Antes de regar nada, levanta la maceta y pésala con la mano. Ese gesto de tres segundos resuelve la mitad de los diagnósticos, porque una planta mustia con el cepellón ligero como el corcho y una planta mustia con el cepellón pesado y empapado tienen exactamente el mismo aspecto y necesitan tratamientos opuestos. Regar una planta que se está ahogando es la forma más rápida de rematarla, y ocurre a diario.

Seca de sed no es lo único que seca una planta

El aspecto de "planta seca" tiene al menos cinco causas frecuentes, y distinguirlas cambia todo lo que viene después.

Falta de agua real. El sustrato está ligero y despegado de las paredes de la maceta, las hojas caen flácidas pero conservan color, y las más tiernas son las primeras en desmayarse. Si al regar la planta se recupera en unas horas, era esto.

Exceso de riego con raíz asfixiada. El sustrato está mojado y aun así la planta se marchita, porque las raíces podridas ya no absorben. Las hojas amarillean desde abajo, se ablandan, y el sustrato huele a cerrado. Es el error más común en interior.

Exceso de sales. Bordes y puntas de hoja secas y crujientes, con un halo amarillo antes del marrón, y a veces costra blanquecina en la superficie del sustrato o en el borde del tiesto. Se da con agua muy dura (buena parte de España la tiene) y con abonado excesivo. Aquí la planta tiene agua alrededor pero no puede tomarla, porque la concentración salina se lo impide.

Golpe de sol o de aire caliente. Manchas secas y decoloradas en las hojas más expuestas, no en toda la planta. Un cristal que hace lupa, una mudanza brusca de sombra a pleno sol de julio o el chorro del aire acondicionado bastan.

Araña roja. En verano, hojas que van tomando un tono grisáceo punteado, apagado, y luego se secan; al mirar el envés a contraluz se ven finas telarañas y ácaros diminutos. Se confunde continuamente con falta de riego, y regar no la arregla.

Planta de interior con las hojas secas y el sustrato agrietado

Comprobar si queda algo vivo

Tres comprobaciones bastan y llevan cinco minutos.

El rascado del tallo. Con la uña se levanta un poco de corteza o epidermis en la base de un tallo. Verde debajo significa que hay tejido conductor vivo; marrón seco significa que ese tramo está muerto. Se va bajando hasta encontrar verde. Si ni siquiera en el cuello, a ras de sustrato, aparece verde, la planta se ha perdido.

La flexibilidad. Las ramas vivas doblan antes de romper; las muertas chascan en seco.

Las raíces. Se saca el cepellón entero de la maceta. Raíces vivas: firmes, blanquecinas o color hueso, elásticas. Raíces muertas por sequía: quebradizas, secas, se deshacen en polvo. Raíces podridas: marrones u oscuras, blandas, y la corteza se desliza dejando el hilo central al tirar. Mientras haya un tercio de sistema radicular sano, la planta tiene opciones.

Rehidratar bien un cepellón seco

Aquí está el punto técnico que decide el resultado. Un sustrato con mucha turba, cuando se seca del todo, se vuelve hidrófobo: repele el agua. Se contrae, se separa de las paredes del tiesto, y el agua que echas por arriba baja por ese hueco lateral y sale por el agujero de drenaje en cinco segundos. El cepellón sigue seco por dentro y tú crees que has regado. Esa es la razón por la que hay plantas que se mueren de sed regándolas todos los días.

La solución es el riego por inmersión. Se pone la maceta dentro de un barreño con agua hasta la mitad o dos tercios de su altura y se deja entre veinte y treinta minutos, hasta que dejan de salir burbujas y la superficie del sustrato se oscurece por capilaridad. Luego se saca y se deja escurrir bien, sin plato con agua debajo. En casos rebeldes ayuda añadir al agua unas gotas de jabón potásico, que actúa de mojante y rompe la tensión superficial.

Antes de sumergir conviene aflojar la superficie con un palito o un tenedor viejo y, si el cepellón se ha despegado, apretar el sustrato contra las paredes para cerrar el hueco. En plantas de jardín, el equivalente es hacer un alcorque o rebordillo de tierra alrededor del pie y regar despacio, dejando que empape en dos o tres pasadas en vez de un chorro que se va ladera abajo.

Después de la primera rehidratación, se coloca la planta en sombra o luz filtrada, sin sol directo, durante una o dos semanas. Una planta con la raíz dañada no puede abastecer a hojas que transpiran a pleno sol de agosto, y el sol la remata justo cuando parecía salvada.

Lo que no hay que hacer mientras se recupera

No abonar. Es lo contrario de lo que sugiere el instinto. Un fertilizante es sal disuelta, y aplicarlo sobre raíces dañadas provoca quemaduras que agravan la deshidratación. Se espera a que haya brote nuevo, y entonces se empieza a media dosis. Tres o cuatro semanas como mínimo.

No trasplantar por sistema. Cambiar de maceta añade un estrés de raíz encima de otro. Solo se trasplanta si hay pudrición que obligue a limpiar y renovar el sustrato, o si el sustrato está tan degradado y compactado que ya no admite agua. Si la planta está seca pero el sustrato es correcto, primero se rehidrata y se trasplanta un mes después.

No inundar para compensar. Regar tres veces al día una planta que lleva un mes seca no acelera nada; solo satura los poros del sustrato, expulsa el aire y provoca la asfixia radicular que faltaba. Riego generoso, y luego dejar que la capa superior se seque antes del siguiente.

No cortarlo todo el primer día. Las hojas secas todavía sujetas suelen estar unidas a tallos vivos, y algunas plantas movilizan reservas desde ahí. Se retiran las hojas que se desprenden solas y se espera para el resto.

Podar en el momento adecuado

Pasada una semana o dos desde la rehidratación se ve con claridad qué ha reaccionado y qué no. Entonces se corta el tejido crujiente hasta llegar a madera verde, justo por encima de una yema, con tijera limpia.

Rebajar la parte aérea tiene sentido cuando la raíz ha quedado mermada: menos hoja significa menos transpiración y un equilibrio más fácil de sostener. En especies que rebrotan bien de cepa (aspidistra, helechos, cintas, potos, salvias, lavandas jóvenes, hortensias) se puede ser drástico. En otras hay que ir con cuidado, y aquí está una de las creencias más caras del jardín español: el romero, la lavanda, la santolina o el espliego no rebrotan de madera vieja sin hojas. Si una mata de Lavandula angustifolia se ha secado y la rapas hasta la parte leñosa desnuda, no vuelve; la única poda útil en esas especies se hace sobre madera del año, dejando siempre una franja verde. Con una mata seca de romero o lavanda, lo honesto suele ser sustituirla.

Cuánto esperar antes de darla por muerta

Depende del tipo de planta, y la impaciencia tira a la basura muchas plantas vivas.

Herbáceas de interior (potos, cintas, tradescantias, helechos): dos o tres semanas. El Nephrolepis exaltata puede perder absolutamente todas las frondes y rebrotar desde el rizoma; se cortan a ras, se mantiene el sustrato ligeramente húmedo y aparece pelo verde nuevo en unas semanas.

Leñosas de interior (ficus, dracenas, esquelfleras): un mes o mes y medio, porque brotan desde yemas latentes del tallo y tardan en arrancar.

Arbustos y árboles de jardín: si el rascado da verde en el cuello, hay que esperar hasta la brotación de la primavera siguiente. Un árbol joven que se seca en agosto puede rebrotar en marzo desde la base.

Vivaces y bulbosas: muchas no están secas, están en reposo. Las dalias, los agapantos o los Cyclamen pierden la parte aérea por diseño y vuelven en su época. Cavar y tirarlos en agosto es un clásico.

Césped: el ray-grass muere y hay que resembrar; la festuca alta y sobre todo la grama (Cynodon dactylon) entran en latencia estival, se ponen pajizos y reverdecen con las lluvias de septiembre. Antes de arrancar un césped amarillo, conviene dejar pasar el otoño.

Planta rebrotando después de un periodo de sequía

Si la causa era la sal, no el agua

Cuando el diagnóstico apunta a exceso de sales (puntas quemadas, costra blanca, agua muy caliza o abonado generoso), el tratamiento es lavar el sustrato. Se lleva la maceta a la ducha, al fregadero o al exterior y se hace pasar por ella un volumen de agua equivalente a unas tres o cuatro veces el volumen del tiesto, despacio, dejando que salga por el drenaje. Eso arrastra las sales acumuladas. Se repite un par de veces con unos días de diferencia y se suspende el abonado durante un mes o dos.

En zonas de agua dura ayuda regar de vez en cuando con agua de lluvia recogida, y en especies acidófilas (azaleas, camelias, gardenias, hortensias azules, arándanos) es casi obligatorio: con agua del grifo calcárea acaban con clorosis férrica, hojas amarillas de nervio verde y aspecto general de planta seca que no mejora por mucho que se riegue.

Para que no vuelva a secarse

El riego a días fijos está detrás de buena parte de los problemas de agua: la planta no consume lo mismo en marzo que en agosto, ni en un piso con calefacción que en una terraza sombreada. La referencia es el sustrato, no el calendario. Dedo dos o tres centímetros dentro, o peso de la maceta.

En verano peninsular conviene regar a primera hora de la mañana o al anochecer, nunca a mediodía, y hacerlo abundante y espaciado en vez de poco y a diario: el riego escaso solo moja los primeros centímetros y obliga a las raíces a quedarse arriba, donde el sustrato se calienta y se seca antes.

Fuera, el acolchado de corteza, grava o restos de poda con cinco centímetros de espesor reduce muchísimo la evaporación y mantiene la temperatura del suelo estable. En terraza, agrupar las macetas, elegir tiestos grandes o de barro esmaltado en vez de barro poroso pequeño, y evitar el negro a pleno sol, que puede llevar el sustrato por encima de 40 °C y cocer las raíces.

Para ausencias largas hay soluciones fiables: colocar las macetas juntas en sombra sobre una bandeja con arcilla expandida húmeda, usar conos de riego cerámicos, o un programador de goteo si son muchas plantas. Los tarros invertidos y las mechas de cordón funcionan de forma irregular y conviene probarlos antes de irse, no el día de salida.

En resumen

Lo primero es diagnosticar: peso del tiesto y estado de la raíz distinguen la sed real del ahogo, de la sal acumulada o de la araña roja, que se parecen mucho entre sí. Si es sed, la clave está en rehidratar por inmersión, porque un cepellón seco repele el agua que se le echa por arriba, y después mantener la planta a media luz sin abono ni trasplante durante unas semanas. La poda espera a que se vea qué reacciona, y en romero, lavanda y compañía no se corta nunca hasta la madera desnuda. Después toca esperar: dos o tres semanas en herbáceas, un mes y medio en leñosas de interior y hasta la primavera siguiente en árboles y arbustos con el cuello verde. Y para el futuro, regar mirando el sustrato y no el calendario, acolchar y elegir tiestos que no conviertan el verano en un horno.


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