Una bordura floral se mira desde un lado, de pie y casi siempre de paso. Esa perspectiva concreta condiciona todo lo demás: la anchura, el escalonado de alturas, el fondo que hay detrás y hasta el número de ejemplares que hay que plantar de cada especie. Un macizo pensado para verse desde arriba y a un metro de distancia se convierte en un revoltijo indescifrable en cuanto lo miras desde la mitad de un camino, a cinco metros y de reojo.

Así que el trabajo empieza antes de comprar una sola planta.

Dónde va y qué forma tiene

Lo primero es contar horas de sol reales, no impresiones. Sal al jardín a las diez, a las dos y a las seis, y anota qué zona está iluminada. Con seis horas o más de sol directo en verano tienes una bordura de pleno sol; con tres o cuatro, una de sombra parcial; con menos, una bordura de sombra, que también existe y funciona muy bien, aunque exige otra paleta de plantas.

La forma sigue una regla sencilla y bastante fiable: la anchura de la bordura debe rondar entre un tercio y la mitad de la altura del fondo que tiene detrás. Con un seto o un muro de dos metros, hazla de 70 cm como mínimo y mejor de un metro largo. Por debajo de 60 cm no cabe el escalonado de alturas y el resultado parece una fila de soldados. Si la bordura es exenta, tipo isleta, y se ve por los dos lados, las plantas altas van al centro y bajan hacia ambos bordes.

La longitud manda sobre la anchura en el aspecto final: una bordura de diez metros de largo y 60 cm de ancho se ve raquítica; la misma longitud con 1,5 m de fondo se ve como un jardín. Si el espacio no da, es preferible acortar el largo y ganar fondo.

Marca el trazado con una manguera en el suelo y déjala un par de días. Las curvas amplias funcionan mejor que las ondulaciones pequeñas, que se pierden en cuanto las plantas crecen y además complican el corte del borde.

Preparar el suelo, que es donde se gana o se pierde

Este es el paso que más se salta y el que después no tiene arreglo. Una bordura permanente va a estar cinco, diez o veinte años en el mismo sitio; el suelo solo se puede trabajar a fondo ahora.

Elimina las malas hierbas perennes antes de plantar. La grama (Cynodon dactylon), la corregüela (Convolvulus arvensis), la castañuela o juncia (Cyperus rotundus) y la cañota (Sorghum halepense) rebrotan de rizomas y tubérculos, y una vez que se entrelazan con las raíces de tus vivaces no salen sin desmontarlo todo. En verano peninsular la solarización funciona muy bien: riega a fondo, cubre el terreno con plástico transparente bien sellado en los bordes y déjalo de julio a septiembre, entre seis y ocho semanas. Es lento pero limpio.

Descompacta y aporta materia orgánica. Labra o afloja con horca a unos 30 cm e incorpora una capa de 4 o 5 cm de compost maduro o estiércol muy hecho. En suelos arcillosos, típicos de buena parte de la meseta y del interior, la materia orgánica mejora la estructura y el drenaje mucho más que la arena, que si se añade en poca cantidad empeora las cosas. Si el terreno encharca, plantea plantar en caballón elevado de 20 cm.

Delimita el borde. Un perfil de acero galvanizado, una hilera de ladrillo a sardinel o simplemente un corte limpio de pala en vertical de 8 cm impiden que el césped invada la bordura. Sin esa frontera, en dos temporadas tendrás gramíneas de césped entre las vivaces.

Bordura de flores de varios colores en un jardín

Bordura permanente: el esqueleto que dura

La bordura permanente se construye con vivaces, arbustos pequeños, gramíneas y bulbosas. Cuesta más al principio y casi no cuesta después.

Reparte en tres franjas de altura. En el fondo (1,2 a 1,8 m) van Salvia yangii, la antigua Perovskia atriplicifolia, Verbena bonariensis, Miscanthus sinensis, Canna indica, Alcea rosea o un Teucrium fruticans recortado. En la franja media (50 a 90 cm), Salvia nemorosa, Salvia microphylla, Echinacea purpurea, Rudbeckia fulgida, Achillea millefolium, Hemerocallis, Agapanthus praecox, Nepeta x faassenii, Lavandula angustifolia o Stipa tenuissima. En el borde delantero (20 a 40 cm), Erigeron karvinskianus, Santolina chamaecyparissus, Geranium x cantabrigiense, Dianthus, Armeria maritima o Sedum de porte bajo.

Para sombra, la paleta cambia: Acanthus mollis, Helleborus foetidus y Helleborus x hybridus, Bergenia cordifolia, Liriope muscari, Iris foetidissima, Geranium macrorrhizum, Vinca minor y helechos como Dryopteris filix-mas. Las hostas se recomiendan mucho copiando literatura de jardinería inglesa, pero en el interior peninsular sufren con el calor seco y son un imán para las babosas; conviene probarlas solo en zonas frescas y húmedas del norte.

Tres reglas de composición que cambian mucho el resultado:

Planta en grupos impares, nunca de uno en uno. Tres, cinco o siete ejemplares de la misma especie juntos leen como una mancha de color; uno solo de cada cosa lee como una colección desordenada. Este es, con diferencia, el error más repetido en las borduras caseras.

Repite. Vuelve a colocar el mismo grupo cada tres o cuatro metros a lo largo de la bordura. La repetición crea ritmo y unifica el conjunto, y además abarata la compra.

Deja el hueco del tamaño adulto. Consulta la anchura final de cada planta y plántalas a esa distancia. Como orientación, unas 5 a 7 plantas por metro cuadrado en vivaces pequeñas, 3 en las medianas y 1 en las grandes. El primer año se verá vacío y da mucha tentación apretar; si aprietas, el tercer año tendrás una maraña con hongos por falta de ventilación. Rellena ese vacío inicial con anuales de temporada, que es exactamente para lo que sirven.

Bulbosas: la capa que aporta las primeras flores

Las bulbosas ocupan el suelo en momentos en que las vivaces todavía no han arrancado. Se plantan entre las vivaces, no en su propio hueco.

Las de floración invernal y primaveral se plantan de septiembre a noviembre: Narcissus, Muscari, Allium, Ipheion uniflorum, Anemone coronaria, Freesia y Sparaxis. Los tulipanes son un caso aparte: necesitan frío invernal sostenido y en el sur y el litoral mediterráneo rara vez repiten bien el segundo año, así que trátalos como planta de temporada o refrigéralos ocho semanas antes de plantar.

Las de verano van a tierra de marzo a abril: Dahlia, Gladiolus, Canna, Zantedeschia, Lilium, Crocosmia. Como regla de profundidad, entierra el bulbo a dos o tres veces su propia altura, con la punta hacia arriba; en suelos arenosos, algo más hondo.

Después de la floración, no cortes las hojas hasta que amarilleen solas. El bulbo se recarga con esas hojas, y segarlas en verde es la causa habitual de que al año siguiente salga hoja pero no flor.

Bulbosas en flor formando una bordura

Bordura temporal: color rápido y cambio dos veces al año

Si lo que quieres es una alfombra de flor densa y no te importa replantar, la bordura de temporada se compone con anuales y se renueva en dos tandas.

Tanda fría, plantada en octubre y noviembre para florecer de invierno a primavera: Viola x wittrockiana y violetas de cuerno, Primula acaulis, Calendula officinalis, Antirrhinum majus, Matthiola incana, Bellis perennis.

Tanda cálida, plantada en abril y mayo tras el riesgo de heladas tardías: Tagetes patula, Zinnia elegans, Petunia, Portulaca grandiflora, Gazania rigens, Catharanthus roseus, Celosia, Salvia splendens. En zonas de interior con heladas hasta mediados de mayo, espera; adelantar dos semanas no gana nada porque la planta se queda parada con el suelo frío.

Una mezcla intermedia que funciona muy bien: esqueleto permanente de vivaces y arbustos, más dos o tres huecos reservados para anuales de temporada. Tienes estructura todo el año y flor continua sin replantar la bordura entera.

El mes difícil es agosto

Muchas borduras se planifican con la floración de mayo en la cabeza y llegan a agosto convertidas en un rectángulo de hojas. Reserva sitio para especies que aguantan el calor seco y siguen floreciendo en pleno verano: Gaura lindheimeri, Lantana camara, Salvia greggii, Gaillardia x grandiflora, Agastache, Verbena bonariensis, Rudbeckia. Con cuatro o cinco de estas repartidas, el bajón de agosto desaparece.

Al elegir colores, limita la paleta a dos o tres tonos más blanco y follaje gris. Una bordura con todos los colores del catálogo pierde fuerza a distancia, que es justo la distancia desde la que se va a mirar.

Riego, acolchado y mantenimiento

Instala el riego por goteo antes de acolchar y antes de que las plantas cierren; después es incomodísimo. Un gotero por planta en las pequeñas y dos en las grandes, con riegos poco frecuentes y abundantes, que es lo que empuja las raíces hacia abajo. Regar poco y a diario produce raíces superficiales que se fríen en el primer golpe de calor.

Encima, de 5 a 7 cm de acolchado de corteza, astilla o grava, según el estilo. Separa el acolchado 3 o 4 cm del cuello de cada planta: apilado contra el tallo, provoca podredumbre.

Sobre la limpieza de fin de temporada hay una costumbre que conviene revisar. Cortar todas las vivaces al ras en cuanto llega el otoño es lo habitual, y no es lo mejor. Los tallos secos de gramíneas, equináceas o sedums dan estructura y escarcha durante el invierno, protegen la corona del frío y sirven de refugio a insectos auxiliares. El momento razonable de cortar es a finales de febrero, justo antes del rebrote. Lo que sí hay que retirar en otoño es el material claramente enfermo.

Divide las vivaces que se ahuecan por el centro cada tres o cuatro años, en otoño o a final de invierno. Es gratis y rejuvenece la mata. Y quita las flores marchitas de las especies reflorecientes, como Salvia nemorosa o Achillea: cortarlas a un tercio tras la primera floración suele provocar una segunda a las pocas semanas.

En resumen

Elige el sitio contando horas de sol, dale a la bordura al menos 70 cm de fondo y mejor 1,5 m, y limpia el suelo de malas hierbas perennes antes de plantar nada, porque después ya no hay solución. Incorpora compost, delimita el borde y decide si quieres una bordura permanente de vivaces y bulbosas o una temporal de anuales, o el híbrido de ambas, que es lo más práctico. Escalona las alturas hacia el fondo, planta en grupos impares de tres, cinco o siete, repite los mismos grupos a lo largo del recorrido y respeta la distancia del tamaño adulto aunque el primer año parezca vacío. Reserva plantas que floreen en agosto, riega por goteo bajo acolchado y deja el corte de las vivaces para febrero, no para octubre.


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