El semillero que se te malogró en marzo probablemente no falló por la semilla. Cuando las plántulas de tomate nacen bien, se sostienen tres o cuatro días y luego se doblan por la base con el tallo estrangulado y acuoso, lo que está actuando es un complejo de hongos y oomicetos del suelo que se conoce como damping-off. Y ese complejo no llega volando: la mayor parte de las veces ya estaba dentro de los alvéolos, en los restos de sustrato de la temporada anterior.

Limpiar una bandeja de semillero es una tarea de veinte minutos que decide el resultado de dos meses de siembra. Merece la pena hacerla bien, y hacerla bien no es exactamente lo que suele contarse.

Bandeja de semillero con alvéolos y sustrato

Qué se queda dentro de una bandeja usada

Una bandeja que ha estado dos meses con sustrato húmedo, riego diario y raíces en crecimiento acumula cuatro cosas distintas, y cada una pide un tratamiento diferente:

Patógenos del suelo. Pythium ultimum y otras especies del género, Rhizoctonia solani, Fusarium spp. y algunas Phytophthora. Sobreviven como oosporas, esclerocios o clamidosporas en fragmentos de raíz y en la película de sustrato reseco que queda pegada al fondo de los alvéolos. Aguantan meses secos sin problema y se reactivan en cuanto vuelve la humedad.

Algas y musgo. La costra verde resbaladiza de la superficie y de los bordes. Por sí misma no mata a nadie, pero es la señal de que hubo exceso de riego y poca luz, y es el criadero preferido de la mosquita del sustrato (Bradysia y Lycoriella spp.), cuyas larvas se comen las raicillas de las plántulas recién nacidas.

Sales. La costra blanquecina o pardusca de los bordes superiores y de la cara exterior. Son carbonatos del agua de riego y restos de abono, muy visibles si riegas con agua dura, cosa habitual en buena parte del interior peninsular y del levante.

Raíces y sustrato compactado. Al secarse forman un tapón en el orificio de drenaje. Una bandeja con los drenajes tapados encharca la siembra siguiente por mucho que riegues con medida.

Lo que necesitas

Nada exótico:

Un barreño o cubo grande donde quepa la bandeja entera sumergida. Un cepillo de cerdas de nailon duras, y otro más estrecho o un cepillo de dientes viejo para los alvéolos pequeños. Nunca estropajo metálico ni cepillo de púas de acero sobre plástico fino: raya la superficie y esos microsurcos son justamente donde se refugian las esporas que luego no alcanza el desinfectante.

Detergente, el lavavajillas de mano sirve. Lejía doméstica sin perfumar ni espesada, de las de 35-50 g/L de cloro activo. Vinagre de limpieza o de vino, si tienes costras de cal. Guantes de goma y, si trabajas con lejía en interior, ventilación.

Y una advertencia de seguridad que no es retórica: lejía y vinagre no se mezclan jamás, ni en el mismo barreño ni uno detrás de otro sin aclarar entre medias, porque desprenden cloro gaseoso. Lo mismo con lejía y amoniaco o con lejía y productos que contengan ácido.

El paso que casi nadie da en el momento adecuado

La bandeja se limpia el mismo día del trasplante, con el sustrato todavía húmedo. En ese momento los restos salen de un golpe seco contra el borde del cubo y un enjuague. Si la dejas apilada en el cobertizo hasta la temporada siguiente, ese mismo sustrato se convierte en un cemento fino que hay que arrancar alvéolo por alvéolo.

Si ya se te ha secado, no empieces cepillando: pon la bandeja en remojo en agua templada entre media hora y dos horas. El sustrato se rehidrata y se desprende solo. Cepillar en seco es perder el tiempo y rayar el plástico.

Limpieza paso a paso

1. Vaciado. Golpea la bandeja boca abajo y retira todo el sustrato y las raíces. Ese sustrato no se reutiliza para sembrar: está agotado en nutrientes, con la estructura colapsada y, si hubo damping-off, cargado de inóculo. Tíralo al compost solo si tu pila alcanza temperaturas altas de verdad; si el semillero se te murió de podredumbre, mejor fuera del huerto.

2. Remojo y cepillado. Agua templada con un chorro de detergente. Cepilla el interior de cada alvéolo, los bordes, la cara exterior y, sobre todo, los orificios de drenaje, que se limpian empujando desde dentro con un palillo o el mango del cepillo.

3. Descalcificado, si hace falta. Solo cuando haya costra blanca. Vinagre puro o rebajado a la mitad, quince o veinte minutos, y frotar. Aclarar después a conciencia, con agua abundante, antes de pasar a nada más.

4. Aclarado. Con agua limpia, hasta que no queden restos ni espuma. Este paso no es cosmético: es el que hace posible el siguiente.

5. Desinfección. Lejía diluida una parte por nueve de agua, con la bandeja completamente sumergida, diez minutos. Prepara la dilución en el momento: pierde cloro activo en cuestión de horas, y una lejía diluida de la semana pasada ya no desinfecta nada.

6. Aclarado final, obligatorio. El cloro residual es fitotóxico y quema las raicillas de las plántulas. Aclara con agua abundante.

7. Secado completo. Al sol y al aire, hasta que no quede humedad en ningún rincón. Guardar bandejas húmedas apiladas es rehidratar lo poco que haya sobrevivido y darle un invierno tranquilo para multiplicarse. Guárdalas en seco, a la sombra y sin apretar unas contra otras.

Por qué la lejía falla tantas veces

La creencia extendida es que la lejía lo arregla todo y que basta con echar las bandejas sucias en un cubo con lejía y dejarlas un rato. No funciona así. El hipoclorito se inactiva en presencia de materia orgánica: en cuanto encuentra restos de turba, raíces o algas, se consume oxidándolos y deja de estar disponible para matar esporas. Una bandeja sucia sumergida en lejía sale de allí igual de contaminada que entró, solo que más blanca.

De ahí que el orden importe tanto: primero se limpia, después se desinfecta. El detergente y el cepillo hacen el ochenta por ciento del trabajo; el desinfectante solo remata lo que queda en una superficie ya limpia.

La otra creencia que conviene desmontar es la contraria: que el lavavajillas basta. Limpia, sí, y elimina buena parte del inóculo por arrastre, pero no es un desinfectante. Si vienes de una temporada con problemas de podredumbre del cuello, el paso 5 no es opcional.

Alternativas a la lejía

Agua oxigenada de farmacia (peróxido de hidrógeno al 3 %), sin diluir o rebajada a la mitad, diez minutos. Es más suave con los plásticos, no deja residuo persistente y se descompone en agua y oxígeno. Es la opción cómoda para tandas pequeñas.

Alcohol al 70 % para herramientas, pinzas de repicar y bandejas de pocos alvéolos. Sobre plásticos grandes sale caro y se evapora antes de dar el tiempo de contacto necesario.

Calor. Sumergir en agua a unos 70 °C durante diez o quince minutos desinfecta bien y no deja ningún residuo químico. Sirve para polipropileno y silicona; con las bandejas termoformadas más finas comprueba antes con una que te sobre, porque se deforman.

Solarización. Bandejas ya limpias, apiladas dentro de una bolsa negra cerrada, al sol de julio o agosto durante una semana. Es un buen complemento en verano, cuando el interior de la bolsa pasa holgadamente de los 55-60 °C, pero no sustituye al cepillo: sobre restos de sustrato, el calor tampoco llega a todas partes.

El caso del corcho blanco

Las bandejas forestales de poliestireno expandido son otra historia. El material es poroso, absorbe agua y retiene partículas en su estructura, así que ni la lejía penetra bien ni el cepillado llega a todo. Son las bandejas con las que más se arrastra inóculo de un año a otro.

Si las usas, lávalas siempre en cuanto trasplantes, sin dejar que se sequen, y trátalas con calor húmedo antes que con químicos. En cuanto empiecen a deshacerse por los bordes o a mostrar alvéolos rotos, sustitúyelas: una bandeja de corcho blanco muy usada no se puede dejar limpia por mucho empeño que le pongas.

Semillero con plántulas recién nacidas

Cada cuánto hay que limpiarlas

La regla práctica es sencilla: entre tanda y tanda, siempre. Una bandeja no se reutiliza sin lavar aunque la siembra anterior haya salido perfecta.

En el calendario peninsular eso significa, como mínimo, dos limpiezas anuales completas. La primera en primavera, después de trasplantar las siembras de enero a marzo bajo abrigo (tomate, pimiento, berenjena, puerro). La segunda a finales de verano, tras las siembras de agosto y septiembre de brásicas, lechuga, acelga y cebolla de otoño. Si haces siembras escalonadas cada tres semanas, la limpieza se vuelve una rutina de cada trasplante.

Hay dos situaciones en las que no se negocia el paso de desinfección: cuando en la tanda anterior hubo damping-off, podredumbre o cualquier plántula muerta sin explicación, y cuando vas a sembrar especies especialmente sensibles en semillero, como las cucurbitáceas o las plantas aromáticas de semilla fina.

Las bandejas nuevas también conviene aclararlas antes del primer uso, más por quitar polvo y restos de fábrica que por sanidad.

Errores frecuentes

Reutilizar el sustrato del semillero anterior. Es el atajo que más siembras arruina. Sustrato nuevo cada vez, y si lo compras a granel, guárdalo cerrado y del suelo.

No aclarar la lejía. El cloro no protege la siembra siguiente: la quema.

Limpiar la bandeja y no la mesa. Si el banco de trabajo, la manta térmica, el propagador y la regadera siguen sucios, vuelves a contaminar la bandeja al llenarla. Pasa un paño con la misma dilución por la superficie de trabajo y por el interior del propagador.

Olvidar las tapas y los platos. La cubierta transparente y la bandeja inferior de riego por capilaridad son puntos húmedos permanentes y acumulan tanta o más porquería que los alvéolos.

Guardarlas sin secar. Ya está dicho, pero es el error que echa a perder todo el trabajo anterior.

En resumen

Lava las bandejas el mismo día del trasplante, con el sustrato aún húmedo. Cepilla con detergente hasta dejar el plástico limpio, prestando atención a los orificios de drenaje, y solo entonces desinfecta: diez minutos en lejía al 1:9 recién diluida, o agua oxigenada al 3 %, o agua a 70 °C. Aclara siempre después, seca del todo y guarda en seco. Descalcifica con vinagre solo si hay costra blanca, y nunca en contacto con la lejía. No reutilices el sustrato viejo, no confíes en la lejía sobre suciedad y trata las bandejas de corcho blanco como material de vida limitada. Con eso, el damping-off deja de ser una lotería de cada primavera.


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