por el fregadero tampoco es obligatorio: usado con moderación y bien diluido, el café sobrante puede ir al riego sin causar daño y con algún beneficio marginal. Lo que no hace es lo que la mitad de internet asegura que hace.

Cafetera con café recién hecho

Qué lleva realmente el café que sobra

Una taza de café negro sin azúcar es en torno a un 98 % agua. El 2 % restante es lo interesante, y no es gran cosa desde el punto de vista nutricional:

  • pH ácido, entre 4,8 y 5,2 en un café de filtro o de cafetera italiana. Es una acidez comparable a la de un zumo de tomate.
  • Potasio, el mineral más abundante de la infusión, en el entorno de 100 miligramos por taza.
  • Magnesio, fósforo y algo de nitrógeno en cantidades pequeñas.
  • Ácidos clorogénicos y compuestos fenólicos, responsables de buena parte de su acidez y de su carácter antioxidante.
  • Cafeína, entre 60 y 120 miligramos por taza según el tipo de café y la extracción.

Compara esa composición con un abono líquido comercial, que lleva porcentajes de nitrógeno, fósforo y potasio expresados en enteros, y se ve enseguida la escala del asunto. Un litro de café diluido no alimenta a una planta. Aporta un poco de potasio y de materia orgánica al suelo, nada más. Quien riegue con café esperando ver crecer una planta desnutrida se va a llevar un chasco.

Los tres mitos que conviene desmontar

«El café acidifica el sustrato y por eso va bien para acidófilas.» Aquí hay que separar dos cosas. La infusión sí es ácida, pero la cantidad de acidez que aporta un chorro diluido es diminuta frente a la capacidad tampón de un suelo, y más aún frente a un suelo calizo. En buena parte de España el agua de red pasa de 7,5 de pH y arrastra carbonatos; esa carga se impone sin discusión sobre el café que le eches. Los posos, en cambio, ni siquiera son ácidos: al pasar el agua caliente se llevan la mayoría de los ácidos solubles a la taza y el residuo queda entre 6,5 y 6,8, es decir, prácticamente neutro. Si tienes una camelia, una azalea, un rododendro, una gardenia (Gardenia jasminoides) o arándanos (Vaccinium corymbosum) y quieres bajar el pH de verdad, lo que funciona es sustrato de brezo, agua de lluvia, quelato de hierro y, si acaso, azufre elemental. El café no es una herramienta de corrección de pH.

«El café es un abono nitrogenado.» Los posos secos contienen alrededor de un 2 % de nitrógeno, pero está en forma orgánica y con una relación carbono/nitrógeno de aproximadamente 20 a 1. Eso significa que el nitrógeno no está disponible para la planta hasta que los microorganismos del suelo descompongan la materia, un proceso de meses. En la infusión líquida el nitrógeno es aún más residual. Como enmienda para el compost los posos están bien; como fertilizante de acción directa, no lo son.

«La cafeína repele babosas y plagas.» Existen ensayos que muestran efecto molusquicida con disoluciones de cafeína del 1 al 2 %. El problema es la escala: un café bien cargado ronda el 0,05 % de cafeína, cuarenta veces menos, y para llegar a esa concentración habría que aplicar dosis que son fitotóxicas para la propia planta. Como barrera contra babosas, el café es folclore.

La cafeína es el motivo real para no pasarse

Este es el punto que casi nunca aparece en los artículos entusiastas. La cafeína es un compuesto alelopático: el cafeto la libera al suelo alrededor de sus raíces para inhibir la germinación y el desarrollo radicular de otras especies que puedan competir con él. Es una defensa química, y no distingue entre competidoras y tus plantas.

En la práctica esto tiene dos consecuencias muy concretas:

Primera, nada de café en semilleros ni en germinación. La cafeína inhibe la germinación de semillas de forma medible. Si estás sacando adelante planteles de tomate, lechuga o albahaca, riégalos con agua y solo con agua.

Segunda, nada de café en esquejes ni en plantas recién trasplantadas, que están emitiendo raíces nuevas y son justo el tejido más sensible a un inhibidor del crecimiento radicular.

En una planta adulta y establecida, un aporte esporádico y diluido no va a provocar un desastre. Un aporte continuado sí puede acabar frenando el crecimiento y acumulando compuestos fenólicos en el sustrato, sobre todo en maceta, donde el volumen de tierra es pequeño y no hay lixiviación que valga.

Cómo hacerlo sin estropear nada

Si aun así quieres aprovechar el resto de la cafetera, estas son las condiciones que hay que cumplir. Ninguna es opcional.

Café negro y nada más. Sin azúcar, sin leche, sin sacarina, sin canela, sin la espuma de la máquina. El azúcar en el sustrato alimenta hongos y bacterias, atrae hormigas y es el reclamo perfecto para la mosca del sustrato (Bradysia spp.), esos mosquitos negros que revolotean alrededor de las macetas de interior. La leche fermenta, huele mal y forma una película en la superficie. Si el café llevaba algo, va al fregadero.

Frío y reposado. Nunca caliente. Deja que alcance temperatura ambiente antes de acercarlo a la maceta.

Muy diluido. La proporción sensata es una parte de café por cada cuatro o cinco de agua. Un dedo de café en el fondo de una regadera de dos litros que luego se llena de agua es exactamente la idea. Café puro sobre la tierra, no.

Poco frecuente. Una vez al mes es suficiente y una vez cada dos semanas es el máximo razonable. Sustituye un riego normal, no se suma a él: mismo volumen de agua que le darías de todas formas, solo que con esa fracción de café dentro.

Sobre tierra húmeda. Como con cualquier aporte líquido, aplicarlo sobre sustrato seco concentra el producto en los primeros centímetros y aumenta el riesgo de daño.

Al suelo, no a las hojas. No aporta nada por vía foliar y deja restos que manchan y favorecen hongos.

Regadera metálica para el riego de las plantas

Qué plantas lo toleran mejor y cuáles no

Lo toleran razonablemente bien las plantas de suelos ácidos o neutros, con buen porte y ya asentadas: hortensias (Hydrangea macrophylla), camelias, azaleas, helechos, potos (Epipremnum aureum), espatifilos (Spathiphyllum wallisii), Philodendron, ciclámenes, begonias y, en el exterior, rosales y arbustos de flor establecidos.

Con las hortensias hay que matizar algo que se repite mucho: el color azul no depende del pH directamente, sino de la disponibilidad de aluminio, que aumenta cuando el suelo es ácido. Para azular una hortensia se usa sulfato de aluminio, no café. La acidez que aporta un riego mensual con café no mueve la aguja.

No conviene en cambio en:

  • Cactus y crasas (Echeveria, Haworthia, Aloe, Sedum), acostumbradas a sustratos minerales, pobres y con muy poca materia orgánica.
  • Plantas mediterráneas de suelo calizo: lavanda (Lavandula angustifolia), romero (Salvia rosmarinus), tomillo, salvia, olivo. Prefieren pH básico y tierras pobres.
  • Orquídeas como Phalaenopsis, cultivadas en corteza con raíces aéreas que se pudren con facilidad ante cualquier aporte orgánico fermentable.
  • Semilleros, esquejes y trasplantes recientes, por lo ya explicado sobre la cafeína.
  • Hortalizas de ciclo corto en pleno crecimiento, que necesitan nutrición real y no un aporte simbólico.

Los posos son otra cosa (y suelen ser mejor idea)

El café molido usado que queda en el filtro tiene más recorrido que el líquido, pero también hay que saber usarlo.

El mejor destino es el compost. Los posos son material «verde» a efectos de compostaje, se descomponen bien, aportan nitrógeno orgánico y le vienen bien a la fauna del montón. La proporción prudente es que no pasen del 15 o 20 % del volumen total; en exceso apelmazan y pueden inhibir a los microorganismos por su carga de cafeína y polifenoles.

Lo que no hay que hacer es echar una capa gruesa de posos sobre la tierra de la maceta a modo de acolchado. Las partículas son finísimas y, al secarse, forman una costra impermeable que repele el agua y deja el sustrato seco por debajo mientras la superficie parece húmeda. Es un problema real y bastante común en plantas de interior. Si quieres incorporarlos directamente al jardín, espárcelos en capa muy fina y mézclalos con la tierra o con el acolchado existente, nunca en una torta compacta.

Añade a esto que los posos húmedos guardados en un bote se enmohecen en dos o tres días. Si no los vas a usar de inmediato, extiéndelos en una bandeja para que sequen.

Precauciones que casi nadie menciona

Animales domésticos. La cafeína es tóxica para perros y gatos. Un perro que hurgue en la tierra de una maceta con posos frescos, o que lama el agua acumulada en el plato, está ingiriendo cafeína. En una casa con animales curiosos, es razón suficiente para no hacerlo.

Mosquitos del sustrato. Los aportes orgánicos líquidos sobre la superficie de una maceta de interior aumentan la humedad superficial y la disponibilidad de materia en descomposición, que es exactamente lo que buscan las larvas de Bradysia. Si ya tienes una colonia instalada, el café no ayuda: lo que ayuda es dejar secar los primeros centímetros entre riegos.

Olor y hongos. Café en exceso sobre la tierra, y sobre todo café con restos de leche o azúcar, puede desarrollar moho superficial y un olor agrio bastante desagradable en interior.

Macetas sin drenaje. Con drenaje deficiente, cualquier compuesto que aportes se acumula sin salida. Si la maceta no tiene agujeros, ni café ni ningún otro extra.

En resumen

Regar con el café que sobra es una forma de aprovechar un residuo, no una técnica de cultivo. Sirve si se hace con café negro sin azúcar ni leche, frío, diluido en una proporción de uno a cuatro o uno a cinco, como mucho una vez al mes y sobre plantas adultas y establecidas de gusto ácido o neutro. No sirve para acidificar un suelo calizo, no es un abono nitrogenado, no azula hortensias y no espanta babosas. Y hay dos situaciones en las que directamente perjudica: semilleros y esquejes, porque la cafeína inhibe la germinación y el enraizamiento. Si quieres aprovechar el café de verdad, el destino que mejor rinde no es la regadera sino el compostador, con los posos incorporados sin pasar del 15 o 20 % del montón.


Contenidos relacionados