Conviene empezar por donde muchos artículos terminan: la nicotina dejó de estar autorizada como sustancia fitosanitaria en la Unión Europea en 2009, y desde entonces ningún producto a base de nicotina puede venderse ni aplicarse legalmente en cultivos, tampoco en jardines particulares. El macerado de tabaco es un remedio tradicional muy extendido, funciona de verdad contra ciertas plagas, y a la vez es uno de los insecticidas caseros más peligrosos que se pueden preparar en casa. Las tres cosas son ciertas a la vez, y quien lo prepare debería saberlas antes de empezar.
Por qué mata insectos
La nicotina es un alcaloide que Nicotiana tabacum fabrica en la raíz y acumula en las hojas como defensa frente a herbívoros. Actúa sobre los receptores nicotínicos de acetilcolina del sistema nervioso: se une a ellos y los mantiene activados, provocando una descarga continua que termina en parálisis y muerte del insecto en cuestión de minutos u horas. Es el mismo lugar de acción que explotan los neonicotinoides modernos, que se diseñaron precisamente a partir de esta molécula.
Ese mecanismo tiene dos consecuencias prácticas. La primera: es un veneno de contacto rápido y de amplio espectro, no distingue entre pulgón y mariquita. La segunda: los receptores nicotínicos también existen en mamíferos, y por eso la nicotina es tóxica para el aplicador, para el perro y para el gato, no solo para el pulgón.
Contra qué funciona y contra qué no
El macerado de tabaco da resultados razonables contra insectos de cuerpo blando y aparato bucal chupador:
Pulgón (Aphis fabae, Myzus persicae, Aphis gossypii), mosca blanca (Trialeurodes vaporariorum, Bemisia tabaci), trips, psila, orugas pequeñas recién eclosionadas y, con menos eficacia, cochinilla algodonosa en estado móvil.
Ahora la corrección que casi nadie hace: contra araña roja no sirve. Tetranychus urticae es un ácaro, no un insecto, y su sistema nervioso responde mal a la nicotina. Quien pulveriza tabaco contra araña roja suele conseguir dos cosas: no matar los ácaros y sí eliminar a Phytoseiulus y demás depredadores que los tenían a raya, con lo que la plaga se dispara la semana siguiente. Para araña roja hay que ir a azufre, aceites o control biológico.
Tampoco hace nada contra hongos, bacterias, caracoles, babosas ni nematodos, por mucho que se lea lo contrario.
El riesgo del que no se suele avisar
El tabaco seco contiene entre un 1 % y un 3 % de nicotina en peso. Con esa proporción, un macerado hecho con 50 gramos de tabaco en un litro de agua puede llegar a arrastrar del orden de medio gramo a un gramo y medio de nicotina. Es una cantidad que no debe estar en una botella sin etiqueta al alcance de nadie, y menos en una botella de refresco reutilizada. Ese es, de largo, el accidente doméstico más frecuente con insecticidas caseros.
Además, la nicotina se absorbe por la piel. El cuadro se conoce desde hace décadas en los recolectores de tabaco —la llamada enfermedad del tabaco verde—: náuseas, vómitos, mareo, sudoración y bradicardia por contacto prolongado con hoja húmeda. Manipular un macerado concentrado sin guantes reproduce exactamente esa exposición.
Y un tercer punto que casi nunca aparece en las recetas caseras: el tabaco es reservorio del virus del mosaico del tabaco (TMV). Es un virus extraordinariamente estable, que sobrevive años en hoja seca y en el tabaco procesado, y que infecta a las solanáceas del huerto: tomate, pimiento, berenjena, patata, además de petunias. Pulverizar un extracto de tabaco sobre tomateras es una vía documentada de introducir TMV en el huerto. Si vas a usarlo, no lo apliques nunca sobre solanáceas, y lávate las manos antes de tocarlas.
Qué necesitas
Tabaco seco: 40-60 g por litro de agua. Preferiblemente hoja de picadura o tabaco de liar sin aditivos. Evita las colillas: al residuo del filtro se suman restos de combustión, cadmio, alquitranes y aditivos, y no hay forma de saber qué dosis de nicotina queda. Que sea gratis no lo convierte en mejor materia prima.
Un litro de agua, mejor blanda o de lluvia.
Jabón potásico: 5-10 ml por litro de mezcla ya diluida. No es decorativo: actúa como mojante para que el caldo no resbale por la hoja cerosa, y por sí mismo ya es insecticida por asfixia sobre pulgón y mosca blanca.
Un recipiente que no vuelvas a usar para nada más, un colador con tela o un filtro de café, guantes de nitrilo, gafas y una botella opaca perfectamente etiquetada.
Un pulverizador de uso exclusivo para tratamientos, nunca el mismo con el que rocías las plantas de interior con agua.
Cómo hacer el macerado, paso a paso
1. Ponte los guantes antes de tocar el tabaco. Pesa 50 g de hoja seca y desmenúzala.
2. Cúbrela con un litro de agua a unos 50-60 °C, no hirviendo. El agua templada extrae bien la nicotina sin generar el vapor cargado que produce el hervido. Si optas por cocerlo —15-20 minutos a fuego suave—, hazlo con ventilación y fuera de la cocina donde se prepara la comida.
3. Tapa y deja macerar 24-48 horas en un sitio fresco, oscuro y fuera del alcance de niños y animales. Remueve una vez al día.
4. Filtra con tela fina o filtro de café hasta que no quede partícula en suspensión. Las hebras atascan las boquillas del pulverizador y prolongan la exposición al tener que desmontarlo.
5. Diluye el concentrado: una parte de macerado por cada cuatro o cinco de agua. Ese es el punto donde más se falla, porque «más fuerte» no significa «mejor»: sin diluir, el caldo quema el follaje tierno y multiplica el riesgo para quien lo aplica.
6. Añade el jabón potásico a la mezcla ya diluida y agita suavemente.
7. Guarda lo que sobre en la botella opaca y etiquetada, en la nevera no, en un armario cerrado. Máximo una semana: pasado ese tiempo el macerado fermenta, huele mal y pierde eficacia.
Cómo se aplica
Prueba primero en una rama. Trata dos o tres hojas y espera 48 horas. Las plantas de hoja fina —helechos, calas, algunas begonias— y los brotes recién emitidos son sensibles al jabón y al extracto.
Al atardecer o muy temprano, nunca a pleno sol ni con más de 28 °C. El sol sobre hoja mojada con jabón provoca quemaduras, y la nicotina se degrada rápido con la luz ultravioleta, así que aplicarla a mediodía es tirarla.
Moja el envés. El pulgón y la mosca blanca se instalan en la cara inferior de la hoja y en los brotes tiernos. Un tratamiento por encima no llega donde está la plaga.
Repite a los 7 días, dos o tres veces como máximo. La nicotina no tiene efecto ovicida: hay que alcanzar a las generaciones que van naciendo, pero encadenar tratamientos indefinidamente arrasa la fauna auxiliar y deja el jardín más indefenso que al principio.
Nunca con flores abiertas y nunca donde haya actividad de abejas o abejorros. Es tóxica para polinizadores por contacto.
Ni una gota en estanques o acequias. La nicotina es muy tóxica para peces e invertebrados acuáticos, y no se enjuaga el pulverizador cerca de un desagüe que vaya a una balsa.
Plazo de seguridad. En hortalizas de hoja o fruto que se coman crudas, deja pasar como mínimo tres semanas, y en la práctica es mejor no usarlo en nada que vaya a la mesa a corto plazo. La nicotina se degrada en pocos días al aire libre, pero no hay forma de medir en casa cuánto queda.
Alternativas que sí están autorizadas y funcionan igual o mejor
Para las mismas plagas hay opciones legales, con menos riesgo para el aplicador y bastante mejor selectividad:
Jabón potásico al 1-2 %. Contra pulgón, mosca blanca y cochinilla algodonosa es el primer recurso, sin plazo de seguridad y sin residuo. Aplicado bien —mojando el envés y repitiendo cada 5-7 días— resuelve la mayoría de los ataques de pulgón de primavera.
Aceite de neem (azadiractina). Actúa como regulador del crecimiento y repelente; excelente contra mosca blanca, trips y minadores.
Aceite de parafina o aceite de verano, sobre todo en tratamientos de invierno en frutales, contra huevos invernantes de pulgón y cochinillas.
Bacillus thuringiensis var. kurstaki para orugas: específico, inocuo para el resto de la fauna.
Purín de ortiga (Urtica dioica) fermentado, diluido al 5 % como repelente y fortificante, o al 20 % sin fermentar como insecticida suave contra pulgón.
Y lo que más rinde a largo plazo: plantar setos y flores que alberguen mariquitas, sírfidos y crisopas, no abusar del abonado nitrogenado —el exceso de nitrógeno produce brotes blandos que son un imán para el pulgón—, y revisar las plantas a menudo para pinzar el brote colonizado antes de que la colonia se extienda.
En resumen
El macerado de tabaco se prepara con 50 g de hoja seca por litro de agua templada, 24-48 horas de reposo, filtrado fino, dilución 1:4 o 1:5 y unas gotas de jabón potásico. Funciona contra pulgón, mosca blanca, trips y orugas pequeñas, y no funciona contra araña roja ni contra hongos. A cambio, es un veneno nervioso de amplio espectro que se absorbe por la piel, mata fauna auxiliar y polinizadores, es muy tóxico para peces, puede transmitir el virus del mosaico a tomates y pimientos, y su sustancia activa está fuera de la lista de fitosanitarios autorizados en la Unión Europea desde 2009. Sabiendo todo eso, para las mismas plagas el jabón potásico, el neem y los aceites hacen el mismo trabajo sin ninguno de esos inconvenientes; el tabaco tiene más interés como pieza de historia de la jardinería que como recurso de la estantería del cobertizo.