El palé es probablemente el material reciclado más usado en huertos urbanos, y por buenas razones: es barato o gratuito, tiene una estructura ya montada que ahorra mucho trabajo de carpintería y sus medidas estándar encajan bien en terrazas y patios. Pero también es el material sobre el que circula más información descuidada. Antes de cortar nada conviene saber qué palé se tiene entre manos, porque no todos sirven para cultivar alimentos.
Lo primero: comprobar que el palé es apto
Todos los palés de madera destinados a comercio internacional llevan un marcado obligatorio según la norma NIMF-15, grabado a fuego en uno de los tacos laterales. Ese sello incluye un código de dos letras que indica cómo se trató la madera, y ahí está toda la información que importa:
- HT (heat treatment): tratamiento térmico. La madera se calentó a 56 °C durante al menos 30 minutos en el núcleo. Es un proceso puramente físico, sin productos químicos. Este es el palé que se puede usar.
- KD-HT: secado en horno más tratamiento térmico. También válido.
- MB (methyl bromide): fumigado con bromuro de metilo, un pesticida tóxico y prohibido en la Unión Europea desde 2010. No se debe usar bajo ningún concepto, ni para cultivo ni para muebles de interior. Puede aparecer todavía en palés antiguos o procedentes de fuera de la UE.
Si el palé no tiene ningún sello, casi siempre significa que es de uso nacional y no ha sido tratado químicamente, lo cual es aceptable; pero también implica que no se sabe nada de él. Y hay un factor que el sello no cubre: qué transportó ese palé. Un palé que ha estado bajo bidones de disolvente o sacos de fitosanitarios ha absorbido lo que se derramara encima. Manchas oscuras de aceite, olor químico persistente o restos pegajosos son motivo suficiente para descartarlo.
Los palés azules (tipo LPR) y los rojos (CHEP) son de alquiler y propiedad de la empresa emisora. Llevárselos es apropiación indebida, por muy abandonados que parezcan. Los blancos o sin pintar de un solo uso son los que suelen quedar libres, y aun así conviene preguntar antes de cargar con ellos.
Qué se puede construir con ellos
Hay tres formatos que funcionan bien y uno que se recomienda mucho pero da problemas.
Mesa de cultivo o bancal elevado. Se usan los palés desmontados como paredes de un cajón. Es el formato más versátil: profundidad de tierra a voluntad, buen volumen radicular y trabajo cómodo a media altura si se le añaden patas. Es el que recomiendo si solo se va a hacer una cosa.
Bancal a ras de suelo. Cuatro tablas formando un marco de 100 x 120 cm, apoyado directamente sobre la tierra. Sencillo, estable y con la ventaja de que las raíces pueden bajar al suelo natural.
Huerto vertical. El palé se pone de pie apoyado en una pared, con las aberturas entre tablas convertidas en jardineras. Ocupa poquísimo espacio, pero hay que ser realista sobre sus límites: el sustrato disponible por hueco es de apenas 8-12 cm de profundidad, se seca en horas en verano y solo admite plantas de raíz corta. Lechugas de corte, rúcula, canónigos, fresas y aromáticas van bien. Tomates, calabacines o zanahorias, no.
El formato que da problemas es el palé tumbado y relleno de tierra por arriba, tal cual, sin desmontar. Se ve mucho en fotos porque queda vistoso, pero la tierra apenas tiene 10 cm de calado, se compacta entre los travesaños y las plantas viven a media ración. Sirve como cubierta de aromáticas y poco más.
Materiales y herramientas
Para una mesa de cultivo de aproximadamente 120 x 80 cm:
- Tres o cuatro palés tipo europeo (120 x 80 cm).
- Una pata de cabra o un martillo de uñas para desmontar. Existen desclavadores específicos para palés que ahorran mucho tiempo si se van a hacer varios.
- Sierra de calar o serrucho.
- Atornillador y tornillos para madera de 4 x 50 mm, preferiblemente inoxidables o galvanizados.
- Lámina de geotextil o malla antihierbas para forrar el interior. Unos 2 m².
- Grapadora de tapicero.
- Lijadora o papel de lija de grano medio.
- Aceite de linaza cocido o lasur al agua para exterior.
Sobre el tratamiento de la madera: no hay que usar barnices sintéticos ni protectores con fungicidas en la cara interior que va a contactar con el sustrato. El aceite de linaza es la opción más segura y funciona bien; hay que dar dos o tres manos, dejando secar 24 horas entre ellas.
Paso a paso
1. Desmontar. Es la parte más laboriosa. Los palés van clavados con clavos helicoidales o anillados que agarran muchísimo. El truco es no hacer palanca directamente sobre la tabla, que se parte, sino introducir la pata de cabra entre la tabla y el taco y levantar poco a poco, alternando los extremos. Otra opción más rápida y menos frustrante: cortar los clavos con una sierra de sable o una segueta de metal deslizada entre tabla y taco. Se pierde un centímetro de tabla, pero no se rompe ninguna.
2. Lijar. La madera de palé viene astillada y con cantos vivos. Un lijado somero con grano 80 y luego 120 basta para que se pueda manipular sin guantes.
3. Montar el cajón. Se cortan las tablas a la medida deseada y se atornillan sobre los tacos del palé, que hacen de esquineras. Para una mesa de cultivo hay que apilar tablas hasta alcanzar la altura útil. Aquí va un dato que condiciona todo el proyecto: la profundidad mínima real de sustrato es de 20 cm para hoja y aromáticas, 30 cm para raíces y fruto, y 40 cm si se quieren tomates o calabacines en condiciones. Todo lo que se quede corto se paga en riegos diarios y plantas raquíticas.
4. Fondo y drenaje. Si la mesa está elevada, el fondo se hace con tablas dejando ranuras de 3-5 mm entre ellas para que salga el agua. Si el bancal va a ras de suelo, no se pone fondo: se deja la tierra natural, lo que mejora el drenaje y permite que suban las lombrices.
5. Forrar con geotextil. Se grapa la malla por todo el interior, subiendo hasta el borde superior. Cumple dos funciones: evita que el sustrato se escape por las juntas y separa la madera de la tierra húmeda, lo que multiplica por dos o tres la vida útil de la estructura. Importante: geotextil permeable, no plástico. Un plástico impermeable convierte el bancal en una bañera y pudre las raíces.
6. Tratar la madera por fuera. Aceite de linaza en las caras exteriores y, sobre todo, en los cantos y los apoyos, que es por donde entra el agua y empieza la pudrición.
7. Rellenar. Una mezcla que funciona bien: 50 % de tierra vegetal o compost maduro, 30 % de sustrato universal de turba o fibra de coco, y 20 % de material drenante (perlita, arena de río gruesa o vermiculita). El error habitual es rellenar solo con sustrato de saco, que es ligero y aireado pero se degrada en una temporada y acaba hundiéndose varios centímetros. El otro error es rellenar solo con tierra de jardín, que en maceta o bancal se compacta y encharca.
Para bancales profundos se puede aplicar el principio del hügelkultur: los primeros 15 cm del fondo con ramas, restos de poda y hojarasca, y encima la mezcla de sustrato. Ahorra material, retiene humedad y va liberando nutrientes según se descompone.
Qué plantar y cómo regar
Un bancal de palé se comporta como un contenedor grande, y eso tiene consecuencias prácticas. Se calienta y se enfría más deprisa que el suelo, se seca antes y los nutrientes se lavan con el riego.
En una mesa de 30 cm de profundidad y orientación soleada, en clima peninsular: lechugas, acelgas, espinacas, rabanitos y cebolletas de octubre a marzo; tomate cherry, pimiento, judía de mata baja, albahaca y calabacín de abril a septiembre. Las fresas van excelentes en el formato vertical. La zanahoria necesita al menos 30 cm limpios de piedras o saldrá bifurcada.
El riego es el punto débil de este sistema. En julio y agosto, un bancal elevado de 30 cm en pleno sol puede necesitar riego diario, a veces dos. Instalar goteo con programador y cubrir la superficie con un acolchado de paja o corteza de 3 cm reduce esa demanda casi a la mitad. Es la mejor inversión que se puede hacer sobre un huerto de palés.
Cuánto dura y cómo alargarlo
Conviene no engañarse: la madera de palé es de pino de baja calidad, sin tratar contra la humedad. Un bancal a ras de suelo, en contacto permanente con tierra húmeda, empieza a dar señales de pudrición a los 2-3 años y rara vez pasa de 5. Elevado sobre patas y con geotextil interior, puede llegar a 6-8 años.
Tres medidas que marcan la diferencia: apoyar la estructura sobre tacos, ladrillos o pies de plástico para que la madera no toque el suelo; renovar el aceite de linaza cada dos primaveras; y no colocar el bancal pegado a una pared, porque la cara que no ventila es siempre la primera en pudrirse.
En resumen
Antes que nada, mirar el sello: solo palés HT o KD-HT, nunca MB, y descartar cualquiera con manchas o restos sospechosos. La mesa de cultivo o el bancal elevado son los formatos que mejor rinden; el vertical sirve para hoja y aromáticas y poco más. La profundidad de sustrato es lo que decide qué se puede cultivar: 20 cm para hoja, 30 para raíz y fruto, 40 si se aspira a tomates. Forrar con geotextil permeable, rellenar con una mezcla de compost, sustrato y material drenante, y no descuidar el riego, que en verano es diario. Con esas precauciones un huerto de palés cuesta poco más que el sustrato y aguanta varios años.